¿Sabes quién fue Santa Isabel? Descubre todo sobre ella aquí

En la Biblia, aparece en los Evangelios narrados por el Profeta Lucas la historia en relación al nacimiento de Jesús, en ellos se describe el misterio de la Visitación de María a su prima Santa Isabel para anunciarle que en su vientre se esperaba al hijo de Dios, en esta oportunidad descubriremos aquí todo sobre Santa Isabel.

SANTA ISABEL

Biografía de Santa Isabel

De los orígenes de Santa Isabel sólo se conoce que era hija de una mujer llamada Sobe y de Aarón, hermano mayor de Moisés, nacida en la localidad de Hebrón, al sur de Jerusalén, era practicante de la religión Judía, se casó con Zacarías, uno de los profetas menores, llevaban una vida apegada a los preceptos de Dios, no tenían hijos porque se decía que Isabel era estéril, además de que ambos ya eran mayores de edad.

Zacarías era un sacerdote del Templo de Jerusalén, por lo que un día cuando se encontraba en el altar, se le apareció el ángel Gabriel anunciando que su esposa Isabel  daría a luz a un niño, que debería llevar el nombre de Juan. Debido a la edad avanzada que tenía Isabel, Zacarías dudó del anuncio del ángel por lo que le dijo al ángel que le mostrara una señal de la veracidad del anuncio.

San Gabriel le manifestó a Zacarías que él había sido enviado especialmente por Dios para que le comunicara la profecía y debido a su duda y desconfianza quedaría mudo hasta el día en que se cumpliera la profecía. Por lo tanto, cuando Zacarías abandonó el tempo no pudo pronunciar palabra. (Ver Artículo: Oración a la Virgen de Altagracia)

Según San Lucas, cuando Zacarías regresó a su casa, Isabel quedó embarazada, teniendo ya el sexto mes de embarazo recibió la visita de su prima María, que también recibió el anuncio por parte del ángel Gabriel, de que aún siendo Virgen, quedó embarazada de Jesús. María permaneció con su prima Santa Isabel hasta el momento de su alumbramiento.

SANTA ISABEL

Isabel dio a luz, un niño varón al que llamaron Juan, presentándose para ser circuncidado según las normas de la religión Judía al octavo día de su nacimiento. Zacarías recuperó el habla y pronunció la oración dirigida a Dios conocida como Benedictus. Juan creció y una vez hecho hombre se retiró al desierto de Judea para cumplir con la misión encomendada por Dios que era la de preparar al pueblo de Israel para la llegada de Jesucristo.

Onomástico

Santa Isabel es honrada como santa por la Iglesia Católica el día el 5 de noviembre, mientras que para las Iglesias Ortodoxa y Anglicana, su día es celebrado el día 5 de septiembre. En la Iglesia Luterana se celebra su día el día 5 de noviembre, siendo muy respetada y considerada como una mujer importante como madre.

Para la Iglesia Católica, Apostólica y Romana la celebración del día de Santa Isabel es del 5 de noviembre, pero podemos encontrar que en algunos países veneran otras santas que llevan el mismo nombre de Isabel pero que tiene una historia diferente a la Santa Isabel del relato de la Biblia, para estas Santas esta fecha puede cambiar ya que poseen una historia diferente.

En Hungría y en Portugal Santa Isabel es celebrada y conmemorada por sus fieles devotos en otras fechas, siendo en Hungría el día 17 de noviembre y la celebración en Portugal es el día 4 de julio, ya que poseen una historia particular cada una de ellas.

Santa Isabel de Hungría

Santa Isabel de Hungría nació en Presburgo, Reino de Hungría, el 7 de julio del año 1207, su padre era el Rey Andrés II, quién fue el hermano de Santa Eduviges, y su madre fue Gertrudis de Andech-Meran, a los cuatro años fue prometida en matrimonio a Luis, landgrave de Turingia, con quien se casó a los catorce años, tuvo tres hijos y quedó viuda a los veinte años.

Su esposo falleció en las batallas de las cruzadas, por causa de la muerte de su esposo, Santa Isabel sufrió una depresión por lo que a partir de entonces se desprendió de todo lo que tenía para ayudar a los pobres y enfermos, trasladándose a un hospital en Alemania que había fundado, para dedicarse al cuidado de enfermos hasta su muerte a los 24 años. (Ver Artículo: Oración a la Virgen de Montserrat)

Motivada por su devoción a San Francisco de Asís decidió vivir en la pobreza y totalmente dedicada a cuidar enfermos, razón por la cual comenzó a vestir un hábito de hermana franciscana.

Por su vida ejemplar  y desinteresada de todos sus bienes materiales para dedicarse a los más pobres y enfermos, la Iglesia Católica decide, a los 4 años de su muerte, canonizarla, por lo que se conmemora su día el 17 de noviembre, por ser la fecha de su muerte.

SANTA ISABEL

Santa Isabel de Hungría fue declarada Patrona de la Tercera Orden Franciscana, por lo que muchas congregaciones religiosas de caridad llevan su nombre y se dedican además a su devoción, así mismo en el mundo se pueden encontrar templos y capillas dedicadas a ella con su nombre.

Santa Isabel de Portugal

Nació el 4 de enero del año 1271, en Zaragoza, España, era hija del rey Pedro III de Aragón y de Constanza II de Sicilia, el nombre de Isabel que le asignaron sus padres fue en honor a su tía abuela Santa Isabel de Hungría.

Toda su vida tuvo inclinaciones religiosas y tratando de imitar la vida de los santos, a los 15 años sus padres la comprometieron en matrimonio al Rey de Portugal, quien poseía un carácter violento y una vida escandalosa. En su matrimonio tuvo dos hijos, Alfonso que llegó a ser Rey de Portugal y Constancia Reina de Castilla y además crió a los hijos naturales que tenía su esposo fuera del matrimonio.

Santa Isabel vivía en su palacio como una monja, oía misa, leía todos los días los Salmos de la Biblia, visitaba ancianos y enfermos y ayudaba a los más pobres. Impulsó la construcción de albergues y hospitales para enfermos y mujeres de la mala vida, así como para los niños huérfanos.

Su hijo Alfonso, al igual que su padre, tenía un fuerte carácter, no soportaba que su padre tuviera preferencia por sus hijos naturales, por lo que promovió contra su padre una especie de guerra civil, acudiendo, su madre Isabel, en una ocasión a presentarse en el enfrentamiento de padre e hijo, para pedir su reconciliación.

Su esposo, el rey de Portugal, murió en el año 1325 y a partir de entonces Santa Isabel de Portugal comienza a llevar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco para consagrar su vida a Dios, a los pobres y a los enfermos.

Se hace peregrina, llega a Compostela, y ante el Apóstol deja todas sus insignias reales. Visita hospitales y mientras besa a los apestados va sembrando milagros. Madura ya para el cielo, exhala el último suspiro invocando a la Virgen María. (Ver Artículo: Virgen de Lourdes Alta Gracia)

Siendo ya una anciana, Santa Isabel de Portugal, emprende un largo viaje hacia Estremoz , Portugal, con el fin de evitar una tragedia entre su hijo y su nieto, pero antes de llegar al encuentro con su hijo pidió que la llevaran al convento de las hermanas Clarisas, donde murió el 4 de julio del año 1.336.

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Ya para el año 1626 le fueron adjudicados varios milagros por lo que el Sumo Pontífice Urbano VIII, la declaró santa en 1626. Es considerada la abogada de los territorios y de los países donde hay guerras civiles, guerrillas y falta de paz, así mismo es Patrona de Coimbra y de todo Portugal.

Oración a Santa Isabel

“¡Oh madre Santa, tú que eres la mediadora de todos los que habitamos la tierra, tú que fuiste a visitar a tu prima Santa Isabel, mostraste una solicitud extraordinaria, la caridad y lo bondadosa que era tu alma, demostraste lo importante de hacer el bien al prójimo, fuiste sin demora al encuentro de quien te necesitaba.

Te imploramos que siempre estés de nuestro lado  para inspirarnos, ayudarnos, orientarnos e inculcando en nosotros mucha piedad, mucho fervor y mucha devoción a ti. Te pedimos que enseñes a cada uno de nosotros paso a paso todas las lecciones que necesitamos saber para ser como tú.

Oh Santa Isabel que sabes lo difícil que es no poder ser madre, te imploramos intercedas ante Dios por nosotras la mujeres que se nos dificulta la dicha de ser mamá, tú que apareces en los misterios del santo rosario, te imploramos seas la mediadora que nos permita cumplir nuestro deseo de ser madre como lo fuiste tú de Juan Bautista, te lo imploramos madre buena Amén”.

Visita de la Virgen María a su prima

La visita realizada por la Virgen María, embarazada de Jesús a su prima Santa Isabel, embarazada a su vez de Juan el Bautista, es denominada en el Cristianismo con el nombre de la “Visitación”.  En el Evangelio de Lucas aparece como un pasaje único donde se resaltan las palabras que Santa Isabel le dirigió a la Virgen María y que conforman la oración del Ave María y el canto que le dedicó la Virgen María a Santa Isabel, conocido como el “Magnificat”.

La religión Católica celebra la fiesta de Visitación el 31 de mayo. Dicen las Sagradas Escrituras en la Biblia que al llegar la Virgen María a la casa de su prima Santa Isabel, llegó también el Espíritu Santo al hogar de Isabel, por lo que San Juan Bautista saltó de alegría en el vientre de su madre.

Muchos Católicos consideran que la Visitación de la Virgen María a su prima, es una misión de apostolado de la fe Cristiana ya que a partir de ese momento la Virgen María anuncia la noticia de que espera la llegada del hijo de Dios, que traerá la salvación a todos sus hijos. (Ver Artículo: Oración a la Virgen de Las Mercedes)

La celebración de la fiesta de la Visitación fue instaurada en los años 1263 por San Buenaventura, Superior General de los Frailes de la Orden de San Francisco, para ser  festejada originalmente por la Orden Franciscana, posteriormente fue instituida en el Catolicismo para el año de 1389 por el papa Urbano VI, e inscrita en el Calendario Romano para ser celebrada dicha fiesta el 2 de julio.

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Cuando se realizó el Concilio Vaticano II, la fecha para la celebración de la fiesta de la Visitación fue modificada por lo que a partir de entonces se celebra el 31 de mayo de cada año, por lo que la celebración de la Visitación se realiza como finalización del mes que la Iglesia Católica dedica tradicionalmente a la Virgen María.

Qué es el “Magnificat”

El Magnificat es una oración y un canto del cristianismo, que la Virgen María le dedicó a su prima Santa Isabel al momento de su encuentro por la Visitación, María en este encuentro anuncia la llegada de Jesús que traerá la salvación, así como también la oración revela los deseos que tiene Dios para con la humanidad.. El Magnificat está considerada como una oración muy poderosa para peticiones difíciles, que además es utilizada para peticiones para casos de enfermedades, conflictos o peligros.

“Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu se llena de gozo, al contemplar la bondad de Dios mi Salvador. Porque ha puesto la mirada en la humilde sierva suya y ved aquí el motivo porque me tendrán por dichosa y feliz todas las generaciones.

Pues ha hecho en mi favor, cosas grandes y maravillosas, él que es Todopoderoso y su nombre infinitamente santo, cuya misericordia se extiende de generación en generación, a todos cuantos le temen. Extendió el brazo de su poder, y disipo el orgullo de los soberbios, trastornando sus designios.

Desposeyó a los poderosos y elevó a los humildes. A los necesitados los llenó de bienes y a los ricos los dejó sin cosa alguna. Exaltó a Israel su siervo, acordándose de él por su gran misericordia y bondad. Así como lo había prometido a nuestro padre Abraham y a toda su descendencia por los siglos de los siglos. Amén”.

Otras Oraciones dedicadas a Santa Isabel

  • Oración a Santa Isabel para quedar embarazada
  • Oración a Santa Isabel para tener paz
  • Oración a Santa Isabel y San Zacarías
  • Oración a Santa Isabel para pedir el regreso de la pareja y alejar amantes
  • Oración a Santa Isabel para pedir un milagro de dinero y trabajo

Novena de la Visitación

Esta Novena es realizada por la Iglesia Católica como preámbulo para la celebración del día de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel, que se festeja el día 31 de mayo. Está considerada como una poderosa Novena que se realiza para pedir por los más necesitados y por los que en algún momento necesitamos de un milagro y que además aceptamos la voluntad de Dios.

Las Novenas son realizadas de forma consecutiva durante 9 días, pero existen algunas particulares como ésta de la Visitación que se realiza comenzando el día 22 de mayo para finalizarla el día 30 de mayo.

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Al realizar ésta Novena se recomienda adoptar una actitud de recogimiento en el lugar donde se realizará, casa, iglesia o en presencia de la imagen de la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel, hacer la Señal de la cruz: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Comenzar rezando la Oración recomendada para todos los días, luego la Oración de cada día y para finalizar se reza la Oración Final. (Ver Artículo: Rosario a la Virgen de Fátima)

Oración para todos los días: “¡Oh Madre Santísima María la más amable, dulce, tierna y benévola que ha salido de las manos del Creador, para consuelo, amparo y bien de todos los mortales! Nosotros te alabamos, bendecimos y tributamos el justo homenaje por regalarnos tu soberana Imagen.

Imagen que es bendita por tu misma mano, que acarició al niño Jesús en el pesebre, y con tan dolorosa compasión tocó sus llagas, cuando fue bajado de la Cruz y puesto en tu regazo. Te agradecemos en el alma, el que nos hayas escogido para hacernos este presente, el mismo día en que nuestra Madre la Santa Iglesia celebra la Visitación a tu prima Santa Isabel.

Por este motivo realizamos este novenario, a fin de que a la hora de nuestra muerte, nos visites para entregar nuestra alma en tus manos maternales. Así te lo suplicamos por el divino Niño que tan graciosamente cargas con tu brazo izquierdo. Amén”.

Oración Final: “¡Oh Madre Santísima María! El número de los favores, gracias y dones que te debemos excede a cuanto puede retener nuestra memoria, a cuanto se ha consignado en los anales de este pueblo, a todo en fin, cuanto puede expresar nuestra torpe lengua, y solo está escrito en tu amantísimo corazón y en el de tu divino Hijo.

¡Ojalá te hubiéramos correspondido cada una de tus atenciones con el amor y gratitud que justamente te mereces! Pero ¡ay! para confusión nuestra, confesamos que mil y mil veces, olvidando tus bondades, hemos perpetrado tantas culpas, iniquidades y crímenes, que a veces hemos obligado al Dios justo a descargar sobre nosotros el castigo; más apenas hemos recibido el primer azote, cuando enternecida por nuestro llanto, te interpones entre su majestad y nosotros, y con tus maternales ruegos desarmas su brazo.

¡Ah, Madre Santísima María! Nunca, nunca, por piedad, nos abandones, ¿con quién nos quedamos nosotros? ¿Con quién nuestras familias y nuestros hijos? ¿Con quién todo este pueblo que tanto te ama? No, Señora, creemos que no tienes corazón para abandonarnos, porque una Madre no puede olvidarse de sus hijos, aunque delincuentes.

SANTA ISABEL

Alcánzanos, pues, los sentimientos de una verdadera y eficaz penitencia de nuestros pecados; enjuaga como siempre nuestras lágrimas, remedia nuestras necesidades, protege a las personas que celebran tu advenimiento a esta ciudad, cúbrenos con tu manto, para vivir siempre bajo tu protección. Amén”.

Primer Día: “Serenísima Reina y Señora del universo, que siendo Madre de Dios vivo, dejaste tu apacible retiro y te levantaste con santo apresuramiento, para ir personalmente a visitar a Santa Isabel. Ah! sin duda que esta noble matrona jamás olvidaría tan alta distinción.

Pues ¿cómo podremos olvidar la que nos has hecho, atravesando los mares para venir a nosotros desde Sicilia y fijar aquí tu morada? ¿Qué viste en nosotros para honrarnos con esta predilección? ¡Oh mil veces bendita tu inefable misericordia, pues como verdadera Madre allá corres solícita donde está el hijo más necesitado!

Permítenos Madre Santísima María, que nos unamos al coro de los ángeles para darnos las debidas gracias por este singular favor, y que con ellos y con nuestros ángeles custodios te suplicamos nos veas en la hora de nuestra muerte y nos concedas la gracia que en secreto te pedimos, si es de tu agrado. Amén”.

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Segundo Día: “Piadosísima Virgen María, cuyas entrañas son tan compasivas para el miserable, que mereces el nombre no solo de misericordiosa, sino aún de la misma misericordia. ¿Cuáles serían los afectuosos sentimientos de tu alma purísima y las dulces emociones de tu corazón cuando tus ojos divisaron de lejos la habitación de Santa Isabel, donde te llevaban los impulsos del Espíritu Santo?

De la misma manera, nosotros contemplamos hoy las amorosas ansias y maternal anhelo, con que te acercaste a este pueblo, por tu imagen, que era la prenda segura de los insignes favores con que nos beneficiaste. Nos postramos a ti, unidos con el coro de los Arcángeles, para suplicarte que en nuestra última hora, consueles nuestra agonía con tu presencia, y nos concedas la gracia que ahora te pedimos. Amén”.

Tercer Día: “Con gran asombro Virgen María, has ido a visitar a Isabel, la esposa de Zacarías; y que el Hijo de Dios en tu seno virginal, haya ido a ver a Juan en el vientre de su madre. ¡Oh qué misterio! ¡El Verbo divino rodeado de sus eternos e infinitos resplandores, se coloca hoy frente a frente de un niño envuelto en las tinieblas del pecado original!

¿Cuando entró tu imagen en las calles de esta población, y llegó a la pobre casa en donde había de permanecer entre nosotros? ¿Ante quienes se presentó ese tu divino Niño, que muestras en tu brazo izquierdo, si no fue delante de unos pobres pecadores, mil veces más necesitados y miserables que Juan el Bautista?

SANTA ISABEL

Te debemos, todo el amor y gratitud de nuestra alma, y para satisfacer siquiera una pequeña parte de esta deuda, nos asociamos al coro de los principados para alabarte y bendecirte, suplicándote que cuando se nublan nuestros ojos por nuestra próxima partida de este mundo, veamos la serena luz de tu rostro, y si es conveniente para este fin, nos concedas la gracia que ahora te pedimos. Amén”.

Cuarto Día: “Purísima Madre de Dios, cuya humildad fue tanto más profunda, cuanto más encumbrada fue tu grandeza, te admiramos y bendecimos por haber sido la primera en saludar a Santa Isabel, regalando sus oídos con los acentos de la voz dulce, que ahora regocija los cielos, con el inefable canto que sólo es dado entonar a las vírgenes que siguen al Cordero, y en cuya armonía dominan las notas inimitables que salen de tu  garganta.

Así creemos que al presentarnos en este suelo delante de nuestros antepasados, seas la primera en hablarles al corazón con esa voz interna y mística que oye en silencio nuestra alma, cuando contempla tu imagen; y nosotros también confesamos, que mil y mil veces te has anticipado a enviarnos inspiraciones y a socorrer nuestras necesidades, aún antes de haberte implorado tu auxilio.

Por esto nos unimos al coro de las potestades para cantar tus misericordias, esperando que en los últimos momentos de nuestra vida, nos concedas la dicha de oír tu voz y la gracia que pedimos ahora en esta novena. Amén”.

SANTA ISABEL

Quinto Día: “Grata es tu presencia, pues basta ella sola para que huyan los males y fluyan los bienes, así aconteció en la casa de Isabel, como percibió la salutación que salió de tus labios, sintió que daba saltos de alegría el niño que llevaba en su vientre. ¡Oh venturoso niño, que en tales momentos, traspasando los términos de la naturaleza, anunció con sus movimientos que estaba presente el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo!

Pero también felices nosotros, desde que llegaste a nosotros, todo este pueblo ha dado saltos de alegría, viéndose libre de los males que le han afligido, y colmado siempre de celestiales favores, así en el orden de la naturaleza como en el de la gracia.

Justo es, pues, que demos las debidas gracias, y a fin de suplir de algún modo nuestra insuficiencia, nos unimos al coro de las virtudes para nuestras alabanzas, y pedir al mismo tiempo que te dignes a asistir a nuestro último trance y nos llenes de alegría, para salir en paz de este mundo. Y si es conducente a este objeto la gracia particular que deseamos conseguir en esta novena, te rogamos que nos la otorgues. Amén”.

Sexto Día: “Virgen María, cuyas santas y preciosas manos son depositarias de todas las gracias que nos concede tu divino Hijo, nosotros nos alegramos al considerar que por tu mediación, no solo el niño Juan fue lleno del Espíritu Santo, sino que de él redundó en su bendita madre, para que iluminada por esta luz divina, pudiera celebrar tus glorias, y cantar tu grandeza.

Tú has obtenido del Padre las luces para que en este pueblo arda la fe católica, a pesar de los furiosos vientos de la incredulidad. Nos ha alcanzado tantas ilustraciones para la vida eterna, las cuales, creciendo cada día de claridad en claridad.  ¡Cuán incapaces somos no sólo de expresar, sino aún de concebir todo cuanto te debemos!

Disimula pues, nuestra pequeñez, y acepta nuestras humildes gracias que con el coro de las Dominaciones te tributamos, esperando que a la hora de nuestra muerte, estando presente, harás con tus ruegos que la luz del Espíritu Santo se infunda en nuestros corazones, concediéndonos la gracia que ahora te pedimos. Amén”.

Séptimo Día: “Gloriosa Virgen María, a quien después de Dios, se debe todo honor y alabanza, nosotros nos congratulamos por los magníficos encomios con que contestó a tu saludo Santa Isabel, pues obedeciendo a las inspiraciones del Espíritu Santo, abrió sus labios llena de alborozo, y exclamó en alta voz diciendo:

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Estas mismas palabras, han sido repetidas en todos los siglos por todas las generaciones, y nosotros las hemos recogido de los labios de nuestros padres, cuando éramos todavía niños, y después, de la boca de los predicadores que nos han enseñado a honrarte, con estas expresiones, llenas de unción celestial y de sagrado fuego.

Bien sabes, Madre Santísima, que en nuestra devoción hemos cifrado nuestra dicha, especialmente desde que honras este lugar con tu presencia; por lo cual celebramos hoy tus grandezas con el coro de los Tronos, suplicándote que a la hora de nuestra muerte, no veamos a tu divino Hijo como Juez sino que nos presentes en tus brazos como dulce Niño; y finalmente, concédenos la gracia que te pedimos. Amén”.

Octavo Día: Con cuánta razón, tú dichosa prima, después de haberte proclamado la bendita entre las mujeres, y bendito también el precioso fruto de tu vientre, añadió con humildad: Y ¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Bienaventurada la que creíste, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor.

¡Oh! ¡Qué cuadro tan sorprendente y magnífico se presentaría entonces a la mirada profética de Isabel! ¡Un Dios hecho hombre! ¡Una Virgen hecha Madre de Dios! ¡Los resplandores de la divinidad del Hijo envolviendo la fecunda virginidad de su Madre! ¿Cómo pues, no iba a humillarse Isabel? Pero, Señora: ¿con cuánta mayor razón debemos humillarnos nosotros, al ser honrados con tu visita?

¡Ah, Madre Santísima María! En tu pueblo, ni los padres de familia son como Zacarías, ni las madres como Isabel, ni los hijos como Juan. Todos somos unos pobres pecadores; más no por esto nos has desechado, sino antes bien nos has cubierto con tu manto, manifestando así que la Reina de la misericordia tiene por súbditos a los miserables.

Por tan inestimable e inmerecido favor nos postramos a tus pies, con el coro de los Querubines, y en unión de ellos te rogamos que en la hora de nuestra muerte nos infundas con tu presencia, sentimientos de humildad para ser exaltados a la vida eterna y nos concedas la gracia que ahora te pedimos. Amén”.

Noveno Día: “¡Oh Madre Santísima María! Coronaste tu visita a Santa Isabel, con un cántico tan divino, que sólo tus labios fueron dignos de entonar. ¿Cómo, pues, nos atreveríamos a pronunciarlo, si no es porque sabemos, que una madre gusta de que su hijo repita, aunque sea balbuceando, las palabras que ella le dicta?

Concédenos, por tanto, Altísima Señora, que primero purifiquen los Serafines nuestra lengua con su sagrado fuego, para decir después: Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu se regocijó en Dios mi Salvador. Porque miró la bajeza de su esclava: pues ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas, el que es Todopoderoso y Santo el nombre de él. Su misericordia de generación en generación sobre los que le temen.

Hizo valentía con su brazo; esparció a los soberbios del pensamiento de su corazón. Destronó a los poderosos, y ensalzó a los humildes. Hinchó de bienes a los hambrientos, y a los ricos dejó vacíos. Recibió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia. Así como habló a nuestros padres, a Abraham, y a su descendencia por los siglos de los siglos.

¡Oh María! Por amor de la Sabiduría Eterna que os inspiró estas palabras, dígnate a visitarnos a la hora de nuestra muerte y recibir en tus manos nuestro espíritu. Amén”

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