Las 7 palabras más recordadas de Jesús en El Calvario

Las 7 palabras de Jesús fueron las últimas que Nuestro Señor pronunció en el momento de su muerte en la cruz, y éstas son prueba fehaciente de su amor auténtico para con la  humanidad. En este post les presentamos cuales fueron estas palabras, su significado y algunos datos interesantes de las mismas.

Las 7 palabras de Jesús

El momento de crucifixión ha sido señalado por la fe cristiana como un acto de gran significación para los creyentes, pues las palabras que allí expresó Nuestro Señor se han constituido en sentencias que inspiran y guían a los fieles devotos.

Son las palabras que se señalan en el sermón de las 7 palabras cada viernes santo.

Estas palabras fueron recopiladas en los Evangelios según la experiencia vivida por cada uno de los evangelistas. Así tenemos que:

  • Mateo y Marcos hacen mención solo de la cuarta palabra: Mt 27, 46-49 y Mc 15, 34-37.
  • Lucas hace referencia a tres de ellas, que son: La primera en Lc 23, 34. La segunda en Lc 23, 43. La séptima en Lc 23, 46.
  • Juan recoge las tres palabras restantes; a saber: La tercera en Jn 19, 26-27. La quinta en Jn 19, 28. La sexta en Jn 19, 30.
Las 7 palabras de Jesús
San Juan Evangelista

Muchos estudiosos del tema religioso han señalado que lo que expresan las 7 palabras de Cristo en la cruz se podría comparar con la vida por la que atraviesa todo creyente en su devoción.

A cada una de estas palabras se les rinde especial devoción, pues fueron las siete palabras de Jesús en la cruz realmente pronunciadas, junto a otras expresiones que podemos encontrar en cada uno de los Evangelios, que en cierta forma son citas exactas de su sentir en tan angustioso momento.

Veamos brevemente cada una de las palabras y recemos luego, la oración de la Corona de la Misericordia.

Primera palabra

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” Lucas, 23: 34.

Con esta frase quiso Nuestro Señor Jesucristo, con su Infinita Misericordia, darle entender al Dios Padre, que toda la desgracia que le estaba ocurriendo era producto de la ignorancia de los que la estaban perpetrando.

Por ello, le imploraba a Su Padre que no los castigara, al contrario, que los hiciera entender su error y arrepentirse.

Los entendidos en el tema infieren que la oración iba dirigida particularmente a los torturadores de Jesús.

Sin embargo, otros señalan que era hacia los judíos en general, o hacia los soldados romanos que lo habían apresado y torturado. También se dice eran palabras dirigida a toda la humanidad por haber pecado.

Segunda palabra

“Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” Lucas, 23: 43.

Nos expone abiertamente Cristo en esta frase, la Misericordia que siempre predicó y puso en práctica durante todo su peregrinar por la tierra.

Se corrobora aquí, además que cumple lo que promete, ya que Él había dicho que el se arrepintiese de corazón de sus pecados y pida Misericordia, lo perdonará y le dará la salvación.

Todo ello gracias a la fe que se ponga en Jesús.

Tercera Palabra

“Mujer, ahí tienes a tu hijo. […] Hijo, ahí tienes a tu madre” Juan, 19: 26-27.

Como todo ser humano que ama al ser que le dio la vida, así se expresó Jesús al tratar de buscar el cuidado y resguardo para su Madre, una vez Él hubiese partido a la Casa del Señor.

Demuestra, así, su amor y preocupación por lo incierto del porvenir de su Madre. Por ello recurre a un ser cercano que la pueda socorrer. Sentía era su deber de hijo.

Igualmente, quiso ayudar al hermano tratando de mitigar su dolor, encargándole a este discípulo amado el cuidado de Su Madre, de manera que ambos se sostuvieran emocional y materialmente. En Oración por los hijos también se da una enseñanza de amor al prójimo, atendiendo primero a los más cercanos.

Este acto de entrega mutua entre madre y discípulo se puede interpretar como una demostración de que, no sólo hay que recibir amor, sino saber darlo sin importar las circunstancias.

De numerosas interpretaciones hechas a partir de esta frase, se nos da cuenta del significado en este episodio, en el que se revela después de su muerte una familia nueva, en la que una madre da cobijo y consuelo al hijo que llega y éste suple las necesidades básicas y maternales de la madre ahora solitaria y desesperanzada.

Se ha revelado algunas expresiones de emoción del discípulo a quien Jesús dejó al cuidado de su Madre, luego de su partida. Fue tal su emoción que quiso manifestarlo a través de unas notas dedicadas a Jesús:

¡Señor Mío y Dios mío!

Por mi amor agonizaste en la Cruz y dejaste el último aliento de vida,

para mirarme y encomendarme tan loable tarea.

Olvidando todos tus tormentos,

me dejaste con amor y comprensión el cuidado de tu Madre dolorosa y desvalida,

de manera que siempre en su compañía acudiera yo siempre a Ti

con mayor confianza y protegido con tu infinita misericordia,

la cual ofrendaste no solo a mí,

sino a todos los hombres que luchan con las agonías  y congojas de la muerte,

y de mí cuando me vea en igual momento;

y conociendo el eterno martirio de tu madre amantísima, que obediente y serena

siguió siempre los designios que Dios Padre tuvo para con ella,

ello aviva en mi corazón una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima sangre,

hasta superar así los riesgos de la eterna condenación, tantas veces merecida por mis pecados.

En este momento de tanta agonía que alberga mi corazón

y que quisiera poder obviar o, mejor, borrar para siempre,

no encuentro más camino que alabarte por ser tan magnánimo con este hijo indigno del Dios Padre.

Las siete Palabras vozde Solangel Payano Tia Sol

Cuarta palabra

“Eli, Eli, ¿lama sabactani? […] ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” Marcos 15: 34 y Mateo, 27: 46

La frase es la expresión del intenso dolor que siente, no solo a nivel físico, sino también, moral y emocional pues se consideraba abandonado por su propio Padre ante esta situación tan penosa.

Aun cuando Él aceptó libremente ese sacrificio para salvar la humanidad, en su desespero por el dolor, pedía la clemencia del Dios Padre.

Esto es debido a que era la naturaleza humana de Jesús la que se estaba manifestando en esa terrible situación.

Es por ello que Jesús, siendo el Hijo único de ese Padre que en el Jordán había exclamado “Mi Hijo único” , “Mi Predilecto”, “Mi amado”, ahora clavado en la Cruz sintió el abandono del Padre.

Se evidencia esa desolación cuando en ese grito desesperado no le llama “Padre”, como siempre lo había hecho, sino que le dice Dios y le pregunta, como un niño atemorizado que por qué le había abandonado?

Se puede inferir que este momento de la Pasión de Jesús, es el más doloroso pues el sentirse abandonado de su mismo Padre le causó una gran herida en su ser.

Y en este abandono de Jesús, sin embargo, se puede descubrir el gran amor que tuvo por la humanidad hasta el extremo de padecer lo indecible por amor a su Padre y por cumplir con Su Padre de devolverle los hijos perdidos.

Históricamente, se ha dicho que esta frase es la que más tiene evidencias históricas pues aparece reseñada en más de un evangelio. De ello podemos inferir que es real pues fue referenciada por distintos testigos, con lo cual dan fe de su veracidad.

Por otra parte, otros críticos de los temas bíblicos han señalado que, en virtud del cuadro de desolación que se desprende de esta frase, tal vez la Iglesia primitiva, en un principio, le resultaba difícil aceptar tales palabras de boca de Cristo, pues se trataba del Hijo de Dios.

Según estos estudiosos resultaba un tema difícil en términos religiosos este sentimiento de desolación de parte de Jesús, ya que para la Iglesia de entonces se confiaba que el Dios Padre socorrería al Hijo en el momento de muerte, interviniendo oportunamente, lo cual ya sabemos no sucedió.

Estos críticos se valen de los segmentos en el Salmo 22 que hablan al respecto, e incluso hacen referencia a lo escrito por Isaías en 53, haciendo mención a que todo lo relatado en la Pasión fue una situación sucedida posteriormente, tomando como base lo que al respecto reseña el Antiguo Testamento, sustentados en aspectos realmente históricos.

Quinta palabra

“Tengo sed” Juan, 19: 28.

La expresión denota dos tipos de ansia de Cristo en la cruz.

  • La sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados, fue lo que experimentó Jesús en la Cruz, por pidió, “por favor”, un poco de agua, como hace cualquier enfermo o moribundo.
  • La sed espiritual, al querer alcanzar la redención para la salvación de todos.

Esa sed constituyó un terrible suplicio para Jesús, pues la deshidratación debida a la pérdida de sangre, era fue muy dura, pues no había bebido líquido alguno desde la tarde anterior.

No era de extrañar que tuviera sed, pero lo extraño fue que lo dijera.

Se refiere en esta quinta Palabra de “su sed” a su sed de Redentor, pues en la cruz Él estaba calmando la de sed de redención de los hombres, que es otra bebida distinta del agua o del vinagre que le dieron.

Es así como en esta palabra Jesús nos habla de su sed porque:

  • Todos recibieran la vida abundante.
  • No fuera inútil la redención.
  • La sed de que nos manifestamos a Su Padre.
  • De que creyéramos en Su amor.

Sexta palabra

“Todo está consumado” Juan, 19: 30.

Esta frase se ha divulgado mucho, incluso en su versión en latín (Consummatum est).

Se trata de una especie de proclamación de Cristo por el perfecto cumplimiento con lo dicho en la Sagrada Escritura en su propia persona.

La oración pone de manifiesto que Jesús estaba consciente de que había cumplido hasta el último detalle con la misión redentora que se le había encomendado y con la voluntad del Padre.

Es propicio, entonces, decir que es una palabra de victoria, que infiere que ya todo acabó y que se hizo tal cual se había dicho. Al respecto, la Oración al niño Jesús de Praga se nos ofrecen palabras de ánimo, victoria y obediencia.

Por ello, afirmamos que Jesús ha cumplido todo lo que debía hacer al venir a la tierra; a saber:

  • Su Padre le dijo que anunciara a los hombres la pobreza y nació en Belén, pobre.
  • Su Padre le dijo que anunciara el trabajo y vivió treinta años trabajando en Nazaret.
  • Le dijo que anunciara el Reino de Dios y dedicó los tres últimos años de su vida a descubrirnos el milagro de ese Reino.

Y ahora Jesús se abandona en los brazos de su Padre después de haber cumplido Su Voluntad. “Padre, en tus manos pongo mi Espíritu”.

as 7 palabras de Jesús

Séptima palabra

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas, 23: 46.

De ella se ha dicho que expresan la confianza que debe tener un cristiano ante la entrada en el mundo espiritual.

Es en este momento que aquel que tuvo temor al pecado, que se sintió solo, gritando “¿Por qué me has abandonado?”, ahora ya no tiene miedo a la muerte, pues sabe le espera el amor infinito de Su Padre.

Durante todo el tiempo que peregrinó por caminos, pueblos y sinagogas, por ciudades y montañas proclamando la Buena Nueva, anunciando un nuevo mundo, podía ahora señalar que aquel, a quien la historia de Israel ha llamado “Elohim” o “El Eterno”, era Su Padre y también el nuestro.

Es ciertamente un Padre Todopoderoso, pero también cariñoso y las mismas manos que sostienen al mundo, esas mismas manos nos reconfortan, nos dan sosiego.

Por tal motivo, no podemos que: “Yo estoy solo en el mundo”, “a mi nadie me quiere”, el padre del Cielo, responde: “No. Eso no es cierto. Yo siempre estoy contigo”.

Por ello, hay que vivir con la alegre noticia de que Dios es el Padre que nos cuida y, aunque sus caminos son incomprensibles, debemos tener la seguridad de que Él sabe mejor que nadie lo que hace. Hay que amar a Dios y también hay que dejarse amar y querer por Dios.

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