7 pecados capitales: ¿Cuáles son? y significado

Los 7 pecados capitales de la Iglesia son descifrados como 7 inclinaciones que pueden conducir a todos los seres humanos rumbo al pecado en forma natural. Durante el siglo VI, el Sumo Pontífice Gregorio realizó la primera lista oficial de estos delitos para la religión. Descubre más de inmediato.

7 pecados capitales

¿Cuáles son los 7 pecados capitales?

El término “capital” del cual desprende capitales no quiere decir que estas fallas cometidas tengan gran peso dentro de la moral, sino que uno de estos pecados están anexados unos a otro. Esto quiere decir que podrían cometerse dos o más pecados al mismo tiempo. Las sagradas no ofrecen todas las listas posibles de ellos, pero el Papa Gregorio si estableció algunos de ellos:

  1. Orgullo.
  2. Envidia.
  3. Avaricia.
  4. Ira.
  5. Lujuria.
  6. Gula.
  7. Pereza.

Una vez mencionados en formato de lista, es momento de describir cada uno de ellos a profundidad. También es posible consultar los versículos o citas bíblicas para confesar los pecados y conocer cada uno de ellos.

Orgullo

Al orgullo le sigue la destrucción, la altanería y el fracaso” (Proverbios 16:18). Con esta cita es pertinente iniciar este apartado, porque gracias al orgullo pueden perderse personas valiosas, presentar rupturas familiares y quebrantar la dependencia hacia Dios.

Lo contrario del orgullo es la humildad, un valor que para Dios es primordial, principalmente cuando las personas se acercan a él gracias a la oración, en solicitud de un favor importante. Para interpretar un poco lo que engloba a Romanos 12:3, ninguna persona puede tener un concepto más alto que los demás, del que debería tener. No hay nada más importante que pensar con moderación y equilibrar cada uno de los atributos sin mirar al prójimo por encima del hombro.

El Salmo 138:6 también hace una leve referencia en cuando a los humildes y orgullosos. Dios tomará a los humildes para que alcancen el Reino de los Cielos. Por otro lado, a los orgullosos posiblemente albergue en el purgatorio hasta que su alma quede desestabilizada. Asimismo, está el Salmo 140 católico, te estoy llamando, para vencer a los difamadores y llamar a Dios para que ofrezca su valiosa protección.

El mejor ejemplo en el mundo en lo que basa la humildad es el propio Jesús, el modelo que todos los hombres quieren seguir y pocos logran cumplir a carta cabal.  Él estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros, a humillarse frente al enemigo, a dar la otra mejilla frente a las agresiones y morir en la cruz. El amor es una pieza clave para que transforme la dureza del corazón y agachar la cabeza si es necesario hasta ablandar el carácter y reconocer todos los pecados cometidos.

7 pecados capitales

Es por este motivo que la actitud que deben tomar los lectores de este post es un aproximado a lo que hizo Jesús en vida. Él, a sabiendas que es considerado como el Dios verdadero por naturaleza, no se midió al tú por tú con el Todopoderoso.

Ocurrió todo lo contrario, hasta rebajarse a ser su siervo, el misionero ideal para repartir el Verbo Divino y todas las doctrinas que hasta el día de hoy, la iglesia reconoce. Hasta el final, siempre quiso ser semejante a los hombres, bajo su naturaleza divina que le ampara. Ni después de la muerte, dejó de humillarse frente al prójimo.

Envidia

La envidia también conforma uno de los 7 pecados capitales más agudos de la lista. Sentir envidia por alguien más acarrea el despertar de la discordia o rivalidad, tal como es reconocido en (Santiago 3:16) con las “acciones malvadas” que un envidioso es capaz de lograr.

Un ejemplo de envidia es cuando el mejor amigo está triunfando en todos aquellos aspectos en que el envidioso está fracasando y desea vivir en carne propia del éxito y salir lo más pronto posible de fracaso. Las acciones malvadas pueden inducir a esa rivalidad por conquistar un trofeo.

Sentirse desplazados, ignorados o silenciados mientras alguien cercano tiene éxito y le va bien en la vida es un signo latente de una envidia sin medida. Es preciso combatir la semilla de la envidia antes que germine y cause daños incluso mortales. Una buena medida es afianzarse en oración al Señor para bajar la guardia y ser más humildes para festejar en conjunto de los éxitos de nuestros seres queridos.

Cuando el Espíritu Santo deposita su magia en cada uno de los devotos tendrá la facultad de celebrar junto a esa persona especial de cada logro, sin sentir que él no es merecedor del mismo. Para comprender más esta idea, es infalible citar un breve texto de (Romanos 12:15):

“Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran”.

Una enseñanza importante que deja esa lectura de Romanos es a aprender ser felices y disfrutar de los obsequios de la mano de Dios. Acto seguido, solicitar que nuestros corazones no estén marcados por el odio y alimentar el gozo para poder ver con buenos ojos el triunfo de los demás sin pensar que ellos no son merecedores.

Este tipo de pasiones negativas no dejan nada bueno al final del día. Se ha conocido que el pecado mortal ha desprendido de la envidia. Por ejemplo, difamar, amedrentar e incluso asesinar a alguien por la extensa rivalidad que el envidioso tiene hacia el envidiado. La malicia por envidia hace ver a las personas detestables. No obstante, para ellos está Dios, que puede salvarlos si ellos así disponen con ayuda de la oración y un genuino acto de contrición.

Avaricia

Dios siempre está dispuesto a proveer a todos sus hijos con todo lo necesario para que ellos sean felices. Desear más de lo que se tiene o pretender conseguir un extra a lo ofrecido por el Señor, es un acto de avaricia. Justo al momento en que la avaricia hace acto de gala, la persona ve con reproche a Dios por no dar lo mismo que otra persona de éxito tiene, vinculado a la envidia.

Esa necesidad de escalar, pisotear, humillar por obtener un beneficio extra con lo que ya se cuenta, habla de una avaricia bastante fuerte. (Mateo 6:24) relata un pequeño paisaje relacionado:

“Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas”.

La avaricia, dentro de los 7 pecados capitales también tiene su complejidad de no manejarse a tiempo a través de Dios o un consejero. El hecho de desear mucho más, a cada instante, va generando una sensación nada favorable que podría desencadenar en delincuencia o envidia hasta causar daños considerables. Siempre es bueno estar consciente de quién pesa más en la balanza: si el amor por Dios o el gusto por las riquezas y lo material.

Un valor que ayuda a combatir un sentimiento de avaricia es la gratitud. Efectuar una leve oración en apoyo a Dios por lo brindado sana el corazón de modo eficaz. Mientras menos apego haya por lo material, el amor al Todopoderoso continuará inalterable, correspondiendo a una pieza textual hallada en (Hebreos 13:5). Siempre es bueno creer que Dios nos otorga lo que merecemos, sin pretender alcanzar más de lo debido. Estar contentos y agradecidos es la antítesis perfecta contra la avaricia.

Si tenemos un techo en qué vivir, un plato de comida para alimentarnos y ropa para vestirnos, eso es suficiente para agradecer a Dios y estar felices.

Quienes quieren amplificar sus riquezas alimentando sus ambiciones, están tentados a querer muchísimo más, hasta verse un círculo vicioso de insatisfacciones por no tener todo lo que se quiere. El dinero es la raíz de todos los males, mucho más si está acompañado de un ser avaricioso que no se tentará de causar el mal para lograr su cometido. Esto causa un desvío de la fe, para al final del día quedar en un sinsabor.

Ira

Enojarse es un hecho habitual cuando tenemos un mal día o las cosas no salen como se quieren. Inclusive, La Biblia no condena la ira, porque todos en algún momento sentimos rabiar. Este sentimiento es bueno en circunstancias de injusticia o abuso de poder. En esos casos, es entendible el hecho de enojarnos con facilidad, hasta entrar en un grado de impotencia por actuar y no quedarnos con los brazos cruzados.

Los textos sagrados condena de forma vehemente que la ira traspase la delgada línea de lo racional hasta que una situación, cualquiera que sea, escape de las manos por enojo. De (Efesios 4:26-27) puede detallarse lo siguiente:

“Si se enojan, no pequen. No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol, ni den cabida al diablo”.

Dentro de los 7 pecados capitales, el enojo está dentro de la línea de lo permisivo, siempre y cuando no cometan actos que impliquen un pecado de grandes magnitudes. Es inaceptable que la ira domine cuerpo y mente, hasta actuar por impulso, sin detener la mirada que puede traer en el futuro o cuando se calmen los ánimos.  Según la fe cristiana, en los 7 pecados capitales, éste es el que abre las compuertas al infierno de forma más radical.

Parafraseando el texto de (Santiago 1:19-20), deja por enseñanza que todos los hombres están ávidos para escuchar, pero responder lentamente en cómo hablar hasta aminorar la ira. Dios no quiere que su pueblo siempre esté enojado o con mala actitud para afrontar la vida. Por el contrario, anhela que todos sean felices y nunca estén enojados hasta actuar sin raciocinio.

El querer tomar la justicia por cuenta propia, el deseo por golpear a alguien, la rabia contenida por una ofensa del pasado, todos son motivo para despertar una ira profunda que conduce al descontrol total en la relación cuerpo/mente. La justicia de Dios es segura, por tanto estas palabras llevan a la reflexión de los enojados para que dejen todo en manos de él.

La lectura de (Romanos 12:19-21) invita a no ser vengativos ni esperar el flaqueo del enemigo para destruirlo. En cambio, exhorta a quienes tienen ira para actuar a favor del bien. Hacer ejercicios de darle de comer, beber, vestirle y prestarle asistencia. Dios mirará con gozo de estas obras. Estas acciones son infalibles para que el enemigo se arrepienta de habernos ofendidos y sientan vergüenza de su pasado.

Lujuria

Todas las bondades que Cristo es capaz de derramar en nuestros corazones, hace que tengamos un concepto sobre nosotros mismos, específicamente de nuestro cuerpo. Por ser su creación, el cuerpo es perteneciente a Dios. Las intenciones hacia con él es respetarlo, venerarlo y glorificarlo como si fuese un templo que él visite constantemente. Es importante que entre los 7 pecados capitales existentes, especialmente éste no contribuya a la destrucción del cuerpo con acciones insanas.

El sexo guarda un nexo importante dentro de la lujuria. Si el mismo es con el debido respeto, de tal como pensando que somos instrumentos de Dios, no hay problema alguno. Caso contrario ocurre si ese acto es desinhibido, sin límites, involucrando el maltrato y resto de acciones que van contra los designios de Dios. Los deseos desenfrenados, la promiscuidad y la actitud pecaminosa conducen a que entre los 7 pecados capitales, la lujuria haga acto de gala.

Para salvarnos de este pecado es preciso reconocer que el Espíritu Santo anhela que cuidemos nuestro cuerpo y los pensamientos involucrados. Siempre es correcto actuar con respeto en las relaciones sexuales o los deseos que se mantienen por una persona determinada. (1 Corintios 6:18-20) parte del siguiente comunicado para resumir todo lo anteriormente dicho:

“Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios”.

Gula

Tal como se explica al inicio de este post, los 7 pecados capitales interactúan entre sí para fortificar un pecado que debe combatirse pronto. En tal caso, la gula también es dañina para el cuerpo. Muchos creen que comer en abundancia, o ir a restaurantes prestigiosos para solicitar un menú exquisito, o proveerse de alimentos que son de otra persona sin necesidad de tener hambre es lo correcto, cuando significa un pecado que no agradece la mirada piadosa del Altísimo.

La ansiedad también entra en juego con el acto de comer. Al presentar un desequilibrio emocional, erróneamente las personas pretenden llenar sus vacíos comiendo en exceso; o peor aún, hacerlo con bebidas alcohólicas hasta perder el sentido. Nada de esto será agradable para Dios y es un camino equívoco para deformar la dicotomía cuerpo/mente.

En (Proverbios 23:19-21) hay una clara referencia de los 7 pecados capitales, en específico del tratado en este tópico. El texto simboliza que todos los hombres deben alejarse de otros que beben mucho vino, los que comen mucha carne y son borrachos. La cita categoriza a estas personas como indolentes frente a los problemas en el mundo y están alejados de Dios. Recalca que gran parte de ellos culminan en la pobreza o en un estado harapiento.

Es importante salvarse de este pecado, porque trasciende más allá en la degradación física y emocional, pues también afecta al bolsillo y las relaciones interpersonales con toda una comunidad. Tiende a apartar a los seres queridos que con preocupación buscan una salida para el goloso, pero su distancia con Dios parece no tener remedio hasta que se arrepienta y proponga con firmeza a través de la oración cambiar ese paradigma.

(Romanos 13:13-14) invita a todos los cristianos a vivir decentemente, con límites y mesuras en cuanto alimentación y comportamiento se refiere. Orgías, deseos carnales, inmoralidad sexual y comer en exceso al final de cuentas implica una auto-destrucción que no conducirá a nada positivo. Dios quiere que respetemos el cuerpo y los actos que se comenten a través de él, incluso en las comidas.

Pereza

Entre los 7 pecados capitales es momento de referir al último de la lista: la pereza. Generalmente el perezoso siempre está ubicado en un sitio aparte del resto, porque solo vela por su interés de descansar y confortarse. En (Proverbios 6:9-11) hay bastante juicio de valor contra quien duerme a cada instante o permanece acostado todo el día sin ser pro activo en alguna actividad.

El hecho de estar de brazos cruzados mientras el mundo sigue girando o pensar únicamente en que llegue la hora de la siesta para dormir es un mal indicio que no agrada en lo absoluto a Dios.

Los dones individuales que Dios ha facultado en cada uno de nosotros hay que emplearlo en rubros positivos para trabajar o estudiar. Una persona que solo piensa en dormir y ver cómo el mundo sigue girando sin tener aspiraciones o logros personales, será alguien dependiente de los demás que si poseen el talento suficiente para sobresalir.

Tales virtudes hay que demostrarlas en pro de un crecimiento favorable; todo eso es bueno para Dios, que festejará cada logro, ya que él no fomentará la pereza en ninguna de sus manifestaciones.

¿Son todos los pecados iguales?

A ciencia cierta es muy difícil estudiar la repercusión que tienen los 7 pecados capitales por separado. No obstante, es un hecho que un pecado capital puede desencadenar otro más hasta crear una situación grave que conlleve a un pecado de mayor nivel. Las personas tienden restarle valor a la gula y aumentarle en la envidia o ira, pero al final del caso cada una de ellas tiene su respectivo reproche en los textos bíblicos, por tanto evitar por muy poco que sea, sigue sin agradar a Dios.

Dentro de esos 7 pecados capitales, el que más invasión de nuestra mente posee es la ira, hasta el punto de dejar nulificada la razón para actuar por mero impulso. Es un sentimiento que corroe por los escenarios planteados en su respectivo apartado. Es bueno nivelar los ánimos antes de caer en una situación de enojo que no tenga control. En otro orden de ideas, también es oportuno conocer todo lo relacionado al pecado original, que es combatido a través del sacramento del bautismo.

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