Dentro de los intercesores más poderosos de Dios se encuentra San Rafael Arcángel, que junto a Miguel y Gabriel poseen dones extraordinarios hasta recompensar a las personas de buena fe que se acercan hasta ellos por un favor. A continuación, descubre mucho más sobre la oración a San Rafael.
¿Por qué una oración a San Rafael Arcángel?
La oración al arcángel San Rafael no escatima en ningún problema sobre el cual una persona solicita. Por ejemplo, es capaz de sanar enfermedades físicas o mentales, hallar paz interior, consolidar el amor hacia Dios y mucho más. En otro sentido, si eres devoto de los principales ángeles, debes conocer la oración a los tres arcángeles para la protección del hogar.
Quienes estén guiados por la compasión de Dios siempre contará con un ángel guardián. Para efectos de este post, habrá un reconocimiento especial en San Rafael, por ser uno de los elegidos al momento de elevar las plegarias dadas a conocer más adelante.
Además de ello, tiende a apoyar a los peregrinos quienes realizan largos viajes para que permanezca junto a ellos en todos los paisajes de la travesía. Gracias a que ha sanado a un ciego en el pasado, es el patrono de todos los médicos oftalmológicos que dedican parte de su vida en rescatar el sentido de la vista en los individuos.
Es imposible olvidar al gran Tobías, que con mucho sacrificio y amor preparó un alimento a base de vísceras de pescado para sanar a su padre de la ceguera que tenía en vilo su estado de ánimo.
Significado
Todos los arcángeles de Dios tienen una distinción muy especial, pero en Rafael se halla «la medicina de Dios» por lo cual es recurrente que todos los galenos y profesionales de la medicina invoquen su nombre para una cirugía complicada. Por voluntad divina, Rafael siempre está en la mejor disposición de sanar todos los males y problemas que tengan los hombres y mujeres que se acercan hasta él.
Oración a San Rafael por la sanación de una enfermedad
Bendito sea el nombre de San Rafael, porque representa el guía espiritual de todos mis hermanos que, al igual a mí, en algún lugar del mundo se encuentran implorando esta plegaria. Patrono de los afligidos, fuente de ternura, caudal de misericordia, hoy te invoco para que me ayudes a sanar de esta enfermedad que estoy padeciendo. También concede pronta salud a todos mis semejantes que padecen de dolencias corporales y espirituales.
«El Señor Sana» es tu gran consigna, misma que experimentó el gran Tobías al sanar la ceguera de su progenitor. San Rafael, tú que eres noble y bueno permite rebosar de buena salud y continuar con mis actividades diarias. Generoso arcángel, sé muy bien que en lo alto del cielo me estás escuchando, hasta derramar cada bendición sobre mi cuerpo febril y sediento de tu amor.
Implanta tu auxilio, hasta que se haga sentir tu presencia del cielo a la tierra con la siguiente petición (explicar la petición con la máxima humildad posible) para que sea la voluntad del Altísimo que salga a flote de esta enfermedad que me acongoja. Deposita en mí la virtud de la paciencia, para esperar con decoro de un pronto mejoramiento. En nombre del Todopoderoso confieso que he pecado y si la enfermedad es mi penitencia, la recibo hasta sufrirla con un oportuno reposo.
Así como lo hizo alguna vez el joven Tobías, yo te elijo una y otra vez para que seas mi peregrino en este largo viaje. A través de este valle de lágrimas quiero estar a tu lado, vigilando cada uno de mis pasos, sanando poco a poco mi corazón y recuperando paulatinamente mi salud. Oh Rafael, ven a mi vida, para que nunca más te despejes de ella hasta sentir la gallardía en tu protección. Que tu escudo y espada majestuosa estén presentes para no desfallecer en el intento.
Generoso arcángel, buen Rafael, que has sido designado como uno de los principales guardianes de Dios frente al trono, ruego en nombre de Dios para sanar pronto este corazón. Fulmina por un tiempo estos malestares que me aquejan, haz que mi cuerpo recobre ese vigor que en alguna oportunidad tuvo. Devuelve mi ánimo para salir adelante y ejercer mis labores. Concédeme hoy, mañana y siempre la protección divina que solo el Altísimo es capaz de ofrecer.
Amén.


