Septiembre, el mes que celebra la creación de la Biblia

Septiembre es el mes de la Biblia durante el cual la Iglesia organiza, junto con toda la feligresía cristiana, diversas actividades para celebrarlo.  Conoce en este post por qué se eligió este mes y cómo se celebra la creación de este libro sagrado.

Septiembre mes de la Biblia

Septiembre mes de la Biblia

La Iglesia cristiana lleva a cabo todos los años en el mes de septiembre la celebración del mes de la Biblia, organizando diversas actividades pastorales tendientes a alcanzar un mayor acercamiento al sagrado texto bíblico, permitiéndose así la efectiva difusión de la Palabra de Dios.

Se busca en este mes que la feligresía reavive su compromiso con la Palabra de Dios y para lograr inspiración en esta misión se recomienda el rezo de la Oración a Jesucristo.

Tal cual lo expresó el papa Francisco en su primera exhortación apostólica al referirse a las Santas Escrituras:

“La alegría del Evangelio contiene material valioso para celebrar encuentro de oración alrededor de la Palabra de Dios”.

Ahora bien, ¿por qué celebrar el mes de la Biblia?

Hacer esta celebración nos ayuda a reconciliarnos con el Señor, así como también a reencontrarnos con nosotros mismos en los momentos de meditación que se promueven y nos da mayores bríos para ayudar al prójimo lo más que se pueda y animarlo para que también participe y conozca la Palabra.

Los diversos actos que organizan la Iglesia, las comunidades pastorales y las congregaciones en este mes facilitan el encuentro  fraterno, el espacio para la reflexión y el entendimiento entre hermanos mediante actividades centradas en la lectura en la Biblia y en el apoyo fraternal con la intención de incorporar cada vez a más personas a la práctica de su lectura.

Septiembre mes de la Biblia

¿Por qué el mes de septiembre?

Se hizo esta elección por los distintos eventos relacionados con las Santas Escrituras que han sucedido en este mes, convirtiéndolo en fecha especial para los cristianos hispanohablantes.

Dichos eventos están referidos a la traducción bíblica de los textos sagrados, que hizo que fueran más accesibles a personas de distintas áreas. En este caso particular a los hispanoparlantes.

Por un lado, nos encontramos que para los cristianos católicos el 30 de septiembre se celebra el día de san Jerónimo de Estridón, quien dedicó su vida al estudio bíblico y que fue el traductor de la Biblia del griego y del hebreo al latín, que más adelante sirvió de fundamento para su traslado al español.

Esta traducción recibió el nombre de Vulgata, vocablo que se deriva del término “vulgo” que significa “pueblo común”, con lo cual se permitió que pudiera ser leída por todos los fieles de la fe cristiana de los diferentes estratos de la sociedad.

Se dice que, en un principio, la Biblia estaba restringida solo a los eclesiásticos, por la terminología allí empleada, pero a partir de esta traducción, la Palabra de Dios comenzó a ser más accesible a todo público.

Esta versión de san Jerónimo fue considerada por siglos como el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.

San Jerónimo de Estridón

Por otro lado, tenemos a las Iglesias evangélicas y protestantes que también en este mes, específicamente el día 26 del año 1569, rememoran la finalización en Suiza de la impresión de los primeros 260 ejemplares de la Biblia en su versión en español.

Esta primera impresión fue llamada la Biblia del Oso por la ilustración de este animal en su portada comiendo miel dando a entender que las Santas Escrituras es algo dulce y fácil de digerir para el hombre.

Se trata de la impresión de la traducción de la Biblia que hizo Casiodoro de Reina, que más tarde fue revisada por Cipriano Valera, convirtiéndose prontamente en la conocida Biblia Reina Valera, reconocida por ser la de mayor circulación en el mundo hispanohablante.

El mes de la Biblia sirve para:

  • La reconciliación con el Señor.
  • Encontrarnos con nosotros mismos.
  • Ayudar al prójimo lo más que se pueda y hacer que éste participe de la Palabra.

En el mes de la Biblia las diversas organizaciones, iglesias, comunidades pastorales, fundaciones y demás congregaciones promueven el encuentro y el entendimiento a través de las actividades de lectura de textos bíblicos para animar cada vez a más personas a la lectura bíblica.

Para escuchar la Palabra

La Biblia es la forma como Dios se comunica con cada uno de nosotros y a través de ella nos hace llegar sus mensajes, indicaciones, orientaciones e incluso reprimendas que nos ayudan en nuestro diario trajín.

Para nosotros los católicos, la Biblia es la palabra de Dios, que nos acompaña diariamente, por lo que no se le puede considerar como simplemente un libro, sino un manual para la vida.

Ahora bien, ¿cómo lograr interpretar esos mensajes de manera efectiva?

Al respecto se nos ofrecen varias propuesta para tener éxito. Veamos.

1. Hacer una lectura diaria de los textos bíblicos que se emplean en la liturgia cotidiana, la cual es una excelente herramienta, porque:

  • Ayuda a profundizar en la Palabra de Dios y nos permite unirnos a toda la Iglesia meditando los mismos textos.
  • Nos facilita emprender una lectura continuada de la Biblia, pues los textos están relacionados y lo que se lee hoy, se continúa con el de mañana.
  • Esta lectura es una “puerta segura” para escuchar a Dios.

2. Hacer una lectura completa de todo un evangelio, que:

  • Nos permite tener una visión completa de la vida de Jesús escrita por cada evangelista.
  • En cada evangelio nos aporta muchos detalles y relaciones entre los textos de cada evangelista, de manera que al leer uno completo y luego el otro, conocemos aspectos que solo se descubren con una lectura continuada.
  • Se recomienda comenzar con la lectura del evangelio de Marcos, que no es muy largo y se lee en unas horas.
San Marcos evangelista
  • Los evangelios son buena “puerta de entrada” al mensaje de Jesús.

3. Hacer la oración de los salmos, que recogen todo el sentir del pueblo de Dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel.

  • Nos muestra al pueblo que ora con fe, acercándonos a la palabra de Dios.
  • Puede ayudar a un hábito necesario y constructivo de orar y leer la Palabra.
  • Los salmos son fuente de inspiración para la oración. Un salmo para expresar nuestra devoción es el Salmo 140.
  • Hay salmos de alegría, abatimiento, temor, conflictos, esperanza, dolor, liberación, justicia, de la misma Palabra de Dios, que encontramos en el salmo 118, que es el más largo.
  • Los salmos son una “puerta siempre abierta” para el encuentro con el Dios de la Vida.

4. Hacer la lectura orante de la Palabra o Lectio Divina, basada en el estudio de la Palabra como un dialogo íntimo con Dios. Ella:

  • Data de tiempos remotos.
  • Se puede hacer de manera individual, en familia o en comunidad.
  • Ayuda al crecimiento en la fe, pues en comunidad se nos anima a encontrar la fuerza del Espíritu.
  • Hay un aprendizaje en conjunto que nos enriquece por el aporte de cada uno.
  • La lectura orante o Lectio Divina comprende cuatro pasos:

Lectura del texto bíblico: Es la relectura, buscando y comprendiendo los términos complicados y reconstruyendo imaginariamente los hechos como se describen.

Meditación: Es el análisis del mensaje de Salvación que nos transmite el texto, así como de la enseñanza para la vida diaria.

Oración: Se refiere a la respuesta que damos a Dios cuando hemos escuchado su Palabra, señalando cual puede ser nuestro ofrecimiento de vida y la petición de misericordia de acuerdo con lo leído.

Compromiso o contemplación: Es interiorizar el mensaje y es preguntarse qué quiere Dios de mi y qué desea que yo haga y qué compromiso asumir.

Es propicio señalar que de hacer la Lectio Divina en casa, es conveniente eliminar cualquier tipo de distracción que interrumpa la lectura, por lo que se debe crear un ambiente de santidad apropiado, tener un crucifijo, una vela encendida, hacer primeramente un acto penitencial e invocar al Espíritu Santo.

Es, asimismo, importante estar consciente que la Lectio Divina siempre conduce a un desafío para nuestro vivir, pues la Palabra de Dios nos reta a seguir los pasos de Jesús, lo cual redundará en cambios en nuestra vida.

Sinopsis histórica

La palabra Biblia proviene del término griego βιβλίον (biblíon), que significa rollo, papiro o libro, así como de la expresión griega τὰ βιβλία τὰ ἅγια (ta biblía ta hágia), que se refiere a libros sagrados.

Esta frase la utilizaron los hebreos helenizados, que vivían en ciudades de habla griega para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento.

En un principio, la Biblia se transmitía de forma oral. Se estima que así era hace unos tres mil años en los cuales en las escuelas los alumnos debían memorizar las escrituras para poder comunicarlas.

Esa era la manera como el pueblo de Israel podía mantener vivo su origen, su historia, sus tradiciones y costumbres.

Más tarde, cuando aparecieron las primeras herramientas para escribir, se comenzaron a producir los textos en papiros o rollos.

Como sabemos, la Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados, escritos primero en hebreo, arameo y griego por un largo tiempo y después reunidos en el Tanaj o el Antiguo Testamento de los cristianos, y más tarde el Nuevo Testamento, que formarían la Biblia cristiana.

Se calcula que se escribió aproximadamente durante 1000 años (900 a. C. – 100 d. C.).

Los textos más antiguos están en el Libro de los Jueces y en el Pentateuco y el libro completo más viejo es el de Oseas.

El canon católico romano de la Biblia, que data del año 393 d. C., señala que son:

  • 73 libros: 46 del Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos
  • 27 del Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento se escribió una parte en hebreo y otra en arameo, que son lenguas hermanas casi semejantes, pero no son lo mismo.

En cuanto al Nuevo Testamento fue escrito en griego porque ese era el lenguaje común empleado en tiempos de Jesús.

Versiones en español

Las versiones en lengua castellana que se tienen de las Santas Escrituras provienen de la traducción al latín que hiciera san Jerónimo.

Esa fue la versión oficial que empleó la Iglesia por casi 15 siglos.

De ella se derivó el primer intento de la Biblia en español llevado a cabo en 1280 por la corte del Rey Alfonso X, llamado El Sabio. Se le conoció como la Biblia Alfonsina.

Algunos años más tarde, en 1430, se efectuó otra traducción a la que se llamó la Biblia de Alba y se hizo por pedido del Gran Maestre de la orden de Calatrava, Don Luis de Guzmán, a Mosé Arragel.

En el año 1944 se publicó la denominada versión Nácar-Colunga, llevada a cabo por la Biblioteca de Autores Cristianos. Lo particular de esta traducción fue que no se basó en la traducción de la Vulgata como fuente, sino que empleó los originales.

Seguidamente, apareció la Biblia de Jerusalén en 1967, en la cual también se usaron los textos originales.

Más recientemente, en 2001, se publicó la primera edición de la Biblia Latinoamericana, que se caracteriza por emplear lenguaje propio de la región.

Luego en el año 2005 se presentó, tras un trabajo de investigación y elaboración de 33 años, la Biblia de Navarra, que se fundamentó primordialmente en las fuentes de los textos originales en hebreo, arameo y griego.

¿Cómo leer la Biblia?

Se ofrecen, a continuación, a manera de ayuda, algunas recomendaciones para una lectura eficaz y efectiva de la Biblia:

  • Invocar al Espíritu Santo para que nos envíe su luz y capacidad de comprensión.
  • Realzar la lectura con humildad, genuino deseo de aprehender el conocimiento y aceptando que somos ignorantes de muchas cosas.
  • Buscar la mejor forma de interpretar el pensamiento divino, por lo que se requiere preguntar y estudiar.
  • Leerla con frecuencia, pues en cada lectura se nos descubre un nuevo mensaje.
  • Realizar la lectura con la intención expedita de amar y obedecer más a Dios.
  • Estar conscientes de que la Biblia nos transmite un mensaje espiritual, no la ciencia natural del hombre.
  • Participar en las actividades de lectura bíblica que se organicen durante el mes de la Biblia.
  • Aprovechar ese gran poder y fuerza que nos deja la Palabra de Dios y se constituye en sustento personal, familiar y para la Iglesia.

El catecismo y la Biblia

Siendo la Biblia el sustento espiritual de nuestras vidas, es imprescindible que todos los cristianos tengamos acceso fácil y constante a ella.

Por tal motivo, el Catecismo de la Iglesia nos apoya en este esfuerzo con su aporte, tal como se expresa en el Cat. 131.

El Catecismo reconoce en el Cat. 132 que la Biblia es el alma de la teología, la predicación y la catequesis.

De allí la relevancia y pertinencia de que nuestra Iglesia recomiende la lectura cotidiana de la Sagrada Escritura por el conocimiento tanto espiritual como de vida.

Por ello, desconocerla significa desconocer a Jesús.

Al leerla adquirimos la forma de pensar que tenía Cristo, como lo dice el Cat. 133. Comp. 24.

Debemos invocar siempre al Espíritu Santo, para que nos acompañe e ilumine en esta lectura, permitiendo que el mensaje divino toque nuestra mente y corazón.

Ello nos ayuda a acercarnos más confiadamente al libro más leído en la historia de la humanidad, en el que Dios Padre dialoga con sus hijos, como se señala en el Cat. 103, y del que se conservan los manuscritos más cercanos al original.

Oportunas son las sentidas y hermosas palabras de san Juan Pablo II refiriéndose a esta celebración de la Biblia:

“Los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a impulsar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos con mayor énfasis, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia”.

Juan Pablo II

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