Peticiones de las misas o memoriales de los difuntos

En las oraciones que hacen los fieles devotos a sus seres queridos fallecidos suelen incluir peticiones por los difuntos para rogarle al Santo Padre por el eterno descanso de sus almas. En este post les queremos presentar como hacer una misa en memoria de un difunto y saber como incluir esas peticiones.

 

El presente artículo ofrece a los fieles devotos información sobre cómo preparar y efectuar una misa en memoria de un difunto. Así también se indica cómo hacer las preces por los difuntos. Se aconseja acompañar estos rezos con la Oración de amor al Santísimo Sacramento.

Ahora bien, lo importante que debemos señalar es que la oración por nuestros difuntos dirigida al Señor puede:

  • Incluir peticiones para que Dios los acoja en su Gloria.
  • Rendir un tributo a sus almas.
  • Hacerles saber, de este modo, que los recordamos con amor, que no los hemos olvidado.
  • Ayudar a mantenerlos en nuestros pensamientos.

Veamos estas peticiones que se hacen en los memoriales a los difuntos.

Peticiones de las misas para difuntos

En la preparación de las peticiones a ser leídas en el memorial o misa para un difunto se deben contemplar varios tipos de oraciones, lecturas y rezos, así como mensajes especialmente elaborados a la memoria del ser querido fallecido. El celebrante hace los respectivos anuncios y comienzo de cada rezo. Así tenemos que el memorial puede incluir:

  • Salutación inicial del celebrante.
  • Monición introductoria.
  • Pedir perdón.
  • Oración al Señor.
  • Salmo de la esperanza.
  • Oración por el difunto.
  • Oración por los que lloran la muerte de (nombre del difunto).
  • Oración comunitaria.
  • Lecturas bíblicas (monición).
    • Antiguo Testamento.
    • Nuevo Testamento.
  • Salmos responsoriales.
  • Evangelios.
  • Homilía.
  • Preces en forma de letanías.
  • Padrenuestro y aspersión.
  • Bendición final.
  • Despedida.
  • Reflexiones cristianas sobre la muerte.

Peticiones misa difuntos

Salutación inicial del celebrante

“Pedimos qué la paz y el consuelo del Santo Padre, de Jesucristo Nuestro Señor y en comunión con el Espíritu Santo, acompañen a nuestro querido hermano (nombre del difunto) en su paso de la vida terrena a la vida eterna y esté siempre con todos Uds. y con tu espíritu”.

Monición introductoria

“Queridos hermanos, nos hemos reunido hoy por el sensible fallecimiento de (nombre del difunto), afligidos por el dolor que nos produce su partida, así como sorprendidos por tan repentino acontecimiento, que nos deja en una invalidez total ante toda muerte”.

“Queremos acompañar en este su último momento entre nosotros de (nombre del difunto), cargados de este dolor inconsolable de todos sus familiares, amigos y allegados que se enfrentan a la partida definitiva de un familiar”.

“Sustentados por la fe que profesamos, sabemos que el Santo Padre lo acoge en su seno y que nosotros, en virtud de ello, sabemos y creemos que la muerte no rompe del todo los lazos que nos unían con los que han partido”.

“Por tal motivo, podemos ayudarles en su paso hacia el más allá con nuestras plegarias, si es que las necesitan y confiamos que, desde ahora con su cercanía a Dios, velarán por nosotros”.

“Con base en esta divina creencia, vamos a elevar nuestras preces a Nuestro Señor Dios Celestial por el descanso definitivo de (nombre del difunto)”.

Pedir perdón

El celebrante expresa:

“Jesús nos dice en su Evangelio que de las semillas que plantemos en la primavera de nuestra vida, brotarán los frutos para el día de mañana. Si sembramos el bien Dios estará de nuestra parte a la hora de juzgarnos. Y aunque las cosas no hayan ido tan bien, nos perdonará”.

Todos responden:

  • “Perdónanos, Señor, porque disfrutamos de todo lo que has creado y nos olvidamos de Ti, su Creador. Perdón, Señor”.
  • “Te pedimos perdón, Señor Jesús, porque te echamos en cara el mal que existe en el mundo y olvidamos que Tú sufriste la Cruz para salvarnos a nosotros. Cristo, perdónanos”.
  • “Perdónanos, Señor, porque no sabemos reconocer que cada minuto de nuestra vida es un regalo que Tú nos haces y a veces lo maltratamos. Perdón, Señor”.
Oración por el descanso eterno de un ser querido y acepar su partida

Oración al Señor

Todos rezan la oración:

“Señor, Tú nos diste la vida como un don maravilloso, la dejaste en nuestras manos como un cántaro lleno de agua fresca para el  viaje”.

“Ahora el cántaro se ha roto, el agua de la vida se derrama y nuestra sed va dejando reseco el corazón”.

“Pero al menos nos anima la esperanza de que, lo mismo que acogiste la Vida y la Causa de tu Hijo, has de aceptar la vida y la muerte de (nombre del difunto) que ha partido hacia tu casa”.

“Gracias, Padre, por sentarlo a tu lado mientras vamos caminando nosotros a su encuentro. Amén”.

Salmo de la esperanza

El celebrante anuncia el rezo del Salmo 22 para manifestar nuestra confianza en la bondad de Dios, quien en los momentos más oscuros de nuestra vida e incluso después de la muerte, cuida de nosotros. Por ello todos rezamos:

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar, en verdes praderas el me hace recostar”.

“El Señor es ml Pastor, nada me puede faltar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas, me guía por el sendero recto por el honor de su nombre”.

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tu vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan”.

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar, pues preparas ante mi una mesa, frente a mis enemigos, me unges con perfume la cabeza y mi copa rebosa”.

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar. Tu bondad y tu ternura me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar”.

Peticiones misa difuntos

 

Oración por el(la) difunto(a)

“Oremos

¡Padre Santo y Bueno, Dios todopoderoso y eterno!”

“Humildemente te pedimos por tu siervo(a) (nombre del difunto), a quien llamaste de este mundo a tu presencia; dígnate llevarlo(a) al lugar del descanso, de la luz y de la paz. Concédele fran­quear victoriosamente las puertas de la muerte, para que habite con tus santos en el cielo, en la luz que prometiste a Abrahán y sus descendientes”.

“Qué se vea liberado(a) de toda pena y que, cuando llegue el momento de la resurrección y del premio, sea colocado/a entre los santos y elegidos, para que junto a Ti goce de la vida inmortal en el reino eterno”.

“Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén”.

Oración por los que lloran la muerte de (nombre del difunto)

El celebrante anuncia que se va a orar ahora por nosotros mismos y de una manera muy especial por los más cercanos familiares y amigos del difunto.

Oremos

“¡Dios de misericordia y de todo consuelo!”

“Que nos cuidas siempre con amor y transformas la oscuridad de la muerte en aurora de vida, mira a estos hijos tuyos que lloran en su tribulación”.

“Sé nuestro amparo y fortaleza, Señor, y llévanos desde la oscuridad del llanto y del dolor,  a la paz de tu presencia”.

“Ya que tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, muriendo venció la muerte y resucitando nos dio nueva vida, concédenos seguir sus pasos, para que al final de nuestra vida lleguemos a reunirnos con nuestros hermanos en aquel lugar donde serán enjugadas to­das las lágrimas de nuestros ojos”.

“Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén”.

Oración comunitaria

Esta es una oración que posee una fuerza especial cuando se reza entre todos juntos, de manera comunitaria, como Pueblo de Dios, como familia bien unida. Se puede comparar con la Oración de los fieles de la eucaristía.

El celebrante pide a todos rezar así unidos, pidiendo, no solamente por nosotros mismos y por nuestro hermano (nombre del difunto), sino también por toda la Iglesia, por la paz del mundo y por nuestra salvación. También es posible inspirarse en los Versículos o citas bíblicas.
La Santa Biblia

A cada una de las intenciones, responden todos: “Te lo pedimos, Señor

“Por todos los pastores de la Iglesia, por todos los que nos ayudan en el camino de la salvación, para que lo que enseñan con su palabra lo cumplan también con sus obras. Roguemos al Señor”.

R: “Te lo pedimos, Señor”

“Por quienes dirigen los destinos de los pueblos, para que promuevan la justicia y la paz. Roguemos al Señor”. R:

“Por quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu, por los enfermos, por los tristes, por quienes están solos, por lo que no consiguen trabajo, para que nunca se crean abandonados de Dios. Roguemos al Señor”. R:

“Para que el Señor se digne librar a su siervo/a (nombre del difunto) del reino de las tinieblas de la muerte. Roguemos al Señor”. R:

“Para que se digne colocarlo/a junto a Él, entre los santos del Cielo. Roguemos al Señor”. R:

“Para que el Padre el Cielo que se dignó admitir entre sus hijos a (nombre del difunto) el día del Bautismo, ahora lo/a reciba entre los Santos en la gloria. Roguemos al Señor”. R:

“Para que el Dador de todo bien, que el día de la Confirmación le dio a (nombre del difunto) su Santo Espíritu, ahora lo/a reconozca marcado/a por ese sello divino. Roguemos al Señor”.  R:

“Para que el Dios Bueno, que tantas veces perdonó a nuestro/a hermano/a en el Sacramento de la Reconciliación, olvide todas las faltas que pudo cometer. Roguemos al Señor”. R:

“Para que Jesús que dijo “Quien come mi carne y bebe mi sangre, no morirá para siempre” y que vino tantas veces al corazón de (nombre del difunto) en la Eucaristía, le dé ahora la vida eterna. Roguemos al Señor”. R:

Si se trata de una persona casada: “Para que Jesús, que por el Sacramento del Matrimonio hizo de (nombre del difunto) símbolo vivo de su unión con la Iglesia, lo/a una para siempre con Él. Roguemos al Señor”. R:

Si se trata de una persona joven: “Para que el Padre que quiso llamar a (nombre del difunto) en la flor de esta vida para darle una vida mejor, se la conceda ahora con plenitud. Roguemos al Señor”. R:

Si se trata de un religioso(a): “Para que el Señor que se dignó llamar a (nombre del difunto) para ser en la Tierra testigo de los bienes eternos. Roguemos al Señor”. R:

Si se trata de un sacerdote: “Para que el Señor que lo llamó para servir al pueblo de Dios en todo lo que toca a la salvación, le abra las puertas del cielo al que llamó tantas veces al los fieles. Roguemos al Señor”. R:

“Para que El Dios de todo consuelo, se digne consolar ahora a los que lloramos la muerte de (nombre del difunto). Roguemos al Señor”. R:

“Por todos nuestros parientes y amigos difuntos, para que el Señor los reciba en la Asamblea de los Santos. Roguemos al Señor”. R:

“Escucha, Señor, nuestras súplicas y concede a la Iglesia la fidelidad a tu palabra, a todos los pueblos la paz en la justicia, a los difuntos la misericordia y el perdón que siempre desearon, y a nosotros el consuelo que necesitamos”.

“Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén”.

Lecturas bíblicas

El celebrante hace una monición antes de la lectura de la palabra, señalando que se va ahora a escuchar la Palabra del Señor, para que ella ilumine los momentos que estamos viviendo y aumente nuestra fe.

Antiguo Testamento

Primera lectura del Libro de Job:

Entonces dijo Job: Yo sé que mi Redentor está vivo y que al final me alzará sobre el polvo! Después de que me quede sin piel, ya sin mi cuerpo, veré a Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos le verán”. Palabra de Dios.

Segunda lectura del Libro de Job:

Una voz del cielo me dijo: “escribe esto: felices desde ahora los muertos que han muerto en el Señor”. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras buenas los acompañan. Palabra de Dios.

Tercera lectura del Libro de la Sabiduría:

“La vida de los buenos está en manos de Dios y no los tocará el tormento. Los insensatos pensaban que morían, consideraban su tránsito como una desgracia, su partida de entre nosotros, como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que eran castigados, pero ellos esperaban seguros la inmortalidad”.

“Sufrieron un poco de tiempo, recibirán grandes premios, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí: los probó como oro en el crisol, los recibió como un sacrificio agradable”.

“El día del juicio ellos resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral. Los que confían en El conocerán la verdad, y los fieles permanecerán con El en el amor, porque los elegidos encontrarán gracia y misericordia. PALABRA DE DIOS”.

Cuarta lectura del Libro de la Sabiduría:

“La persona justa, aunque muera, goza del reposo. La vejez respetable no consiste en tener una larga vida, ni se mide por el número de años. La verdadera ancianidad es la prudencia, y la edad madura, es una vida sin mancha. La persona justa supo agradar a Dios, que lo amó y ahora lo llevó con Él. Palabra de Dios”.

Quinta Lectura del Libro de la Sabiduría (Para un joven):

“El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso. Agradó a Dios y Dios lo amó; vivía en una sociedad pecadora, y Dios se lo llevó, para que la malicia no pervirtiera su conciencia. Madurado en pocos años, llenó mucho tiempo. Como su alma era agradable, lo sacó aprisa de en medio del mal. Palabra de Dios”.

Sexta lectura del Libro de los Macabeos:

“En aquellos días, Judas, el jefe de Israel, hizo una colecta y envió lo recogido al templo de Jerusalén, para que se ofreciese un sacrificio por los muertos, obrando con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección. Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos. Es una idea buena y santa rezar por los difuntos para que sean liberados de todo mal. Palabra de Dios”.

Nuevo Testamento

Primera lectura de la Carta de san Pablo a los Filipenses:

“Hermanos: nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador, el Señor Jesucristo, el Mesías. El transformará la pequeñez de nuestro ser, según el modelo de su condición gloriosa, con ese poder que posee para someter y dominar todas las cosas. Palabra de Dios”.

Segunda lectura de la Carta de san Pablo a los Romanos:

“Uds. han recibido un Espíritu de hijos adoptivos que nos hace decir ¡Abba! Ese Espíritu y nuestro espíritu dan el mismo testimonio: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo. Considero que los trabajos de ahora son poca cosa, pensando en la gloria que un día se nos descubrirá. Palabra de Dios”.

Tercera lectura de la Carta de san Pablo a los Efesios:

“¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús Nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo con toda clase de bendiciones espirituales. En Cristo Dios nos eligió antes de la creación del mundo, para estar en su presencia sin culpa ni mancha. Desde la eternidad determinó que fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús. Eso es lo que El quiso y lo que más le gustó. Palabra de Dios”.

Cuarta lectura de la Carta de san Pablo a los Tesalonicenses:

“Hermanos: no queremos que ignoren la suerte de los difuntos, para que no se pongan tristes como los que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, del mismo modo, a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con Él y allí estaremos siempre con el Señor… Esto se lo decimos como de parte del Señor.  Palabra de Dios”.

Salmos responsoriales

El celebrante anuncia que se rezarán cuatro salmos.

Salmo responsorial 1:

Al Salmo respondemos todos: “Mi alma tiene sed de Dios

“¡Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo!

Mi alma está sedienta de ti.

Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca,

agostada y sin agua.

Mi alma tiene sed de Dios

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida. Mis labios proclamarán tu alabanza.

Mi alma tiene sed de Dios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré mis manos invocándote.

Me saciaré con ricos manjares y mis labios te cantarán jubilosos.

Mi alma tiene sed de Dios

Porque tu fuiste mi auxilio a la sombra de tus alas canto con gozo.

Mi alma está contigo y tu diestra me sostiene”.

Salmo responsorial 2

Al Salmo respondemos todos: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida

“El Señor guarda a los sencillos: cuando yo estaba sin fuerzas me salvó.

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida

Tenía fe aun cuando dije: “qué desgraciado soy.

Yo decía en mi apuro “los hombres son mentirosos”

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, rompiste mis cadenas

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”.

Salmo responsorial 3

Al Salmo respondemos todos: “Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor

Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”

Ya están pisando nuestro pies tus umbrales, Jerusalén.

Qué alegría cuando me dijeron “Vamos a la casa del Señor”

Jerusalén esta cimentada como una ciudad fuerte,

Allá sube el pueblo, el pueblo del Señor.

Qué alegría cuando me dijeron “Vamos a la casa del Señor”

Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor.

Allí están los tribunales de Justicia, en el palacio del Rey.

Qué alegría cuando me dijeron “Vamos a la casa del Señor”

Pidan la paz para la casa de Dios, a los que moran en ese lugar.

En la casa del Señor nuestro Dios, te deseo todo bien

Qué alegría cuando me dijeron “Vamos a la casa del Señor”.

Salmo responsorial 4

Al Salmo respondemos todos: “Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo veré tu rostro, Señor?”

“Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo veré tu rostro, Señor?

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu morada.

Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo veré tu rostro, Señor?

Qué me acerque el trono de Dios, al Dios de mi alegría

Qué te de gracias tocando instrumentos, Dios, Dios mío.

Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo veré tu rostro, Señor?”

Evangelios

El celebrante hace el anuncio de que se harán las lecturas de Juan, Mateo y Lucas. También se puede rezar la Poderosa oración de los fieles.

Primera lectura del santo Evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: – “Padre, esto es lo que te pido: que los que me confiaste estén conmigo, donde estoy yo, y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo”. Palabra de Dios.

Segunda lectura del santo Evangelio según san Juan:

En aquel tiempo dijo Jesús: –“Yo soy el pan vivo bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que voy a dar es mi Cuerpo para que el mundo viva”.

Los dirigentes judíos discutían acaloradamente: –“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Entonces Jesús les dijo: –“Se lo aseguro; si no comen el cuerpo del Hijo del Hombre no tendrán vida en ustedes. Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día”. Palabra de Dios.

Evangelista san Juan

Tercera lectura del santo Evangelio según san Juan:

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días muerto. Al enterarse Marta de que llegaba Jesús, salió a su encuentro y le dijo: –“Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”.

Jesús le dijo: –“Tu hermano resucitará”.

Marta respondió : –“Sé que resucitará en el último día”.

Jesús entonces le dice –“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Y el que está vivo, y cree en mí no morirá para siempre ¿Crees tu esto?”

Ella contestó –“Sí, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir a este mundo”. Palabra de Dios.

Cuarta lectura del santo Evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo, Jesús reaccionó diciendo: –“iBendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido bien así.

Vengan a mí todos los que están cansados y abrumados, que yo les aliviaré. Carguen mi yugo y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Palabra de Dios.

Quinta lectura del santo Evangelio según san Lucas:

Jesús estaba dentro de una casa rodeado de gente y llegaron su madre y  sus hermanos y hermanas. Como no podían entrar, le hicieron llegar este recado: –“Escucha, tu madre y tus hermanos están afuera y preguntan por ti” El contestó: –“¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?” Y mirando a los que estaban a su alrededor, dijo: –“Estos es son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Palabra de Dios.

Sexta lectura del santo Evangelio según san Lucas:

A la hora del mediodía, se ocultó el sol y toda la zona quedó en tinieblas hasta las 3 de la tarde. En ese momento la cortina del templo, se rasgó la mitad y Jesús gritó muy fuerte: –“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Enseguida, con estas palabras, expiró. Palabra de Dios.

Homilía

Si se considera pertinente y oportuno, el que preside puede pronunciar una homilía. Ésta puede ser de distinta índole. Seguidamente unos ejemplos, que se pueden acompañar con una oración a la Virgen rezando el Rosario de agradecimiento a la Virgen Rosa Mística.

En recuerdo de nuestros difuntos

“Hoy, queridos hermanos, hemos venido a este santo recinto para manifestar la estima y el recuerdo cariñoso que aún tenemos de nuestros familiares y amigos que nos fueron tan queridos”.

“Se mantiene aún el vacío que dejaron en nuestras vidas, el cual hemos podido de alguna manera llenar con oraciones y alabanzas y el deseo que ellos estén ante la presencia del Dios Padre disfrutando de su divina Gloria”.

“Ello nos consuela y hace más llevadero el dolor de su ausencia, pues sabemos que están en las manos de Dios. Sabemos también que contamos ahora con su intercesión y su ayuda desde el cielo, para que el Dios Padre nos socorra en nuestras necesidades”.

Santo Padre siempre nos has dicho: “el que cree en Mi no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá”.

“En tu Palabra nos sustentamos y confiamos, pues resucitaste y vives ya para siempre. Venciste a la muerte y al maligno, pues tu amor es más fuerte”.

“Por tal motivo, agradecidos estamos porque nuestros seres queridos están ya disfrutando de la felicidad junto a Ti. Su vida terrenal dio su fruto y por ello ahora pueden gozar del cariño y la amistad de Dios”.

“Como cristianos fervorosos de nuestra fe, siempre seguidores de Jesús, creemos en los que nos dices que la vida de los que creemos en Dios no termina, se transforma”.

“Así nos los mostró Jesús, con su Muerte y Resurrección, quien con nos abrió las puertas del Cielo y, con ello, la vida para siempre. Al igual que creaste este mundo y esta vida humana, creaste también un Paraíso, un Nuevo Mundo y una Nueva Vida para tus hijos”.

“Por tu inmensa bondad, nos sentimos congraciados de Ti, Señor”.

Homilia 2018-11-02 Mons. Munilla Fieles Difuntos

En el día de difuntos: Resurrección

“Los devotos cristianos, fieles a nuestra fe, creemos, ante el dolor y la muerte, que siempre hay una luz de esperanza y sosiego. Ello se fundamenta en nuestra creencia de que nos protege e inspira un Dios que ha sufrido y ha muerto, pero que creemos en un Dios que ha Resucitado, y que nos acompaña y alienta en todo momento”.

“Este Dios resucitado, bondadoso, milagroso y omnipresente no es un Dios que se desliga y desconoce los problemas humanos. Todo lo contrario, sufrió tal cual padece y siente un ser humano todas las dificultades y dolores de la vida humana”.

“Él quiso compartir con nosotros nuestra vida, nuestro sentir, nuestras alegrías y tristezas, de manera de poder saber fehacientemente lo que significa ser persona y lo ha querido comprobar en carne propia”.

“Él padeció y murió por nosotros en una cruz y por amor a nosotros no le importó sufrir tantas penurias. Pero Él amó a todos, incluso a sus verdugos. Y su amor fue más fuerte que la muerte misma. Por ello resucitó y vive ahora entre nosotros”.

“Está entre nosotros para darnos ánimo, para que sigamos su ejemplo de amor y servicio a los demás. Está con nosotros para enseñarnos que si podemos vencer las dificultades y trabajos de la vida. También para enseñarnos que, si somos capaces de ayudar a los demás, compartiendo penas y alegrías, como Él; podemos definitivamente dominar a la muerte”.

“Con su ayuda podemos también nosotros superar el yugo de la muerte y resucitar como Jesús. Esta es nuestra fe y ella confiamos”.

“Mediante esa fuerzas que Él nos da, podemos seguir viviendo, sin importar los obstáculos que se nos presenten. Esa fortaleza que nos viene de Jesús es la que nos permite aceptar, sobrellevar y superar la muerte de un ser querido”.

“Así con la certeza de que si nos unimos a Jesús, en vida, también nos unirá  su Resurrección”.

“Sólo así tiene sentido nuestra vida. Sólo así tienen sentido los sufrimientos y dolores. Sólo así tiene sentido el trabajo en favor de los demás”.

“Él nos prometió la vida eterna, pues no termina con la muerte, sino que pasamos a vivir junto a Dios, por lo cual tienen sentido todos nuestros esfuerzos, tiene sentido el colaborar para que, también tener una mejor condición de vida en este mundo”.

“Sigamos celebrando esta Eucaristía, vamos a seguir orando a Dios, quien con sus brazos abiertos ya ha recibido a nuestros hermanos y vamos a recordarles con el cariño y sentimiento de amor que compartimos mientras estuvieron entre nosotros”.

Por el día de los difuntos
“En este día de los santos difuntos, hemos querido reunirnos para celebrar y participar de la Resurrección de Cristo. Como cristianos no celebramos la muerte, sino la Resurrección de nuestros difuntos, que viven el descanso eterno con Dios”.

“Es de nuestro provecho el poder contar con la Eucaristía, pues nos permite el encuentro con Cristo Resucitado, quien nos invita a participar de su nueva vida, que se nos concedió con el Bautismo. Esa semilla bautismal nos corresponde hacerla crecer y dar frutos que perduren para siempre”.

“Descansamos en la certeza de que nuestros queridos difuntos participan ya plenamente de la Felicidad. Su vida terranal dio sus frutos, por lo que les corresponde ahora gozar de la Amistad y compañía de Dios”.

“Como nos lo reafirma constantemente nuestra fe que nos manifiesta que la vida de los que creen en Dios, no termina, sino que se transforma, nos sentimos seguros y regocijados que al finalizar nuestra misión en la morada terrenal, tendremos nuestra casa celestial”.

Preces en forma de letanías

El celebrante pide que se ore llenos de confianza al Señor que tiene compasión de los vivos y de los difuntos. Se eleva la oración a continuación:

“Señor, ten piedad de nosotros

Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, ten piedad de nosotros,

Cristo, ten piedad de nosotros,

Señor, ten piedad de nosotros,

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que transformaste el agua en vino.

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que calmaste la tempestad del mar embravecido.

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que consolaste a la viuda de Naín”.

Dios nos consuela

“Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro.

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que llamaste al paraíso al buen ladrón.

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que escuchas nuestras súplicas.

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que eres el consuelo de los que lloran.

Señor, ten piedad de nosotros.

Santa María Madre de Dios.

Ruega por nosotros.

Santo Ángel de la Guarda de (nombre del difunto).

Ruega por nosotros.

San, santa o patrono/a de (nombre del difunto) quien llevó tu nombre.

Ruega por nosotros.

Oremos: Señor que tienes piedad de nosotros,

concede a (nombre del difunto) el descanso eterno

y a nosotros el consuelo que te pedimos

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén”.

Padrenuestro

El celebrante pide: Hermanos, recemos ahora como Jesús nos enseñó, la oración de los hijos de Dios. Nos tomamos de las manos y decimos todos juntos:

Padrenuestro, que estás en el cielo…

Se rocía el cuerpo de (nombre del difunto) con el agua bendita en recuerdo de su Bautismo.

Bendición

“Dales, Señor el descanso eterno y que brille para ellos la luz perpetua”.

“Qué las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz”.

“La bendición de Dios todopoderoso acompañe a nuestro hermano(a) difunto(a) y permanezca siempre con todos Uds”.

“En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.

Peticiones misa difuntos
La bendición de Dios Padre

Despedida

El celebrante se dirige a todos los presentes con las siguientes palabras:

“Antes de terminar, permítanme unas palabras de agradecimiento, en nombre de todos los familiares de (nombre del difunto), especialmente queremos agradecer sus oraciones, que nos acompañaron en este momento de dolor, trayendo el consuelo de compartir la fe en la resurrección de (nombre del difunto)”.

“La presencia de Uds. aquí expresa, en primer lugar, la estima que el(la) difunto(a) y su familia les merecían”.

“Además, con su compañía y su oración, nos han traído el consuelo de compartir la fe en la resurrección”.

“¡Qué las almas de los fieles difuntos descansen en paz! Amén.”

Reflexiones cristianas sobre la muerte

El siguiente texto fue tomado de los “Prefacios” del Misal romano, que resultan propicios para el momento.

“La vida de los que creemos en ti, Señor, No termina, sino que se transforma.

Al deshacerse nuestra morada en la tierra, se nos regala una mansión en el cielo.

Tu voluntad, Padre del Cielo, nos dio la vida y tus decretos la dirigen.

El pecado nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido creados,

Pero Jesús quiso entregar su vida en la Cruz, para que tuviéramos la vida eterna.

Te damos gracias, Señor, porque al redimirnos por la muerte de tu Hijo,

tu voluntad salvadora nos lleva a nueva vida, para que participemos de la resurrección de Cristo.

Porque Jesucristo es la salvación del mundo, la vida de todos, la resurrección de los muertos.

Dichosos los difuntos que mueren en el Señor.

Si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, morimos para el Señor.

Consuélense unos a otros con estas palabras”.

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