Conoce a Jesús, hombre, Dios verdadero y Espíritu Santo

La representación de Jesús en diversas manifestaciones no deja de ser un tema de interés para todos los cristianos. En este post podrás conocer un poco más del por qué Cristo es reconocido como Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. No pierdas todos los detalles ofrecidos a continuación.

Jesús verdadero Dios y verdadero hombre

Jesús verdadero Dios y verdadero hombre

Jesús fue aquel hombre que entregó su vida por nosotros y por nuestra salvación en el madero en condición de hombre, no obstante, desde su bautismo en manos de San Juan, el Espíritu Santo consignó que es el Hijo unigénito de Dios y el poder de las aguas sanará a todos aquellos que crean en él y le sean perdonados todos sus pecados. Si no conoces al respecto de la muerte de Jesús, debes indagar mucho más para comprender tal sacrificio que ha consternado a todo el mundo.

La encarnación del verbo

Para abrir con este apartado, es indispensable reseñar algunas citas de los textos sagrados:

“Al llegar a plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. (Gal 4, 4).

A través del estrato anterior, queda en evidencia que en tiempos antiguos, la presencia de Adán y Eva es más que un hecho para conocer la noción de pecado y las primeras relaciones humanas. Más adelante, se cumplió la promesa de expulsarles del paraíso por caer en las tentaciones demoniacas. Ahora es momento de descubrir otro hallazgo conocido como el protoevangelio, que no es más que otra lectura en el Libro del Génesis:

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras acechas tu su calcañar”. (Gn 3, 15).

El nombre de protoevangelio quiere decir que se basan en las primeras lecturas que acercan al hombre el hecho de lograr salvarse del pecado, sin necesidad de ser expulsados del paraíso. Para referir a Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, hay que prestar atención al papel de la mujer, porque bien puede ser Eva o directamente la aparición de la Virgen María. En este caso, el linaje de la mujer hace referencia a la propia humanidad, como a su hijo Jesucristo.

Desde ese instante, tal como lo indica (Jn 1, 14), el verbo se hizo carne hasta habitar en cada uno de nosotros los fieles creyentes en Jesús. Gracias a esto, el Todopoderoso fue tanteando el camino para que todos los ciudadanos aceptaran a Jesús verdadero Dios y verdadero hombre como su hijo unigénito.

El pueblo israelita es una gran muestra que logró su cometido. El mismo se logró de forma lenta, pero segura, para que todos alabaran la imagen de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, despejando todas las dudas sobre su procedencia.

A través de varios patriarcas, Dios inició su trabajo en introducir cada uno de sus dogmas, para que estos elementos hiciesen cumplir el mandato por el bienestar de todos. Cada una de estas acciones preparó una gran alianza entre patriarcas y profetas para aceptar a Cristo, que a la postre sería el salvador de todos los hombres, ofreciendo su vida en sacrificio desde el madero.

Por ello, el Todopoderoso preparó la llegada del Salvador con la propia participación de todo el pueblo israelita, sin necesidad de abandonar el resto de las naciones.

La Providencia permitió que los gentiles tuviesen un conocimiento previo a lo implicado con la llegada de Jesús, el Salvador. Gracias a ello, en todos los rincones del mundo prevaleció la ida de la redención o convertir cada uno de los pecados en nuevas virtudes para ser dignos de Cristo. Para comprender un poco más de su vida, debes conocer la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El amor que siente Dios por todos los hombres da pie al origen de la encarnación:

“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él”. (1 Jn 4, 9)

Gracias a esta pequeña cita, no hay dudas sobre el amor que tiene Dios por sus hijos, siendo capaz de conocer la naturaleza humana de todos sus hijos. Por este noble acto de sacrificio en Jesús, todos estamos presentes para combatir la mancha de pecado original. Con la expulsión de Adán y Eva del plano celestial, la idea de la posible encarnación o salvación toma otro rumbo para verse un elemento positivo y esto puede deducirse con rapidez con algunas palabras del Credo:

“Por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María Virgen, y se hizo hombre”

En virtud de esa obra perfecta que concibió el Espíritu Santo y que nació de María, la virgen, ahora grandes pueblos creen en su presencia, en todos los dones. A través de la lectura de (Jn 3, 17), hay que reconocer que la llegada de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre no se basa en un símbolo de castigo, sino de brindar a todos los hombres lo que se merecen y salvar a quienes creen fielmente en él.

Justicia, poder y misericordia, tres elementos muy importantes para que todos los fieles creyentes consideren la idea de la encarnación. Además, representa uno de los paños divinos para que todos tengan opción a salvarse sin ser condenados como Adán y Eva, al no recibir esta oportunidad. La sabiduría cristiana ha hecho énfasis en quienes creen en Jesús verdadero Dios y verdadero hombre tendrá la posibilidad de no morir para siempre y ser testigo de su propia encarnación.

A Jesús verdadero Dios y verdadero hombre no hay que observarlo como un mito o una leyenda que solo existe en las memorias más fervientes. Realmente fue un hombre que vivió como cualquier otro antes de su bautismo y recibir la bendición del Padre.

Además, murió como es natural en todos los seres humanos, dejando para el acervo histórico un gran acto de amor y fe que nada puede compararse a ello. Es una exigencia en la fe cristiana, por tanto hay bastante tela que cortar al respecto.

Aunque la existencia de Dios puede presentar suspicacias en cuanto al debate, no hay motivo para dudar sobre la presencia de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre en el mundo. La ciencia histórica se ha dado tarea de investigar, hasta llegar a la conclusión que Jesús si vivió en la tierra y padeció de su crucifixión en frente una muchedumbre en el huerto.

Jesús verdadero Dios y verdadero hombre

En parte, lo hallado en el Nuevo Testamento hace reafirmar sobre la vida de Cristo, por las interesantes declaraciones que brindó en vida y en su lecho de muerte. Para ir más allá, hay testimonios no cristianos, entre paganos y judíos que demuestran la personificación de Cristo en el mundo.

No es fácil convencer a los cristianos sobre la no permanencia de Jesús; mucho menos si estas palabras vienen de un ateo o judío radical que no ha afianzado la lectura en el Antiguo o Nuevo Testamento. Por el contrario, los protestantes aseguran Cristo apenas es una interpretación que los discípulos han presentado gracias a su fe, pero sin mayor relevancia de la que enaltece la iglesia y todos los ministros sacerdotales.

En conclusión, no es una figura histórica de peso que haga pensar en las suposiciones de los cristianos. Prefieren dejar todo en manos de la ciencia y la metafísica.

Estas posturas contrarias son abundantes en la actualidad y todas encierran un trasfondo referente a lo sobrenatural. En cuanto a lo último en cuestión, también existen los prejuicios para no creer en los milagros o actividades paranormales cuyo principal motor es Jesús. Pese a eso, los defensores del cristianismo primitivo no dan su brazo a torcer y presentan fuertes argumentos para convencer hasta a los ateos sobre la existencia de Jesús.

Jesucristo, Dios y hombre verdadero

Es pertinente acotar que la encarnación de Jesús no debe verse como un acto en convertirlo en una especie de semidiós, como los conocidos gracias a la mitología griega o latina. Él no debe ser considerado como mitad Dios y mitad hombre o sostener la dicotomía entre la divinidad y el rasgo humano. Cristo se hizo un hombre real, pero nunca dejó de ser el Hijo de Dios. Jesús es el verdadero Dios y el verdadero hombre, tal como estipula la lectura del Catecismo 464.

La Iglesia Católica mantuvo gran firmeza para defender a Jesús verdadero Dios y verdadero hombre como explica el capítulo de aquel catecismo. Es natural que en los primeros siglos del mundo las herejías tuviesen sus reservas en divagar sobre Cristo, pero siempre defendieron con pundonor que Jesús es el verdadero y único Hijo de Dios, bendecido a través del Espíritu Santo.

Aquellos cristianos con un pasado judío indicaron que Jesús es un hombre común, como todos los habitantes de Israel, pero con gran sabiduría y muy santo en su proceder. Un siglo más tarde surge el adopcionismo, en el cual retratan a un Cristo como “Hijo adoptivo de Dios”.

En este caso, él solo sería un hombre que cuenta con la protección divina de Dios, cuya fuerza es heredada por el Altísimo. Para tal este sentido, no había cabida en un Jesús y en un Dios, porque la último cuestión es solo una persona.

Jesús verdadero Dios y verdadero hombre

En el año 190, la corriente del adopcionismo se convirtió en una herejía gracias a varias tertulias, entre ellas el Concilio I de Constantinopla y por el Sínodo Romano del 382. Posteriormente aparece la herejía arriana, para sustentar que el verbo divino es una farsa y que Jesús no es el verdadero Dios. Gracias a estas impactantes declaraciones, Arrio fue juzgado por el Concilio de Nicea en el 325.

A partir de este entonces, la Iglesia pasó a convertirse en una institución más arraigada y fuerte, introduciendo la idea de la eternidad para quienes creen en Dios y todas sus atribuciones.

Las herejías no cesaron, pero la Iglesia continuó su arduo trabajo de derribar todos los muros necesarios para desmentir a cada uno de los ateos que profanaron en nombre de Jesús. Entre ellas, un grupo se mantuvo a pie de plomo para negar la eucaristía, es decir, el poder del cuerpo y la sangre de Cristo, como las acciones de la última cena.

Es hora de hablar del docetismo, muy posterior al adopcionismo, para establecer que el cuerpo de Cristo es celeste y poco aparente o que apareció en el mundo sin motivo, negando desde luego su nacimiento en el pesebre. Por esta razón, San Juan tuvo que hacer frente a lo que consideró infamias:

“Muchos son los seductores que han aparecido en el mundo, que no confiesan que Jesús ha venido en carne”. (2 Jn 7; cfr. 1 Jn 4, 1-2).

Apolinar de Laodicea mantiene un punto de vista similar al de Arrio, para declarar que Cristo en ningún momento presentó un alma humana. Gracias a sus investigaciones, fue objeto de polémicas por muchos años, pero Laodicea nunca dio su brazo a torcer frente a las refutaciones por parte de las instituciones cristianas. Mucho después, intentó rescatar la relevancia del Verbo, alegando que es capaz de alimentar a todas las almas humanas.

No obstante, en lugar de salir airoso con su postura, también fue condenado por el Concilio I de Constantinopla, amparados en el Catecismo 471 en el que todos los hombres gozan de un cuerpo y alma de espiritualidad.

Unión hipostática

Durante el siglo V, luego de sobrellevar varias corrientes comandadas por herejes, despertó la necesidad de sostener la importancia del mundo divino con el humano, cuyo principal enlace es Cristo. Lo mismo ocurre exactamente para demostrar que el Verbo tiene un poder inigualable gracias a ambas funciones: humanas y divinas. Ahora Jesús es la principal imagen para que la cristología tenga forma y fondo; con mucho por investigar y bastante qué demostrar.

Nuevas discusiones al respecto originaron más polémicas para debatir. Nestorio, gran personaje de Constantinopla asegura ver en Cristo a dos sujetos muy distintos: el hombre y el Dios: el lado humano y el celestial reunidos en una misma unidad. Sin embargo, no puede distinguirse como persona, porque su único lazo para dar testimonio de él es el moral. Por esta razón, el Teokókos establece que María no es Madre de Dios, pero si lo es de Jesús, porque el texto si defiende a Cristo como el hombre engendrado por ella.

San Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso del 431 explican que la humanidad de Cristo es irrefutable, gracias al elemento divino que provee por ser el Hijo de Dios. Debido a este trabajo de investigación, María es reconocida como la madre de Dios ese mismo año.

Años más tarde aparece la herejía monofísita, para dejar en entredicho todas y cada una de las opiniones conocidas de San Cirilo y se apega un poco al  apolinarismo. Eutiques explica que Cristo si existió, pero se debe a una sola naturaleza: la humana. Por esa razón, su permanencia humana debe prevalecer sobre todas las nociones sobrenaturales que se le imputen.

Lo dicho por este personaje quedó irrelevante gracias a la obra Tomus ad Flavianum de San León Magno, considerado como un gran libro para quienes aplican los fundamentos de la teología. Ahora es momento de citar una referencia que hace énfasis en la importancia de Jesús como Dios y hombre:

“Hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad”. Concilio ecuménico de Calcedonia del año 451.

Esta doctrina contó con la máxima aprobación en pleno del Concilio II de Constantinopla, alegando que esta es una gran interpretación sobre lo que significa Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Según su opinión, la mezcla entre lo divino y humano siempre tendrá lugar en la teología, así no todos estén de acuerdo con la posición.

La intención de cada uno de los Concilios es precisamente corregir cada uno de los errores mostrados en las herejías y en propios puntos de vistas de personalidades cristianas.

Para sus integrantes, todos los errores reconocidos son un paso en falso para que la comunidad atea ganen con sus hipótesis para asegurar que Cristo no es el verdadero Dios, sino un hombre natural. Lo interesante de estas reuniones fue el uso de términos que acoplaron en la época para definir a Jesús: persona, naturaleza, hipóstasis, entre otros más.

La humanidad santísima de Jesucristo

Llegando a este punto, ahora si puede hablarse como un suceso natural, dentro de lo religioso, que la encarnación es un proceso aceptado por una gran mayoría. Por su parte, la Iglesia sigue respaldando esta tarea, con el conocimiento vasto de la eucaristía y el poder concentrado tanto de cuerpo y sangre de Jesucristo.

En paralelo, ha surgido la premisa que la naturaleza de Cristo se debe en parte por el reconocimiento por ser el Hijo de Dios. Gracias a eso, además, se introdujo el término de Santísima Trinidad, por representar al Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El alma de Cristo no solo tiene por prioridad comprender todos los designios de Dios, porque es capaz de entender a todos los humanos, porque es igual a cualquier otro de su prójimo.

La comunidad católica reseña a un Cristo con los conocimientos básicos de un hombre, pero además demostró un profundo placer de alimentar su intelecto con las cuestiones divinas y de la fe. Una vez reconocido como Hijo de Dios, la sapiencia de Jesús se mantuvo en alta, hasta multiplicar todas sus gracias y ser ese hombre ejemplar que todos quisieron descubrir

También es necesario aclarar que la ciencia infusa (aquella obtenida sin uso del raciocinio) forma parte de Cristo como parte de su virtud por ser este hijo unigénito. Esta es la inteligencia heredada por Dios, en el cual la razón ni la ciencia juegan un papel determinante para corresponder a esa sabiduría.

En su rol como Hijo, es capaz de descubrir todos los pensamientos aguardados en el corazón de los demás hombres. Puede hablarse de la ciencia de los beatos, con el propósito de recrear su inteligencia mediante el verbo encarnado.

Jesús gozaba del conocimiento en cada uno de los designios de Dios y que además quiso enseñar a las primeras comunidades cristianas. Por cada una de estas pruebas, es de determinarse que la fase como hombre y de Hijo en Cristo es inexorable, cuyos poderes ni siquiera deben ponerse en duda gracias a la ciencia infusa, beata y a los conocimientos que tiene como hombre natural.

Aparentemente, Cristo si tuvo conciencia de lo que representa el verbo, aunque muchos historiadores quisieron involucrarlo en ello, con bastantes errores en sus resultados finales. La teología católica afianza que antes del bautismo de Jesús, éste ya tenía una visión de lo que significa Dios para el mundo, pese a que otros filósofos quieren demostrar lo contrario.

Las herejías monoenergeta y monotelita urgieron mucho después de la polémica enfocada a través del monofisismo. Acá, la primera premisa es hallar a Cristo como una sola unidad, es decir, que no es o verdaderamente Dios, mucho menos verdaderamente hombre. La Iglesia, por su parte, da a conocer sus argumentos en el Concilio III de Constantinopla del 681 para asegurar que Jesús si está regido por dos voluntades y dos personas naturales.

La institución católica y cristiana asegura que ambas unidades en Cristo no actúan en función contrapuesta, sino cooperantes para solidarizarse con todos los hermanos que creen en la existencia de Dios.

Cuando el verbo se transforma en carne, responde a una obediencia respecto al Padre y al Espíritu Santo para que el resto de los individuos tengan en cuenta que estarán salvados. En Catecismo 475 avala que la voluntad de Dios o Cristo no puede ser juzgada entre los hombres, solo cumplir con los designios impuestos en pro del bienestar colectivo.

La voluntad omnipotente tendrá que ser subordinada por los hombres y defender cada uno de los intereses relacionados con Dios Padre, el Hijo y Espíritu Santo. Ese mismo capítulo del Catecismo es fundamental, porque engloba las implicaciones que tiene la salvación a través de la dualidad en la naturaleza de Cristo. San Máximo “El Confesor” relaciona ambas naturalezas con las oraciones finales que dijo Cristo antes de fallecer en el huerto, frente a las miradas compasivas de todos.

No puede verse en exclusiva la dualidad divina y humana en Jesús, porque las propias fungen como operaciones. Las divinas tienen por causa las doctrinas de Dios; por su parte, las humanas corresponden a las acciones que ha hecho en la tierra al igual que sus semejantes.

Inclusive hay una tercera operación teándrica en la cual tiene lugar todos los milagros de Jesús en su faceta de hombre, pero con la influencia de lo divino para ejercer bondades y repartir testimonios sobre la salvación a sus almas.

Los asuntos polémicos no se detuvieron con las dos últimas herejías, gracias a que el verbo encarnado otra vez es objeto de discusiones, esta vez por las rencillas relacionadas con las imágenes. Las representaciones de Cristo en distintas artes e ideologías conllevaron a más problemas que difundir su poder. Estas imágenes estaban plasmadas en pinturas, botellas, murales y demás asuntos iconográficos.

En virtud de estos acontecimientos dio lugar a la primera crisis iconoclasta conocida en Constantinopla durante el siglo VIII. Sin embargo, esta coyuntura tuvo partidarios a favor o en contra de reflejar las verdaderas imágenes de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre.

Los personajes que estaban en contra de plasmar a Jesús declaran que Dios es ilimitado, por tanto no puede trazarse en unas cuantas líneas para minimizar su figura en el mundo, no puede circunscribirse por el capricho de los artistas.

Verbo incircunscribible es el término empleado por San Juan Damasceno para explicar el evento que plantean los contrarios a dibujar a Cristo. También para opinar al respecto dijo lo siguiente:

“Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado (…) Por eso se puede “pintar” la faz humana de Jesús”

A partir de esta postura, los trabajos iconoclastas en que se involucra a Cristo son aceptados sin problemas, porque su dibujo representa principalmente su atributo de hombre, para plasmar trazos finitos que no sean juzgados por las personalidades más destacadas del cristianismo.

Para el Concilio II de Nicea en el año 787 se oficializó que todos los artistas estaban permitidos en dibujar a Jesús en cualquier tipo de arte, sin tener prohibiciones y hacerlo a gusto propio, respetando las ideologías, sin llegar a implementar la sátira.

Desde luego, el cuerpo de Cristo tiene rasgos simbólicos que deben plasmarse muy bien para distinguir una buena obra de arte. Él ha permitido que su cuerpo sea como él lo ha deseado, para identificarse como Hijo de Dios. Por este motivo, la persona que pinta debe venerar a Jesús, para transmitir con su obra el mismo sentimiento de veneración para que los clientes hagan exactamente lo mismo.

El alma de Cristo no es divina, como grandes filósofos intentan presumir, sino humana, aunque con el paso del tiempo e investigaciones, ésta se ha ido puliendo un poco más. Esta alma ahora puede dilucidarse como la de otro hombre, al poseer dones especiales, hasta hacerla apta para tener una gran comunión con Dios. Su alma es humana, santa, tal como se lo dijo el Ángel Gabriel a María en la notificación que estaba en cinta y que estaría por concebir al Hijo de Dios.

Cristo es una figura que todos quieren venerar hasta seguir su ejemplo, por tener una voluntad santa y un alma perfecta, sin rastro de pecado y con mucho amor por brindar. Sin duda, es el paradigma de santidad que casi todos los hombres quieren glorificar, hasta ser dignos de seguir sus pasos. Por motivos de encarnación, su alma se ha elevado a tal grado que está en fuerte comunicación con Dios.

Desde la perspectiva de la humanidad del Señor, vendría siendo la unión hipostática uno de los grandes dones que tiene Jesús para ser el hijo legítimo de Dios. Bajo otros términos, este tipo de atributo es conocido como “gracia de unión”.

Gracias a ello, el alma de Jesús ha sufrido diversas manifestaciones hasta que su naturaleza sea elevada y disfrutar de las bendiciones del Padre. Por ende, a través de (Jn 1, 16), es entendible que todos los hombres reciben gracias a través de otras gracias.

Ahora bien, todos los dones que ha recibido el Salvador no son exclusivos por ser el Hijo de Dios, sino además en su faceta de hombre y patrono de todas las iglesias en el mundo. Por supuesto, son gracias humanas y divinas, hasta considerar que Cristo es el nuevo Adán que vino al mundo para salvarnos del pecado.

En parte por lo último en cuestión, recibe el nombre de gracia capital, no siendo diferente al divino que ya tenía. El cuerpo es capaz de vivir en él, de él y por él, para que todos sus hermanos gocen en su nombre y sientan protección divina con tan solo nombrarlo.

Estas teorías son manejadas como una gran verdad por parte de la catequesis, la misma que es aplicada en todos los niños o adultos que pretenden consignar con la primera comunión, reconocer la eucaristía y valorar cuerpo y sangre de Cristo como la verdadera salvación para los pecados. En los Evangelios hay más muestras que constatan la presencia de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre con el siguiente enunciado: “Yo y el Padre somos una sola cosa”. (Jn 10, 30).

Desde el “Yo soy” hay una clara conciencia que Cristo es el Hijo de Dios, se ha autodenominado así en varios paisajes de La Biblia, por lo cual la Iglesia sigue firme en sostener esta verdad absoluta, así reciba mensajes en contra. Además, tiene la facultad de interceder en el juicio final y aplicar la ley con suma justicia, en función de aquellos que al morir se arrepintieron de sus fallas o el contrario, de quienes profanaron su nombre o negar de él en episodios puntuales.

Ese gran poder de perdonar los pecados y elevar al cielo a las almas más necesitadas solo hablan de un Cristo misericordioso que actúa en favor de sus semejantes. Tiene la virtud de salvar todo aquello que considera perdido, en especial a esos hombres que tienen por pecado como principal motor en su accionar.

Son constantes sus apariciones además como verdadero hombre, como la ocasión en que hizo bautizarse con ayuda de San Juan en el río. Entre sus poderes está el dar y enseñar, sin miramientos, ni escatimar en la persona que lo requiera. Todos los Apóstoles y Evangelistas están de acuerdo en que Jesús verdadero Dios y verdadero hombre posee una sabiduría inigualable, pero al mismo tiempo la de un ser racional como cualquier otro.

Por todos los testimonios del Evangelio, es primordial que la catequesis realice un breve resumen con todos los pormenores que den fe sobre la existencia de Jesús en todos sus planos. Los catequistas tienen por misión de cumplir con una serie de reflexiones que invitan a los fieles a percatarse que Dios ha elegido a Jesús para que adoctrine a todos los cristianos.

Dicho esto, es necesario puntualizar que en su pasión y muerte, Jesús fue capaz de amar a todos, incluso a quienes le agredieron hasta la tortura. Luego de su muerte, sigue entregándose por nosotros, para disfrutar de ese universo que el Padre ha creado para que todos los fieles sean felices.

El Hijo de Dios me ha amado, hasta entregarse por mí“. Catecismo, 478 es una cita que muestra en resumen todo lo que Cristo ha sido capaz de ofrecer para perdonar las faltas de los hombres. Quienes crean en su resurrección y mueran, aunque lo hagan, no morirán para siempre.

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