Bullying familiar: cuando el acoso comienza en casa

El bullying familiar se ha hecho presente en los últimos años en cada vivienda en que las víctimas pertenecen. No es un problema exclusivamente educativo, porque el maltrato tiene otros precedentes que escapan de la escuela o el trabajo. Conoce más a fondo sobre estas acciones físicas y psicológicas que destruyen a quien es víctima.

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Bullying familiar: el acoso desde casa

El bullying intrafamiliar puede partir de varios aristas:

  • Gritos constantes.
  • Parejas divorciadas / familias disfuncionales.
  • Chantajes.
  • Agresiones físicas.
  • Caprichos.

Estos son algunos de los efectos que pueden padecer una o más víctimas de un miembro familiar que constantemente están causando daños con sus acciones, indirectamente o con toda la intención de lastimar a sus propios seres queridos. También puedes conocer todo lo relacionado con el modelo educativo, para así tomar las mejores pautas en este caso.

Los principales inconvenientes para que el bullying familiar surja efecto son las siguiente:

  • Falta de comunicación entre los miembros familiares.
  • No buscar un diálogo o mediación para resolver los conflictos.
  • Ausencia de respeto.
  • Falta de sinceridad y confianza entre los familiares.
  • Conductas inapropiadas por falta de los correctivos bajo la responsabilidad de los padres.

Muchas personas en el hogar se engañan a si mismas con una fachada, representar a alguien que no es, pero en el fondo es alguien con muchos problemas que provoca situaciones inmaduras que originan el bullying en la familia. Por lo general, este tipo de personas son capaces de enseñar su lado “bueno” frente a otras personas para aparentar bondad, pero en el interior de la casa son capaces de desprender toda su furia contra un miembro de su familia y es quien padece de los acosos y agresiones.

La falta de honestidad de esa persona capaz de acosar, tiende a generar decepciones o situaciones desesperantes entre los demás miembros del hogar. Cuando se llega a conocer a fondo de esta persona, se muestra la cruel realidad que todo lo experimentado no es más que una fachada, una vista engañosa que con el trato diario se percatarán de cómo es realmente el agresor.

El matrimonio inestable es una razón poderosa por las cuales los hijos nacientes del mismo o la propia pareja de esposos inducen al bullying. Para ello, si estas personas son conscientes de los problemas que enfrentan, deberán buscar la ayuda de un psicólogo que ayude a solventar estos inconvenientes para que no ocurra un evento desfavorable mayor.

El divorcio o separación definitiva de la pareja es otra razón de gran peso para que los hijos sean violentos entre si o aplicar este tipo de bullying en el colegio. Ninguna conducta tiene un motivo desconocido, todo parece romper desde el hogar hasta que los victimarios sacan a relucir todas sus frustraciones en diferentes ámbitos en que desempeña.

Lamentablemente, cuando los problemas emergen en el hogar, los más afectados son los hijos que, no saben como direccionar sus problemas y los manifiestan en la peor manera, haciendo bullying familiar o traspasar los límites de su residencia para aplicarlos en el ambiente laboral o en el colegio.

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El amor de los padres hacia los hijos que no saben manejar su conducta es bastante instintivo, pero no lo saben manejar como inteligencia. El papel de un matrimonio que dejó de funcionar es hacerle entender a los hijos que la causa de la separación no es por culpa de ellos, sino problemas entre adultos que nada tienen que ver con la ruptura.

Aquí los mayores responsables son los padres, que bajo su crianza estarán haciendo de su hijo un buen hombre o mujer para la sociedad, o un desadaptado social que solo buscará los problemas y lastimar a los terceros quienes les rodean. Ellos son los responsables para que ellos afronten su nueva realidad y que tal vez formen una nueva familia, porque tal vez puedan sentirse desencajados o que no pertenecen al nuevo hogar que sus padres han formado con diferentes personas.

La falta de una educación óptima en los hijos hace que los hijos crezcan con limitaciones morales o espirituales que no los deja salir adelante o tomar decisiones correctas, sino más bien fomentan la agresividad y el maltrato. Lamentablemente, ahora la tarea de educación pasa a manos de los psicólogos, que tendrán que lidiar con la actividad que los padres no pudieron lograr por cuenta propia.

Cuando un padre no se siente capaz de hablarle a un hijo y hacerle entender que sus acciones no son buenas, estas criaturas se sienten en total desprotección. No hay una respuesta clara sobre una advertencia a que detenga sus actos o tendrá que asistir a un psicólogo para que evalúe este problema de raíz.

Desintegración familiar, malos ejemplos, matrimonios inconclusos o falta de amor, incongruencias en las acciones son novedades nada extrañas por la que un hijo no está bien criado. Ambos padres tendrán que reunirse, pese a sus desavenencias, para tratar los principales trastornos que conducen a un hijo a ejecutar el bullying familiar o académico.

Vivir sin consecuencias establecidas, es un canto seguro que los jóvenes estarán unidos en las pandillas, consumiendo drogas y llevando un estilo sin límites. En este caso es más difícil rescatar a un joven sumido en sendos problemas emocionales y por lo cual deberá intervenir un psicólogo de inmediato. La juventud en estos tiempos solicita con vehemencia que no los abandonen en sus traumas y que sean tomados en cuenta en cualesquiera sean los problemas que atraviesen.

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La rivalidad es recíproca: el acoso no

Uno de los aspectos que más recalcan muchos pacientes en el bullying familiar son las relaciones vacías o de poco afecto entre hermanos. Este tipo de violencia se sabe que tiene un antecedente, pero no es determinativo, porque no se sabe a ciencia cierta cómo comenzó y cuáles son los pacientes más acentuados para su estudio.

Mark Kiselica, de la Universidad de Cabrini, en Pensilvania, explica que estas son alternativas de violencia más antiguas que ha desarrollado el hombre occidental.

El abuso doméstico o infantil es uno de los síntomas más claros que el bullying familiar existe y que debe ser tratado a tiempo, antes de convertirse en adultos violentos. El examen de conciencia es un elemento muy destacado en el catecismo para que los infantes se auto-evalúen antes de realizar su primera comunión. Descubre el examen de conciencia para niños católicos.

Dentro de los trabajos investigativos de este psicólogo, llegó a la conclusión que una cuarta parte de los jóvenes menores de 18 años están involucrados en bullying familiar. Muchos pensarán que es un tema exagerado y que entre hermanos siempre existan conflictos menores, lo cual es cierto, pero llevarlo hasta los límites de una violencia constante, es de preocuparse seriamente.

Constantemente, la personalidad de los hermanos chocan y esto despierta rencillas entre ellos. Esto es algo a lo cual los padres deberán estar alertas para vigilar que ellos crezcan unidos y sin estar peleando por juguetes, pertenencias o por la atención de sus padres. A veces ocurre que por ser competitivos, por celos, pierden el potencial que cada uno de ellos tienen por demostrar quién es el más querido por mamá o quién es el más inteligente de ellos.

Una de las posibles ventajas que el hermano mayor sea quien comete el bullying familiar, es enseñar al menor que debe defenderse en otros ambientes que escapan del hogar.

Sin embargo, surge la pregunta, ¿Qué ocurre si este hermano mayor constantemente está atacando al menor sin motivos aparentes?  ¿Qué tanto deberán esperar los padres para separar a sus hijos en una pelea? La magnitud del problema depende de la actitud de estos hermanos, por ende, hay que estar alertas a las señales más agresivas que ellos muestren.

Los niños esperan estar seguros en su casa

En algunos casos, las peleas entre hermanos tienen causas normales que pueden resolverse con la mediación de los padres en forma oportuna. Con el pasar del tiempo, las peleas entre hermanos van disminuyendo, especialmente porque ellos están en su etapa de madurar y ver la vida desde otra perspectiva. Si son discusiones leves en el hogar, no hay que caer en alarmismos y dejar que entre ellos mismos resuelvan en conflicto de la mejor manera posible.

Los enfrentamientos en casa o el bullying familiar entre niños es más fácil de resolver, siempre y cuando los padres actúen a tiempo como los jueces que deberán regirse a sus reglas. Ellos estarán conscientes sobre cuál es el móvil de la pelea y quién la inició. Incluso, a veces ambas partes son culpables que exista este tipo de bullying. Lo positivo es que al tratarse de niños pequeños es más digerible resolver todo para que no vuelva a repetirse.

Este tipo de bullying familiar no posee tantos daños como si lo haría un caso de rivalidad, porque para que exista, debe ser de ambas partes. Cuando este panorama ocurre, el abuso es continuo entre una parte y otra, por demostrar esa supremacía sobre qué hermano tiene mayor poderío, que en gran parte de los resultados muestran que es el hermano mayor el iniciador de esta rivalidad por demostrar que es el que maneja la jerarquía dentro de la linea sucesoral.

La psicóloga Alexandra Sierra advierte que si los síntomas de esta rivalidad van desde lo simple hasta lo complejo, deben intervenir inmediatamente para evitar peleas mayores. Ella hace más hincapié en los insultos verbales, en las palabras que en los mismos golpes, porque son capaces de derrumbar el autoestima de cualquier niño que sea la víctima de bullying familiar.

No es bueno ridiculizar a ninguna de las partes, hacerle sentir inferior o que no vale nada para sus padres. Esta combinación es letal para este niño en su etapa adulta.

En la revista Developmental Psychology publica un artículo que deja en manifiesto que las peleas entre los hermanos ocurren si hay tres o más de ellos en un mismo núcleo familiar. El hermano mayor o los dos primeros hijos de la relación, siempre querrán ejercer poderío sobre sus otros hermanos menores. El conflicto interno más complicado está en manos de los padres, que tendrán la misión de socavar estas jerarquías erróneas con un trato que no sea diferencial en cada uno de los hermanos.

En esta misma publicación habla sobre las implicaciones o pérdida del material afectivo en el hijo primogénito cuando los padres están en la espera de ese segundo hijo. Este suceso es inminente y la pérdida del material afectivo es obligatorio, porque el primogénito tendrá que compartir la atención de sus padres con ese pequeño ser que está en crecimiento.

Automáticamente, este hermano menor está estigmatizado por los mayores hasta el punto de sentir celos. Lo mismo ocurre si la familia se propaga, cuyos hermanos mayores sienten que están perdiendo la atención de sus padres.

Si los hermanos siguen creciendo en número, es un hecho que el primogénito ya no sentirá que posee los mismos recursos para “llamar la atención” de sus padres, ocurriendo exactamente lo mismo con los siguientes hijos intermedios respecto a los menores.

El mismo número de la revista ha dejado en claro que el bullying familiar entre hermanos puede ser aún peor de los enfrentamientos que pueden verse en el colegio. Si este problema no se trata a tiempo, cualquier niño víctima de agresión tiende a crecer con inseguridades, ansiedad o déficit de atención.

Alexandra Sierra explica que el hogar debe ser el recinto donde el niño se sienta protegido y querido, pero nunca en riesgo o en peligro. Si vive en un ambiente hostil todos los días por los miembros de la casa, dificilmente tenga buena autoestima en una edad adulta.

El problema también es de los padres

Todos los padres están en la obligación de indagar cuáles son los motivos que orillan al hermano abusador de lastimar a sus otros hermanos o hasta a sus mismos padres. Sierra explica que si estas conductas son repetitivas, es porque los hermanos están siguiendo los mismos patrones de conducta que tuvieron sus padres en el pasado, cuando fueron pequeños y víctimas de abusos físicos o verbales.

En cuanto a las víctimas del bullying familiar, hay que ofrecerles la máxima ayuda posible, un gran respaldo emocional para que desahoguen sus problemas y no los repriman para el futuro. Ellos necesitan de asesorías para superar sus problemas y ser grandes ciudadanos del futuro. Si este problema es frecuente en niños, es más sencillo de combatir el dilema desde la raíz. A los agresores también hay que encausarlos para que entiendan que sus actitudes no son positivas.

Cuando se trata de un problema de bullying familiar muy agudo, Sierra explica que no solo hay que tratar al victimario y su víctima, sino a toda la familia en general. Lo más adecuado es solicitar ayuda a un profesional para que todos asistan para resolver los conflictos que no permiten a ese núcleo familiar ser funcional en cada uno de sus roles.

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