¿Qué es la eucaristía como sacramento católico?

El sacramento de la eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre con lo cual se renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. En este artículo se presenta todo sobre la eucaristía.

La eucaristía

La eucaristía es el sacramento instituido por Cristo en la víspera de su pasión. Se dice que es el «sacramento por excelencia», en virtud de que en él se encuentra Cristo de forma real y substancial con su cuerpo, su sangre y su alma, bajo las especies de pan y vino.

Además, en ella se sustentan todos los otros sacramentos, pues la eucaristía concentra toda la divinidad que permite al alma recibir a Cristo, quien es fuente de todas las gracias para la humanidad. Para su ceremonia los devotos se inspiran en la Oración de amor al Santísimo Sacramento.

Muchas son las denominaciones que se han dado a este sacramento, por el misterio que encierra, por las circunstancias en que se llevó a cabo y por la divinidad que ella representa.

En principio, el término eucaristía significa acción de gracias, ya que en esta celebración damos gracias al Padre a través de su Hijo Jesucristo en presencia del Espíritu Santo. Por su parte, en la tradición judía, las bendiciones de la eucaristía hacen referencia a la creación, la redención y la santificación, tal como lo señala Lucas en 22,19.

Según las distintas culturas y tradiciones se le han dado nombres diversos a este sacramento de la eucaristía, tales como:

  • Fracción del pan, pues mediante este ritual Jesús distribuyó el pan entre sus discípulos, luego de bendecirlo en la Última Cena.
  • Cena o Banquete del Señor, o también Última Cena, por ser ese el momento en que Cristo celebró con sus apóstoles justo antes de que fuera apresado. Así se refiere en la 1 Col 11, 20.
Eucaristía
Última Cena
  • Santo Sacrificio, porque se actualiza cada vez que se celebra, a manera de memorial, el sacrificio de Cristo con su pasión, muerte y resurrección.
  • Comunión, porque es la ocasión de la unión íntima con Cristo en la que nos hacemos partícipes de su Cuerpo y de su Sangre.
  • Asamblea eucarística porque se celebra durante la reunión o asamblea de los fieles.
  • Didaché, que es la enseñanza de los doce apóstoles​ que llevaron por todo el mundo, sustentada en la “comunión de los santos” señalada en el símbolo de los Apóstoles.
  • Misa porque involucra el sentido de misión de llevar a los demás la Palabra, así como lo que se ha recibido de Dios en el sacramento.
  • Santos Misterios, pues nos revelan episodios importantes de la vida de Jesús.

Ahora bien, la celebración de este sacramento contempla varias partes en la que participan tanto los representantes de la Iglesia como los fieles. Veamos estas partes:

Ritos iniciales. Estos involucran, a su vez, varias partes:

  • Canto de entrada: Mientras el sacerdote va entrando a la misa, se entona un canto para abrir la celebración.
  • Saludo al altar y pueblo congregado: Ya en el altar, el sacerdote, junto al diácono, si está presente, besan el altar y seguidamente todos hacen la señal de la cruz y, luego, el sacerdote realiza el saludo de recibimiento y manifiesta la presencia del Señor. Terminado el saludo, el sacerdote hace la introducción sobre la eucaristía.
  • Acto penitencial: Toda la asamblea hace su confesión general.
  • Cantos: Señor, ten piedad y Gloria: Son cantos de alabanza a Dios, con los que la iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero , y le presenta sus súplicas. Si no se hace en forma de canto, pueden ser recitados por todos, o juntos o de manera alternada.
  • Oración colecta: Es la oración que indica la índole de la celebración. Los fieles pueden orar también con la Oración al Señor de la Misericordia.
El Papa Francisco explica la Liturgia de la Palabra

Liturgia de la Palabra: Se procede a las lecturas bíblicas sobre la vida de Jesús:

  • Primera lectura: Fragmento del Antiguo Testamento, con el cual es posible entender muchas de las acciones que llevó a cabo Jesús.
  • Salmo Responsorial: Se llama así a los Cantos interleccionales, que se toman del Leccionario. El salmista o cantor del salmo, desde el ambón o desde otro sitio determinado del altar, canta las estrofas del salmo y la asamblea responde con lo indicado previamente por el salmista.
  • Segunda lectura: Se toma del Nuevo Testamento, que puede ser del Libro de los Hechos de los Apóstoles o de las cartas que escribieron los primeros apóstoles. Esto nos permite conocer cómo vivían los primeros cristianos y cómo se hacían las enseñanzas de Jesús.
  • El Evangelio: Se toma de alguno de los cuatro Evangelios, siguiendo el ciclo litúrgico y narra una pequeña parte de la vida o las enseñanzas de Jesús.
  • Homilía: El sacerdote pronuncia el sermón que, en principio, debe ser una explicación de las Lecturas, o de otro texto del Ordinario, siempre de acuerdo con el misterio que se celebra.
  • Profesión de fe: Se trata del Credo rezado como una forma de aceptación y respuesta a la Palabra de Dios proclamada en las Lecturas y en la Homilía, antes de empezar la celebración eucarística.
  • Oración universal: En esta oración universal u oración de los fieles, el Pueblo presenta sus peticiones y ruega por todos los hombres (papa, Iglesia, Estado, necesidades), haciendo una invocación común después de cada intención.

Liturgia eucarística

  • Preparación de los dones: Teniendo en el altar los dones que se convertirán en el cuerpo y en la Sangre de Cristo, se hace el canto del ofertorio.
  • Plegaria eucarística: Se lleva a cabo esta plegaria como acción de gracias y de consagración, con el fin de que toda la asamblea de fieles se una con Cristo para reconocer las grandezas de Dios y la ofrenda del sacrificio.
    La plegaria incluye:

    • Acción de gracias, que se expresa sobre todo en el Prefacio.
    • Canto «Santo»: Toda la asamblea canta o recita las alabanzas de Dios, uniéndose a las jerarquías celestiales.
    • Epíclesis: Se implora el poder divino, por medio de determinadas invocaciones, para que los dones queden consagrados; es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para obtener la salvación mediante la comunión que se va a recibir.
    • Narración de la institución y consagración: Empleando las palabras y gestos de Cristo, se lleva a cabo el sacrificio que él mismo instituyó en la última cena. Es el momento solemne de la Misa; en él que se produce el misterio de la transformación real del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. En este momento y se hace adoración a Dios.
    • Anámnesis: Se hace el memorial del mismo Cristo, rememorando su pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.
    • Oblación: En este momento la asamblea ofrece al Padre la víctima inmaculada, y con ella se ofrece cada uno de los participantes.
    • Intercesiones: Se hace reconocimiento de que la eucaristía se realiza en comunión con toda la Iglesia y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos.
    • Doxología final: Se manifiesta la glorificación de Dios, confirmada con el amen del pueblo.

Rito de la comunión:

Es el momento en el que los fieles, debidamente dispuestos y según el encargo del Señor, reciben su Cuerpo y su Sangre como alimento espiritual, ya que la celebración eucarística es un convite pascual. Al comulgar, además de recibir a Jesús dentro de nosotros, nos unimos a toda la Iglesia con alegría y amor.

La oración dominical: se pide el pan de cada día y se implora el perdón de los pecados. La Poderosa oración de los fieles puede servir para inspirar esta plegaria.

El rito de la paz: Mediante este rito los fieles piden por la paz y la unidad de la Iglesia y de toda la familia humana. Entre todos se manifiestan la caridad antes de participar de un mismo pan.

La fracción del pan: Tal como lo realizó Cristo en la Última Cena, en tiempos apostólicos cuando Él mismo lo sirvió, se divide y se ofrece el pan como acción eucarística.

Inmixión o mezcla: el celebrante deja caer una parte del pan consagrado en el cáliz.

Durante la fracción del pan y la inmixión, se canta el Cordero de Dios.

Preparación privada del sacerdote.

Seguidamente, el sacerdote muestra a la asamblea el pan eucarístico.

Mientras los fieles reciben el sacramento de manos del sacerdote, se hace el canto de comunión con el cual se expresa la unión espiritual de quienes comulgan y se demuestra la alegría del corazón al hacer la procesión de los que comulgarán. En caso de que no haya canto, se reza la antífona propuesta por el Misal.

Al finalizar la comunión, se puede tener un momento de oración entre todos o también cantar un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.

Luego de esta oración posterior a la comunión, el sacerdote ruega para que se obtengan los frutos del misterio celebrado, a lo que la asamblea responde “Amén.”

Rito de conclusión:

Consta del saludo y la bendición sacerdotal, y luego la despedida, con la que se concluye la celebración y se disuelve la asamblea.

Elementos

Los elementos que conforman el ritual de la eucaristía son de diversa índole y se explican a continuación:

Materia

Se trata del pan y del vino, que servirán como los dones eucarísticos.

  • Pan. Éste debe ser normalmente de trigo, aun cuando, según el Misal Romano, se ha empleado en el rito latino el pan ácimo, que es el que no está fermentado, pero sí debe haber sido fabricado recientemente.

Se ha considerado para casos especiales de fieles con enfermedad celíaca, el emplear hostias con la mínima cantidad de gluten. Esto ya se ha incluido en la normativa de la Iglesia.

Incluso se ha normado que algún devoto​ que no pueda consumir en absoluto pan, se aprobó que pueda comulgar solo con la sola especie del vino.

Ahora bien, si es el sacerdote el que sufre esta enfermedad, se estableció que no celebre solo la eucaristía, sino que, con permiso del Obispo, esté acompañado de otro sacerdote y comulgar él solamente bajo la especie del vino. Esto se ha llamado concelebrar con otros sacerdotes, aunque no puede presidir la concelebración.

  • Vino. Con respecto al vino, éste debe ser «del producto de la vid», natural y puro, es decir, no mezclado con sustancias extrañas, solo se le añade un poco de agua.

Con esta agua hace alusión al agua y la sangre que salieron del costado de Cristo del sitio donde entró la lanza en la crucifixión.

Se han dado casos en los que algunos sacerdotes por razones médicas, no pueden tomar vino ni aun en mínimas cantidades.

Para tales situaciones, se ha está previsto que, siempre con autorización del obispo, usar mosto, el cual es el zumo de la uva fresco o conservado, pero al cual el proceso de fermentación fue suspendido mediante procedimientos que no alteren su naturaleza. Uno de esos puede ser el congelamiento.

Realización

Para llevar a cabo la consagración del pan y el vino, que la Iglesia católica considera el momento más solemne de la misa, el  sacerdote rememora el episodio cuando Cristo instituyó el sacramento y repite las palabras usadas por Jesús, «esto es mi cuerpo», «esta es mi sangre», «haced esto en conmemoración mía».

Seguidamente los eleva al Señor por unos cuantos segundos para la bendición divina.

La consagración del vino y el pan es destacado por la Iglesia como el momento en el que la fuerza de las palabras de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen que Jesús esté sacramentalmente presente con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y de vino, evocando su sacrificio en la cruz.

Ministro

La consagración solo puede ser llevada a cabo por el presbítero y el obispo, que son los ministros válidamente ordenados para celebrar la Eucaristía.

Al respecto la instrucción general del Misal Romano​ ha previsto que varios ministros puedan concelebrar la eucaristía.

De acuerdo con este documento, en ella se pone de manifiesto la unidad del sacerdocio y del sacrificio, junto también con todo el pueblo de Dios. Se pide en estos casos rezar el Rosario a la Virgen Rosa Mística.

Se estipula la concelebración en:

  • La ordenación del obispo y de los presbíteros.
  • La Misa Crismal, que es cuando el obispo bendice los óleos el Jueves Santo.
  • La bendición de un abad.

Asimismo el Misal refiere que también es recomendada para:

  • La misa del Jueves Santo.
  • La misa oficiada en concilios, reuniones de obispos y sínodos.
  • La misa principal que se celebra en las iglesias y en los oratorios.
  • Las misas celebradas en cualquier tipo de reuniones de sacerdotes, tanto seculares como religiosos.
  • La misa conventual.
  • La ordenación de diáconos.

Participantes

La eucaristía se presenta como la celebración de una reunión en la que participan varios actores. Entre ellos, como ya vimos, están los ministros, pero también se incluyen a:

  • Los laicos. Aun cuando se ha señalado que solo el sacerdote, como representante de Cristo y quien preside la asamblea, es el que está válidamente ordenado para realizar la consagración, la Iglesia enseña que, siendo la eucaristía «compendio y suma de nuestra fe», los laicos pueden suplirlo cuando no haya ministros, según el canon 230 del Derecho canónico en el tercer parágrafo, en algunas de sus funciones:
    • Presidir las oraciones litúrgicas.
    • Ejercitar el ministerio de la palabra.
    • Administrar el bautismo.
    • Dar la sagrada Comunión según la prescripción del derecho.
  • La asamblea de fieles. Constituida por los que regularmente acuden a los oficios de la iglesia, en especial los domingos y fiestas de precepto, y participan en muchas de sus actividades, tales como ser lectores, presentar las ofrendas, apoyar a dar la comunión, participación en los cantos y en los responsoriales de muchas de las oraciones, como el «Amén».
    • La Iglesia insta a sus fieles a recibir, al menos una vez al año, el sacramento de la reconciliación o comunión sacramental.
Asamblea de fieles

Por otra parte, de acuerdo con la fe católica, el recibir la eucaristía en estado de pecado mortal constituye sacrilegio,​ ya que solo aquellos que se encuentren en estado de gracia, o sea, sin pecado mortal alguno, pueden recibirla.

Así los señala 1 Cor 11:27-29:

«Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave (pecado mortal) que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental».

Ahora bien, este sacramento de la eucaristía tiene sus fundamentos bien definidos en su teología eucarística, que estudia a Dios y el conocimiento que nosotros tenemos acerca de Él. Veamos de qué se trata la teología de la eucaristía.

 Teología

Sabemos que teología es el conjunto de creencias del cristianismo, fundamentadas en la Biblia mediante las cuales se estudia todo lo referente a Dios, sus atributos y todo el conocimiento que tiene el ser humano sobre Él.

En la teología se contemplan cuatro aspectos importantes; a saber: la institución eucarística, sacrificio eucarístico, presencia eucarística de Cristo y la comunión eucarística.

La institución eucarística

Como hemos visto, la eucaristía fue instaurada por Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena, tal como nos lo refieren los santos Evangelios, en la ocasión en que Cristo, antes de ser llevado a su pasión, tomó el pan en sus manos, lo partió y se los dio a sus discípulos diciendo:

Tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. Del mismo modo, tomó el cáliz y se lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.

Así lo corroboran los cuatro evangelistas Mateo en 26:26-29; 1 Cor en 11:23-26; Marcos en 14:22-25 y Lucas en 22:19-20, quienes son coincidentes en lo esencial de este respecto.

Evangelista Mateo

Ahora bien, se dice que ya en el Antiguo Testamento se vislumbraba este acontecimiento con la llamada cena pascual que celebraban los judíos en la que consumían pan sin levadura, carne de cordero asada y hierbas amargas.

Estos elementos principales de la celebración de la Pascua judía se señalan en los textos bíblicos: Levítico 23:5-8; Exodo 12:1-8; Deuteronomio 16 y Números 28:16-25.

Por su parte, en la Pasión el mismo Jesús hizo el anuncio de su propia muerte violenta, al señalar: «mi cuerpo, que será entregado», «el cáliz de mi sangre, que será derramada».

Sacrificio eucarístico

Para la fe católica en cada eucaristía se manifiesta el mismo sacrificio que sufrió Cristo y con lo cual se ha perpetuado y se rememora eucarísticamente a través de los siglos.

Se dice, entonces, que la eucaristía es el memorial de lo que fue la Pascua de Cristo, que se actualiza con la ofrenda sacramental de su único sacrificio, pero que es no es solo un memorial de los acontecimientos del pasado, sino que se hace, en cierta forma, allí presente el cuerpo y la sangre de Cristo cada vez que se celebra la misa.

Siendo un memorial de la Pascua de Cristo, este sacramento de la eucaristía es pues un sacrificio, que se evidencia en las palabras mismas que Él pronunció: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros» y «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros«, como lo dice Lucas en 22,19-20.

Es así que el sacrificio de la cruz y el de la eucaristía son un único sacrificio, pues en ambos Cristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio y es la víctima ofrecida. La diferencia radica en la forma como se ofrece el sacrificio: en la cruz fue por Cristo de manera cruel y por sí mismo, y en la Misa en forma incruenta y ofrecido por los sacerdotes.

Eucaristia Milagro de Amor - Milagro de Amor - Milagro Eucaristico - Misa - Celebación

Además, en ambos ocurre el misterio de la transubstanciación, en el que se hace real la presencia de Jesús en la hostia y en el vino. Rezando el Credo corto nos ayuda a comprender e internalizar este misterio.

Esto se ha manifestado en diversas épocas y así lo encontramos, por ejemplo, en:

El período de los Padres de la Iglesia

Quienes en la Iglesia primitiva eran un grupo de escritores, entre los que se encontraban sacerdotes, teólogos y escritores eclesiásticos, muchos de ellos obispos, cuyas enseñanzas tuvieron gran relevancia en el desarrollo del pensamiento y la teología cristiana según su interpretación de la Biblia.

Vivieron entre el siglo I y el VIII y su doctrina es considerada testimonio de la fe y de la ortodoxia en el cristianismo, para la cual se toman en cuenta solo los aspectos en común que tenían y que dieron gran relevancia al tema eucarístico.

Estos Padres de la Iglesia o Apostólicos con frecuencia tuvieron que dilucidar y esclarecer cuestiones planteadas por la moral y la teología, en un entorno convulsionado y de persecuciones externas y conflictos internos debido a las herejías y cismas que se sucedieron en la Iglesia post-apostólica.

Se les considera como los continuadores inmediatos de la obra iniciada por los apóstoles, a quienes superaron en cuanto documentación, pues dejaron un amplio testimonio sustentado en sus trabajos, enseñanzas y escritos respaldados en su gran parte por la jerarquía eclesiástica encabezada por el papa.

La Didaché es el escrito más importante de los Padres apostólicos.

Asimismo, otros autores han dado cuenta del carácter sacrificial de la ceremonia eucarística en diversos documentos. Así tenemos a: San Ignacio de Antioquía, a san Justino Mártir, san Ireneo de Lyon, Tertuliano, san Cipriano, san Ambrosio,  entre otros.

El período del Medioevo

Se consolidó la doctrina. Los teólogos documentaban sobre la eucaristía para contrarrestar herejías como la de Berengario. Diversos autores sobresalen con sus trabajos, tales como Algerio de Lieja, con sus tres libros sobre este sacramento, Gregorio de Bérgamo, con su tratado De veritate corporis Christi, y Gilberto de Nogent.

También es de destacar las obras que reportan el carácter sacrificial eucarístico; a saber: las de Hugo de San Víctor, Pedro Lombardo, Rolando Bandinelli y los escritos de Lotario de Segni, quien más tarde sería el papa Inocencio III, que convocó el IV concilio de Letrán.

Eucaristía
Papa Inocente III

Se deben mencionar igualmente las colecciones canónicas versadas sobre la doctrina eucarística, desde la de Burchard de Worms hasta el Decreto de Graciano.

En el siglo XIII se logró una mayor sistematización de la presencia real, fundamentada en los escolásticos de esa época y sus recursos escriturísticos y patrísticos, caracterizados por la filosofía aristotélica, introducida ya en Occidente.

Aparecieron las obras de síntesis y profundización teológica, como las de Guillermo de Auvergne, Alberto Magno; Buenaventura, Enrique de Gante; Alejandro de Hales; santo Tomás, y su Summa Theologica.

Particularmente, estos trabajos de Santo Tomás de Aquino han aportado muchas luces en cuanto al carácter sacrificial de la eucaristía, pues con ellos se siguió consolidando la doctrina de los Padres e  identificando el sacrificio eucarístico con el de Cristo en la cruz. Al respecto el rosario al sagrado corazón de Jesús nos fortalece eucarísticamente.

La época del Protestantismo

Se registró el ataque directo a la doctrina del sacrificio eucarístico en dieciséis siglos de cristianismo.

Esta acción fue llevada a cabo por Martín Lutero, quien afirmó que, en vista de que el hombre tiene solo justificación de Dios por la fe y no por las obras, él consideró que la misa era obra humana, por lo que el sacrificio de Cristo fue solo uno y la eucaristía fue un don recibido y no una ofrenda sacrificial para dar a Dios.

En virtud de ello procedió a abolir el canon romano y las misas privadas, dejando solo el recuerdo de la Cena.

Por su parte, Ulrico Zwinglio, partiendo también del hecho de que el sacrificio de Cristo era uno solo, también afirmó que la misa es solo un recuerdo del sacrificio en la cruz.

Igualmente, Juan Calvino destacó, no solo la unicidad del sacrificio, sino también del sacerdote, con lo cual excluía cualquier sucesor o vicario. Solo admitía el que la misa fuera un espacio de sacrificio de alabanza y acción de gracias, más no de propiciación.

Se ha reportado recientemente que algunos de estos reformadores han reconsiderado la teología del sacrificio eucarístico y se han producido documentos teológicos entre católicos y luteranos o anglicanos presentando posiciones más o menos cercanas, mas no comunes aún.

En la Reforma Católica

En el Concilio de Trento se abordó la controversia con los protestantes sobre el carácter sacrificial de la eucaristía y sus definiciones fueron aprobadas el 17 de septiembre de 1562 en su sesión XXII.

Concilio de Trento

Las mismas se fundamentaron en la antigua fe y en las tradiciones de los Apóstoles y en la doctrina de los Santos Padres.

Estas definiciones fueron:

    • La Misa es un sacrificio verdadero y propio, que se ofrece a Dios.
    • Este sacrificio es una representación y memorial del sacrificio hecho en la cruz por Cristo y que se aplica para la remisión de los pecados.
    • El oferente y el ofrecido tanto en la misa como en la cruz es el mismo Jesucristo. La diferencia se sustenta en la forma de ese sacrificio: en la cruz el ofrecimiento fue cruento y en la misa incruento, y en la cruz Cristo hizo el ofrecimiento por sí mismo, y en la misa, lo hacen los sacerdotes.
    • Es un sacrificio visible, como lo exige, según el Concilio, la naturaleza humana.
    • Su institución fue realizada por Cristo mismo, cuando dijo: «haced esto en memoria mía» (Lc 22, 19; 1 Cor 11,24).

El período reciente

Se retoma la doctrina tridentina por parte del papa Pío XII en cuanto al sacrificio eucarístico:

  • Tal como fue instituido.
  • Es la renovación del sacrificio de la cruz, señalando a:
    • Jesucristo como sacerdote y víctima
    • Modo de ofrecimiento distinto en cada uno: cruento e incruento.
    • Los fines tanto del sacrificio de la cruz como del eucarístico son: glorificación de Dios,​ acción de gracias, redención​ de nuestros pecados y la impetración de la gracia y bendición de Dios.
    • Tiene valor infinito del sacrificio divino.
    • Necesita la participación de los fieles en el sacrificio eucarístico. Sin embargo, sobre este punto se remarcó la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y el ministerial, conferido por el sacramento del Orden Sagrado.​

Posteriormente, la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II establecía que:

«Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección».

Eucaristía

Igualmente es reconocido este sacrificio eucarístico en la encíclica Mysterium fidei​ de San Pablo VI, quien da la debida relevancia de la ofrenda de la Iglesia como parte del sacrificio:

«La Iglesia, al desempeñar la función de sacerdote y víctima juntamente con Cristo, ofrece toda entera el sacrificio de la misa, y toda entera se ofrece en él. […] Porque toda misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es acción privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrifico que ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la Cruz».

Más recientemente, san Juan Pablo II señaló en su encíclica Ecclesia de Eucharistia​ que en la eucaristía está profundamente vinculada a la pasión y muerte de Nuestro Señor, en la cual se les evoca y se hacen presentes sacramentalmente en todo tiempo.

Así también lo ha establecido y documentado el Catecismo de la Iglesia Católica​ (CIC), precisando todos los elementos y evidencias al respecto y expresando que la eucaristía es:

  • El corazón mismo de la Iglesia, pues vincula a todos sus miembros a través de su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez en la cruz por Cristo a su Padre.
  • El sacrificio que derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia.
  • El memorial de la Pasión de Cristo como obra de la salvación, que se hace presente por la acción litúrgica.
  • Cristo mismo, destacado como el sumo sacerdote y eterno de la nueva Alianza y por quien los sacerdotes ofrecen el sacrificio eucarístico.
  • Cristo mismo realmente presente bajo las especies del pan y del vino de la ofrenda del sacrificio eucarístico. En la  Ofrenda del pan encontramos el significado del pan eucarístico.
  • La reparación de los pecados de los vivos y los muertos para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.
  • La ofrenda de gloria que nos da Cristo cuando participamos en el Santo Sacrificio que nos identifica con su Corazón, nos da fortaleza para la vida, nos hace desear la vida eterna y nos une a la Iglesia del cielo, a la Virgen Santísima y a todos los santos.

Asimismo, destaca el CIC que solo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la eucaristía para que se pueda llevar a cabo la consagración del pan y el vino y puedan ser convertidos en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Por su parte, el papa Benedicto XVI también ofreció su aporte al reconocimiento del sacrificio eucarístico en su exhortación apostólica Sacramentum caritatis cuando señaló:

«Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús anticipa e implica el Sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Al mismo tiempo, se revela como el verdadero cordero inmolado, previsto en el designio del Padre desde la creación del mundo, como se lee en la primera Carta de San Pedro (ver 1,18-20).

Situando en este contexto su don, Jesús manifiesta el sentido salvador de su muerte y resurrección, misterio que se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad».

Papa Benedicto XVI

Presencia eucarística de Cristo

Las denominaciones cristianas como la Iglesia católica, la ortodoxa y la copta han aseverado la certeza de la transformación del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo al ser consagrados en la eucaristía, aun cuando ambos elementos mantienen sus accidentes, que son el color, olor, sabor, textura, etc.).

La Iglesia católica ha denominado esta conversión «transubstanciación», por tal motivo se cree que todo Cristo está presente en ella, de una forma genuina, real y sustancial; es decir, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

De allí que el que se haga adoración a Cristo durante la eucaristía Cristo es debido a que en ella se halla verdaderamente el autor de la santidad, mientras que en los otros sacramentos solo se cumple la misión de santificar.

Además, señala la Iglesia que Cristo está completo en cada una de las partes del pan; es decir, en cada fracción del mismo y dicha presencia no cambia sus características.

Ahora bien, otras denominaciones de la Iglesia han esbozado su posición al respecto. Así tenemos a:

  • La iglesia luterana, que asevera que en la eucaristía el cuerpo y sangre de Cristo permanecen con el pan y el vino, teoría que han llamado «consustanciación».
  • Las Iglesias de la Comunión Anglicana que afirman que cuando se consagra el pan y el vino, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sin estudiar los elementos primarios.
  • Para ello, se fundamentan en las palabras de  Señor Jesús: «Este pan es mi Cuerpo», «este vino es mi Sangre». De allí que lo consideren el Jesucristo Sacramentado o la Presencia Real del Señor Jesús en el Sacramento del Altar.
  • Gran parte de las iglesias reformadas, entre ellas: los bautistas, los pentecostales, entre otras, tienen la creencia de que el pan y el vino no se transforman, por lo que para ellos la celebración eucarística es solo una  la eucaristía una rememoración de la Última Cena.

Veamos como ha sido señalada la presencia eucarística de Cristo en:

El período de los Padres de la Iglesia

Destacaron la fuerza que tiene la Palabra de Cristo, así como de la acción del Espíritu Santo para se dé la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Algunos de estas voces calificadas de estos Padres son, según el CIC:

  • San Ignacio de Antioquía. Dejó constancia de su fe en las cartas que dirigió a las comunidades cristianas: «Procurad serviros provechosamente de la única Eucaristía: una es, en efecto, la carne de nuestro Señor Jesucristo y uno el cáliz para la unidad de su sangre».
  • San Justino.
  • San Ireneo de Lyon.
  • San Ambrosio.
  • San Juan Crisóstomo.
San Ignacio de Antioquía

El período del Medioevo

Salieron a relucir tendencias un tanto exageradas en favor de la veracidad de la carne misma de Cristo en la eucaristía, sustentadas por los cafarnaitas (de Cafarnaúm)

En siglo XIII se presentó la posición de santo Tomás de Aquino, quien basándose en los postulados de Aristóteles, se desarrolló la teología de la «transubstanciación».

Así lo presentó en su obra Summa Theologiae, de forma espiritual e incluso con himnos que se dice se compusieron para la misa de Corpus Christi, solemnidad instituida por el Papa Urbano IV. La Oración del Sagrado Corazón de Jesús nos ofrece motivos para exaltar la presencia de Cristo.

En el IV Concilio de Letrán se estableció la terminología escolástica a este respecto, señalando: «Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre se contiene verdaderamente en el sacramento del altar bajo las especies de pan y vino, después de transustanciados, por virtud divina, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre…».

Igualmente encontramos en el II Concilio de Lyon que se habla de que en la eucaristía «el pan se transustancia verdaderamente en el cuerpo y el vino en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo».

Sin embargo, John Wyclif presentó su rechazo a la transubstanciación propuesta por santo Tomás de Aquino, pues para él no hay desaparición de la sustancia del pan y del vino ni tampoco la permanencia de los accidentes sin sujeto de inhesión.

Para Wyclif la presencia de Cristo en la eucaristía es de carácter sacramental o en signo, de manera virtual. Pero en 1382 en los Concilios locales de Oxford, Canterbury y Londres sus proposiciones fueron condenadas y más tarde también por el Concilio ecuménico de Constanza.

En la Reforma

Los defensores de la reforma rechazaron la teoría de que Cristo permanece en el pan y vino consagrados una vez y que, por lo tanto, no deben ser guardados. Pero se produjeron grandes diferencias entre ellos; a saber:

Para Lutero siempre se refirió a la presencia real de Cristo, aun cuando no apoyó nunca la transustanciación.

Según él, el pan y el vino no dejaban de ser tales, sino que el Cuerpo y Sangre de Cristo estaban conjuntamente con ellos, por eso la llamó «consustanciación» o «impanación» aunque él nunca se refirió a ella con esa denominación.​

Zuinglio, Karlstadt y Ecolampadio hablaban de una presencia meramente simbólica, mientras Calvino admitió que había una cierta presencia («virtus spiritualis») durante la ceremonia de la cena, pero relacionada con la fe.

Ulrico Zuinglo

En el caso de los anabautistas, para estos la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo en la Cena eucarística no estaba determinada por una transubstanciación, sino porque la comunidad cristiana era el cuerpo de Cristo, que efectivamente compartía un mismo alimento;​ y es su sangre porque cada integrante de la comunidad cristiana también amaba como Cristo amó, hasta entregar la vida por los demás.

El período de la Contrarreforma

Este período se destacó porque se aprobó el Decreto sobre la Santísima Eucaristía en la sesión XIII del Concilio de Trento en el año 1551.

En el concilio se rebatieron las propuestas reformistas y se fijó la postura de que en la eucaristía está contenido sustancial y genuinamente el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo entero, junto a su alma y divinidad.

De esta forma, que lo señalado en cuanto a que la presencia de Cristo en este sacramento era solo un signo, según Zuinglio, Ecolampadio o que era una figura virtual, propuesto por Calvino, quedo descartado.

Se hizo una diferenciación entre presencia «natural» y «sacramental», estableciendo que una es tan real como la otra, sustentados por lo que nuestros antepasados profesaron acerca de que nuestro Redentor instituyó este sacramento en la Última Cena, cuando, después de bendecir el pan y del vino, atestiguó que daba a sus Apóstoles su propio cuerpo y su propia sangre.

Además se determinó la presencia de cada una de las dos especies, en oposición a todos los reformadores, quienes defendían la comunión bajo ambas especies, así como el carácter permanente de esta presencia, contra los que la negaban fuera de la comunión.

Se afirmó el término «transustanciación», contrario a los que decían los reformadores, que lo negaban y se instauró el culto de adoración eucarístico y la distribución de la eucaristía a los enfermos fuera de la misa.

En el período reciente

En este período época se reafirmó la presencia real y el culto eucarístico mediante la encíclica Mediator Dei del papa Pío XII y en la encíclica Humani Generis se condenaron las propuestas teológicas que hablaban de presencia simbólica.

Se destaca que en el Concilio Vaticano II no se hizo referencia a algún documento al respecto, solo un capítulo de la Sacrosanctum Concilium.

Pero, en el Concilio de Trento, se necesitaron tres sesiones para tratar el tema de la eucaristía, además de las muchas alusiones a la misma que la hicieron el centro del misterio eclesial.

Por su parte, Pablo VI en la encíclica Mysterium Fidei replanteó los aspectos fundamentales de la teología tridentina y  afirmó los modos de presencia de Cristo en su Iglesia, privilegiando el eucarístico.

En el CIC se reafirmó la singularidad de la presencia en las especies eucarísticas y se determinó que se le llama real por su excelencia, no porque las otras sean irreales, porque producto de la divinidad de Dios. Además se precisa que:

«La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas».

  • San Juan Pablo II. Él resaltó en su encíclica Ecclesia de Eucharistia que «la Iglesia vive de la eucaristía», por eso ha sido el centro de todo el misterio de la Iglesia y ha marcado su existencia de expansión desde Pentecostés cuando se inició su peregrinación hacia la patria celestial.

Para Juan Pablo II en este sacramento se experimenta con alegría cómo se materializa la promesa del Señor de estar todos los días con nosotros hasta el fin del mundo, tal como nos lo refiriera Mateo en 28, 20, mediante la sagrada eucaristía con la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor.

  • Benedicto XVI.  Desde el mismo inicio de su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis se refiere a que la Santísima Eucaristía constituye el don que Cristo hace de sí mismo, mostrándonos el amor que Dios siente por cada uno de nosotros.

En efecto, en el sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos tanto como el Dios Padre « hasta el extremo», de dar su cuerpo y su sangre.

Comunión eucarística

A partir del Concilio Vaticano II se restauró la participación activa de los fieles en la celebración, para consolidar la comunión entre los hermanos con los hechos de la Iglesia.

En el Catecismo de la Iglesia Católica se expresa que la Iglesia es «comunión de los santos«, con lo cual se designa en principio las cosas santas, en especial la eucaristía, y luego la unidad de los creyentes para conformar un solo cuerpo en Cristo.

La tradición nos relata sobre las primeras comunidades cristianas en la que se establecía el ritual de la fracción o reparto del pan e incluso la distribución de bienes con el pueblo. Así lo refieren los Hechos de los Apóstoles:

«Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (…) Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.

De esas comunidades primitivas se cuenta que sus pobladores acudían con frecuencia al Templo, compartían el pan de sus hogares, comiendo juntos con alegría y sencillez de corazón, siempre; alabando a Dios.​

Primeras comunidades cristianas

De esa llamada época patrística de los inicios del cristianismo, se tienen evidencias de la relación entre la eucaristía y la unión de la comunidad cristiana. Así lo expresaba san Ignacio de Antioquía, cuando nos decía que había que servirse de la eucaristía, refiriéndose a la carne de Nuestro Señor Jesucristo y de su sangre en el cáliz.

Asimismo, santo Tomás de Aquino destacó la gracia que recibimos de la eucaristía que no es más que la «unidad del Cuerpo Místico», la comunión con Cristo y entre nosotros.

Es por tal motivo que en el CIC se indica cuáles son los resultados positivos que obtenemos de la comunión; a saber:

  • Fortalecimiento de nuestra unión con Cristo cada vez que la recibimos.
  • Mayor unidad del Cuerpo místico, en virtud de que la eucaristía une al que la recibe más estrechamente a Cristo en un solo cuerpo: la Iglesia.
  • Mayor compromiso de los fieles para con los necesitados.

Eucaristía y el tiempo por venir

Cristo dejó a la humanidad sus promesas de amor a los hijos, que se acojan a la fe cristiana. Una de esas promesas es la de la vida eterna y es precisamente mediante este sacramento eucarístico que el Señor comienza a bendecir y a cumplir a los que lo reciben, esa promesa.

Así lo corrobora el evangelista San Juan cuando nos dice en 6, 54-56:

«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Podemos reforzar nuestra fe en las promesas divinas, rezando la Oración a la Divina Providencia. Además, ello nos da mayor certeza de que, al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo en la hostia estamos, de cierta forma, vislumbrando lo que será el tiempo futuro cuando recibamos la vida eterna prometida.

En una antigua oración se dice:

«¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!»

Claramente y con mucha precisión, esta oración nos habla del tiempo en sus tres fases. Así nos habla de:

  • El presente al referirse a «el alma se llena de gracia».
  • Nos remite también al pasado al señalar la carne de Cristo durante su pasión al decir que la eucaristía es «memorial de su pasión»).
  • Nos traslada al futuro, pues gracias a que recibimos su carne nos concede la vida eterna, lo cual se refleja en: «prenda de la gloria futura».

Ello es posible pues Cristo es Señor del tiempo y con su entrega a través de la comunión nos hace partícipes y nos da una anticipación de la plenitud divina, que nos ha prometido y que esperamos con fe.

Según comentaba Josep M. Rovira Belloso, sacerdote y teólogo español, reconocido por sus escritos visionarios, con la eucaristía nos anticipamos al momento final cuando ya estaremos en la presencia de Cristo, pues con la comunión ya, de cierto modo, estamos recibiendo parte de su presencia.

Por ello es propicio señalar que su cuerpo y su sangre nos llenan el alma cada vez que los recibimos, quedando inmerso en nosotros y, de alguna manera, arraigada su divinidad. Él, aunque está a la derecha del Padre, también viene y comparte en cada eucaristía con nosotros.

Josep M. Rovara Belloso, sacerdote y teólogo español

Muchos señalan, y con razón, que el Señor ha querido anticipar entre su pueblo su presencia y su gracia y lo hace por medio de la eucaristía.

Así también lo plantea el Catecismo de la Iglesia Católica, en cuanto a que el Señor realmente está en la eucaristía, en medio de todos.

De allí que cuando el presbítero dice «…mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador Jesucristo», nos alienta a perseverar en su amor, a no decaer y mantenernos firmes en nuestra fe.

Tenemos, pues, en la eucaristía una prenda segura de la Gloria de Dios y, en efecto, cada vez que se celebra este misterio, se materializa la obra de nuestra redención, de nuestra salvación y de la vida eterna prometida por Cristo.

Desarrollo del Rito: Encuentro de amor y gloria con Jesús

Definitivamente, el sacramento de la eucaristía se convierte para todo creyente de la fe en un encuentro personal e íntimo, en el que dos almas se comunican para darse regocijo y paz.

Debido a ello es que no se puede generalizar sobre lo que se experimenta en ese encuentro, pues cada corazón lo percibe de manera distinta y Dios se comunica, a su vez, de forma diferente.

Solo Dios conoce los corazones de los hombres, pero nosotros si debemos mostrar a los demás como ese encuentro espiritual con Él en la eucaristía nos cambia y nos hace más sensibles.

Debemos, por tanto, reflejar esa trascendencia del encuentro íntimo con el Amor de Dios, puesto que, lógicamente, quien recibe esta gracia, posee una mayor capacidad de amar y de servir a su prójimo,  alimentado además con el Pan de Vida.

Este pan nos confiere fortaleza para seguir en el camino del Señor y, así:

  • Enfrentar las pruebas más difíciles.
  • Encarar el sufrimiento.
  • Contagiar a otros su fe y su esperanza.
  • Llevar a feliz término la misión y la vocación, que el Señor nos tiene destinadas.

Para ese encuentro nos podemos dirigir al Sagrario y allí podemos encontrarnos siempre a Cristo, invocándolo y sintiendo su presencia real.

Santo Sagrario

Allí nos espera en todo momento, pacientemente, pues nos amó hasta el extremo, que no le importa hacer un sacrificio más.

Él está en ese lugar casi que oculto a nuestros ojos, pero luminoso y poderoso y vendrá a satisfacer todas nuestras necesidades, si se lo pedimos. Recemos la Oración a la Virgen de la luz  para que interceda por nosotros y podamos sentir su presencia.

Sin embargo, lo más importante es que en la eucaristía, al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, lo estamos incorporando a nuestro ser y lo hacemos parte de nosotros.

El Señor hoy nos dirige a todos las mismas palabras que dijo a los Apóstoles, tal como lo refirió Lucas en 22,15:

«Con ansias he deseado comer esta Pascua con vosotros».

Así, pues el Señor nos espera con mucho fervor para entregarse a nosotros como alimento. No obstante, cabe preguntarse: ¿estamos conscientes de que el Señor nos espera en el Sagrario?, ¿Por qué lo dejamos esperando a Él, si cuando una visita viene a nuestra casa no la dejamos sola en la sala?

Éstas y otras interrogantes, como las que presentamos a continuación, nos las hacemos muchos de nosotros como creyentes fieles de esta fe. Veamos esas otras preguntas y sus respuestas:

¿Cuál es el significado de la eucaristía para la vida de la Iglesia?

El sacramento de la eucaristía constituye el punto culminante de toda la vida cristiana, pues en ella se alcanza el momento de mayor elevación en el que la acción santificante de Dios se derrama sobre cada uno de nosotros.

De ella recibimos todo el bien espiritual que Dios tiene para nosotros, como son el mismo Cristo y su santificación.

Así también significa para la Iglesia el momento de la comunión de la vida divina con la unidad del Pueblo de Dios, pues en la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

¿Qué significa que la eucaristía sea «prenda de la gloria futura»?

Este significado se sustenta en que este sacramento llena nuestro ser y nos «impregna» de toda gracia y bendición del cielo, con lo cual se fortalece nuestro espíritu para seguir nuestra senda en la vida terrena y nos hace desear la vida eterna futura, en la que estaremos junto a Cristo Jesús, nuestra Santísima Madre y todos los santos.

Tal cual lo manifestó san Ignacio de Antioquía, cuando nos dijo:

«En la Eucaristía, nosotros partimos «un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre»» 

Bendice y santifica esta ofrenda: la consagración del pan y el vino en Villavicencio

¿Cuál es el momento propicio para recibir la sagrada Comunión?

La Iglesia aconseja a sus devotos a participar de la Santa Misa y establece como obligación recibir la comunión al menos en Pascua o una vez al año.

No obstante, se recomienda cuando somos creyentes comprometidos comulgar cada vez que asistimos a la Misa, cumpliendo con las debidas disposiciones, como, por ejemplo, la de haber hecho el sacramento de reconciliación.

¿Cómo es considerado este sacramento en lo que se refiere al designio divino de salvación?

Referido a la salvación encontramos que la eucaristía ha estado siempre presente desde la Antigua Alianza, cuando fue anunciada sobre todo en la cena pascual.

Recordemos que esta cena era celebrada por los judíos todos los años utilizando pan ázimo, a manera de recordatorio de su salida apresurada de Egipto.

Luego, Jesús la anunció en sus predicaciones, instituyéndola, finalmente, en la ocasión del banquete pascual de la Última Cena con los Apóstoles.

Desde ese entonces, la Iglesia, fiel al mandato del Señor, la celebra todos los días, especialmente el domingo, varias veces al día en todos el mundo para la salvación nuestra y así lo recoge la primera carta a los Corintios en 11, 24:

«Haced esto en memoria mía»

¿Existe algún tipo de culto para honrar al sacramento de la eucaristía?

El culto que se rinde a este sacramento es el llamado el culto de latría, que se refiere a la adoración que elevamos a Dios, como soberano Señor y por ser el que tiene la excelencia absoluta e infinita.

Este es un culto reservado solo a Dios y se puede llevar a cabo tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella.

Como sabemos, existen tres clases de cultos, según la distinta dignidad que merece la divinidad a quien hacemos nuestra reverencia.

Estos cultos son: latría, que solo se rinde a Dios, dulía, que es la veneración a santos y ángeles y la hiperdulía reservada para la Santísima Virgen María, a quien podemos honrar con la Oración a la Virgen Milagrosa.

 ¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?

En el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) se señala que los creyentes tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y festividades religiosas de precepto, aun cuando se sugiere que se participe también en los demás días.

¿Qué requisitos nos pide la Iglesia para recibir la eucaristía?

El CIC establece como requisitos para la comunión estar incorporado a la fe católica, estar plenamente en gracia de Dios y no tener ningún pecado mortal.

La Santa Misa

Al respecto, el CIC también señala que quien esté consciente de haber cometido un pecado grave, se le insta a acudir prontamente al sacramento de la reconciliación y poder, así ir a comulgar.

Así resulta igualmente importante:

  • Mantener un espíritu de recogimiento y de oración.
  • Actitud de observancia del ayuno señalado por la Iglesia
  • Actitud corporal en cuanto ademanes y vestimenta apropiados para el recinto sagrado, en señal de respeto a Cristo.

¿Cuáles son los frutos de la sagrada comunión?

Son muchas las bendiciones que se derraman al recibir la sagrada eucaristía. Estas son:

  • Acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia.
  • Conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación.
  • Hace crecer en el amor al prójimo.
  • Fortalece nuestra caridad hacia nuestros semejantes.
  • Perdona los pecados veniales y nos preserva de los mortales para el futuro.

¿Es posible administrar la sagrada eucaristía a los otros cristianos?

En la experiencia de la Iglesia se han dando casos en los que los ministros católicos han administrado lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones.

Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

¿Qué efectos produce la santísima eucaristía en nuestro carácter?

Este sacramento desde que lo recibimos por primera vez en una Santa Misa comienza a forjar ciertos cambios en nuestra actitud. Así vemos como:

  • Nos hace más tolerantes ante las acciones no apropiadas de los demás.
  • Somos más compasivos, pues estamos más dispuestos a colaborar con el más necesitado.
  • Adoptamos una actitud más reflexiva antes de tomar cualquier decisión o acción que debamos emprender.
  • Nos da fortaleza para actuar según los deseos que nos transmita el Señor, aunque a veces no los comprendamos.
  • Aumenta nuestra espiritualidad, la cual podemos internalizar con ayuda de la La Medalla Milagrosa.
  • Somos menos propensos a caer en la tentación de la concupiscencia, que no es más que el anhelo exagerado de querer satisfacer todos los deseos terrenales, lo cual no se compagina con lo espiritual.
La comunión

La naturaleza del sacramento eucarístico

La eucaristía posee una naturaleza propia de valor y eficacia que se nutre de la presencia real del Señor en este sacramento.

Gracias a esa presencia, la eucaristía se convierte en un alimento genuino del alma, que nos da la fuerza para seguir sin importar las circunstancias. De tal manera que no es un mero gozo momentáneo, que a veces a está o no esta, sino que es causa y culmen de nuestra alegría, además de ser fuente de nuestra vida espiritual. Así nos los prometió cuando dijo:

“El que me come vivirá por mí”

Tal cual lo expresó Juan en 6:57.

En virtud de esa naturaleza divina, real y espiritual es que todos le ofrecemos la latría o culto de adoración, que, como ya sabemos, solo se rinde a Dios.

Santo Tomás de Aquino nos dice acerca de la naturaleza de la eucaristía que es como la finalidad última de la vida espiritual y el fin de todos los demás sacramentos.

Institución

La eucaristía como sacramento se ha venido haciendo dentro del contexto de la Iglesia cristiana empleando maneras y materias similares desde hace mucho tiempo y así ha sido recogido por muchos escritores y teólogos, así como en muchos documentos.

Así tenemos que en el Antiguo Testamento encontramos ya se vislumbraba como sería este sacramento, pues en esa época se efectuaban celebraciones similares, pero sin la solemnidad ni espiritualidad de la eucaristía que conocemos. Algunas de esas celebraciones fueron:

El maná

Este maná era, según el libro del Éxodo, el pan que enviaba Dios como alimento a los israelitas todos los días durante los cuarenta años de peregrinación que hicieron por el desierto.

Este maná no era precisamente un pan, sino un alimento de color blanco, menudo, redondo, parecido a la semilla del cilantro, con apariencia como escarcha, sabor agradable, un tanto dulce y el cual se deshace al cabo de unas horas.

En Éxodo se dice que este maná se presentaba todas las noches en forma de rocío y cada mañana debía ser recogido antes de que el calor del sol lo derritiera. Así lo encontramos reseñado en Exodo 16,31:

“Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de cilantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel”.

Recogiendo el maná

El pueblo de Israel lo recibía todos los días menos el séptimo día, sábado, por ello ese día debían recolectar el doble de la cantidad requerida para alimentarse.

Por otra parte, también los midrashes judíos, especies de compilación de enseñanzas usadas para el estudio religioso, hacían referencia al maná, especificando que tenía el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba.

Se dice que en el Arca de la Alianza, cofre sagrado ubicado en el Tabernáculo que más tarde se colocó en el Templo de Jerusalén, que fue por Salomón y que contenía las Tablas de la Ley, se conservaba una muestra de dicho alimento.

Este maná, que también se menciona en el Corán, ha quedado reseñado como uno de los milagros que concedió Dios a los israelitas, y que sería como el pan eucarísticos de nuestros días.

El sacrificio de Melquisedec

Melquisedec, quien era un sumo sacerdote, rey de Salem (es decir, de Jerusalén), de quien se dice era la preconfiguración de Jesús, recibía diezmos y ofrecía, como sacrificio, pan y vino al Dios Altísimo, en agradecimiento.

Con él se instauró el llamado orden de  Melquisedec, en virtud de que fue un sacerdote para siempre, pues no hay evidencia de su padre ni de su madre ni de ninguno de sus antepasados. Tampoco hay un principio ni un fin de su vida, por lo que, a semejanza del Hijo de Dios, sigue siendo sacerdote para siempre.

De allí que se señale que se trata de un tipo de Cristo y de un sacerdocio desde la eternidad y hasta la eternidad y su sacrificio es recordado como el de Nuestro Señor.

Por ello, cuando en la Biblia se habla del Orden de Melquisedec, se hace referencia a un sacerdocio eterno, como el de Nuestro Señor Jesucristo. Así lo se refleja en el Libro de Hechos en 7,8:

“Los sacerdotes que reciben los diezmos son hombres que mueren, así que Melquisedec es superior a ellos porque se nos dice que sigue viviendo”

  • Características del sacerdocio de Melquisedec

Aun cuando no es una personalidad muy conocida, en la Biblia es posible encontrar referencias hacia su persona y su sacrificio.

  • En cuanto a sus funciones como Rey y Sacerdote, se menciona en Ge 14,18: “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino” . También se habla al respecto en He 7,1.
  • En referencia a su superioridad a Abraham, He 7,7 revela: “Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor».
  • Sobre la relación que tiene con Cristo: en el Sal 110,4 nos dice: “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”.
  • Sobre la bendición al patriarca Abraham, se dice en Ge 14,19 que: “Y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”. Igualmente, He 7.1,6 lo refiere.
  • Su aceptación de los Diezmos de Abraham: “Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas”. Esto lo encontramos en He 7,6.
  • En cuanto a su sacerdocio eterno, He 7,3 nos refiere que:“Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre” .
  • Con respecto a su bendición a Dios:Ge 14,20 nos dice: “y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”.
Melquisedec
  • Aspectos relevantes de Melquisedec, sacerdote y rey de Salem
    • Su sacerdocio para siempre se dice que es un tipo del sacerdocio de Cristo, lo que demuestra su ascendencia divina.
    • Con ello se anunciaban un nuevo sacrificio y un nuevo sacerdocio, según el orden de este rey-sacerdote.
    • Fue el primer sacerdote que menciona la Biblia.
    • Es el primer receptor de los diezmos que registra las Escrituras.
    • Los escritos señala que su sacerdocio era superior al sacerdocio levita.[/su_list]

El sacrificio de Abraham

Con este acontecimiento, el Antiguo Testamento nos ofrece un sacrificio similar al de Jesucristo, cuando igual que el Dios Padre, Abraham voluntariamente dio a su propio hijo Isaac en sacrificio con el fin de mostrar a nuestro Padre Celestial su obediencia, tal como nos los narra en el Génesis 22,10.

Es por ello que llevó a su hijo hasta la montaña indicada para llevar a cabo el sacrificio que Dios le había encomendado.

Allí Abraham construyó un altar y puso leña, ató a Isaac y lo puso sobre el altar. Seguidamente y con gran dolor levantó el cuchillo para sacrificarlo.

Repentinamente del cielo le llegó una voz de un ángel que le dijo que no matara a Isaac, que Dios había comprobado su obediencia y por eso lo amaba.

Dios hizo sentir a Abraham que estaba contento porque le era obediente, y que bendeciría a su familia. Nosotros también podemos mostrar nuestra obediencia a través de la Oración al Señor de la Misericordia.

Al igual que Dios Padre, quien entregó a su hijo Jesucristo para muriera por nosotros, Abraham estuvo dispuesto hacer el mismo sacrificio.

Ese sacrificio que es el que conmemoramos cada vez que se hace la eucaristía.

El sacrificio del cordero pascual

En época del Antiguo Testamento, el sacrificio de corderos era parte muy importante en la vida religiosa judía y su sistema sacrificial.

El cordero de la pascua

Se llevaba a cabo cada vez que se deseaba agradecer al Dios Altísimo, en la fiesta de la Pascua de cada año como celebración de recordatorio de cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto.

La costumbre de la celebración era efectuar el sacrificio del Cordero de la Pascua y aplicar su sangre en los postes de las puertas de las casas, según lo relata Éxodo 12, 11-13, para expiar los pecados.

Es por ello que Juan el Bautista llamó a Jesús “El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, según lo que narra Juan 1:29, pues lo relacionaba con este sacrificio, pues él sentía que Jesús era el Mesías que se sacrificaría y redimiría los pecados del mundo.

La eucaristía y las profecías

Podemos también señalar que la eucaristía estuvo visualizada en el Antiguo Testamento a manera de profecías. Por ejemplo se puede destacar lo que dice el Libro de los Proverbios sobre lo que ordenaba Salomón a los criados de comer y beber el vino que les había preparado como muestra de su agradecimiento.

También el mismo Cristo profetizó su presencia corporal y sustancial en el pan de vida cuando, luego de la multiplicación de los panes, en Cafarnaúm, señaló:

 “Yo soy el pan de vida. Si uno come de este pan vivirá para siempre,

pues el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”.

Así nos lo narró Juan en 6, 32-34;51.

Posteriormente, encontramos más evidencias de la presencia real de Cristo en la eucaristía en el episodio referido al lavatorio de los pies de sus apóstoles.

En dicha ocasión, Cristo, sabiendo que había llegado su hora, luego del lavatorio y de manifestarles el mandamiento del amor, instituyó este sacramento ese Jueves Santo, en la Última Cena. Así lo refieren los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas.

Allí Él da fe de quedarse entre los hombres para siempre, de nunca separarse y hacerles partícipes de su Pasión. El sacramento de la eucaristía surge del infinito amor de Jesucristo por el hombre.

Con el transcurrir del tiempo se dio el debido reconocimiento de la Iglesia al sacramento en el Concilio de Trento, en el que se declaró como verdad de fe y que la eucaristía es un sacramento auténtico, pues contiene los elementos esenciales de los sacramentos; a saber:

  • El signo externo, que es la materia: el pan y el vino.
  • La forma que le da la gracia.
  • Fue instituido por Cristo.

Para todos Cristo dejó el mandato de celebrar y de recibir este sacramento, como lo reza el Evangelio de Juan, pues hay que comer su Cuerpo y beber su Sangre para poder salvarnos.

Y nuestra Iglesia ha estado siempre presta a cumplir la orden de Nuestro Señor.

Razones para ir a misa

La Iglesia nos urge a asistir a Misa todos los domingos y si es posible ir todos los días, mejor aun.

Esta exigencia no es simplemente un capricho, ni una obligación, más bien es un auxilio que la Iglesia le está brindando a los fieles.

Ahora bien, ¿por qué debemos ir tan seguido a misa? La respuesta es que se debe hacer por nuestro bien, por nuestra salvación, en virtud del peligro inminente que corremos porque el maligno nos asecha y está a la espera de cualquier flaqueza o debilidad de nuestra fe, para entonces entrar en acción y apoderarse de nuestra voluntad y, al final de cuentas, de nuestra alma.

Por otra parte, participar en la eucaristía, es estar en estrecho contacto con la paz, el amor y la tranquilidad de conciencia.

Asimismo, podemos añadir que ir a misa es unirse al culto más grande que el hombre pueda realizar, en el que se va a orar y a participar en obras buenas y en la maravillosa oportunidad de recibir el ofrecimiento que nos hace Cristo, de aceptar su Cuerpo y su Sangre, que es su misma presencia.

Además, al ir a misa conocemos más de la Palabra de Dios, de su mensaje y su aliento de esperanza.

Hemos de acotar en este punto que no es suficiente con estar en Misa físicamente, es importante tener en cuenta que es necesario participar de forma activa en ella, desde el mismo inicio hasta el final.

Asimismo es importante interesarse en las lecturas y compartir las oraciones y los cantos, ya que con ello vamos más inspirados al culmen de la misa que es la comunión.

Es el punto culminante esa unión con Cristo, con su Cuerpo y con su Sangre, compartiendo con nuestros hermanos católicos el júbilo de recibir al Señor y formar lo que llamamos una «comunidad».

Debemos también antes del inicio de la ceremonia, acudir al Santísimo, presentarnos y arrodillarnos ante el Sagrario a conversar con Dios, hablarle de nuestras preocupaciones y dejarlas en sus manos, que Él las resuelve. Asimismo, estando allí, debemos rezarle, por ejemplo, con la Oración para bendecir.

Como ya todos sabemos la comunidad católica siempre ha sido de naturaleza eucarística, por lo que su vida y desarrollo dependen de la participación en este sacramento.

Es por tal motivo que decimos que no se puede ser católico, si no asistimos  a Misa y si no recibimos el sacramento de la eucaristía, al menos una vez por semana, cada domingo. El privarse de este vital alimento para el espíritu, es como dejáramos de darle comida al cuerpo.
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