Jesús y los niños, los herederos del Reino de los Cielos

La inocencia nata que presenta un niño refleja la pureza del ser humano. En éste artículo te mostraremos el profundo amor y vínculo que existía entre Jesús y los niños, según los relatos de la Biblia y otros aspectos que serán de sumo interés los cuales pueden servirte de ayuda para investigaciones futuras.

Jesús y Los Niños

Jesús y Los Niños

Los niños han sido el fiel reflejo de inocencia, pues nacen puros, frágiles y sin ningún tipo de maldad. Mientras que Jesús estuvo en la tierra, la Biblia nos relata las experiencias y la actitud de él ante los niños.

Antiguamente, ellos eran ignorados, sólo eran garantía de “llegar a la edad adulta” y prevalecía el respeto ante los adultos mayores. Ellos no eran tomados en cuenta ni en Sinagogas, ni se les reconocía derecho alguno ni tampoco eran escuchados.

A través del inmenso amor que Jesús y los niños tenían, logró mostrar en varias oportunidades la importancia que era el escuchar y mostrar afecto a los niños. Él insistía que el alma pura de un niño era un requisito indispensable para llegar al Reino de los Cielos.

Jesús hablaba de la palabra de Dios, siempre ponía de ejemplo la pureza de los niños. Él no tuvo hijos propios, pero eso no le impidió llenar y sentir amor a todos los niños y los pecadores, cambiando así la vida de cada uno. Decía que quién recibía con amor a un niño, también lo recibía a Él.

A continuación, enunciamos varias vivencias (sustentadas con pasajes Bíblicos) donde se evidencia el trato y actitud de Jesús ante el entorno y los niños.

Pasajes Bíblicos que mencionan a los niños.

En Mateo 11, 16: 11 “De cierto les digo que, entre los que nacen de mujer, no ha surgido nadie mayor que Juan el Bautista. Aun así, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. 12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. 13 Y todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. 14 Si quieren recibirlo, él es Elías, el que había de venir. 15 El que tenga oídos para oír, que oiga. 16 Pero ¿con qué compararé a esta generación? Se parece a los niños que se sientan en las plazas y les gritan a sus compañeros: 17 “Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos cantos fúnebres, y ustedes no lloraron.”

El Apóstol Mateo hace mención a las palabras de Jesús cuando dice que mientras más puro y mas inocente se es (refiriéndose a un niño), más grande se es ante el Reino de Los Cielos. Compara a la generación como niños revueltos inocentes que juegan en una plaza.

Mateo 11:25-29

25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó. 27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

Jesús alza su mirada al cielo y alaba al Padre en señal de agradecimiento por todas las cosas que él ha hecho por sus hijos. Es una alabanza sincera y humilde, mostrándose puro  de corazón, tal como lo hace un niño.

Este pasaje es importante pues allí tal y como se estará comparando el resto de los pasajes bíblicos, Jesús y los niños se muestran puros, inocentes de alma y pensamientos, pues así Dios desea que sus hijos sean, pues mientras más humildes son, más grandes se muestra ante nuestro Padre.

 

Mateo 18-1-5

18 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.”

En éste versículo, se evidencia una disputa entre los Apóstoles por averiguar quién, ante los ojos de Jesús, es  es el más grande, el que debe recibir más victoria en el Reino de los Cielos; y Jesús les responde muy sabiamente que cuanto más actúen como niños, más fácil y gloriosa será su entrada al Reino, quién  recibe y alaba a un niño, recibe a Jesús.

Jesús y los niños

Mateo 15:21-28

“Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí, una mujer cananea que había salido de aquella comarca, comenzó a gritar, diciendo: “Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada”. Pero El no le respondió palabra. Y acercándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: “Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros”. Y respondiendo El, dijo: “No he sido enviado sino ellos las ovejas perdidas de la casa de Israel”.

Pero acercándose ella, se postró ante El, diciendo: “¡Señor, socórreme!” Y El respondió y dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos”. Pero ella dijo: “Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”. Y su hija quedó sana desde aquel momento.En éste pasaje, nos indica cómo Jesús cura a la hija de una mujer pagana, que se encuentra endemoniada, y cuando logró eliminar de ella la influencia de  Baal (símbolo del demonio) la madre restaura la fé y humildad en Jesús.

Acá se refleja la fe de la mujer en la grandeza de Dios, rogándole a Jesús cure a su hija de forma insistente, aún cuando su entorno no la favorecía, (ni los apóstoles la apoyaban), pero una sabia respuesta logró demostrarle a Jesús la fé a través de la humildad y sabias palabras, logrando sanar a su hija-

Reiterando, una vez más el vínculo entre Jesús y los niños.acá se refleja la fe de la mujer en la grandeza de Dios, rogándole a Jesús cure a su hija de forma insistente, aún cuando su entorno no la favorecía, (ni los apóstoles la apoyaban), pero una sabia respuesta logró demostrarle a Jesús la fé a través de la humildad y sabias palabras, logrando sanar a su hija, reiterando, una vez más el vínculo entre Jesús y los niños.

 

Mateo 18:1-4

En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el Reino de los Cielos?. Y Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “En verdad os digo que si no convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Así pues, cualquiera que se humille como éste niño, ése es el mayor Reino de Los Cielos”

Cuenta a  su modo, que en aquel entonces, reunidos los Apóstoles le preguntaron a Jesús (guiados por el ego y la codicia) quién de ellos era el más grande en experiencia, sabiduría; pues ya existía la duda por sucesos anteriores (curas a enfermos sin éxito, dudas por pensar en la existencia de algún discípulo favorito..).

Jesús, quien ya conocía la forma de pensar y de actuar de cada uno de ellos, les mostró la respuesta a través de un niño, quién lo tomó en sus brazos y le explicó: “El que recibe a éste niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más grande”.

La respuesta de Jesús, algo desconcertante para los discípulos, deja en evidencia su postura ante la humildad de ser como niños por la inocencia y fragilidad que los representa.

Quizás haya decepcionado la respuesta de Jesús hacia la interrogante de los discípulos, pero la única intención es hacerles ver que sólo logran la grandeza a través de la visión de un niño, que no distingue pobreza o riqueza, color de piel ni tiene ningún tipo de discriminación (recordemos que eso se va adquiriendo por conductas aprendidas a lo largo de los años).

Jesús les aclara “el que no renuncie a si mismo, no puede ser mi discípulo” (renunciar a las viejas creencias, al ego, ambición, miedo, etc).

El mensaje que deja Jesús no sólo es para sus Discípulos, sino para toda la humanidad, el espera de nosotros receptividad, nobleza y la capacidad de recibir amorosamente el sentir espiritual que nos lleva al camino de Dios, siendo ésta la transformación que el nos pide para lograr ser niños internamente.

Así como Jesús tuvo una madre amorosa, paciente y noble, también lo es para cada uno de nosotros nuestra Madre María, al ser como niños nos volvemos ávidos de protección y afecto, cosa que sólo ella nos puede brindar con su eterna calidez.

Mateo 18:10

 10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos

Acá Mateo nos relata el profundo amor entre Jesús y los niños, pidiendo respeto y valor para ellos, nombrando a los Ángeles en el cielo como protectores de cada niño, quien a su vez son custodiados por Dios.

Prevalece la imagen de Jesús y los niños como una eterna infancia, pues en él existe una pureza de alma y pensamiento, y una ausencia de ambición y egoísmo. La infancia que Jesús predica, no es más que la reconquista de inocencia, de la limpieza de pensamiento, de alma, de tomar en cuenta pequeños detalles, dar sin esperar a cambio, es simplemente orar y tener confianza plena en Dios.

Mateo 19:13-15 

13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”.

Es éste versículo de la Biblia refleja uno de los más importantes y quizá el principal, pues allí explica que en medio de una multitud, muchas personas intentaban acercársele a Jesús y entre ellos fueron por él algunos niños y los Discípulos los detuvieron, y acto seguido Jesús dijo: Dejad que los niños vengan a mi, pues ellos son el reino de los cielos”.

Al igual que en el pasaje Bíblico de Marcos 10:13-16, habla de la imposición de manos que solicitaban las personas para recibir la bendición de maestro Jesús, y en ésa oportunidad, los niños quisieron acercarse a él, siendo impedido por los Apóstoles y fue allí que Jesús intervino dejando claro que los niños deben acercársele, pues son la entrada al Reino de los Cielos

¿Porque ser como un niño y hacerse pequeño? El niño es un ser débil y humilde, que no posee nada, no tiene aspiraciones, no conoce la envidia, no busca puestos interesantes, no tiene nada que decir en la codicia de los adultos, el niño tiene conocimiento de su pequeñez y su debilidad.

Es así como nos hace saber Jesús, que el más humilde será el más grande ante el Padre, como vemos, de nada importa el nivel, la jerarquía o el rango y papel que se desempeñe en la sociedad.

En efecto, no olvidemos, que él que acoge al indefenso, al humillado, al marginado sin esperar nada a cambio, tiene a Dios a su lado.

Mateo 21:16

“16 Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?

En el Evangelio según Mateo, menciona a Jesús y los niños con alegría los juegos y gracias de los niños. Explica el acto con una comparación de uno niños que tocan la flauta a sus amigos, simultáneamente bailando, gritando y jugando al son de la música.

Allí él los menciona de forma inocente, alegre y pura. Menciona además, la importancia para Jesús y el mismo Dios, de ver (y que ven) a los niños como ejemplo a seguir, menciona el valor de ver la pureza que ellos reflejan. 

Marcos: 9:33-37

33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: 37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.

El relato implica la vivencia de Jesús y los niños, donde relata la costumbre de la bendición de los adultos (jefes de Sinagoga, maestros, padres a través de la imposición de manos; y dentro de la agrupación que se había formado en torno a Jesús por su ya conocida habilidad de sanar y cambiar la forma de pensar y sentir de las personas. Los padres intentan acercar a sus hijos a Jesús, pero los Apóstoles que les rodeaba, reprendieron a los niños (pensado que molestaría al Maestro).

Quienes actuaron con espontaneidad y buena fe, Jesús le reclama a los Apóstoles y les dice “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos” y acto seguido les pone la mano en la cabeza cada uno, en señal de amor y bendición hacia ellos.

La fe es algo innata en los niños, sea cual fuere la religión de los padres, los niños por instinto siente curiosidad de acercarse hacia el templo de Dios, siendo esta confianza la que los guiará hacia el conocimiento y la comunicación con el Padre al observar la energía pura que emana el altar propio y la representación del Cuerpo y Sangre de Cristo en cada Eucaristía.

Es allí cuando los adultos, padres o responsables debemos avivar la fé enseñándolos a orar, a fomentar la comunicación con Dios, a pedir a través de las oraciones, a fomentar la nobleza y sentir la presencia de nuestro amado Padre.

Dentro de las enseñanzas bíblicas, el vínculo entre Jesús y los niños es de suma importancia, pues él nos reitera en varias oportunidades el amor que prevalece por los niños, insistiendo en la pureza de corazón para poder así entrar al Reino de los Cielos, por eso nos invita a actuar pensar y sentir como niños, por su pureza y nobleza.

Es por ello que debemos fomentar la virtudes de los niños, todo ello acompañado de una buena crianza, un fe sólida con principios y buenas costumbres constituidas en un hogar estable, fortaleciendo con la lectura de los Evangelios para así conocer la palabra de Dios.

Marcos 10:13-16 13

Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprenden a los que los presentaban. 14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

Se evidencia de parte de Jesús el interés de proteger y cuidar a los niños, de hacerles notar ante las personas que le rodean, que buscan de su enseñanza, que sólo quien piensa, actúa y siente como un niño, podrá entrar al Reino de los Cielos.

Analizando un poco, cuando él (Jesús) se refiere a pensar actuar y sentir como un niño, habla de la pureza, de la inocencia y del estar libre de los pecados que se van adquiriendo a medida que el niño se va convirtiendo en adulto (rabia, ambición, ira, lujuria, ofensas). Mientras más libre se esté de esos pensamientos y acciones, más fácil les será al ser humano llegar hasta los brazos de Dios Padre.

Los niños no tienen ningún interés en llegar a ser adultos, sólo viven su infancia, juegan se dejan llevar por la forma de actuar de los adultos.

Hubo un incidente en particular, que justo acá se evidencia el amor incondicional que existe entre Jesús y los niños, que fue cuando los Apóstoles les apartaron ante el interés de ellos al querer ver a Jesús, y allí les dice “dejad que los niños vengan a mí, pues de ellos son el Reino de los Cielos”. Es allí cuando los abraza y bendice. ¡Qué importante es conocer y sentir el amor que hay entre  Jesús y los niños!

Lucas 7:11-17

“Poco después de ésto viajó a una ciudad llamada Naín, y sus discípulos y una gran muchedumbre viajaban con él. Al acercarse a Él a la puerta de la ciudad, pues ¡mira! sacaban a un muerto, el hijo unigénito de su madre. Además, ella era viuda. También estaba con ella una muchedumbre bastante numerosa de la ciudad. Y cuando el Señor alcanzó a verla se enterneció por ella y le dijo “Deja de llorar”. En seguida se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron, y él le dijo ”Joven, yo te lo digo ¡Levántate! Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar y él lo dio a su madre”

En éste relato se evidencia el  dolor de ver a la madre llorar por la pérdida de su único hijo, por lo que Jesús regresa a la vida al chico, demostrando el amor que siente hacia los niños  y la bondad de su corazón ante el dolor tan fuerte de su madre, siendo además viuda.

La nobleza de Jesús se evidencia  ante varias situaciones ocurridas a lo largo de sus enseñanzas. dejando clara su postura de amor incondicional y respeto hacia los niños. El se muestra como un ser humilde de corazón, noble puro, sin ningún tipo de sentimiento negativo ni hacia él ni hacia quienes le rodean.

Explica con amor, que mientras más puros y sanos, el Padre amado nos abrirá las puras del Reino de los Cielos de manera amorosa. Sólo así se conseguirá llegar hacia el: limpios  de corazón mente y espíritu.

Infancia Espiritual. ¿Cómo reconocerla y retomarla?

Ahora bien: ¿cómo recuperamos la infancia espiritual? Si ya de adultos somos seres que ya tenemos una forma de pensar regia, severa y podremos llegar a estar marcados por el dolor y sufrimiento, es importante perdonar y perdonarnos. Necesitamos tener nuestra alma limpia de dolor, comprender que todo sucede por un aprendizaje adquirido, que con el sólo hecho de entregarle a Dios nuestros pesares, él nos ayudará a aliviar gran parte de nuestro sufrimiento.

Infancia espiritual no es más que plena confianza en Dios sin pedirle, reprocharle ni exigirle nada.

Es observar detalles, analizarlos, ver más allá de nuestro impulso. Si deseamos cambiar nuestra forma de actuar y pensar, debemos dejar a un lado los viejos esquemas y el ego.

Cuatro son los rasgos principales de la infancia espiritual: apertura de espíritu, sencillez, primacía del amor y sentimiento filial de la vida

Apertura de Espíritu: no es más que renovar la fé con todo el amor y humildad hacia nuestro amado Padre Dios.

Sencillez: Acá predomina mucho dejar a un lado al ego. Humildad en pensamiento en acción.

Primacía del amor: Amarte a ti mismo, a tu entorno y sobre todo amar a Dios.

Sentimiento filial de la vida: Significa depender de Dios en todo ámbito (pensamiento palabra, obra y tener un estado de conciencia), tener una afinidad con la vida que estás llevando, saberla amar, entender, asumir con amor cada situación, comprender que cada acto, (positivo o negativo) conllevan a un aprendizaje.

Todas las personas llevamos dentro el niño que fuimos una vez y es importante mantenerlo vivo, y eso nos permitirá mantener nuestras emociones equilibradas y un alta autoestima.

Aunque también en nuestra infancia creamos heridas emocionales que la mayoría de las veces, no logramos sanar siendo adultos. Cuando sale a la luz esa emoción, es necesario tomarse un tiempo y analizar el sentimiento, cuestionar la existencia de la emoción

Ejercicio para sanar a nuestro niño interior

Si en tu etapa adulta has tenido problemas para reconocer tu niño  interno, acá te ofrecemos un ejercicio para volver a sentir conexión con él nuevamente y enlazar el vínculo, tal como ocurrió con Jesús y los niños

Recuerda tu etapa de niñez entre los 8 y 10 años: ¿dónde vivías? ¿quién te rodeaba? ¿como te sentías en aquel entonces? (Si posees fotos o vídeos, es importantes que los visualices)

Intenta imaginarte sólo en tu habitación y recuerda cada detalle dentro de ése espacio físico, y al cabo de unos minutos, imagina a tu yo de adulto, entrando a la habitación y observando a un niño inseguro y triste –

Acércate a él y abrázalo, toca su mano e intenta preguntarle por sus sentimientos, permite que el confíe en tu y puedan entablar una conversación. Luego aportar seguridad explicando que todo está bien, que eres un adulto y no hay porqué sentir miedo, que tu siempre estarás allí para cuidarlo y protegerlo, hazle saber que él merece todo lo que tiene y recibe de forma positiva.

Si gustas, puedes jugar con él, integrarte en sus actividades, hacerle saber que todas sus metas se pueden lograr, que nada ni nadie lo van a limitar. Cuando desees puedes volver a la habitación a compartir con tu niño interno, hazle saber que siempre estarás allí para él.

Este ejercicio tiene la finalidad de sanar las heridas ocasionadas en el pasado para así dejar a una lado el rencor, el miedo, la inseguridad y la baja autoestima, sentimientos que poco  poco deben irse sopesando para poder acercarse más a Dios,

Cuando ya somos adultos y se nos presenta realizar cosas propias de niños, se evidencia que tenemos el niño interior lastimado por reprimir ciertas conductas (como jugar, sonreír, compartir). No se trata de inmadurez ni de actos inapropiados, es simplemente premitir, en su momento, que el niño interior se divierta.

Cuando los adultos tienen sus propios hijos, inevitablemente reviven y comparten la conducta propia de ellos a través de juegos didácticos, comportamientos, o simplemente observarlos, pero  en el caso de adultos sin hijos, existe en ellos un alto porcentaje de conductas de niños reprimidas (poco a poco van olvidando el sentir la alegría del juego o pasar horas de alegría)

Citamos la frase de -Oliver Wendell Holmes Jr.- que dice : «Los hombres no dejan de jugar porque envejecen; envejecen porque dejan de jugar.»

A través de diversas imágenes de Jesús y los niños podemos observar el vínculo que existe entre la inocencia de un niño y la pureza de Dios, quien nos ha mostrado que sólo llevando un alma de niño, podemos entrar al Reino de los Cielos.

La infancia espiritual por el contrario, no implica vivir eternamente feliz ni esperar todas las cosas positivas te lleguen en cualquier momento ni evitar que todo mal se nos acerque, (o por el contrario, asumirlo con una serena alegría). Tal es el caso de Santa Teresita del Niño Jesús, ella tomó el ejemplo de Jesús y los niños, tomando una actitud de serenidad y sacrificio, buscar llevar los problemas con oración y serenidad, mostrando siempre serenidad y confianza, aún cuando su entorno estaba al tanto de lo mucho que ella sufría.

Al nacer, Dios nos envía un Ángel protector, llamado Ángel de la Guarda, quien nos guiará nos llevará por el camino de la bondad y estará a nuestro lado a cada segundo, custodiando cada paso.

Para poder entrar al Reino de los Cielos, pues allí sólo hay niños de alma (aunque existen adultos también).Es por ello que día tras día, en nuestro plan nacen a diario bebés, para equilibrar nuestra pureza, para que tengamos a nuestro lado bebés y niños que nos reiteren la inocencia. Renovemos vínculo con Jesús y los niños que dentro llevamos  sin cubrirlo de envidia, rabia, dolor, rencor. Sólo la paz espiritual y la fe nos hará llegar hacia el Reino de Dios.

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