Oración de la Virgen de Guadalupe para casos urgentes

Nuestra Señora de Guadalupe, venerada aparición mariana mexicana, es motivo de muchos cultos y tributos que le hacen sus millones de devotos, no solo en México, sino en el mundo entero. Conoce algunas de las oraciones y escritos que han sido dedicados a tan milagrosa Virgen en lo que a casos urgentes se refiere.

Oración a la Virgen de Guadalupe

Oración de la Virgen de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe, también conocida como la Virgen de Guadalupe, es una de las tantas apariciones que hace Nuestra Madre para traernos sus mensajes de amor y esperanza.

En el caso de la Virgen de Guadalupe, la tradición oral nos habla que se le apareció en cuatro ocasiones al indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el cerro llamado Tepeyac, al norte de Ciudad de México, para enviarnos sus bendiciones y solicitar se construyera un templo a su nombre al que pudieran acudir todos sus devotos a presentarle sus peticiones y hacerle sus ofrendas.

En efecto, el templo se hizo y es la actual Basílica de Guadalupe.

En este post te presentamos la oración a la Virgen de Guadalupe, así como algunas otras piadosísimas oraciones y escritos que se le han dedicado a nuestra Santísima Virgen, tal como la oración a la Virgen de Guadalupe para la protección.

La oración continuación es muy milagrosa, pues ha concedido la gracia a quien la ha rezado, con la debida devoción, pidiendo a la Virgen la solución a necesidades personales y de la familia.

¡Oh Virgen de Guadalupe, Siempre Inmaculada, Siempre Santa!

Acudo ante ti de rodillas para que escuches esta fervorosa oración que te dirijo y la presentes a tu Hijo Jesús.

Purísima Virgen, te ruego intercedas por mí ante tu Divino Hijo  para que me conceda el perdón de mis pecados y así poder obtener la gracia que te solicito para mi persona.

Requiero, Santa Madre de Dios, la bendición y remedio a mis dolencias de mis articulaciones, que me impiden moverme y trabajar con tranquilidad y apropiadamente en mi oficio habitual.

Se me dificultan los movimientos y soy torpe al manipular con las manos.

Te pido intercedas por mi ante Nuestro Señor Jesús poder tener lo básico para trabajar y satisfacer necesidades y todo lo que tú consideres conveniente para mi familia, que también está en necesidad.

¡Oh Santa Madre de Dios! no desprecies las suplicas que humildemente te dirijo  para poder solventar la situación precaria en la que me encuentro.

Sé, mi bien amada Virgen de Guadalupe, que con tu ayuda podré lograr las gracias que requiero de Dios Padre.

Oración a la Virgen de Guadalupe

Te imploro por mi familia también. Bendícela, compadécete de sus penurias y guíala siempre a Jesús.

¡Danos la paz, la justicia y la prosperidad!

Queremos ser totalmente tuyos y fieles siempre a Jesucristo, antes líbranos de todos los peligros.

Y así, libres de todo mal, podremos ofrecer a nuestros hermanos la alegría y la paz que sólo pueden venir de tu Hijo Jesucristo.

¡Oh Virgen llename de gloria y bendición!

Por Cristo Nuestro Señor, Amén.

Se recomienda al finalizar la oración, rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria en agradecimiento por el milagro recibido. Podemos también rezar la oración Bendita sea tu pureza.

Otras de las oraciones que podemos ofrendar a la Virgen de Guadalupe es la novena en su honor, que Ella recibe con mucho beneplácito.

Novena en su Honor

Esta novena dedicada a Nuestra Señora en su advocación de la Virgen de Guadalupe la debemos hacer postrados de rodillas delante de la imagen de María Santísima y con actitud humilde y fervorosa hacemos la petición que deseamos nos sea concedida. Luego procedemos a rezar:

Señal de la Cruz

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén”.

Acto de Contrición

Se rezan cuatro Salve, en memoria de las cuatro apariciones de la Virgen ante Juan Diego y luego se reza la oración de cada día.

Oración a la Virgen de Guadalupe
Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Día primero

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

Consagrada Reina del Universo, razón por la cual ostentas esa Preciosísima Corona que ciñes en tus Sagradas Sienes y porque eres Hija, Madre y Esposa del Altísimo, te ha sido concedido absoluto poder y justísimo derecho sobre todas las criaturas.

Yo también soy tuyo; también pertenezco a ti por ser tu fiel devoto; por lo que postrado delante de tu Trono Celestial, te elijo como mi Reina y Señora. Por tal motivo quiero ofrendar y que tengas mayor dominio sobre este humilde siervo de Dios.

Quiero depender de ti y quiero que todos los designios que la Providencia divina tenga reservados para mi, pasen por tus Divinas Manos.

Puedes, Reina Amada, disponer de mí como te agrade y que todos los sucesos de mi vida se hagan según tu Santa Voluntad.

Confío en tu Santa Benignidad y que todo lo que dispongas para mí se hará para el bien de mi alma y para la honra y gloria del Señor.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Día segundo

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

Eres por todos bien amada por ser tan misericordiosa con tus fieles devotos.

Eres nuestra abogada en el tribunal de Dios, abogando por el que a ti acude en busca de ayuda y consuelo.

Tus hermosísimas manos están siempre juntas en tu Pecho y jamás dejan de beneficiarnos suplicando ante tu Amado Hijo por nuestro bien.

Esa postura suplicante nos alivia pues con ello nos muestras que desde ese trono de gloria como Reina de Ángeles y de hombres, estás haciendo tu sagrado oficio de abogada nuestra procurando a nuestro favor y perdón.

¡Es mucho lo que te debemos y no sabemos con qué podremos pagar tan alta fineza!

Somos solo fieles siervos tuyos, que prodigamos afectos de reconocimiento y gratitud de corazón como único caudal para pagar tus favores.

A ti recurrimos para que nos llenes de los dones de caridad ardiente, de humildad profunda y de obediencia pronta al Señor.

Te rogamos multipliques tus ruegos, y no dejes de pedir al Todopoderoso para que nos  tenga presente y nos conceda las gracias que requerimos.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Día tercero

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe!

Con tu divina imagen rodeada de rayos del sol, que hace que estés íntimamente unida al Sol de la Divinidad.

Eres luz en dondequiera que estás e iluminas las almas de los que a ti acuden para pedir tu bendición y favores.

Eres, Santa Virgen, divina perfección en amor y humildad por esos atributos que el Santo Padre te ha concedido, pues Dios te tiene siempre en su corazón! Sea para bien, Señora, tan alta felicidad.

Nosotros, postrados ante tu imagen, arrebatados de gozo por saber que contamos con tu Divina Intercesión, por lo que te suplicamos te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia nuestros corazones e ilumines con tu luz nuestro ser, entendimiento y compasión.

Enciende con la luz de tus rayos nuestra voluntad, haz que nos demos cuenta de engaños y falsas intenciones que nos rodean y quieren tentarnos con la maldad.

Haz que acabemos de persuadirnos de que nos engañamos miserablemente cuando damos nuestro amor a cosas ajenas y contrarias a nuestro Dios.

 Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Podemos acompañar estas plegarias con la Oración al Espíritu Santo.

Día cuarto

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

Queremos ser como esos ángeles del cielo que tienen la honra tan grande de estar a tus pies. Queremos poder cobijarnos en tu regazo como cuando una madre cobija a su hijo para protegerlo.

Oh, Santa Madre, ¿qué deberemos hacer para venerarte y expresarte nuestra devoción desde el fondo de nuestro corazón y entregarte nuestra alma para que la santifiques con tus divinas plantas y seamos parte de tu digno de tu soberanía?

Acepta, Señora, esta ofrenda de nuestros corazones devotos, no los desprecies por indignos que hayamos sido a tu soberanía, no mires nuestras miserias y pobrezas, fíjate, Madre Santa en la buena voluntad y el deseo de servirte.

Ve en nuestro corazón el deseo ferviente de ser tuyo y estar a tu disposición, movidos ante el temor de ofender a tu Amado Hijo.

No permitas que sucumbamos al pecado y nos haga esclavo del demonio.

Haz que en nuestro corazón solo moren Jesús y María.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Quinto Día

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

¡Maravillados estamos por el cielo pleno de estrellas que engalana tu vestido y realza la hermosura de tu divinidad!

Agradecidos de poder contar con los brillos de tus virtudes que el Santo Padre te concedió.

Derrama, Virgen de Guadalupe, esas virtudes sobre estos tus siervos pecadores para que podamos enmendarnos y reconciliarnos con el Señor.

Bendecimos a Dios que supo poner en ti hermosura, pureza y humildad tan apacible.

Tu hermosura, Señora, nos maravilla y nos anima a no desfallecer en seguir en tu senda de amor y caridad y, así, no dejarnos arrastrar por otro afecto que no sea el amor tuyo.

No podremos alcanzar esos buenos deseos sin esos resplandecientes astros que te adornan nos infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que amemos de todo corazón y con todas nuestras fuerzas a Dios y después a ti.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. También se puede rezar la Novena por la unción del Espíritu Santo.

Día sexto

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

¡Esas tus sagradas plantas nos regocijan pues dan significado de abundancia a tu presencia y nos transmites para beneficio de todos!

Nos enseñaste a identificar y vencer las vanidades del mundo. Tu humildad, obediencia y tesón nos animan a seguirte e imitarte, Reina Madre.

Te rogamos, Señora, nos ayudes a mantenernos fieles a nuestros propósitos, a ser estables en nuestras virtudes y contrarrestar las costumbres viciosas.

Compadécete de nosotros, Madre Amorosa y Tierna, pues somos inconstantes, débiles de carácter y presa fácil del maligno. Imploramos porque nos ayudes a fortalecernos en nuestra devoción y amor, para no padecer los sinsabores de la culpa.

Haz que estemos siempre a tus pies por el amor y la devoción, y ya no temeremos por el pecado, sino que procuraremos darnos de lleno a nuestras obligaciones y alejándonos de todo lo que es ofensa de mi Dios.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Día séptimo

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

El Santo Padre te ha dotado de las más altas perfecciones con virtudes que todos reconocemos y admiramos y a la que pedimos a tu Divina Clemencia, podamos acceder y poder imitar para la Gloria de Dios.

Tu singular belleza hizo resplandecer el pobre y deslucido lienzo en el que se estampó tu venerada imagen.

Feliz, no obstante, está ese despreciable ayate, pues tuvo la gracia de poder albergar tu hermosura y dar a conocer tu profundísima humildad y darnos fundamento de tu asombrosa santidad.

Tú, Amada Reina, que no te importó usar la pobre tilma de Juan Diego, para plasmar en ella tu rostro, que es deleite de los ángeles, admiración de los hombres y asombro de todo el universo.

La tilma

Esperamos por tu benignidad, para que, a pesar de la miseria y pobreza de nuestra alma, no sea impedimento y estampes en ella tu imagen graciosísima.

Te ofrecemos nuestros corazones para que sirvan de lienzo para pintar tu belleza y benignidad. Te pedimos los tomes, Señora, en tus manos, los protejas y no lo dejes jamás, para que no se emplee en otra cosa que no sea amarte y amar a Dios.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Se puede rezar también Oración de la Magnífica Virgen.

Día octavo

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

Ostentas en tu bendecido vestido bordado con una orla de oro finísimo con el cual quiso el Dios Padre engalanarte y realzar tu belleza que le sirve de esplendoroso marco.

Ese oro nos rememora aquél finísimo oro de la caridad y amor de Dios que fueron las santas virtudes que se te concedieron y te engalanaron.

Estas virtudes que siempre te acompañaron en tu existencia terrena estuvieron estrechamente unidas al amor al prójimo, el cual, aun cuando fuiste recompensada con la patria celestial, siempre lo has tenido presente.

Te rogamos, Virgen Santísima, abras tu pecho para quien requiere de tus piedades, extiende tu mano a quien caído te invoca para levantarse y danos la gloria de contar con tu compasión y misericordia.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Día noveno

¡Oh, Santísima y Piadosísima Virgen de Guadalupe!

Sabemos, Inmaculada y Siempre Virgen, que nada es imposible para ti, que Nuestro Señor atiende tus ruegos, pues tu humildad y sencillez hacen que Él te conceda lo que tú imploras.

Por la humildad que te caracteriza, no te importó lo ordinario y tosco del ayate en el que se plasmó tu retrato, el cual sirvió de evidencia a Juan Diego de tu Divina Presencia.

Tanta fuerza le dio tu imagen al ayate que ni siquiera la voracidad del tiempo en más de cuatro siglos ha podido deslucirlo, ni borrarle, ni destrozarle.

Te pedimos, Santísima Virgen, que alientes nuestra confianza y fuerza y te suplicamos abras el seno de tus piedades, por el gran poder que te ha concedido la Divina Omnipotencia del Señor, para que nos favorezcas a los mortales y estampes en nuestra alma la imagen del Altísimo que me ha salvado al borrar mis culpas.

Tú conoces mis perversas costumbres, sabes de nuestras culpas, por lo que solo te pedimos nos mires con compasión para alentar nuestras esperanzas de que nos tienes presente.

Nuestra única esperanza, después de Jesús, eres tú, Sagrada Virgen María.

Amén.

Se repite la petición por la cual se hace la novena, tal cual se dijo al comienzo de la misma.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Asimismo se puede orar con la Oración a Jesús del gran poder.

Se leen las Palabras que Nuestra Señora dijera a Juan Diego; a saber:

Entre las oraciones dirigidas a un destinatario o motivo puntual dedicadas a la Virgen de Guadalupe están:

Oración para ayudar a esposas y esposos

Señora, te rogamos inspires a los hombres y mujeres que una vez optaron por unir sus destinos en el matrimonio y ser, por lo tanto, llamados “Esposo” y “Esposa”.

Te pedimos los ayudes a mirarte a ti, a ellos mismos y el uno al otro, de manera que se comprendan y asuman la plenitud, el amor y el misterio que una vez sintieron y los hicieron unirse.

Permiten que haya la debida comunicación entre ellos y sean lo suficientemente honestos para preguntarse: “‘¿Dónde hemos estado juntos y hacia dónde vamos?

Asimismo, te rogamos, Santa Madre, que hagas que sean lo suficientemente valientes para preguntarse: “¿En qué hemos fallado?”

Haz que sean lo suficientemente fuertes para decir: “Para mí, nosotros estamos primero.”

Ayúdalos, Virgen Piadosa, para que juntos reexaminen y revaloren su compromiso bajo la luz de Tu Divino Amor, de buena voluntad, abiertamente, con compasión.

Se reza un Avemaría.

Memorare

Te presentamos a continuación un piadosísimo memorare, en latín, que traducido significa “Acordaos”, que es una oración de intercesión que se ofrece a la Virgen María, como una especie de recordatorio a alguna solicitud previamente hecha.

Como sabemos, este tipo de oración se ha atribuido a san Bernardo de Claraval, aun cuando no hay total certeza al respecto. Veamos un ejemplo de memorare a la Virgen de Guadalupe.

Acuérdate, oh piadosísima e inmaculada Virgen de Guadalupe, que nadie que haya rogado tu ayuda y protección, pidiendo tu asistencia y socorro ha sido desatendido por ti.

Por tal motivo es que acudo a ti nuevamente, oh Virgen Madre, y, a pesar de mis culpas y pecados, me atrevo a presentarme ante ti, Reina Celestial.

No deseches, oh Madre de Dios, mis ruegos. Escúchame, pues requiero tu favor a las angustias que ya te he confesado

y dígnate a asistirme en esta urgencia.

 Amén.

Se rezan cinco Avemaría, en agradecimiento por las cuatro apariciones que hizo Nuestra Madre Santa a Juan Diego.

Oración de bendición a las víctimas del aborto

¡Oh Inmaculada y Santa María, Siempre Virgen, Nuestra Señora de Guadalupe!

Elegida por el Padre para ser Madre del Hijo a través del Espíritu Santo.

Eres mujer vestida con el sol a punto de dar a luz a Jesús, mientras el demonio espera para devorar vorazmente a tu Hijo.

Igualmente lo quiso hacer Herodes cuando buscaba destruir a tu Hijo, Nuestro Señor, matando muchos niños inocentes en su intento.

Esto mismo es lo que hoy hace el aborto, matando millones de niños inocentes y explotando a sus madres en su ataque contra la vida y contra la Iglesia.

A ti, Santa Virgen, Madre de los Inocentes, el Todopoderoso te ha concedido todas las gracias como Inmaculada Concepción, libre de pecado, llena de gracia, maternidad de Jesús, Perpetua Virginidad y Ascensión al Cielo en cuerpo y espíritu.

Por ello, te imploramos, oh, auxilio de los cristianos, cubras con tu manto protector a todas las madres de los que aún no han nacido y a los niños en el vientre de su madre. Pedimos tu Santa Intercesión para terminar con ese flagelo del aborto.

¡Oh Madre de Dios y Madre Nuestra!

En ti confiamos para que acudas en auxilio de todas esas madres y niños aún no nacidos a fin de que puedan tener vida aquí. No permitas que Satanás cercene su existencia.

Y por la Preciosísima Sangre de tu Hijo te pedimos les concedas a esos aún no nacidos tener vida terrena y vida eterna con Él en los cielos.

También imploramos a tu Inmaculado Corazón por aquellos que se dedican a realizar los abortos, así como a los que los apoyan, para que detengan esa acción y se conviertan y acepten a tu Hijo, Jesucristo, como su Señor y Salvador.

Es una batalla, Santa Madre, que te suplicamos nos ayudes a librar para defender a todos tus hijos del Demonio y todos los malos espíritus en estos tiempos de gran malignidad.

Es nuestra esperanza, y por ello oramos, que esos inocentes niños aún no nacidos, que mueren sin el Bautismo, puedan nacer, ser bautizados y salvados.

Te pedimos intercedas para poder obtener esa gracia para ellos, así como también el arrepentimiento, reconciliación y perdón de Dios para sus padres y sus asesinos.

Por tu Divina Intercesión, esperamos sea reafirmado en el mundo el poder del Amor de Dios, que Él ponga fin a este flagelo.

Esperanzados te pedimos que tu Inmaculado Corazón ilumine a todos los corazones de todos tus hijos terrenales, que Jesucristo reine sobre todos nosotros, nuestras familias, ciudades, estados, países y la humanidad completa.

Escucha esta oración llena de amor hacia ti, oh dulce Virgen María, que sale de nuestros corazones.

En ti confiamos, Nuestra Señora de Guadalupe, pues eres Protectora de los aún no nacidos.

Amén.

Para pedir a Nuestra Santa Virgen por la total erradicación de este mal es también propicio leer las Frases del papa Francisco para inspirarnos en sus sabias palabras y saber como contrarrestar a los que lo promueven.

Oraciones a la Virgen

Igualmente, se le dedican a Nuestra Señora de Guadalupe oraciones breves con intenciones puntuales. Veamos algunas de ellas.

Oración 1

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios!

Siempre atenta a todos los que acuden a ti en busca de tu amparo, escucha esta oración que con devoción te dirigimos, a ti que manifiestas clemencia y compasión por todos tus fieles devotos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, Nuestro Único Redentor.

Eres Madre misericordiosa, que siempre estás dispuesta a salir al encuentro de nosotros, los pecadores. Queremos, hoy consagrarte todo nuestro ser y todo nuestro amor.

También deseamos consagrarte nuestra vida plena, nuestro trabajo, nuestras dolencias y carencias y nuestras alegrías.

Te pedimos nos concedas la tranquilidad que anhela nuestro espíritu, así como la prosperidad a todos nuestros pueblos que tanto lo requieren en estos tiempos de crisis en todos los ámbitos. Ponemos, por ello, todo lo que tenemos bajo tu resguardo, Señora Madre Nuestra.

Deseamos ser fieles siervos tuyos, tómanos de tu mano para recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia y no nos desampares.

Virgen de Guadalupe, te rogamos derrames tus bendiciones a todas nuestras familias. Compadécete de cada uno de nuestros familiares, de sus preocupaciones y condúcelos por el camino de Jesús.

Por tu Santa Bendición, nos libraremos del maligno y podremos, entonces, llevar alegría y paz a los demás que provienen de tu Hijo Jesucristo. Amén.

¡Oh Virgen de Guadalupe! Queremos también, pedirte por todos los obispos, para que el Dios Padre les de sabiduría para conducir a los fieles por el camino de una vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios.

Contempla esta inmensa petición e intercede para que el Señor nos llene de su gracia y hambre de santidad a todo su Pueblo.

Provéenos de muchos sacerdotes y religiosos, de sólidas vocaciones, fuertes en la fe y siempre dispuesto a conceder los misterios de Dios.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria para agradecer la milagrosa imagen que nos dejó con Juan Diego y continuo testimonio.

Oración 2

¡Oh Virgen Clemente de Guadalupe, Causa de Nuestra Alegría!

Permíteme llegar a tu Divino Hijo, acércanos a Él para alcanzar el perdón de mis pecados, que pueda obtener la bendición para mi trabajo, recibir el remedio a todas mis dolencias y necesidades.

Prodígame todo lo que tu consideres conveniente para mí y mi familia, siempre acorde a la voluntad del Señor.

¡Oh Virgen Fiel y Siempre Venerada por tus fieles seguidores!

No desoigas mis súplicas, más bien ayúdame a solventar estas necesidades que me agobian y líbrame de todos los males.

¡En ti confío, Virgen llena de gloria y bendición! Por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria para agradecer por la concesión de los favores pedidos.

Oración 3

A ti, Madre Amantísima, ¡Santa María de Guadalupe!

Hoy acudo a ti para que intercedas por toda nuestra comunidad parroquial, por nuestros sacerdotes y por la Iglesia.

Te pedimos protejas al Soberano Pontífice y oigas los ruegos de todos los que te invocan en sus necesidades.

Al igual que te presentaste a Juan Diego en el Tepeyac para decirnos: “Soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios”, haz que podamos acercarnos a tu Divino Hijo y poder, así, servir a la conservación de nuestra Fe.

Tú eres nuestra dulce esperanza para poder sobrellevar las vicisitudes de nuestra vida cotidiana. Por ello, te rogamos nos llenes de un amor ardiente y de la gracia de la perseverancia para no sucumbir.

Amén.

Se reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria como muestra de nuestro amor y eterno agradecimiento por su Divina Intercesión.

Asimismo, se recomienda consultar Aprende a hacer una oración a Dios a fin de conocer como dirigir nuestras plegarias al Señor.

Oración 4

¡Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Dios y Madre nuestra!

Hoy nos encontramos frente a tu Divina Imagen, que nos dejaste en la tilma de Juan Diego y que es ahora para nosotros prenda amada en la que contemplamos tu bondad y tu misericordia.

Rememoramos aún las gloriosas palabras que dijiste a Juan con tanta ternura: “Hijo mío queridísimo, Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,” al aparecerte con brillante belleza ante su vista en el cerro del Tepeyac.

Te pedimos nos concedas el favor de que merezcamos escuchar nosotros también esas Divinas Palabras para el consuelo de nuestra alma.

Hoy queremos venerarte por ser nuestra Piadosa Madre, por ser la más tierna y compasiva. Y esperamos gozosos poder cobijarnos bajo el manto estrellado de protección y paz.

¡Virgen Purísima y Misericordiosa!

Defiéndenos de las tentaciones, danos el consuelo para nuestras almas tristes, protégenos de todo peligro, enfermedad, persecución, abandono, penuria y amargura.

Vuelve a nosotros tu mirada misericordiosa y no te separes de nosotros jamás.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria para honrar al Nuestro Señor Jesucristo y a Nuestra Santa Madre.

Orando en el cerro Tepeyac

Oración 5

¡Oh Santuario Sagrado del Verbo Eterno!

Eres Madre de todas las naciones de América y por ello acudimos a ti en estos tiempos de corrupción, violencia y destrucción espiritual de la humanidad.

Te imploramos extiendas tu manto protector sobre todas las naciones de este golpeado y sufrido continente y nos ayudes a renovar la fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

Te pedimos que inspires a nuestros gobernantes a actuar con rectitud y equidad. Qué trabajen por ese pueblo que confió en ellos como sus líderes y le solventen sus necesidades.

También te rogamos, Venerable Reina, veles y protejas a los hermanos de Juan Diego para que no sufran el flagelo de la discriminación.

Vuelve tu mirada de amor y misericordia a nuestros niños y cuida de ellos como una vez lo hiciste con tu siempre Amado Jesús.

Resguarda y bendice la unidad de las familias, que sean recinto de amor, humildad y honestidad. Qué sus miembros reciban siempre tu clemencia, compasión y amparo.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria para venerar a Nuestra Santa Madre.

Oración 6

Eres Madre y Reina de nuestra patria, Señora de Guadalupe.

Por ello, henos aquí humildemente postrados ante tu Divina y Brillante Imagen, para expresarte nuestra devoción y venerarte por ser guía y fuente de milagros con este tu pueblo.

Has sido por siempre vida y consuelo para esta tierra bendecida por ti, por ello en Ti ponemos todas nuestras esperanzas de que seamos un pueblo compasivo entre sus hermanos, siempre prestos al auxilio de los más necesitados y atentos a seguir y practicar las enseñanzas de tu Amadísimo Hijo Jesús.

Solo estando bajo tu manto protector y en tu maternal regazo, nos sentimos seguros, confiados y plenos de felicidad y tranquilidad, sin nada que temer.

Ayúdanos, Madre Siempre Inmaculada, en este camino terreno e intercede por nosotros ante tu Divino Hijo en el momento de la muerte para la salvación de nuestra alma y nos lleves a la vida eterna.

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria para expresar nuestra devoción al Virgen. Se puede rezar también la Oración a la Divina Providencia.

Oración 7

¡Bendita y Castísima Virgen de Guadalupe!

Te pido en esta ocasión por todos  mis hermanos del mundo, que están pasando necesidad para Nuestro Señor Jesucristo, por tu Divina Intercesión, les conceda  la gracia de obtener el debido sustento.

Así como también derrame sobre ellos sus bendecirnos y protección.

Te rogamos, Piadosísima Virgen, nos des una prueba de tu amor y bondad, que te pedimos a través de  esta súplica y oración.

¡Oh Purísima Virgen de Guadalupe!

Obtén de tu Amado Hijo, el perdón de todos sus pecados y errores, que acepte su genuino arrepentimiento y les permita enmendarse para la gloria de Dios.

¡Oh Santa Madre de Dios y Madre Nuestra!

Atiende nuestras humildes y sinceras plegarias de estos tus hijos pecadores, arrepentidos de todo corazón.

En ti confiamos, Purísima Virgen, que por tu amor de madre, que es reflejo del infinito amor de tu hijo, sabrás entender a nuestros hermanos y le concederás lo que tanto anhelan.

Por Nuestro Señor Jesucristo que es Dios y que reina junto al padre y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos

Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Se sugiere hacer también la Novena a la Virgen del Carmen.

Oración 8

¡Oh Virgen Digna de Veneración! ¡Madre mía de Guadalupe!

¡ Oh Santísima hija de Dios Padre, Purísima, Gloriosa, Bendita!

 No nos dejes sin tu ayuda, Madre querida, acude a nuestro llamado de auxilio y líbranos de todos los peligros, auxílianos en las necesidades, resuelve nuestros difíciles problemas, que  sabemos para ti no hay imposibles.

Te rogamos y apelamos a tu misericordioso corazón, pues Tú eres amor, bondad y sosiego para los que sufren.

A los pies de tu sagrada imagen queremos en esta ocasión confiarte nuestras penas y angustias, que nos agobian y no dan descanso a nuestro espíritu.

Nos encontramos hoy ante una difícil situación que amerita de tu Santa Benevolencia.

Ante ti ponemos nuestras necesidades desesperadas para las cuales no encontramos solución, pues superan nuestras fuerzas humanas y que tú, Santa Madre conoces muy bien.

Son problemas que por nuestra desesperación no le vemos solución. Son  dificultades que  nos parecen insuperables, nos afligen el corazón y nos hacen sentir abrumados.

Estas dificultades han ocasionado en nuestro entorno familiar disgustos, contrariedades y conflictos que dañan nuestros sentimientos y relaciones.

Confiamos, Santísima Madre nuestra de Guadalupe que intercederás y harás lo imposible para conseguir la satisfactoria solución.

¡ Oh Santa Madre del Creador!

Estamos seguros que con tu poder de mediación ante tu Hijo Jesús y con el gran amor que sientes por todos nosotros, tus hijos, podremos, con tu inmensa bondad, remediar esta angustiante situación y no dejarás que el desconsuelo que hoy nos invade y afecta, nos invada por completo.

Dejamos en tus benditas y venerables manos las penurias que nos aquejan y encomendamos nuestra  vida,  fe, esperanza y todo nuestro ser.

No nos abandones nunca, Madre, danos tu ayuda y protección y haz que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos bendigan.

 Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Santo Rosario

A Nuestra Señora, Virgen de Guadalupe, podemos igualmente dedicar un rosario para solicitar sus divinos favores.

¿Cómo rezar el Rosario?

Se hace el ofertorio con la petición que se desea la Virgen de Guadalupe nos cumpla.

Se ora y se reflexiona según los misterios que correspondan al día. En esta ocasión meditaremos los misterios luminosos.

Se hace la señal de la Cruz.

Se recita el Credo.

Se reza el Padrenuestro.

Se rezan tres Avemaría.

Se recita el Gloria.

Primer misterio

El bautismo de Jesús en el Jordán. El comienzo de la vida pública de Jesús fue el bautismo hecho por Juan el Bautista en el río Jordán.

Se reza el Padrenuestro.

Se recitan diez Avemaría.

Se recita el Gloria.

Segundo misterio

Las bodas de Caná. Al tercer día hubo una boda en Caná, pueblo de Galilea. Allí estaba Jesús, su Madre y sus discípulos. En cierto momento se acabó el vino y la Madre, al darse cuenta, le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “¿Por qué me lo dices a mí?, mi hora aún no ha llegado“.

Sin embargo, la Madre le dijo a los que estaban sirviendo: “Haced lo que Él os diga”. Había allí seis tinajas para el agua. Jesús les dijo: “Llenad de agua esas tinajas”. Las llenaron hasta el tope y les dijo: “Sacad un poco y llevádselo al encargado de la fiesta”.

Así lo hicieron y, al probar el vino el encargado, le dijo al novio: “Pero tú te has guardado el mejor vino hasta ahora”.

Se reza el Padrenuestro.

Se recitan diez Avemaría.

Se recita el Gloria.

Tercer misterio

El anuncio del Reino de Dios. Es el anuncio que hace Jesús invitando a la conversión para poder entrar al Reino de Dios.

Se reza el Padrenuestro.

Se recitan diez Avemarías.

Se recita el Gloria.

Para mayor ofrenda Y mayor devoción a la Virgen, se reza la Oración a la Virgen de la luz.

Cuarto misterio

La transfiguración de Jesús. Jesús llamó a Pedro, Santiago y a su hermano Juan y los llevó hacia un cerro y estando allí se transfiguró delante de ellos. Pudieron ver como el rostro de Jesús se puso brillante como el sol y sus ropas se tornaron blancas como la luz.

Se reza el Padrenuestro.

Se recitan diez Avemaría.

Se recita el Gloria.

Quinto misterio

La institución de la eucaristía. Mientras cenaba Jesús con sus discípulos, tomó en sus manos el pan lo bendijo y, habiendo dado las gracias a Dios, lo partió y se lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”.

Luego, tomó en sus manos una copa de vino, la bendijo e, igualmente, después de haber dado gracias a Dios, la pasó a los discípulos diciendo: “Bebed todos de esta copa, porque esto es mi sangre, la cual será derramada por Uds. y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.

Recitar el Padrenuestro.

Recitar diez Avemarías.

Recitar el Gloria.

Recitar un Salve.

Igualmente se han hecho infinidad consagraciones a Nuestra Señora de Guadalupe para honrarla por favores o milagros recibidos. A continuación, un ejemplo que muy bien puede servir de inspiración para aquel interesado o necesitado de consagrarse a la Virgen.

Consagración a Jesús a través de la Virgen de Guadalupe

¡Oh María Siempre Inmaculada y Siempre Virgen!

En este día, yo, (decir nombre completo), acudo ante ti por ser pecador sin fe y requiero tu Divina Intercesión para renovar y ratificar hoy en tus manos los votos y las gracias de mi Bautismo. Por ello, con firmeza renuncio por siempre a Satanás, a todas sus tentaciones y a sus obras.

Quiero entregarme y consagrarme por completo a Jesucristo para cargar, igual que Él, mi cruz, seguir su camino todos los días de mi vida, y ser su más fiel devoto, lo que jamás he sido anteriormente.

También quiero expresar en presencia de toda la corte celestial que te elijo a ti en este día como mi Madre Piadosa y Bien Amada.

A ti también me entrego y consagro, como tu esclavo, en cuerpo y alma, así como todos mis bienes, internos y externos, e incluso quiero ofrendarte el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras.

Dejo en tus venerables manos, Virgen Misericordiosa; el derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenezca, sin excepción de ninguna especia y de acuerdo a tu parecer, para la gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

Por Jesucristo, Nuestra Señora de Guadalupe y el Espíritu Santo.

Amén.

Oración de Juan Pablo II

También su santidad san Juan Pablo II quiso dejar sentadas su admiración y devoción por Nuestra Señora Madre de Guadalupe y, por tal motivo, nos legó su oración ferviente de la cual presentamos a continuación un extracto con la primera parte de la oración y luego hacemos un breve comentario sobre la misma.

Dicha oración se la dedicó a la Virgen en enero de 1979, fecha en que hizo su primer viaje al extranjero como papa y visitó la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

¡Madre! ¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!

Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena felicidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas…

Comentario

Contemplamos en estas hermosas palabras que elevó el Santo Padre Juan Pablo II a nuestra Virgen de Guadalupe, la inmensa devoción que profesaba por la Virgen y el amor que siempre lo movió a dedicarle todas y cada una de las acciones que tuvo a bien hacer en vida.

Fue uno de sus más fervientes devotos, quien solo ejecutaba sus proyectos y planes apoyado en la bendición de la Virgen.

Él constantemente oraba a la Santa Madre de Dios pidiendo su intermediación en asuntos distintos como la ayuda a los desvalidos, necesitados y enfermos para que su Hijo Glorioso los socorriera.

Le suplicaba también por los pecadores, los descarriados y los que se habían alejado del sendero de Dios.

Consagró a la Virgen de Guadalupe toda su vida, sus alegrías y aciertos, su trabajo, enfermedades y dolores.

Pidió porque nos ayudara a que reinara la paz, la justicia y la prosperidad entre todas nuestras naciones.

Expresó el papa Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe que nos consagramos a ellas, pues queremos ser completamente suyos y seguir la senda que su Santo Hijo nos enseñó en su Iglesia.

También abogó ante Nuestra Señora de Guadalupe por todos los obispos que componen la Iglesia, para que los oriente y mantenga dentro de la fe y sigan una intensa vida cristiana de servicio fraterno a Dios.

San Juan Pablo II siempre oró solícito a la Virgen María para que fuera su guía en cada una de las misiones que debió cumplir en la tierra. Le dedicó oraciones como el Santo Rosario o Misterios Gloriosos.

¿No estoy yo aquí que soy tu madre?

Estas son las palabras que dijo Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el Tepeyac cuando éste le manifestó sus miedos y dudas por no saber hacer llegar sus mensajes a sus hermanos. Esto aconteció en diciembre de 1531.

Monseñor Norberto Rivera Carrera

Y estas mismas palabras las incluyó Monseñor Norberto Rivera en una carta pastoral acerca de las apariciones, de la cual hablaremos a continuación.

Carta pastoral 

Se presenta a continuación los comentarios y extractos de una Carta Pastoral que escribiera Monseñor Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de México y custodio oficial de la imagen Virgen de Guadalupe relacionada con las controversias que se han suscitadas en torno a las apariciones.

Dirige su misiva los presbíteros y fieles devotos de la Arquidiócesis de México en respuesta a una solicitud que se le hiciera requiriendo su opinión por las divulgaciones que cuestionan la veracidad de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Ofrece en esa carta Monseñor Rivera su parecer contundente, preciso y directo en cuanto a dicha divulgación que dice que se había mentido al pueblo en cuanto a las apariciones.

Así lo expresa en su carta, la cual, parafraseándola, dice:

“Resultaría que a nuestro Pueblo nomás le hemos contado mentiras, que nada más inventamos lo que hemos siempre dicho, que sólo lo soñamos o imaginamos, que la Aparición de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe no fue real,…”

Hace saber también Monseñor su inconformidad y desacuerdo con respecto a esas publicaciones a lo aventuradas, desacertadas e insidiosas, en las que se hacen esos señalamientos.

Hace alusión a lo que se ha difundido con respecto a que dichas apariciones han sido inventos o producto de la imaginación o de sueños, ya que no han sido reales.

Señala Monseñor Rivera que él como Arzobispo de México y custodio de la imagen de la Virgen de Guadalupe no comparte en absoluto dichas difusiones y categóricamente exhorta a los devotos pronunciarse y profundizar en su fe y devoción a la Santísima Virgen.

Resalta que su opinión le fue solicitada y, por tal motivo, la expresa con fuerza y contundencia, así como con claridad y objetividad.

Lamenta, como muchos mexicanos católicos, ese tipo de publicaciones, pues hiere susceptibilidades de creyentes, aun cuando, dice, no sentirse ofendido en su fuero religioso, pero si dolido porque sus hermanos hayan discrepado en tan piadosísimo aspecto.

No obstante, los disculpas pues los asiste el derecho de disentir, ya que están en plena libertad de creer o no, según sus razonamientos.

Él expone, sin embargo, las razones con las que fundamenta su opinión sobre el tema de la veracidad de las apariciones de la Virgen.

Primera razón

Se refiere a sus sentimientos de hijo de Dios y de mexicano y porque se siente bendecido de proclamar su creencia y devoción a la Virgen María, siempre Inmaculada.

La exalta pues dio a luz al Hijo del Dios Eterno, quien fue creador y dador de vida de todos los seres humanos.

Ella es, según sus expresiones, la verdadera Madre de Dios y, además, Madre Nuestra.

Fue consagrada como Reina y Madre de la Patria mexicana, por lo cual le dio ella el privilegio a todos sus ciudadanos de la nación mexicana de aparecer en su tierra.

Además, solicitó tener en esta locación mestiza un recinto en el cual poder recibir a todos los necesitados que buscan un refugio que los cobije para orar, descansar y hacer sus peticiones a ella y al Señor.

Se demostró con sus palabras el Monseñor, que, como toda Madre, María es compasiva, piadosa y atenta siempre de las necesidades y cuidados de todos sus hijos.

Pero Ella nos cobija, no para librarnos de penas y sufrimientos, pues de alguna manera ellos templan y forjan nuestro carácter y fortaleza de espíritu.

Sin embargo, él nos asevera que, en los momentos de agobio, cansancio o desesperanza, Ella va a estar allí para consolarnos y darnos el ánimo y el empuje que necesitamos para seguir adelante, tal como lo hace Nuestro Señor Jesucristo.

Por tal motivo siempre Ella nos ruega que le permitamos:

“Escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza, para remediar, para curar, todas nuestras diferentes penas, nuestras miserias, nuestros dolores”.

Segunda razón

Monseñor expresa también en esta carta su comprensión, así como su compasión hacia sus hermanos que no comparten esta verdad.

Dice que los compadece, no porque él sea más que ellos, sino porque no disfrutan de una verdad tan maravillosa y gratificante, que al conocerla debidamente produce gozo, seguridad y felicidad.

Aún en las peores situaciones, aclara Monseñor, Ella nos brinda la certeza y la fe de que no tenemos porque temer a enfermedades y angustias, pues Ella nos da la fortaleza y sabiduría para afrontarlas.

Se trata del don de Dios que ha llenado las almas de los millones de peregrinos que acuden al Tepeyac, a buscar el consuelo y las alegrías para sus vidas en el Amor de su Madre, quien dulcemente nos dice:

“¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría?

¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?

Qué más puedes querer?”

Es este amor el que nos anima y nos hace crecer para profundizar en nuestra fe. Asimismo nos estimula a buscar que la tierra mexicana progrese transitando caminos de verdad, justicia, hermandad y paz.

Nos hace valorar y disfrutar a plenitud los logros alcanzados, por muy pequeños que éstos sean.

Se declara, por ello Monseñor, fiel servidor de esa dicha que le inspira la Virgen de Guadalupe, tal como seguro lo siente la gran mayoría de los mexicanos, por lo que se siente bendecido de ser el custodio de su imagen.

Esto se sustenta en el hecho de que al experimentar ese sentimiento de amor a tan venerable advocación de la Madre Santísima, con tanta solidez filial, no se requiere de ninguna otra razón para siempre amarla y honrarla.

No obstante, está profundamente agradecido y complacidos por las suficientes muestras y pruebas que dejara como sólidas y seguras evidencias, pero, al mismo tiempo, no tan evidente de manera de no despojar a los hombres de “la dicha de aquellos que no vieron, pero creyeron“.

Tercera razón

Se trata, según sus palabras, de la fe, que es un don, que se debe pedir al Señor que lo otorgue, pues no le corresponde a él darlo, más si pedirlo él a Dios para sus hermanos.

Por tal motivo, desea compartir fraternalmente sus razones del porqué de su devoción a Guadalupe, para el que desee escucharle.

Asevera que sus razones son las usuales de tener la firme seguridad de que verdaderamente ocurrió este evento de la aparición.

Se sustenta él en la tradición, en hechos, en documentos y diversos escritos encontrados que forman la historia de la aparición, sus mitos y creencias.

Por ello, para él todo aquel que entienda esto, debería preguntarse: ¿Cómo se podría existir el amor de Nuestra Santa Madre no hubiera reconciliado y unido las diferencias entre ancestros, padres españoles e los indígenas?

La Virgen y Juan Diego

Asimismo, cabría preguntarse: ¿Cómo hubieran podido los nativos indígenas aceptar a Cristo, si Ella no les hubiera revelado lo que profesaban los misioneros, con explicaciones adaptadas a ellos para que entendieran que Ella, “la Madre de su Dios verdadero por quien se vive, del Creador de las Personas, del Cielo y de la Tierra”, era también “la perfecta Virgen, maravillosa Madre de Nuestro Salvador Jesucristo?”.

Cuarta razón:

Destaca Monseñor, que mayor certeza se tiene ahora de la veracidad de estos eventos y testimonios, pues han sido corroborados y reforzados durante años de investigación llevada a cabo por los mejores talentos de la Iglesia, así como distintos profesionales preparados de la Historia y la Teología de diferentes lugares.

Éstos han examinado, cuestionado, discutido y aprobado cuando se efectuó el Proceso de Canonización de Juan Diego.

Luego, toda esa documentación fue corroborada y avalada por el mismo Santo Padre. Dicho proceso confirmó lo que ya se sabía y, además, aportó nuevos y sorprendentes datos que han venido siendo revelados tan pronto se han verificado.

Finaliza Monseñor su carta pastoral con una plegaria de su propia inspiración en la que agradece a la Virgen de Guadalupe por distintos motivos que lo satisfacen y lo hacen congraciarse aún a la Santa Virgen

Leemos, entonces, en esa plegaria de Monseñor Rivera su agradecimiento:

  • A la Virgen misma por poder clamar desde el fondo del corazón que sólo creemos en Ella, que la veneramos como Madre de Dios y nuestra y como Reina y Madre de la Patria mestiza.
  • Por ser él voz de todo su Pueblo y por tener el honor de ser custodio de su imagen.
  • Por la fe que la Virgen inspira.
  • Por las pruebas dejadas en su venida a Tepeyac.
  • Por Juan Diego, a quien se le reconoce como embajador de la Virgen.
  • Por la desconfianza que tuvo su antecesor Arzobispo Zumárraga, que brindó la ocasión de proporcionar sus flores y su imagen.
Arzobispo Zumárraga
  • Por las flores que la Virgen hizo nacer en árido y helado terreno, acogidas con amor por los padres indios.
  • Por las menciones que los padres indios plasmaron en sus códices y anales.
  • Por las dudas que, siglos después, la Virgen permitió que surgieran acerca de su llegada a Tepeyac, lo que hizo que se pudiera corroborar la verdad histórica del don de su amor.
  • Por haber inspirado a su antecesor, el Cardenal Corripio, a incoar la Causa para que se examinara y probara la realidad, la Santidad y el amor que se profesa a Juan Diego.
  • Por la profesión de amor y fe de los Obispos a nombre de todo el Pueblo Mexicano, junto con Juan Pablo II, quien continuamente la invocaba.
  • Por las detalladas investigaciones efectuadas en Roma sobre las apariciones.
  • Por el prolongado tiempo de trabajo del proceso investigativo y la gran cantidad de libros y documentos que se pudieron revisar, por los oficiales de la Congregación de los Santos que cuidaron, examinaron y avalaron, por los Consultores Historiadores y Teólogos, por la Comisión de Cardenales que dio su aprobación final.
  • Por la aceptación de tu hijo Juan Pablo II, quien visitó México para la publicación de la investigación y por el privilegio de declarar Beato a Juan Diego.
  • Por los nuevos, sorprendentes e interesantísimos conocimientos que Ella ha permitido descubrir.
  • Por la libertad que otorga a sus hijos de creer o no en su aparición.
  • Por los trabajos de construcción y mantenimiento del nuevo Santuario.
  • Por las asombrosas reacciones de fe de todos sus hijos y la de los que no comparten la fe católica, pero tienen profundo respeto a la historia, cultura e identidad mexicana.
  • Finalmente, hay un agradecimiento porque acontecimientos como el actual desenmascaran a aquellos que quisieran ver a los católicos divididos, sin fe y sin esperanza y propensos a ser absorbidos por otras culturas y otros poderes.
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