San Álvaro, el santo más querido de Córdoba

Álvaro López de Córdoba y Carrillo o conocido como San Álvaro nace en el año 1430. Recibió las aguas bautismales en la iglesia San Nicolás de Villa. Conoce estos y otros datos más de importancia que rodean a este fabuloso santo, adorado en Córdoba.

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San Álvaro de Córdoba

Dentro de las obras más significativas de San Álvaro está la edificación del Convento Scala Coeli, en la cual muchas mujeres intentaron profesar su gran amor hacia Dios. Hijo de Martín López de Córdoba y de Sancha Alonso Carrillo, personas de gran renombre dentro de su ciudad de origen.

Un dato interesante es que además de Álvaro de Zamorano, es conocido como Fray Álvaro, mientras estuvo bajo los servicios en la Orden de Santo Domingo. Si bien es cierto que no ha contado con su canonización, fue beatificado un 22 de diciembre de 1714. Hasta la fecha es el patrono por excelencia de toda la Hermandad y las cofradías de Córdoba, en la que goza de gran aceptación por parte de sus fieles.

Biografía

Desde su juventud, San Álvaro mostró gran pasión por los estudios, aunque fue bastante solitario y prefirió el claustro en diversas ocasiones en lugar de la compañía de su gente. Para cumplir con tal labor, prefirió inscribirse en la orden de Santo Domingo, que funge por igual como un convento cordobés.

Gracias a sus conocimientos, obtuvo el título como maestro de artes y teología. Su dócil forma de ser influyó para ganarse los adeptos de sus allegados y confiar en él todos los problemas que sus devotos presentaran, con grandes confesos que colmaron de luz aquellos corazones lastimados por la fatalidad. Por su dominio de varios idiomas, sin problema alguno descifró varios enigmas hallados en las Sagradas Escrituras y al resto de frailes dio a conocer la importancia de saber comprender estos manuscritos.

Los dominicos más antiguos señalan que San Álvaro es un gran amante de la religión y estaba dispuesto a enseñar las doctrinas a las personas más cerradas de Córdoba y resto de aldeas cercanas. Asimismo, más adelante sintió una verdadera pasión por las ciencias divinas. Por eso, recibió muchos honores o doctos en Salamanca hasta adjudicarse el término de sabio maestro hábil.

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San Vicente Ferrer fue uno de sus grandes ejemplos y por eso trató de emular sus acciones con mucha gracia. Un día, decidió que debía recorrer toda España para darse a conocer como gran filósofo de las ciencias divinas. AL tener éxito en este país europeo, hizo exactamente lo mismo en Italia y ciertas ciudades de Francia. En cada uno de esos territorios recibió grandes halagos como emisario de Jesucristo, el gran heraldo.

La Reina Dª Catalina de Lancaster tuvo el privilegio de contratar los servicios de este santo para que fungiera como su gran confesor. Todo esto surtió efecto con su regreso a España. Gracias a su honrada personalidad, la Reina decide condecorarlo con la corona y todos los beneficios que ello implica. Un aspecto bastante positivo luego de este nombramiento fueron las limosnas recogidas en su labor como evangelizador.

Por el dinero obtenido de la Reina y las limosnas recogidas en su evangelización, compró la Torre Betarga, un edificio en estado de abandono situado en las zonas más recónditas de Córdoba. De esa infraestructura nació el Convento Santo Domingo de Escalaceli. Al principio, siete frailes formaron parte de este personal, pero paulatinamente se sumaron mucho más que dieron vida a este santo lugar. Es de mencionar que su construcción no fue tarea fácil, debido a la limosna escasa en cada inversión del edificio.

Tendría unos 60 años de edad cuando San Álvaro pereció un 19 de febrero bajo una enfermedad de carácter degenerativo que lentamente cegó su vida. Para 1603, el obispo de Córdoba señala la aprobación de su culto, para que todos los devotos pudiesen elevar oraciones en su honor y solicitar milagros de fe.

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