Cada vez que el mes de noviembre se aproxima en Chile, los católicos sienten un profundo respeto en honor a esa mujer que concebida y sin pecado original trajo al mundo a nuestro Salvador Jesucristo. Conoce a detalle el mes de María, madre de Dios y madre nuestra en el presente artículo.
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Mes de María
Una de las diferencias más notables en el mes de María chileno refiere a la celebración de otros países en América Latina. Mientras el resto del mundo se afianza en mayo como el mes para adorar a la Virgen María, toda la población chilena espera con paciencia hasta noviembre para volcar todo su amor por la madre de Dios.
El motivo por el cual esta celebración no está apegada a otros países es por la coincidencia en la estación de otoño, por ende, fue movida hasta noviembre para evitar que el frío causara estragos en medio de la celebración.
El Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas en 1854 introdujo la idea de cambiar la fecha de esta celebración para Chile. El mes de María transcurre desde el 8 de noviembre hasta finalizar el 8 de diciembre, para así brindar posibilidades que otros peregrinos u extranjeros que están en Chile de sumarse a esta importante celebración. Para quienes desconocen un poco de ella, pueden conocer los 7 dolores de la Virgen María.
El 8 de diciembre es otro día crucial para festejar la presencia de la virgen en nuestros corazones, con celebrar a la Inmaculada Concepción, que siempre está pendiente de sus hijos o solventar un problema mediante la oración. El mes de María en Chile es bastante famoso, quizá por extender su santoral un mes entero, brindando la posibilidad que todos los católicos en cada día de este lapso hagan conversiones hasta acercarse al sagrado manto de nuestra madre.
Gracias a San Felipe de Neri, el mes de María que se celebra en todas las poblaciones de Latinoamérica corresponde a mayo, pero Chile marcó la diferencia gracias a la idea de Joaquín Larraín Gandarillas, para respetar el paso de las estaciones y beneficiar a todos los devotos en el acompañamiento hacia la virgen.
El mes de María oración es una actividad destacada en Chile, aunada a momentos de meditación para reconocer todas las bondades de la Virgen: dolores, alegrías, tristezas y episodios cumbres que marcaron su historia, como el nacimiento de Jesús.
Algo de historia sobre el mes de María
Joaquín Larraín Gandarillas en 1854 dio cuenta que para homenajear en el mes de María era necesario no hacerlo en mayo, sino en noviembre, contando con un periodo máximo del 8 de noviembre hasta el día central de la Inmaculada Concepción, es decir, el 8 de diciembre. El Seminario Pontificio de Santiago es el lugar idóneo para concentrar a todos los católicos y venerar por todas las de la ley a la madre de Dios con himnos, oraciones, pedir un favor especial y mucho más.
Mientras tanto, Rodolfo Vergara Antunez compuso lo que hasta el día de hoy es la oración inicial para arrancar de lleno con el mes de María.
Un motivo importante para que estas celebraciones tengan lugar en este periodo es por coincidir con la afloración de todos los campos, hasta el punto de ofrendar inmensas coronas florales a la virgen, o para mejorar el aspecto del altar en el Seminario Pontificio de Santiago. En esta entidad, el mes de María es el mismo mes de las flores que, de algún modo, recuerdan a ella.
Año tras año, el mes de María es uno de los más esperados por todos los chilenos, porque los católicos vuelcan su felicidad en las calles, acompañando a la estampa de María, rogando por la salvación, haciendo plegarias con gran compromiso y amor.
Cada año, el nombre de la Virgen María resuena a través de todos los rincones de todos los recintos que aglomeran a las personas que disponen de adorarla con todo su júbilo posible. Haciendo un paréntesis, los sueños son constantes, pero ¿sabes lo que implica soñar con la Virgen María?
Estas son algunas de las citas más escuchadas en el mes de María:
«Aquí estamos, con devoción, para proclamar con valentía tu nombre hasta conducir a todos los hombres hasta tu hermoso Santuario. Jubilosos y llenos de amor, deseamos glorificar el nombre de la Santísima Trinidad». (Hacia el Padre #511)
Los chilenos están conscientes que la mayoría de gobernantes han mostrado simpatía sobre la vida de la Virgen María, por lo cual se suman a sus fiestas hasta ofrecer los mejores regalos en su honor. Otra cita a tomar en cuenta para su celebración es la siguiente:
«Acepta que te proclamemos como la magna Reina de todo el universo. Enciende en nuestros corazones un gran amor ardiente por ti. Haz que el mundo entero sucumba frente a tu servicio, para que todos los pueblos encuentren el camino hacia tu Patria. Tu santo corazón para la inmensa mayoría de los presentes es un gran refugio de paz».
La Virgen María es la gran estrella de la bandera chilena, la máxima patrona capacitada de ofrecer todo ese inmenso amor por cada uno de sus hijos. Ella es la sagrada estrella para la Santa Iglesia de este país, la estrella que ilumina el firmamento de quienes cometen pecado o están a punto de hacerlo.
Oración inicial
Oh María, dulce María, tú que fuiste concebida sin pecado original. Reina de nuestro otoño y de las flores, magna madre naturaleza chilena, amorosa y piadosa con todos tus hijos. En este gran mes pretendemos que tu nombre sea enaltecido, hasta la misma altura con quien vives y reinas al lado del Todopoderoso y su hijo Jesucristo.
Tu Santuario es colmado con nuestra presencia, cuyas manos intentan abrazar tu sagrada cofradía. Nosotros te ofrecemos en cada día un cúmulo de amor en cada corazón que se ha olvidado de ti y la promesa de cobijarnos a todos bajo el mismo manto. Elevamos tu trono de gracia, el mismo que ha sido instrumento para guiarnos hasta aquí, para venerar tu nombre y santificar estas majestuosas fiestas en nuestra Patria.
Para honrarte, te traemos este racimo de fresas para colocar bajo tus pies, junto a estas guirnaldas para decorar aún más tu excelsa imagen. Oh María, que siempre estás satisfecha con estos regalos, con estas flores y fresas que manifiestan tu lozanía y plenitud ejemplificada en tu rostro. Coronas de flores que posan sobre tu cabeza, son coronas que jamás marchitarán.
Estas son las esperas que representan a cada uno de tus hijos, el máximo regalo que una mujer puede recibir en vida, la bendición de convertirse en madre. Oh María, que trajiste al mundo a nuestro Salvador en el Portal de Belén, ten piedad por tus hijos chilenos y de todo el mundo, para que aconsejes si han cometido pecados. Guía sus senderos hasta alcanzar el amor por estas almas errantes.
Por estos lirios, que representan la inocencia que has plasmado desde tu presencia en el mundo entero. Desposada por José, madre de Jesús e inmaculada toda una vida, siembra en nuestros corazones la semilla del bien, hasta que germine en grandes hombres y mujeres para nuestra sociedad.
En este mes estamos consagrados a tu gloria, ¡Virgen Santísima! conserva nuestras almas y espíritus de la mancha o pecado, para ser dignos de tu regazo y subir al cielo para abrazar tu presencia.
La rosa es sinónimo de ese amor incondicional hacia Dios, por tu hijo y el gran sacrificio y dolor de verlo partir desde la cruz hasta la cripta y de allí, al cielo, para estar sentado a la derecha del Padre para contemplar el paraíso construido para todos. Salve María, que siempre estás llena de gracia, acompañada por la aprobación del Padre para ser madre de los más necesitados. Bendita seas entre todas las mujeres, por llegar al mundo y partir sin ningún tipo de mancha.
Amén.
NOTA: Es elemental enseñar esta oración en el mes de María para niños, para que tengan una noción sobre lo que implica homenajear a María en este mes; siempre y cuando estén regidos por el catolicismo.
Plegaria final
Madre fiel, madre de Jesús y madre nuestra. Tú que engendraste al Salvador para disipar todos los pecados cometidos en la tierra, imploro que sea alcanzada esa misma salvación para estar contigo todos los días que nos resten de vida. Con cada uno de estos obsequios colocados bajo tus pies, queremos agradecerte por estos momentos en que has escuchado el clamor de toda una nación que no pretende el desamparo, sino la unión y fortificación en todos los aspectos.
Santísima Madre, queremos ser tan ejemplares como lo fue Jesucristo en vida y legado en muerte. Con estas ofrendas nos despedimos de ti, con la promesa de mantener cada uno de nuestros ideales un paso al frente, porque con ellos estamos honrando a un Padre que nos regaló su mundo, para ser mejores personas cada día, mejores católicos y buenos ciudadanos.
Queremos ser testigos de ese esplendor de luz que emanas desde tu santo manto, porque sabremos que estamos amparados bajo tu bendición. Grande patrona universal de Chile y todo el mundo, nos despedimos de ti con la promesa de volver cada noviembre, para regalarte las mejores flores que ha cultivado nuestra nación.
Amén.



