El saber cómo fue la muerte de Jesús es un tema que apasiona a muchos, no solo por tratarse de Nuestro Señor, sino por todas las circunstancias confusas que rodean este trascendental evento, el cual despierta curiosidad en la gente. Descubre en este post esos detalles divergentes relacionados con la muerte de Cristo.
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La muerte de Jesús
La pasión, crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo forman parte fundamental de la teología cristiana y es motivo de análisis constante por todos los misterios que el evento encierra.
A pesar del tiempo transcurrido desde que sucedió este hecho, se mantienen vigentes todos esos hechos en las mentes y corazones de todos sus fieles creyentes y del público en general y es aún motivo de estudios y análisis que tratan de establecer de la forma más precisa posible ese acontecimiento.
La Iglesia cristiana ha mantenido vivo mediante el sacramento de la eucaristía y las oraciones la vigencia, la sacralidad y los misterios de la muerte de Jesucristo, desde que Él mismo la anunció durante la Última Cena.
Con la eucaristía se revive todos los días en todas partes del mundo la crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesús, tal como lo encontramos en ¿Qué es la eucaristía?.
No obstante, algunos aspectos aún se mantienen difusos por las circunstancias que los rodearon y por el tiempo que transcurrió entre su ocurrencia y el momento en que fueron debidamente documentados y registrados.
Te mostraremos en este post diversos aspectos y detalles que tal vez no conozcas de lo acontecido en ese entonces sobre dónde murió Jesús, cuándo murió Jesús y cómo fue el hecho en sí, así como lo que han arrojado las diversas investigaciones que se han hecho al respecto.
Detalles de la muerte
La muerte de Jesús sucedió entre los años 30 y 33 d. C en el área de Judea de Israel. Así está referido por los evangelistas, quienes se encargaron de documentar su vida y también ha sido reconocido por distintos historiadores estudiosos del Nuevo Testamento, quienes a través de los años han ido aportando datos interesantes sobre este hecho.

Éstos han señalado que la muerte de Cristo fue un hecho histórico atestiguado no solo por creyentes, sino también por muchos autores no cristianos que vivieron en los siglos I y II d. C.
No obstante, es propicio indicar que entre ellos no existe una total coincidencia sobre las circunstancias de la crucifixión.
Los evangelistas y la muerte de Jesús
Los estudios que se han hecho de los evangelios han mostrado posiciones un tanto diversas en cuanto a este acontecimiento, pero ello no le resta veracidad a la información.
Se ha señalado que, por ejemplo, la Pasión de Cristo que, como sabemos, se refiere al sufrimiento que padeció Jesús antes de ser crucificado, se han mencionado que hay detalles en alguno de los evangelios que no se encuentran en los otros. Así dicen los académicos que cada evangelista presentó su narración según su visión, por lo que no incluye alguno que otro dato que en otro evangelio si está referenciado.
Han habido intentos de lograr armonizar todas la información de los cuatro evangelios canónicos en relación con el tema de la muerte de Jesús, pero ha abandonado la idea, en virtud de que se han hallado algunos datos no coincidentes. Así tenemos, por ejemplo, los intentos de armonización que llevara a cabo Taciano en el siglo II y unos de los recientes los de K. Bornhäuser y P. Benoit.
Incluso san Agustín de Hipona notó ciertas diferencias entre las narraciones sobre la Pasión de Jesús en los evangelios canónicos, no obstante ello no fue motivo para rechazarlos. Con el Salmo 91 podemos obtener inspiración para tener mayor entendimiento sobre los sucesos bíblicos que nos ofrecen los evangelios.
También se tiene evidencia de esas diferencias en los llamados evangelios apócrifos, que no pertenecen al canon bíblico y no forman parte de la tradición original de los apóstoles, pero que esporádicamente fueron usados por alguna comunidad cristiana, aun cuando no lograron ser reconocidos por la Iglesia universal.
Sin embargo, esas diferencias no desestiman la veracidad de la información que se desprende de lo narrado por los evangelistas y se toman como puntos de vista distintos sobre un mismo evento.
Sobre el juicio y la condena
También algunos autores investigadores de los hechos bíblicos revelan que en lo concerniente al juicio y la condena de Jesucristo han encontrado aspectos que consideran contradictorios, pues los detalles que ofrecen los evangelios no son coincidentes y, a veces, opuestos.
Según estos estudios tenemos, por ejemplo lo siguiente:
Según los evangelios sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas, que son los primeros y los que relatan la vida y predicación de Cristo desde la misma perspectiva general y narran casi los mismos hechos, señalan que Jesús fue arrestado en el jardín de Getsemaní por las órdenes de los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y que fue Judas Iscariote quien lo identificó con un beso.
Pero, según el evangelio de Juan, Jesús fue apresado por los guardias enviados por los sumos sacerdotes y los fariseos, comandados por soldados romanos del Pretorio y fue el mismo Jesús quien se identificó. Esta versión sobre la participación de soldados romanos en el arresto de Jesús no ha sido totalmente corroborada históricamente, como lo dicen los especialistas como Lohsen, Besnier, Blinzler, etc., pero existen historiadores que si la aceptan, tales como Winter, Goguel y otros.
Los sinópticos dicen que Jesús, luego de su detención, fue llevado a la presencia del sumo sacerdote Caifás, pero Juan, por su parte, argumentó que fue conducido primero ante Anás, sumo sacerdote del Sanedrín, quien luego lo envió a su yerno Caifás.
Igualmente existen diferencias entre los mismos sinópticos sobre el interrogatorio de Jesús por las autoridades judías. Encontramos que Marcos y Mateo hablan de una reunión en el Sanedrín la misma noche de la detención, en la que se decidió que Jesús merecía la muerte por blasfemia, y, luego en la mañana siguiente una segunda reunión del Sanedrín, donde se acordó entregarlo a Pilato.
Pero Lucas habla de solo una reunión del Sanedrín, la de la mañana y tampoco menciona condena alguna.

Al respecto, el sacerdote Raymond Edward Brown, uno de los primeros académicos católicos, quien planteó la crítica histórica sobre esta materia, expresó que se tenía recuerdo de una sesión que tuvo el Sanedrín para discutir el problema de la perturbadora presencia de Jesús, lo cual sería la única referencia de los sinópticos en relación con la llegada de Jesús a Jerusalén poco antes su muerte.
Juan, en cambio, habla sobre varias visitas y se refirió a la de pocas semanas antes de la muerte de Jesús de la que surgió esa reunión.
En opinión del sacerdote Brown, resulta más factible una reunión del Sanedrín en esa ocasión, antes del arresto de Jesús que la sesión nocturna de urgencia que plantean Marcos y Mateo.
Es por ello que Juan tomó la resurrección de Lázaro como causal de la sentencia del Sanedrín contra Jesús.
Con base en lo expresado por Brown, para entender lo que quieren transmitir los evangelios, se deben tomar cinco aspectos comunes con fundamento sólido en las cuatro narraciones; a saber:
- La sesión del Sanedrín para tratar el tema de la aprensión de Jesús;
- El interrogatorio a Jesús por parte del sumo sacerdote la noche de su detención.
- La discusión sobre la amenaza que representaba Jesús para el Templo.
- El instigador de la muerte de Jesús que era el sumo sacerdote que Mateo y Juan identifican como Caifás.
- El pronunciamiento de una especie de sentencia de muerte.
Otro académico, esta vez de la Universidad de Duke, el catedrático Ed Parish Sanders, quien fue uno de los pioneros en la investigación contemporánea sobre Jesús histórico, cuando se refirió a las diferencias del relato del juicio, tampoco consideró que fuera factible la reunión nocturna planteada por Mateo y Marcos y concluyó que:
“Los especialistas seguirán diseccionando los relatos del «juicio», pero mucho me temo que nuestro conocimiento no avanzará más por ello. Los relatos nos dan la impresión general de una noche confusa, y es probable que fuera así […] Es improbable que alguien, incluso cercano a la escena, conociera precisamente quién hizo qué”.
Marcos y Mateo refieren que el Sanedrín sentenció a Jesús a muerte por blasfemar sobre su declaración de que él era el Mesías, el Hijo de Dios. Por evitar que lamentables situaciones parecidas pudieran ocurrir pedimos mediante la Oración a Jesús del gran poder la misericordia del Señor para que ningún hermano nuestro.
Con respecto a la condena, por el contrario, Lucas no habla ni de sentencia ni de una acusación por blasfemia y Juan tampoco menciona ninguna reunión del Sanedrín ni en la noche de la detención de Jesús, ni en la mañana siguiente.

Los dos académicos antes mencionados, Sanders y Brown, consideran que la acusación contra Jesús por blasfemia al declararse el Mesías e Hijo de Dios se refiere a momentos antes de la Pasión, cuando tales señalamientos para los cristianos tenían un significado distinto al que le dan los contemporáneos judíos no cristianos para quienes lo que Él dijo constituía blasfemar.
En particular, Brown precisa que los evangelistas escribían para quienes entre los judíos contemporáneos consideraban hostil la pregunta del sumo sacerdote: “Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?»
Los evangelios señalan, luego del interrogatorio de los sumos sacerdotes (con o sin participación del Sanedrín), que Jesús fue entregado a los romanos y a la mañana siguiente, llevado ante Poncio Pilato, el prefecto-procurador romano de Jerusalén.
El evangelista Lucas añade que Pilato envió a Jesús ante Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, que se encontraba de visita en Jerusalén por la Pascua y, según Lucas en 23, 1-25, Herodes menospreció la presencia de Jesús y lo mandó de vuelta a Pilato, pues no halló culpable de nada.
En los evangelios se muestra a un Pilato vacilante en cuanto a la condena de Jesús, no encontrándole culpa alguna. Sin embargo, se dejó que se le colocará a Jesús la corona de espinas y el letrero con la inscripción que se señalaba que se le scrito que decía que fue condenado a morir en la cruz por sedición al proclamarse rey de los judíos.
Esa postura de Pilato mostrada en los evangelios como misericordiosa y vacilante es diametralmente distinta a la que describió Flavio Josefo, quien lo destacó como violento y extremadamente cruel. Así el relato de Pilato concediendo al pueblo decidir sobre la liberación de Jesús o de delincuente común en ocasión de la Pascua, no parece tener precedente en las costumbres históricas romanas, judías y helenísticas.
Flagelación
Como es sabido, la flagelación era el castigo totalmente cruel que se solía aplicar a los reos mediante latigazos con un flagelo o flagra.
Los flagelos que se empleaban estaban compuestos de tiras de cuero con huesos de oveja o bolas de hierro en la punta que cortaban la piel, ocasionando un intenso dolor. Por lo general, la persona solía perder el conocimiento y podía hasta morir.
En la práctica judía los limitaban a cuarenta azotes menos uno, pero para los romanos no había límite.
En esa época del imperio romano, la flagelación mediante el látigo era un preámbulo legal de la ejecución final. Cuando los soldados romanos azotaban vigorosamente de manera seguida la espalda de la víctima, las bolas de hierro causaban contusiones profundas, y las heridas llegaban hasta los músculos esqueléticos subyacentes”.
No se sabe cuántos latigazos recibió Jesús, pues los romanos se ensañaron contra él. Luego, vino la humillación posterior al colocarle un manto rojo, una caña en su mano derecha a manera de cetro y una corona de espinas, disfrazándolo como un rey, siguiendo una costumbre de las legiones, de escoger a un esclavo en fin de año que vestían de rey, para humillarlo y luego sacrificarlo.
Los soldados romanos no les bastó con torturar a Jesús, también le escupieron, golpearon y se burlaron diciéndole: “¡Salve, rey de los judíos!”.
Las caídas
A este respecto los evangelios sinópticos destacan que, al ser llevado para ser ejecutado se obligó a un hombre del pueblo llamado Simón de Cirene a llevar la cruz junto con Jesús.
Es propicio destacar que estos evangelios no mencionan ninguna caída de Jesús por el peso de la cruz y tampoco señalan que hubo una mujer llamada Verónica que le limpió el rostro con un paño. Se dice que estos episodios fueron añadidos en la tradición eclesiástica posterior a estos textos bíblicos.
En cuanto al Evangelio de Juan, éste no da cuenta de ningún Simón de Cirene, sino que presenta a Jesús cargando su propia cruz.
Todos los evangelios relatan el hecho de que Jesús fue llevado hasta un lugar llamado Gólgota para su crucifixión.
El evangelista Marcos dice que Jesús fue crucificado a las 9 de la mañana, mientras que Juan indica que fue en la hora sexta, es decir: entre 11 de la mañana y 12 del mediodía.
También señalan los sinópticos que fue crucificado entre dos ladrones, uno a su izquierda y otro a su derecha, mientras que Juan solo dice que fue crucificado entre dos personas, sin mencionar delito alguno.
La costumbre de las ejecuciones romana era que el preso a ser crucificado cargara una viga pequeña sobre los hombros, en forma de yugo, llamada patíbulo, que luego sería la pieza transversal que se insertaría en el poste formando así la cruz.
Las obras pictóricas y las cinematográficas que muestran a Jesús cargando una cruz, lo hacen como parte del espectáculo que ellas representan, pues resulta imposible que una persona debilitada por la tortura pueda cargar la cruz completa con un peso de unos 100 kg.
Al respecto, se ha encontrado que esta representación de Cristo con la cruz completa sobre sus hombros aparece bastante tarde en el arte cristiano y se remonta a los años de 420 a 430. En el Mapa de Palestina en tiempos de Jesús nos ayuda a recrear como era ese entonces la forma de vida.
La inscripción en la tablilla
Por lo general, se tenía la costumbre de colocar en la cruz del condenado una tablilla para señalar el delito por el cual fue crucificado. Así se encuentra reseñado en la Historiæ Romanæ, de Dion Casio.
En los evangelios se menciona que en la cruz de Jesús se colocó una inscripción semejante, sin embargo como detalle curioso solo el evangelio de Juan destaca que dicha inscripción se hizo en tres idiomas:
- Hebreo, que según algunos académicos, como A. Wikenhauser y Brown, sugieren que podría ser el arameo.
- Griego.
- Latín.
Esto se hacía así de manera que fuera público y se enterara la mayor cantidad de extranjeros que visitaban la región por motivo de la Pascua .
Específicamente lo que relata el evangelio de Juan es que la tablilla del cargo o delito de Jesús decía “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”, que en latín era Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, cuyas siglas son INRI. Por su parte, la versión más sencilla era la de Marcos que simplemente señala: “El rey de los judíos”. Por su parte, Lucas reporta: “Este es el rey de los judíos”, parecido a Mateo: “Este es Jesús el rey de los judíos”.
Solo el evangelio de Juan hace referencia a una objeción que señalaron los principales sacerdotes, quienes pidieron se cambiase la inscripción para el siguiente texto: “Este dijo: Soy rey de los judíos”, pero Pilato hizo caso omiso diciendo: “He escrito lo que he escrito”, según lo que se reporta en Juan 19:22.
Expoliación, vino agrio, cruz y últimas palabras
La costumbre de ese entonces era que en la ejecución estuvieran cuatro soldados y un centurión, quienes podían reclamar los bienes de la víctima como parte de su salario y así lo reflejan las Santas Escrituras, que relatan que los soldados las despojaban de sus vestiduras y se las repartían luego de ser crucificadas.
Se cree que dicha bebida la preparaban las mujeres de Jerusalén para ayudar a calmar los dolores de las víctimas.
Por otra parte, se ha señalado que las cruces de crucifixión en Judea no eran muy altas, pues se usaba para fabricarlas madera de olivo, que son árboles no muy altos.
De allí, que se haya señalado que las personas eran crucificadas a la altura de los ojos del observador y no como se ve en documentales y fotos. Esto es según lo expresado por antropólogos como el profesor Josef Zias, ex curador del Departamento de Antigüedades y Museos de Israel.
En cuanto a sus últimas palabras se encuentran diferencias en los evangelios, pues en unos se dice que sus últimas palabras fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y en otros: "Todo se ha cumplido".
Disposición de los clavos
Con respecto a este tema, el evangelio de Juan indica que a Jesús le clavaron en las manos, pero el vocablo original de donde proviene el término se refiere a una palabra que involucra mano y antebrazo. También la tradujeron así los Hechos de los Apóstoles.
Ahora bien, el doctor Frederick Zugibe, ex jefe médico forense del condado de Rockland, Nueva York, considera que la colocación de los clavos pudiera haber sido en la palma de la mano cerca de la base del pulgar y saliendo por la muñeca, pasando por el túnel carpiano.
En cuanto a cómo se clavaron los pies de Jesús, diversos estudios minuciosos realizados al respecto en otros crucificados, se hallaron evidencias de que los dos talones habían sido clavados con un solo clavo. Esto fue corroborado por la investigación del año 1968 que dirigió el Prof. Nicu Haas, antropólogo de la Universidad Hebrea y Escuela de Medicina Hadasha, de Jerusalén.
Posteriormente, se presentó otro hallazgo en 1985 por parte del Prof. Joe Ziaz y el Dr. Eliezer Seketes de la Universidad Hebrea y de la Escuela de Medicina Hadasha, que mostraba que el clavo que el Prof. Haas pensaba que medía 17-18 cm, realmente era de tan solo 11,5 cm.
Esto los llevó a señalar que cada pie fue clavado de manera separada y con un trozo de madera entre el hueso y la cabeza del clavo para que no se deslizarán los talones a través del clavo.
Se pensó que así había sido clavado Jesús, sin embargo The International Standard Bible Encyclopedia señaló que mucho se ha publicado en cuanto a la cantidad de clavos que se usaron en la crucifixión de Jesús y se ha encontrado que los pies de Jesús en las representaciones más antiguas muestran que fueron clavados por separado, sin embargo, en las más recientes se ven más bien cruzados y fijos en el palo con un solo clavo.
Estos son algunos de los supuestos más acertados que se han desprendidos de las investigaciones realizadas. Esto se resalta porque algunos han considerado que los romanos de ese entonces eran seres muy crueles e ingeniosos en su maldad, por lo que cualquier atrocidad se podría encontrar. Para nosotros no caer tentados por ese maligno sentimiento debemos acudir a las Oraciones al Espíritu Santo.
Con respecto a la maldad romana, el historiador Flavio Josefo reseñó en el año 70 d. C. que estos soldados en su asedio a Jerusalén, desquiciados de rabia y odio clavaban a los reos en diversas posiciones.
Posapies
Algunas representaciones de la tradición artística cristiana han dado cuenta de la presencia de un posapies o “suppedaneum” en latín en el que estaban fijados los pies de Cristo.
Esto también se ha observado en el llamado Grafito de Alexámenos que data del siglo II d. C. y en amuletos y objetos colgantes. Algunos de estos aditamentos, que se remontan al siglo II d. C. también se han visto en ciertos amuletos gnósticos con la imagen de Dionisio crucificado, posiblemente una de las más antiguas representaciones de la muerte de Cristo. Sin embargo, estas fuentes no hablan del origen del posapies.
Sin embargo, se han encontrado escritos de san Agustín refiriéndose a la viga vertical de la cruz de representaciones en las que observó los pies apoyados a dicha viga. Asimismo, hay evidencias en dibujos e incluso esculturas muy antiguas que muestran ese “suppedaneum”
¿Cómo fue su muerte?
Diversas han sido las opiniones encontradas, así como los estudios realizados acerca de las causas de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Se han hecho publicaciones tanto de historiadores como de investigadores e incluso especialistas médicos que se han dado a la tarea de investigar como murió Jesús.
En general, se ha dicho que es probable que la muerte pudo haber sido una muerte súbita por infarto masivo, debido a rotura cardíaca, fallo cardiorrespiratorio o a un edema pulmonar agudo, o las tres cosas al mismo tiempo.
Algunos han señalado que murió como resultado de una rotura del corazón, que provocó el desangramiento, de lo cual surgió la historia evangélica en cuanto al agua y la sangre que fluyó de la herida de Cristo, que se podría asociar también a un simbolismo o relato "milagroso" sin significado forense propiamente dicho.
Según los estudiosos, la ruptura cardíaca pudo ser producto de un daño miocárdico previo debido a un golpe en el pecho durante la ejecución.
Otros investigadores de la especialidad médica han presentado evidencias más contundentes desde el punto de vista fisiológico, entre las que se pueden mencionar las relacionadas con el sistema cardiorrespiratorio; a saber:
- Shock hipovolémico provocado por las hemorragias producto de los azotes y los clavos y, tal vez en parte, séptico por las innumerables heridas infectadas.
- Insuficiencia cardíaca que genera un edema o derrame de líquidos (pericárdico y pulmonar) secundarios que habrían reducido progresivamente el intercambio gaseoso en el pulmón y la contractilidad del corazón.
- Gran tensión emocional y descarga nerviosa intensa que provocó taquicardia, y reconducción del flujo sanguíneo.
- Asfixia debido al edema pulmonar y la postura que dificultad el ciclo respiratorio
- Arritmias cardíacas, por taquicardia elevada, ocasionando sobrecarga del corazón y alteración del potasio en sangre.
- Presencia de trombos circulantes que obstruyeron arterias de órganos vitales. Se cree que se produjo un infarto de miocardio y alteración de las válvulas del corazón por coágulos, que podrían haber roto el tabique cardíaco.

Otras causas no asociadas directamente al sistema cardiorrespiratorio pueden ser la insuficiencia renal, la hiperbilirrubinemia e hiperuremia con efectos graves en el sistema nervioso central.
El evangelista Mateo en 27, 45-46 dice que Jesús exclamó con fuerte voz dos veces en la cruz . La primera vez que gritó pudo haber sido un primer episodio anginoso, que bloqueó una arteria coronaria grande. Para honrar a Nuestro Señor por este sacrificio que nos narra Mateo, recemos la Novena del Espíritu Santo.
El segundo grito de Jesús se puede atribuir a una muerte súbita por infarto masivo, rotura cardíaca o arritmia letal, luego de lo cual su cabeza cayó posiblemente a la derecha entregando finalmente su espíritu, según lo expresa Juan en 19, 30.
Señalan los especialistas médicos que muy probablemente Jesús cerró las mandíbulas y los ojos con fuerza como instinto de alejamiento de la zona de dolor en el cuello, hombro, brazo y mano del lado izquierdo, lo que es típico de la angina de pecho e infarto.
Todo este cuadro de padecimientos que tuvo atravesar Nuestro Señor Jesucristo nos habla de la gran fortaleza de su naturaleza humana.
El haber sobrevivido a las crueles torturas de la flagelación y de nunca perder la lucidez mental, según lo relatan los evangelios, son pruebas de que Jesús fue una persona de excepcional constitución somática, física, intelectual y espiritual.
Fecha
En cuanto a este aspecto de la fecha de la muerte exacta de Cristo, se han observado también divergencias entre los evangelios sinópticos y el de Juan.
Los sinópticos hablan de que Jesús habría sido ejecutado el mismo día de la Pascua judía, pero el Evangelio de Juan señala que fue en la víspera de esa fiesta.
Aspectos astronómicos
En los cuatro evangelios se hace referencia de la crucifixión se llevó a cabo hacia el mediodía. Mateo en 27,45 y Marcos en 15,33 hacen mención de tres horas de oscuridad, mientras que Lucas en 23:45, habla más bien de que ocurrió una especie de eclipse de sol.
Pero, al respecto, se señala que no pudo haber ocurrido un eclipse el 14 de nisán (o en fecha muy cercana), pues todos los años en el calendario judío, esa es fecha de luna llena, lo que significa que la tierra está entre la luna y el sol y los eclipses solares son fenómenos que solo se producen en luna nueva; es decir cuando la luna está entre la tierra y el sol. Aparte de que los eclipses solares no duran tres horas.
Trascendencia histórica
La importancia de algunos episodios de la vida de Cristo ha sido enunciada como elemento de historicidad por la relevancia que reviste para la humanidad. Así, muchos estudiosos de la materia destacan en especial la muerte de Jesús como hecho auténtico.
Investigadores como Julius Wellhausen y James Dunn han señalado la muerte de Jesús como evento histórico de aceptación universal y es catalogado con preeminencia, pues es un evento imposible de ignorar o negar.
Así también, Bart Ehrman afirma que la crucifixión de Jesús ordenada por Pilato es el hecho más fidedigno sobre Nuestro Señor.
Igualmente, John Dominic Crossman expresó que la crucifixión de Jesús es un hecho indudable.
También Eddy y Boyd aseveran que a la fecha ya se ha sólidamente confirmado la crucifixión de Jesús incluso por información de fuentes no cristianas. Del mismo modo, Craig Blomberg manifiesta que muchos de los académicos participantes en lo que se ha llamado la tercera “búsqueda del Jesús histórico” respaldan la crucifixión como un hecho innegable.
Christopher M.Tuckett, por su parte, expresa que, aun cuando las razones que llevaron a la muerte de Jesús no se pueden determinar de manera exacta, él considera que realmente Jesús fue crucificado.
La cruz de Jesús
Se conocen distintos tipos de cruz y por ello Justo Lipsio en 1594 ideó una terminología para referirse a cada uno de ellos. En principio, la forma de la cruz varía según la cantidad de piezas de madera que la componen, que puede ser una o dos. Así:
Si se trata de una sola pieza se le denomina por su vocablo en latín crux simplex adaffixionem; que se refiere a un poste vertical en el que se ata al reo con las manos hacia arriba directamente sobre la cabeza.
Esta forma de cruz era respaldada por algunos eruditos y religiosos de los siglos XIX y XX y se sustentaba, según lo señalado por el pastor Hermann Fulda en 1878, en que no había árboles disponibles en todos los sitios donde se hacían ejecuciones públicas, por lo que se optaba por enterrar una simple viga en el terreno. A ella se amarraba al condenado con los brazos hacia arriba, y a menudo con los pies.
Según Joe Zias, se creía que se escogía esta opción según la cantidad de personas a ser crucificadas y señaló como ejemplo el caso de los 6.000 prisioneros de guerra crucificados a lo largo de la Vía Apia entre Roma y Capua, cuando la rebelión de Espartaco, como parte de una celebración de la victoria.
Se pensaba que era la manera más rápida y eficiente, pues simplemente se ataba a la víctima al árbol o cruz con las manos directamente sobre su cabeza. Zias no hizo mención a la muerte de Jesús, en la que los crucificados fueron tres.
Algunos investigadores han objetado a esta forma en el caso de Jesús en virtud de la descripción de los Evangelios, en los que se mencionan diversos tipos de clavos usados en las manos de Cristo. También discrepan del letrero del cargo que estaba sobre la cabeza de Jesús, y no sobre sus manos.
Al respecto se ha presentado un dibujo de una crucifixión en una crux simplex ad affixionem, la cual, según Hermann Fulda en 1878, se consideró como la más factible para la crucifixión del Señor que mostraba las manos clavadas de modo independiente sin travesaño.
También se objeta que los cristianos del siglo II, en la misma época de composición de los evangelios, teniendo conocimiento de la tortura de la crucifixión romana, en ningún momento se describió la cruz de Jesús como crux simplex, sino como una crux immissa o cruz patibular con travesaño.
Otro cuestionamiento que se ha presentado en cuanto a esta forma de cruz para Jesús es sobre la ausencia del travesaño, pues ello significaba que la víctima moriría rápidamente por asfixia y eso no se quería con Cristo, pues los romanos deseaban extender lo más que se pudiera su agonía.
Para el Dr. Frederick Zugibe, el suspender con los brazos sobre la cabeza como en la crux simplex provocaría la asfixia en pocos minutos, pero Jesús estuvo suspendido por horas. Se reza en momentos de recordatorio de tan nefasto evento la oración a Dios en momentos difíciles.
Solo por la idea de extender el sufrimiento del condenado, los soldados romanos convinieron en incluir el travesaño y el sedile o asiento.
El fundamento principal en favor de que se usó esta opción se basa en el significado literal original que tiene la palabra griega usada en los Evangelios.
Tomando el New Bible Dictionary de James Dixon Douglas de 1962 como referencia, se señala que el término griega para 'cruz' significa en primer lugar estaca o viga vertical y, en segundo lugar, un poste usado como instrumento de castigo y ejecución.
Empleando ese vocablo, aparecieron tres formas de usar la sola estaca vertical para amarrar o empalar a la víctima entre ellas la crux immissa con dos vigas †, que es la que se mantiene como la forma de la cruz en la que murió nuestro Señor.
Esta versión se ve reforzada por las narraciones de los cuatro Evangelios que hablan de la tablilla con la inscripción clavada sobre la cabeza de Cristo en la cruz.
Esta fue forma original de crucifixión en los pueblos orientales prerromanos, que luego los romanos le incluyeron el travesaño y, por ello, es que desde entonces el vocablo “stauros” se usó en los textos griegos para referirse a cualquier tipo de cruz de ejecución.
Se modificó por parte de romanos y griegos el poste de madera primitivo por uno con un madero transversal, que se denominó patíbulo.
Con base en estos últimos argumentos es que investigadores como R. E. Brown desecharon de la crucifixión de Jesús la utilización de la crux simplex, en virtud de que los evangelios señalan tanto a Simón de Cirene (los sinópticos), como al mismo Jesús (Juan), cargando a sitio de ejecución el stauros, que corrobora el rito romano de hacer que la víctima cargue el patíbulo hasta el lugar de ejecución, donde estaba el poste vertical al que sería unido.
Si son dos piezas, se trata de una crux compacta, en la cual el condenado tiene los brazos extendidos a ambos lados. Ésta se subdivide en:
Crux decussata, en forma de X
De uso restringido a unos pocos sitios y personas.
Crux commissa, en forma de T
Tenía espacio en la parte superior para colocar la tablilla con la inscripción del cargo del condenado.
Así lo señalan, por ejemplo, algunos autores como Luciano de Samosata, escritor sirio/griego del siglo II d. C. en la obra “El Juicio de las Vocales”.

Otros escritores cristianos de esos primeros siglos también compararon esta forma de la cruz de Cristo con la letra Tau:
La obra Epístola de Bernabé de autor anónimo, escrita supuestamente a fines del siglo I d. C., lo que la hace uno de los textos más antiguos del cristianismo, junto a la Didache.
Allí se describió a la cruz de ejecución como parecida a la letra T.
Por su parte, Tertuliano se preguntaba entre 190 y 220 d.C. por qué Moisés no oró sentado, cuando Josué luchaba con Amalec, sino que se quedaba parado los brazos extendidos. Esto le hacía suponer que era necesario en ese momento hacer la figura de la cruz.
Crux immissa
Con la viga horizontal un poco más abajo del extremo superior de la viga vertical (†)
Es la más común en la iconografía cristiana (con el travesaño abajado) y en el caso de Cristo, el evangelio de Mateo señala que la tablilla se colocó “por encima y arriba” de la cabeza de Jesús.
Según Raymond E. Brown que fue debido a esta última descripción que se usó la representación de la crux immissa y no la crux commissa.
Tampoco se usó la crux simplex, pues la tablilla se tendría que haber puesto sobre sus manos o a una altura lo que habría hecho difícil incorporarse para respirar.
El Prof. J. H. Bernard también es de la opinión que por esta descripción de Mateo fue que se usó la crux immissa con el travesaño para los brazos.
La International Standard Bible Encyclopedia acota lo mismo y que por esto es que normalmente se ve en las pinturas. Esta cruz tiene el poste largo con un travesaño más corto y por la indicación de que la inscripción estaba clavada sobre la cabeza de Jesús, se considera que esa es la forma de la cruz en la que él murió.
Refiriéndonos a los escritores cristianos de los primeros siglos, encontramos su interpretación sobre la utilización de esta cruz. Por ejemplo:
Justino Mártir (100-165) se basó, al igual que el autor de la Epístola de Bernabé en una imagen de la cruz de Cristo en el episodio de Moisés en el cual él aparecía con los brazos abiertos y se le asemejó a la cruz, posición que mantuvo mientras duró la batalla, que ganaron, no solo por la oración, sino a que quien mandaba en la batalla tenía el nombre de Jesús en griego: Josué y a que estaba formando la señal de la cruz.
Este autor describió la cruz formada por un madero en posición vertical encajado por otro horizontal, mientras que otro sobresale en el medio, en el que se sientan los crucificados.
Por su parte, Ireneo de Lyon, 130-202, reafirmó lo señalado por Justino; a saber: "La estructura de la Cruz presenta cinco extremidades: dos a lo largo, dos a lo ancho y en el centro una quinta, sobre la que se apoya el crucificado."
Minucio Félix, entre 150 y 270, relacionó la forma de la cruz con la señal de la cruz en un barco movido por velas hinchadas por el viento y cuando se sube el travesaño forma el signo de la cruz.
San Agustín en el 412 d. C. escribía que se debía comprender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de la cruz del Señor, pues:
- Su anchura simbolizaba la viga horizontal sobre la que se extendían sus brazos,
- La longitud es la viga vertical sobre la cual estaba apoyado el cuerpo entero que ascendía desde el suelo orientado a Dios,
- La altura se marcaba desde las manos hacia abajo y desde el poste hacia arriba lo que sobresale a la cabeza.
- La profundidad se refería a la parte oculta enterrada en el suelo como arraigo terrenal.

En cuanto al posapies o suppedaneum en la cruz, Justo Lipsio, de acuerdo con sus observaciones, acotó que, por un lado, Inocencio describió en la cruz de Cristo cuatro piezas de madera: la viga perpendicular, el travesaño, el tronco de un árbol puesto por debajo, y la tablilla con la inscripción encima, mientras que Ireneo habló de cinco extremos, dos verticales y dos horizontales, y uno en el medio, que se usaba para que la persona clavada se sentara.
Cruz árbol
Existen algunos autores que apoyaban esta tesis de que Jesús pudo haber sido fijado a un árbol vivo.
Basándose en la posible escasez de madera, en la cantidad de condenados a crucificar, así como en la premura de las ejecuciones, surgió esta tesis sostenida, entre otros, por el Prof. Joe Zias.
La tesis destaca que los romanos recurrían en ocasiones a crucificar a las víctimas directamente en árboles, que, por cierto no se menciona el caso de Jesús.
También se señalan a documentalistas de programas de televisión, como Jean-Claude Bragard y Bryan Bruce, quienes arguyen que Jesús también podría haber sido crucificado en un árbol, y Bruce, particularmente, se sustenta en la opinión a Zias.
Asimismo, el pastor evangélico John D. Keyser, de la iglesia "Hope of Israel", aseveró que Jesús murió en un patíbulo fijado en un árbol, al cual también se ataron a los dos ladrones crucificados con él.
Algunos autores como Ernest L. Martin señala en el libro The Secrets of Golgotha, que el árbol y patíbulo formaban un stauros en el sentido amplio que se le dio a esta palabra en el siglo I d. C.
Aparte de la escasez de madera en el Israel en tiempos de Jesús, otro argumento usado para esta forma de cruz se debe a que en algunos textos del Nuevo Testamento, como Hechos de los Apóstoles, Gálatas 3,13 y Pedro 2,24, se emplea para referirse a la cruz de Cristo la palabra griega ξύλον (xylon), que entre las varias acepciones que tiene está el significado de "árbol".
La acepción de “xylon” con sentido de "árbol" se ve confirmada en la Anábasis de Jenofonte. No obstante, no se acoge su uso con sentido genérico de "madera" para referirse a poste, sino a la materia en la que está hecho.
Es de acotar, de todos modos, que este uso de la palabra xylón, para hablar de la cruz de Cristo, ha existido por mucho tiempo, pero no con sentido de árbol vivo.
De allí proviene el hecho de que a menudo se use esa palabra con la acepción de cruz de Cristo en la liturgia griega, pero la iglesia ortodoxa siempre ha tenido a esta cruz como una cruz patibular común.

El uso de árboles vivos como cruces ha sido tema de controversia en ámbitos diversos. Así, por ejemplo en la época prerrepublicana, los romanos en ocasiones ataban a los esclavos desobedientes en los árboles como castigo.
Por esta tesis, se podría plantear que la crucifixión se pudo haber hecho mediante esta antigua costumbre de suspender de un árbol al reo castigado.
No obstante, el Prof. William A. Oldfather refutó tal idea aseverando que este castigo no era ninguna forma de ahorcamiento o método para clavar o fijar al árbol, sino sólo muerte por flagelación.
Especialistas en la materia como R. E. Brown resaltan que la diferencia entre la crux commissa y la crux immissa es el lugar en el que va insertado el patíbulo que trae cargando el condenado, que puede ser encima o en el lado.
La palabra que encontramos en la Biblia para referirse a la cruz es la voz griega σταυρός (staurós), en un principio solo tenía la acepción de poste o estaca, y se empleaba ya antes de Cristo para mencionar a distintos tipos de cruces que usaban los romanos para ejecutar a sus enemigos en la antigüedad.
De acuerdo con lo afirmado por el investigador R. E. Brown, la forma de la cruz en la que murió Jesús fue la crux compacta, pues tal como se ha narrado en los evangelios, el mismo Jesús y Simón de Cirene llevaron el travesaño o patíbulo al lugar de ejecución, en el cual ya estaba colocado el poste vertical.
Se habla también de que los primeros cristianos adoptaban esa posición del crucificado con los brazos extendidos hacia los lados para hacer sus oraciones. La Oración al Señor de la Misericordia nos permite inspirarnos también en nuestro orar.
Así lo encontramos hacia finales del siglo I y comienzos de siglo II d. C., en las Odas de Salomón que muestran esa posición en los orantes, representando la posición de Jesús en la cruz.
Asimismo, en las representaciones de la figura del orante que se observaron en las catacumbas, se muestra a los cristianos perseguidos orando de esa forma evocando la crucifixión de Jesús en la cruz. A diferencia de los paganos que oraban con las manos elevadas por encima de la cabeza.
Otros historiadores como Tertuliano, señalaron que los cristianos elevan y extienden los brazos y confiesan a Cristo imitando la pasión del Señor en la oración.

Este historiador asemejó esta posición cristiana de orar con el volar de las aves que "se elevan hacia el cielo y extendiendo en vez de manos la cruz de sus alas dicen algo que parece ser una oración".
Por su parte, Minucio Félix hizo una comparación de la cruz con la de una persona que reza con los brazos abiertos.
Otros como el autor de la Epístola de Bernabé se refería a la cruz de Cristo como la letra T. Asimismo, hizo ver que Moisés, cuando extendió sus brazos al rezar formó la figura de la cruz.
También Tertuliano hizo la mención de la letra T al referirse a la forma de la cruz.
En cuanto al travesaño, desde un principio cuando comenzaron a aparecer las primeras representaciones pictóricas de lo que fue la crucifixión de Cristo, se hizo evidente dicho componente.
Se dice que la de más tiempo, que aún hoy se conserva, es la gema a base de jaspe tallada que data de finales del siglo II o inicio del III. Se ha señalado como probable sitio de aparición la región de Siria.
La misma se encuentra actualmente en el Museo Británico y muestra a un Jesús con barba, desnudo, atado con cuerdas al travesaño o patíbulo de la cruz, con la tablilla escrita en griego con algunos vocablos cristianos.
En los folletos de presentación de la obra se puede leer: “La aparición de la crucifixión en una gema grabada de fecha tan temprana sugiere que imágenes del crucifijo (ahora perdidas) pueden haber sido generalizadas en el segundo y tercer siglo, más probablemente en contextos cristianos convencionales."
Representaciones arqueológicas
La crucifixión de Jesús ha sido tema de inspiración para la creación de obras y representaciones de tan importante evento.
Por ejemplo, el primitivo arte paleocristiano fue uno de los promovió la simbología relacionada con este hecho.
Se han encontrado representaciones como:
- El Buen Pastor
- El Orante
- La Paloma
- El Pez
- El Ancla, etc.
No obstante, el signo de la cruz apareció mucho después, así como la imagen de Cristo.

Se han encontrado, además, algunos interesantes hallazgos que podrían significar representaciones de la muerte de Cristo todavía más antiguas, según los datos reportados y la interpretación de los mismos. Gracias a ellos, se podrían obtener indicios sobre las tradiciones más primitivas de su crucifixión.
Osarios e inscripciones judías
En 1873 se reveló el hallazgo de una caverna en el Monte de Los Olivos, el cual fue hecho por el famoso arqueólogo francés Charles Clermant-Ganneau.
En dicha caverna se encontraron unos 30 osarios, algunos con indicios de haber sido crucificados e identificados con nombres comunes para esa época como Juan o Jesús.
Más tarde, ya en el año 1945 el Prof. Eleazar L. Sukenik, también arqueólogo del Museo de Antigüedades Judías de la Universidad Hebrea de Jerusalén encontró una tumba familiar en esa ciudad, en el área de Talpiot.
En dicho hallazgo se descubrieron dos osarios que tenían el nombre de “Jesús” escrito en griego y uno de ellos tenía también cuatro cruces grandes dibujadas.
De acuerdo con lo señalado por el Prof. Sukenik, se llegó a conclusión de que tanto las inscripciones como las cruces estaban relacionadas, en cuando a ser "expresiones de pesar por la crucifixión de Jesús". Los estudios de datación señalaron que las inscripciones podían ser del siglo i a. C. al I d. C.

Así también lo corrobora la marca de un asterisco en el mismo lado de la tapa de los osarios. Así ha sido el pensar de expertos arqueólogos como L. Y. Rahmani y Amos Kloner. Rahmani, quienes las llaman "Marca de dirección".
También es corroborado por le Prof. R. H. Smith en cuanto a la investigación sobre supuestas marcas de cruces cristianas sobre una serie de osarios judíos.
No obstante, es válido también acotar que otros académicos han considerado que los judíos del tiempo de Jesús usaban una “x” o un signo “+” como símbolo de protección según lo explicado por Ezequiel en 9,4. Pidiendo mediante la Oración a la Virgen de la luz podemos obtener claridad mental para comprender estos hallazgos.
Ahora bien, se ha indicado que la letra hebrea Taw solo parecía tener aspecto de “T” en el antiguo paleohebreo y no en el hebreo cuadrado del siglo I. En éste su apariencia es de una herradura invertida, que se dice solamente sería una marca simbólica de protección y no una cruz basada en el sacrificio de Cristo.
Representaciones en Pompeya y Herculano
Las cruces que fueron halladas en la ciudad de Pompeya y en la de Herculano, demuestran que había un culto primitivo a la cruz cristiana, evidenciando además antes del año 79 d. C. la forma como murió Nuestro Señor.
Asimismo, podemos dar cuenta del grafito encontrado en la Domus 22 en Pompeya que refuerza esta tesis y que textualmente dice “Bovio presta oídos a los cristianos".
Ahora bien, en el libro Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, su autor, el Prof. José María Blázquez, expuso sus dudas acerca de si realmente se trataba de un símbolo cristiano en virtud de que lo consideraba muy temprano en el tiempo.
Él se basó en el hecho de que la cruz como símbolo cristiano solo apareció a partir del siglo IV, tal como se demostró con los sarcófagos encontrados en el Museo Laterano a mediados de ese siglo, identificados con el núm. 171 y núm. 169, o el núm. 106 del mismo museo, pero descubierto a finales de siglo”.
Del mismo modo, esta tesis es descartada por el Prof. Antonio Varone sustentándose en la simbología cristiana de estos hallazgos. Él también se basa en lo acontecido en ese siglo cuando se produjo la conversión del emperador y de la gran cantidad de paganos, que fue lo que exaltó la veneración.
Agregó Varone que encontraba muy extraño que hubiera esa conexión entre tales símbolos y el cristianismo en los siglos II y III y poco antes del reinado de Constantino.
Igualmente señaló que, aparte de las dudas que le suscitaba la supuesta identificación cristiana de la cruz, se ha encontrado la imagen de una divinidad con forma de serpiente, así como de unos hallazgos obscenos en una pintura encontrada en una panadería que resultaban difícil de compaginar con la espiritualidad cristiana del dueño de la panadería.
En esta misma línea, el Prof. Varone también descarta esta adjudicación cristiana y dice que, para referirse a un verdadero culto a la cruz se tenía que esperar hasta el siglo IV con la conversión del emperador, que haría que la diferencia en cuanto a la veneración, lo cual estaría más acorde con la espiritualidad que se originó entonces.
Es sabido que, desde principios de la civilización, incluso antes de ser símbolo del perdón, el signo de la cruz era más bien mágico y ritual. Según el Prof. Verona, antes se pensaba que la cruz tenía poderes para dar protección contra las malas influencias, por lo que se usaba sobre todo como amuleto.
Las Devociones y oraciones católicas, al igual que la cruz de Jesús, son también formas de tener la protección del Señor.
Ahora bien, el arqueólogo español Antonio García y Bellido ha expresado que lo encontrado en el sitio de Herculano pareciera más bien una especie de retablo de un santuario privado cristiano, lo cual se diferencia de una actividad conciliatoria no cristiana de la cruz en esa región. Se basó para ello en:
- La posición aislada de la cruz en el paño estucado y ubicada al fondo de la habitación, frente a la puerta de entrada, a través de la cual pasaba la luz de la ventana abierta en el corredor, precisamente hacia el Oriente.
Ello rememoraba, además, las alas o batientes que la debían flanquear para cubrirla. Esto era ilógico en los cultos cruciformes pre-cristianos.
- Su estrecha relación con su historia al desembarco en Pozzuoli, que narró Pablo de Tarso en 60 d. C., como lo dicen los Hechos de los Apóstoles.
- Su inesperada desaparición violenta del paño estucado que la enmarcaba, que sólo se explica por su relación con un evento cuya amenaza fuera la exposición del símbolo en sí.
Ello se cumpliría muy probablemente durante la persecución de Nerón del año 64 a 68 d. C., lo que no ocurre con otro tipo de reliquias religiosas, que, si se hallaron íntegras en las otras viviendas. Ello, en su momento, se interpretó como «símbolo no grato» por su distintivo.
- Su hallazgo en un recinto probablemente para esclavos que servían en ese tipo de comercios dentro de la villa patricia.
El grafito de Alexámenos
Esta inscripción descubierta en 1856 muestra una cruz de la cual cuelga un asno y enfrente de ella se observa a un hombre con los brazos abiertos como orando contemplando la cruz.
Fue hallada en una pared de las habitaciones usadas por la guardia pretoriana, en las ruinas de los palacios imperiales de la ciudad de Roma.

La inscripción que aparece en el grafito dice, traducido del griego: «Alexámenos venera a Dios».
Se piensa que este grafito palatino data del período entre 161 y 180 d. C. cuando reinaba el Emperador Marco Aurelio, aun cuando algunos lo remiten al reinado de Alejandro Severo, entre 222-235 d. C.
No obstante para el Prof. Blázquez esta cruz constituye una burla anticristiana, ya que había una acusación contra los judíos de que por cierto tiempo habían estado adorando la cabeza de un burro, hecho que también relata el historiador Flavio Josefo.
Por ésta y otras representaciones de burla anticristiana es que los entendidos y estudiosos de la materia se inclinaron a considerarla una blasfemia anticristiana.
Del mismo modo, el escritor cristiano Tertuliano denunció y rechazó en sus Apologéticas que se había estado publicando una grotesca representación de Nuestro Dios con la inscripción: “Onokoites, el dios de los cristianos’”, en la cual se representaba a una figura con orejas de asno, una toga y cargando un libro.
También el abogado cristiano Minucio Félix dio a conocer su opinión al respecto cuando se quejó de la cita que hizo el opositor pagano Cecilio, quien había estado divulgando que los cristianos adoraban una cabeza de asno.
Por otra parte, se han encontrado que gran porción de las más antiguas representaciones de Cristo en la cruz trataron de no presentar a Jesús desnudo. Surgió la costumbre, entonces, de colocarle una túnica para cubrir dicha desnudez, lo cual se hizo hasta el siglo IX.
Específicamente el grafito de Alexámenos nos muestra a una persona crucificada vestida, lo cual no concuerda con la costumbre propia de los romanos de desnudar a los condenados. Resulta pertinente para nosotros como cristianos hacer la Poderosa oración de los fieles para honrar a Nuestro Señor en agradecimiento por su redención.
Asimismo, se discutido que para la época había otros cultos religiosos que también empleaban signos cruciformes.
La Enciclopedia Católica, cuando se refiere a este grafito señala que según lo estudiado por el Prof. Haupt, se trató de ubicarlo como una caricatura de un adorador del dios egipcio Seth, pero dicha explicación fue refutada y descartada por el historiador Kraus.
Wünsch también propuso su tesis sobre la posición de la letra “Y”, colocada cerca de la figura del crucificado, lo que también se ha visto en una lápida asociada al culto de Seth. Esto llevó a Wünsch a concluir que el Alexámenos del grafito perteneció a la secta de Seth.
Este Grafito de Alexámenos fue inicialmente interpretado como imagen, lo que implicaría que sería una de las primeras representaciones de Cristo en la cruz.
Pero desde la década de 1920 se comenzó a dudar de tal identificación que más bien se podría referir a otros cultos mistéricos, como el orfismo, o elementos simbólicos del flamen DiviIulii , que es el sacerdote dedicado al culto de Julio César divinizado.
Específicamente en 1926 fue estudiado y finalmente denunciado como un posible fraude.
Llegó a ser parte de la colección del Altes Museum de Berlín, pero se perdió o fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial
Primeras representaciones
Dentro de las primeras representaciones religiosas que se han hallado y estudiado, algunos expertos como Eric C. Smith y Richard Viladesau han considerado como la más común la representación del orante, pues es elemento siempre presente en el arte paleocristiano encontrado en las catacumbas.
Esa postura de oración que implantaron desde la antigüedad los paganos y judíos, fue adoptada por los primeros cristianos adquiriendo un especial significado, pues con ella evocan la cruz y la crucifixión de Cristo.
Es de resaltar que esa forma de orar de los cristianos de los primeros siglos representaba para ellos una manera de mostrar su honra para con la crucifixión de Jesús, al elevar y extender los brazos, imitando la postura del Señor.
Según lo señalado por el historiador Naphthali Wieder, los judíos abandonaron esa postura de oración, que era tradicional de la liturgia judía, precisamente porque los cristianos la adoptaron como una referencia a la crucifixión de Jesús.
Por otra parte, también se ha hecho mención a la creencia en la simbología cristiana primitiva de los primeros siglos de que el signo del ancla o "áncora" era una forma encubierta para la cruz de Cristo, de manera de ocultar su fe en los tiempos en que eran perseguidos.
Las representaciones más claras, directas y explícitas se iniciaron desde el siglo III mostrando abiertamente la crucifixión de Cristo y junto a los doce apóstoles a partir del siglo IV d. C., de acuerdo con lo reseñado y divulgado en la colección fotográfica y en las anotaciones del arqueólogo clásico John Beazley.
La Enciclopedia Católica, igualmente, ha dedicado un apartado de su contenido a la representación de la crucifixión de Cristo. Debemos acudir a la Oración de amor al Santísimo Sacramento para honrar este episodio de Jesús.
Este apartado de la enciclopedia titulado “Veneración de Imágenes”, señala al respecto: “Los crucifijos más viejos que se conocen son los de las puertas de madera de Santa Sabina en Roma y un tallado en marfil en el Museo Británico. Ambos son del siglo V. Un manuscrito siriaco del siglo VI contiene una miniatura representando la escena de la crucifixión. Hay otras representaciones parecidas hasta el siglo VII, después del cual se torna usual la costumbre de agregar la figura de nuestro Señor a las cruces; el crucifijo tomó posesión en todos lados”.

Se hace referencia a este manuscrito, que se ha llamado Evangelio de Rabula, pues específicamente representa la Crucifixión y Resurrección de Jesucristo, que data probablemente del año 586 d. C. aproximadamente.
Aún se conserva en la Biblioteca Medicis Laurentiana de Florencia y constituye el único texto del cristianismo siriaco que ha sobrevivido al transcurrir del tiempo.
Basándose en los hallazgos arqueológicos, los historiadores, como el Prof. J. F. Hurst, se ha presentado de manera conclusiva que el crucifijo no era usado por los cristianos de las comunidades primitivas, así como tampoco ninguna representación material de la cruz.
Así lo corrobora otra publicación que estableció que solo fue después del año 312 d. C. cuando se celebró el edicto de Milán, que se comenzó a usar la cruz como señal permanente de Redención cristiana.
A este respecto, De Rossi reseñó que no hay monograma referido a Cristo, que fuera descubierto en las catacumbas o en otros lugares y se pueda asegurar que existía antes del año 312.
Incluso después de ese año, ya cuando se había declarado la Iglesia libre y victoriosa, solo se tenían monogramas sencillos de Cristo mostrando:
- La letra griega “ji” o “chi” cruzada verticalmente por una "rho".
- A veces horizontalmente por una iota.
Se ha dado cuenta de que el crucifijo más antiguo, al que se le tuvo como objeto de adoración pública, es aquel que fue venerado en la iglesia de Narbona en la parte meridional de Francia, en el siglo VI.
Origen sincrético de la cruz eclesiástica
En diversas ocasiones se ha planteado la inquietud del por qué no se cuenta con representaciones cristianas de la cruz que sean definitivas. Solo se tienen en el arte paleocristiano a partir del siglo IV.
La justificación que se dado para tal hecho es que en principio las creencias cristianas estaban arraigadas en la religión judía, la cual explícitamente prohíbe las imágenes.
El abogado y escritor cristiano del siglo II d. C. Minucio Félix resumió que la cruz era signo que sustentaba muchas cosas de la naturaleza y dejó claro en su obra Octavirus que su señalamiento de que se aleja de la verdad el que no reconoce y se da culto a un criminal y a una cruz, que también tomó por Dios a un culpable y acusó el que se consagren dioses de madera y cruces de palo como ídolos.
Por su parte, la Enciclopedia Católica también afirma que el cristianismo primitivo no contaba con la representación de la crucifixión. Destaca que esto es debido a que no tenían la disposición de representar evento alguno del Señor, en parte por la prohibición en el Antiguo Testamento de venerar imágenes.
Sin embargo, se han revelado descubrimientos en una sinagoga del siglo II en la ciudad Dura Europos que contenía muchos murales con imágenes.
Por el contrario, los símbolos cruciformes han sido empleados como parte de la práctica religiosa precristiana en las ejecuciones romanas.
Es por ello que el arqueólogo G. S. Tyack resaltó que la cruz ha sido símbolo sagrado en épocas previas al nacimiento de Cristo y en lugares en donde no había habido predicaciones de la Iglesia.
De destacar también es el hecho de que para otros dioses igualmente se han empleado objetos cruciformes para representarlos a sus fieles. Tenemos, por ejemplo, a Baco griego, el Tamuz tirio, el Bel caldeo y el Odín escandinavo.

La cruz en su forma simple de dos líneas que se cruzan en ángulo recto comenzó a ser usada como símbolo en Oriente y Occidente mucho antes de que apareciera el cristianismo
Se dice que se origina en los tiempos iniciales de la civilización humana y algunos historiadores reportan su veneración en la Edad Antigua en regiones como Egipto y Siria, al igual los budistas en Oriente.
Los primeros cristianos la vieron reflejada en diversos signos y testimonios relacionados con su fe. Los discípulos se impresionaron al descubrir la figura de la cruz en casi todo objeto de su entorno como en peces, aves, en las velas de los barcos, en flores, árboles, en la figura del cuerpo humano.
El erudito Killen citó en sus escritos a Tertuliano, quien expresó: “Si no mal me acuerdo, Mitra sella en sus frentes a sus propios soldados", lo cual fue interpretado como que se les hace la señal de la cruz, aun cuando Tertuliano no especificó cómo fue ese sello.
Otros expertos académicos como W. E. Vine, han llegado a aseverar que el supuesto sincretismo fue propiciado de manera deliberada a fin de satisfacer necesidades políticas y religiosas.
En tal sentido, se ha afirmado que a mediado del siglo III d. C. cuando muchas iglesias se separaron de la doctrina cristiana o que se habían pervertido, se flexibilizaron las prácticas religiosas y se aceptaron ritos antes no permitidos con fin de aumentar el prestigio del sistema eclesiástico.
Se comenzó, entonces, a recibir a los paganos en las iglesias, además de la regeneración por la fe, y se les aceptó mantener muchos de sus signos y símbolos.
Surgió de allí el empleo de la Tau o Τ, en su forma más común; es decir, con la pieza transversal abajada, para la representación de la cruz de Cristo.
En cuanto a la Qui, o Χ, que el emperador Constantino declaró que vio, en una visión que le hizo convertirse al cristianismo, aquella letra que era la inicial de la palabra «Cristo», y no tenía nada que ver con «la cruz».

Teología de la crucifixión
La teología cristiana plantea que el acto de la crucifixión ya estaba prefigurado desde muchos siglos antes en el Antiguo Testamento.
En tiempos de este Testamento, se presentaban figuras como la Serpiente de bronce que encontramos en Números 21,8. Esta crucifixión consistía la puesta en una asta del animal, por lo cual los israelitas revelaron que fue el medio de curación de todos los que habían sido picados por culebras.
También hay referencia al sacrificio con la sangre de cordero, de acuerdo con lo presentado por Éxodo en 12,7. Este consistía que, una vez inmolado el cordero, se empleaba su sangre para impregnar postes y dinteles de las puertas de las casas de los hebreos, lo cual se tenía la creencia que les brindaba la protección apropiada contra la plaga de la muerte.
Asimismo, se habla en la teología de la crucifixión de la marca de Ezequiel, que fue puesta en la frente del pueblo que se mantuvo fiel y con lo cual todos se salvaron de la muerte, según lo refiere Ezequiel en 9,4.
La palabra hebrea para referirse a la marca es la misma de la última letra del alfabeto; es decir, Tav, cuya forma manuscrita tiene la forma de la cruz.
En griego, por su parte, se tiene la letra Tau, que es la “T”, que sería una de las posibles formas de la cruz en la que murió Jesús.
Al ser Jesús condenado a la muerte en la cruz, hizo que la misma se convirtiera en el símbolo universal del cristianismo. Recemos la Novena a la Virgen del Carmen para agradecer a Cristo por su sacrificio que redimió nuestros pecados.
De allí que sea central en la obra redentora de Jesús y los propósitos eternos de Dios. Ya lo decía Pablo en la primera Carta a los Corintios en 2,2 al escribirle a los creyentes:
"Nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y Este crucificado".
Sin embargo, aun cuando hoy en día resulta ver como este símbolo de la cruz en muchos lugares remite a algo positivo y lleno de esperanza, no sucede así ni se evoca el mismo mensaje y sentir en todas las personas.
Lo vemos también en Pablo cuando dijo en la primera Carta a los Corintios, versículos 18 al 23:
"La palabra de la cruz es necedad para los que se pierden… nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los Judíos, y necedad para los Gentiles".

Ahora bien, tal acto prefigurado en el Antiguo Testamento no implica, en modo alguno, que se justifique la muerte de un inocente, como lo fue Jesús. Tampoco implica decir que era voluntad divina, lo que constituiría un modo humano de actuar que es justificado por Dios.
De allí la relevancia de lograr la debida comprensión de lo significó este hecho históricamente hablando, así como el sentido teológico de lo que representaba la Pasión y Muerte de Jesús.
Se hace la acotación pues no se trata de una simple narración que se escucha en tiempos de Cuaresma nada más, sino que más bien se constituye en un evento en el que se revela una realidad trágica humana, que nos debería llevar a reflexionar de los que somos capaces de hacer al dejarnos tentar y convertir en verdugos cuando somos sometidos por el poder y al dinero.
La crucifixión o asesinato de Jesús representa una desgracia para la humanidad que va más allá de nuestras creencias.
Con la cruz solo se estaba representando la negatividad, mezquindad y maldad del humano, arrastrado por los más bajos instintos y simbolizando, a su vez, el rechazo divino, pues se infería que el que moría era un ser no bendecido por Dios. Así nos lo revela Deuteronomio en 21,23.
Esto nos reafirma que la muerte de Jesús no fue algo fortuito, producto del azar o de la voluntad divina. Este hecho fue debidamente meditado y ejecutado por personas específicas, como lo refiere Juan en 11,47-53, quienes eran hermanos de un mismo pueblo, según lo expresa Juan en 7,1.
Decimos que fue una muerte justificada en virtud de que los representantes de instituciones religiosas y políticas oficiales estaban involucrados como lo dice Juan 11,49-50, ya que para ellos Él constituía a un peligro a sus deseos de poder.
Significaba, además, que estarían ellos permitiendo la entrada de una nueva forma de vivir, más humana y unificadora, con la cual se buscaba reconciliar al pueblo disperso. Esto lo leemos en Juan 11,52.

En esa nueva forma de vida pretendía el Señor proclamar y promover una relación personal con Dios fundamentada en el pacto directo, sin mediación sacerdotal ni de sacrificio de parte del Templo, según lo encontramos en Jeremías 31,31-34.
Pero la vida de Jesús hizo temer a los cegados por el poder que se les había otorgaba de parte de los romanos, que les daba beneficio económico y estatus social. Esto nos lo refiere Juan en 11,48-50.
El conflicto en el plano religioso fue complicándose con el transcurrir del tiempo y con un poder político romano que se hizo indiferente e indolente ante un inocente condenado, se le dictó sentencia de tortura y muerte. Mateo lo narró en su evangelio en el capítulo 27, versículo 24.
Al tener conocimiento de esta acusación, otros grupos religiosos, no afectos a Jesús, se sumaron a esta causal y apoyaron el expediente viciado. El poder imperial encontró también razones formales para su condena y juicio como preso político, tal como lo narra Marcos en 15,26.
Magnanimidad del Señor
Dios Padre es Señor Creador y Dador de vida, por lo cual no quiere la muerte de sus hijos y menos de un inocente. En virtud de ello no se puede justificar una condena diciendo que fue por voluntad divina. Eso sería aceptar que ese doloroso hecho es sagrado, haciendo de esta desgracia un sacrificio divino.
Con la Oración al Espíritu Santo es posible que nosotros logremos que el Santo Padre derrame su voluntad divina.
Hemos de señalar, además, que aceptar esa acción maligna es no reconocer las consecuencias que tiene esa responsabilidad de los victimarios cuando torturan y asesinan y que las convierten, si no se les hace saber su crueldad, en seres deshumanizados y en verdugos.
Por otra parte, esa justificación de que Jesús murió por voluntad divina hace que convirtamos a Dios en cómplice de esa maldad hecha por el hombre, como lo refiere Salmos 35.
Nuestro Señor Jesucristo siempre confió en su Padre y en su magnanimidad y que lo acompañaría en todo momento, en cada acción, en cada decisión, de acuerdo con lo que dice Marcos en 12,6.
Sin embargo, sabía de las consecuencias a las que se tendría que enfrentar por predicar el Reino de Dios en a tierra y por los cuestionamientos que hacía al sistema religioso implantado en aquella época, relatado esto por Mateo 23, 1-36, así como por los estamentos políticos, de los que habla Lucas en 12,31-32.
Ello nos da cuenta de su valentía, que a pesar de las terribles consecuencias, entregó su servicio por amor a nosotros y aceptó la voluntad del Padre. Esta fue la razón por la cual murió de la peor y denigrante manera.
Es propicio recordar que el espíritu fraterno con el que vivió fue el motivo por el cual lo mataron. Su correcto proceder resultaba un estorbo para las conciencias de los que vivían del poder, dinero y muerte.
Podemos dar una explicación al por qué de la Pasión de Jesús sustentándola, no en la muerte y en el efecto que se esperaba se alcanzaría con ella, sino más bien en el proceder filial y fraterno de Cristo durante toda su vida terrenal y las consecuencias que esto produjo. Así lo explica Nehemías en 9,26.
La muerte de Jesús como la de cualquier persona ocasionada por la maldad de un ser humano, por la violencia de todo orden, incluso política, o por hambre, no tiene ningún sentido y sería muy injusto y, sobre todo inhumano justificarlas.
De rescatar y valorar es el modo como Jesús asumió el horror de su muerte. Igualmente loable es reconocer como se identificó durante su existencia terrena con los más necesitados, que viven, sufren y así mueren.
Siempre oró Jesús al Dios Padre, para que no ocurriesen más este tipo de injusticias y maldades en nuestro mundo y refutó y rechazó a todo aquel que actuase contrario al bien.
Muchas fueron las formas que empleó el Señor para vivir y dar amor a sus semejantes necesitados. Lo hizo a través de sus Palabras, de sus enseñanzas, así como impartiendo perdón, sanación, reconciliación, liberación y, sobre todo, en su entrega incondicional hacia los que sufren, a los necesitados, a las víctimas y rechazados y enfermos de la sociedad. Tal cual lo reseñó Mateo en 8,17.
Jesús desde siempre comprendió el actuar de su Padre con compasión y oponiéndose a los sacrificios como nos lo relata también Mateo en 9,13, al igual que el Salmo 50.
De la memoria colectiva de sus primeros seguidores, se recogen tres aspectos que ellos resaltan en Jesús:
- Su modo de ser durante toda su vida siempre de servicio, sin buscar reconocimiento histórico o tal vez conciencia mesiánica de ningún tipo, ni violenta ni revolucionaria.
- Su práctica siempre consecuente con su modo de ser, ofreciendo hechos y palabras que consolaron y dieron vida al necesitado.
- El asumir libremente su destino: con fidelidad y obediencia al Dios Padre y en un amor incondicional a sus semejantes.
Llevó una vida entre los seres humanos marcada por la piedad, la comprensión y el servicio para todos y por cada uno. Se entregaba cada día, sin importar el agotamiento físico y mental. También debemos ser piadosos y misericordiosos como Jesús para lo cual la Oración a San Rafael nos será de mucha ayuda.

Su pensar y actuar se centraba en que todos se uniesen en torno a la paternidad materna de ese Dios, a quien obedecía, comprendía y aceptando sus designios en los que siempre creyó.
Tal cual nos lo expresó también Schürmann: la voluntad de servicio de Jesús, su exigencia de amor, de manera especial su mandato de amar a los enemigos, y su amor a los pecadores, todo ello unido a su oferta de salvación llevada hasta la última hora, hacen sostener que Jesús entendió y vivió su propia muerte amando, intercediendo, bendiciendo y plenamente seguro de la salvación.
Asimismo, nos lo dice Gálatas en 2,20: «se ha entregado a sí mismo», voluntariamente. Es decir, no lo entregó su Padre como una víctima para lograr la salvación nuestra. Tampoco cedió ante el poder de sus victimarios y verdugos.
Fueron diversas las interpretaciones que se dieron a su muerte. Una de esas interpretaciones estuvo referida a la del siervo, en la que se señala que vino a la tierra a servir y dar su vida al necesitado, para lo cual se entregó con actos de solidaridad fraterna llevados a cabo día a día hasta su muerte.
Es de acotar que como siervo nos dejó un mensaje de esperanza que aún hoy está vigente.
Por una parte, cabe preguntarse hasta dónde puede llegar el hombre cuando procede según la bondad de su propia naturaleza. Al respecto, se ha dicho como respuesta a la interrogante que se hace hasta poder superar el mal ocasionado por el victimario.
Por la otra, la maldad no es absoluta pues puede acabar con la salud mental y física de la persona y llegar a deshumanizarla por completo las instituciones.
Tenemos que resaltar que quien vive humanamente, no cayendo en la tentación de la deshumanización, puede lograr detener al mal no reproduciéndolo ni retribuyéndolo.
Jesús representa, entonces, tener la esperanza de una nueva manera de ser y proceder, como lo dice Mateo en 8,17 y 11,28-30 con lo cual atrae a todos, de acuerdo con lo que dice Juan en 12,32.
También Jesús significa no descarga en el otro nuestras culpas y responsabilidades y busca no alejarlo. Uno que mantiene su dignidad y enseña a oros conservarla también.
El arte en la Crucifixión
El momento de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo ha sido tema de muchas representaciones artísticas pictóricas y escultóricas, así como también de guiones de películas cinematográficas, que se han ganado la popularidad y el prestigio por la calidad de la producción y de los artistas que han intervenido, pero sobre todo por la temática que apasiona a una amplia audiencia que gusta de este tipo de espectáculos.
Esculturas
Para todas estas obras artísticas se han empleado diversas denominaciones para atraer la atención del público. Así hemos visto títulos como: Cristo Crucificado, En la cruz, Jesús, Jesucristo Crucificado, Crucificado. Como podemos observar todos centrados en la figura de Jesús o la cruz, por la inspiración que se busca despertar en la audiencia.

Sin embargo, se han encontrado otras producciones que hacen una presentación más amplia de lugares y personajes en los que las Santas Escrituras señala que aconteció la crucifixión.
Así, encontramos la realización del documental Calvario, que también incluye elementos importantes del paisaje natural o del urbano de la época, así como de otras figuras como la de los malhechores crucificados, a quienes llamaron el Buen Ladrón, que fue Dimas, y el Mal Ladrón, que era Gestas.
Asimismo, se ha divulgado una relacionada con el discípulo Juan, que contiene la escena denominada Stabat Mater, en la que aparecen Nuestra Santa Madre la Virgen María y el apóstol a ambos lados de la cruz. Veneremos por su humildad y amor maternal a la Virgen María con la Oración de la Magnífica Virgen.
Otras realizaciones han sido la de las Tres Marías, las de Longinos y otros soldados romanos, las de los sayones, entre otros.
A continuación, algunas de las más sobresalientes, que pueden ser de interés para una mejor visión y comprensión del momento vivido por Nuestro Señor, así como también para permitirnos entrar en el misterio de este episodio de la vida del Cristo.
Cuadros de la crucifixión
- Rogier van der Weyden - Triptych - The Crucifixion
- Es un tríptico que se encuentra en el Museo de Historia del Arte en Viena. En el cuadro se observa los gestos de María, Juan y los ángeles que expresan una gran tristeza.
- Como dato curioso se ven en la imagen a los donantes de la pintura, que una pareja de esposos y en la escena son representados como los cristianos creyentes que se arrodillan ante la imagen con total devoción.
- Sandro Botticcelli - Pala de la Convertite
Esta obra elaborada como pintura al temple sobre madera se exhibe en el Courtauld Institute of Art de Londres. En él se observa a la Santísima Trinidad que aparece junto a María Magdalena y San Juan Bautista, que invita al espectador a rezar. También se ve a Tobías y el Ángel. La Santísima Trinidad siempre unida, pues el Dios Padre nunca abandona al hijo y es el Espíritu. Éste nos inspira e implanta sabiduría.
- Giotto di Bondone – Crucifix
- Es una obra en la que el artista pone énfasis en lo que fue el peso del cuerpo de Jesús. Se observa como la cabeza se inclina de manera pesada y el cuerpo cuelga.
- Igualmente, se puede percibir la tristeza humana que embarga al hijo de Dios, igual que la de María y Juan que acompañan a cada lado de la cruz a su Señor muerto.
- Fra Angelico - Crucifixión con la Virgen, Juan el Evangelista y María Magdalena
- Este cuadro es parte de una colección privada. Fue creada por Fra Angelico, de nombre natural Guido di Pietro da Mugello, quien era un fraile dominico, cuyo nombre Angélico se le dio por su inclinación religiosa temprana, por la serenidad de sus obras y porque era un hombre de extraordinaria devoción. Giorgio Vasari, crítico de arte dijo: "nunca levantó el pincel sin decir una oración ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas".

- Pietro Cavallini - Crucifixion
- Se trata de un fresco que nos muestra con detalle a Nuestra Santa Madre y a Juan, que estuvieron al pie de la cruz, velando por Jesucristo en todo momento.
- Raffaello Sanzio – Crocefissione
- Se trata de una pintura al óleo, que se encuentra en el National Gallery de Londres, Reino Unido. Apreciamos en el cuadro a Cristo en la cruz, con dos ángeles que recogen la sangre que cae en cálices. Se ven a cuatro personas figuras dolientes presenciando la crucifixión.
- A la derecha de Cristo está Magdalena arrodillada y de pie Juan el Evangelista tras ella. A su izquierda vemos a nuestra Santa Madre y San Jerónimo arrodillado y por quien se hizo este altar. Jesús aparece ascendiendo al cielo.
- Paolo Uccello - Crucifixion con la Virgen, San Juan el Bautista, San Juan el Evangelista y San Francisco
- En esta obra que se encuentra en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, nos presenta la escena organizada en un formato separado; es decir, cada figura está como aislada para simbolizar la no comunicación verbal entre los personajes, sino una comunicación interna y profunda de cada uno con Cristo.
- Rogier van der Weyden - Serie la Crucifixión
- Óleo sobre tabla que presenta un díptico del Calvario. Se exhibe en el Museo de Arte de Filadelfia. En esta pintura se puede apreciar el dolor de María y Juan, pero que a pesar de ello se mantienen de pie junto a la cruz. Por este cuadro el artista, renombrado pintor y uno de los más influyentes en su época, fue elogiado por su don de mostrar las emociones humanas de manera impecable. En sus obras hay también muestras de riqueza y generosidad con los más necesitados.
- Sandro Botticelli - Crucifixion con la Penitente María Magdalena y un Ángel
- El cuadro nos ofrece una serie de símbolos mediante los cuales se observa a Magdalena que representa el arrepentimiento de un pueblo.
- El lienzo se encuentra en el Fogg Art Museum, Harvard University, Cambridge.
Es una pintura llena de símbolos en el que la Magdalena representa el arrepentimiento de todo un pueblo. Se aprecia el mensaje de penitencia que el pintor desea transmitir.
- Giovanni Gerolamo Savoldo – Crocifissione
- Este óleo sobre lienzo nos presenta a Jesús crucificado entre los dos ladrones. Se encuentra expuesto en Maison d'Art, Monte Carlo.
- Se busca de representar el momento en que uno de ellos se arrepiente de corazón y le pide a Jesús que se acuerde de él cuando esté en su reino.
- Peter de Kempenneer - La muerte de Jesús en la Cruz
- Este cuadro pertenece al Museo de Louvre, Paris, y en él se escenifica el instante de la muerte de Jesús y el Centurión atravesando su costado con la lanza.
- Matthias Grünewald – Crucifixion
- Se trata de un cuadro en panel de madera que está en el Staatliche Kunsthalle, Karlsruhe.
El pintor nos ofrece la escena de la crucifixión cargada dolor y formas dramáticas. - La obra contrastó con otras de pintores de la época por los colores vívidos y el tratamiento de la luz.
- Se puede apreciar en ella, no solo al dolor físico que Jesús siente en la crucifixión, sino también el espiritual.
- Se trata de un cuadro en panel de madera que está en el Staatliche Kunsthalle, Karlsruhe.

- Giovanni Francesco Guerrieri - Dipinto della Crocifissione di Cristo
- La pintura nos permite apreciar la Hostia Sagrada, que es el cuerpo de Cristo que se ha inmolado por nosotros. A sus pies, la Virgen María, Magdalena y Juan acompañando su dolor.
- Luis Tristán - Cristo Crucificado
- Este óleo sobre lienzo de Jesucristo crucificado con la cabeza alzada y el cuerpo más o menos contorsionado se halla en el Museo del Greco y fue elogiado en las ceremonias de Toledo de principios del siglo XVII.
- Francisco de Zubarán - Christ on the Cross
- Pintura que se encuentra en el Art Institute, Chicago y se trata de un óleo sobre lienzo.
- Ha sido catalogada como una de las mejores obras en cuanto a la anatomía humana en la escuela española. Se observa nítidamente los detalles del cuerpo de Cristo y en ella se ilustra el momento exacto antes del último aliento de Jesucristo.
- Se observa como su cuerpo torturado y adolorido se inclina hacia adelante exhausto y con la cabeza colgando, sin embargo, se mantiene glorioso en su postura.
- Peter Paul Rubens - Cristo en la Cruz
- Es un cuadro en óleo en panel. Se exhibe en Rockox House, Antwerp.
Es una obra de mucho color y el movimiento y en la que se percibe lo sensible. - Se aprecia la ternura de María Magdalena arrodillada ante la Cruz.
- Es un cuadro en óleo en panel. Se exhibe en Rockox House, Antwerp.
- Cristo Crucificado - Diego Velázquez
- Esta obra de Velázquez es un óleo sobre lienzo, que se halla en el Museo del Prado, Madrid.
Se percibe de la pintura la belleza corporal y la placidez del semblante de Jesús, ya en el descanso del Señor. - Emite mucha espiritualidad y se transmite el misterio del momento, lo cual ha sido fuente de inspiración para el filósofo español Miguel de Unamuno en su poema "El Cristo de Velázquez".
- Esta obra de Velázquez es un óleo sobre lienzo, que se halla en el Museo del Prado, Madrid.
- Francisco de Goya - Cristo Crucificado
- Se trata de un cuadro al óleo sobre lienzo, que pertenece a la colección del Museo del Prado.
- No se observa elementos devocionales como dramatismo y presencia de sangre.
- Simplemente la cabeza está inclinada a su izquierda y levantada, al igual que su mirada, con lo cual quiso Goya representar el éxtasis del instante en que Jesús alza la cabeza y, con la boca abierta, exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
- Evgraf Semenovich Sorokin – Crucifixion
- La pintura refleja el tema de la Madre de pie la cruz (Stabat Mater), mostrando la fortaleza de Nuestra Señora Madre Celestial.
- En este tipo de obras es recurrente que la representación de la Virgen sea casi siempre de pie y al lado derecho de su hijo con San Juan el Evangelista a lado izquierdo. Recemos la Oración a la Virgen de la Medalla Milagrosa a la Virgen Santa porque nos dé parte de esa fortaleza que siempre demostró.

- Marc Chagall - La Crucifixión Blanca
- Esta obra se encuentra en el Art Institute de Chicago y en ella se hace referencia a la “Crucifixión blanca” de horror y sufrimiento que el pueblo judío sufriría durante la Segunda Guerra Mundial.
- Se observan muchos símbolos de la cultura judía en la pintura, pero destaca en el centro al Crucificado.
- Se evidencia en esta pintura la cruz como la mejor representación para los sufrimientos del hombre.
Musicales y películas de cine
Igualmente es interesante revisar como ha sido recogido este momento de la crucifixión de Cristo por los productores de películas cinematográficas.
Algunos han sido ganados de importantes premios y otros, aunque no han resultados galardonados han recibido el beneplácito y popularidad entre el público espectador.
Veamos algunas de las producciones de cine en las que ha sido figura estelar Jesucristo.
- La pasión de Cristo (The passion of the Christ)
- Gran obra maestra de Mel Gibson del año 2004. En el filme se trabaja entre el realismo y lo que en cinematografía se llama lirismo visual, que resulta realmente impresionante y sobrecogedor.
- La película está llena de mucho dolor, sufrimiento, sudor y sangre en muchas de las escenas rodadas en “slow motion”.
- Se dice que es la mejor versión mejor realizada de la pasión y, a pesar de los años, no deja de producir impacto en el espectador.
- Gólgota
- Es un filme que data de 1935 que fue muy elogiado en su época de presentación.
- Ofrece muchos matices sobre los sentimientos de Jesús, quien es mostrado tanto en su faceta divina como humana, aun cuando dicha presentación no es tan solemne como en otros filmes de ese entonces.
- Su director se valió de los Evangelios, para preparar los diálogos, componiendo las escenas con una delicada estética y con un tono lírico no antes visto.
- Otro director reconocido, como lo es Zeffirelli, se inspiró en este filme para construir su serie televisiva Jesús de Nazaret.
- La Passion de Notre-Seigneur Jésus Christ
- Se trata de una película francesa del año 1902, que fue acogida) por el público con entusiasmo, por lo que se decidió ampliar el proyecto. Se hizo, entonces, un guión más largo que abarcaba la vida entera de Jesús. Entre 1903 y 1906, se filmaron otras escenas que se insertaron a ya rodadas.
- La túnica sagrada
- Es también una película norteamericana, de 1953.
- Fue el primer filme hecho con la técnica de cinemascope y obtuvo cinco nominaciones a los premios Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor actor, quien fue Richard Burton.
- Burton interpretaba a Marcelo Gallo, quien fue el centurión romano encargado de supervisar la crucifixión y cuya vida cambió para siempre cuando, al pie de la cruz, ganó la túnica de Cristo en un juego de apuestas.

- The Passion Play of Oberammergau
- Película estadounidense de 1898, que compitió en popularidad en dicha época con el filme titulado La Vie et la Passion de Jésus-Christ.
- El filme norteamericano está basado en una representación multitudinaria que, cada cierto tiempo, se celebra en el pueblo entero de Oberammergau, en Baviera, durante la Semana Santa.
- A partir de esta experiencia, el director de la película escribió el guión de su propia historia de la Pasión.
- Se filmó la película en el Museo de cera y en el Gran Central Palace de Nueva York.
- Jesucristo superstar (Jesus Christ Superstar)
- Se trata de la ópera rockera filosófica del año 1973 del dramaturgo Andrew Lloyd Weber, en el que convierte a Judas en el héroe, adaptada a un musical psicodélico por Norman Jewison.
- My Last Day (2011)
- Es una visión animada de la crucifixión producida y presentada en 2011. Es un filme corto de solo diez minutos con grafías y proposiciones épicas del género japonés aplicado al momento de la pasión.
- Lo interesante es que dicho momento es contado por el ladrón que crucifican junto a Jesús.
The Gospel Road: A Story of Jesus
- Esta nueva versión del musical para cine que se presentó también en 1973, ofrece aspectos cruciales de la historia de Jesús, destacando la muerte en la cruz.
- Fue filmada enteramente en Israel, en aquellas locaciones en las que la Biblia señala que sucedieron estos hechos.
- Barrabás
- Otra filmación de los EE.UU. esta vez del año 1962, basada en una novela de Par Lagerkvist.
- Está fundamentada en el personaje del malhechor, que fue (interpretado por Anthony Quinn.
- Recordemos que este delincuente fue liberado por Poncio Pilato en lugar de Jesús.
- La representación del ladrón es presentada con realismo, rememorando la crueldad y violencia de este asesino, cuya vida cambió para siempre cuando en su lugar fue condenado a muerte Jesús, que, a diferencia de él, era un hombre bueno, al que muchos creían Hijo de Dios, pero que sufrió la muerte más miserable que se conozca.

Interrogantes sobre Jesús
Algunas interrogantes que generan inquietud y curiosidad en las personas, están relacionadas primordialmente con su Pasión, Crucifixión y Muerte. Pero también suscitan interés aspectos referidos a su vida pública. A continuación, las interrogantes más comunes.
¿Cómo es la situación actual en cuanto a la investigación histórica sobre Jesús?
La vida de Jesús ha sido objeto de innumerables estudios por la trascendencia que su vida ha tenido para la humanidad. En específico, el momento de su crucifixión y muerte es tema recurrente entre las investigaciones que se llevan a cabo. Para comprender como creyentes el misterio de crucifixión recemos la Oración a San Francisco de Asís.
Desde el siglo XIX se han estado aplicando modernos métodos de la ciencia histórica a los textos evangélicos buscando precisar algunos momentos que aún son confusos.
Luego de que se superaron algunos prejuicios racionalistas de la investigación y de los métodos hipercríticos que se emplearon durante el siglo XX, en la actualidad la situación de la investigación es mucho más positiva y abierta.
Por tal motivo, se puede decir que hoy en día hay mejor conocimiento del entorno histórico y literario de los tiempos de Jesús y en el que los evangelios fueron escritos.
Se observa hoy un conocimiento más detallado de las obras del mundo judío contemporáneas a Jesús y los evangelistas. Ello ha permitido ilustrar, verificar y comprender con más precisión los relatos evangélicos y la imagen de Jesús en el judaísmo de aquel tiempo.
También se han obtenido y aprovechado los aportes de fuentes del mundo grecorromano, que han proporcionado mejores conocimientos de las influencias de carácter helenístico en la Galilea en que vivió Jesús.

Por otro lado, los escritos apócrifos, aparecidos posterior a los evangelios canónicos, así como otros escritos tanto cristianos como judíos del siglo II, han permitido poder llevar a cabo análisis más explícitos de las tradiciones propias del momento en dichos escritos fueron elaborados. Esto dio lugar a que los eruditos pudieran precisar lo afirmado en los evangelios.
Por otra parte, otro elemento que se añade a este proceso investigativo es que los recientes descubrimientos arqueológicos que de alguna manea se relacionan con la vida y muerte de Jesús.
Cabe mencionar entre estos hallazgos los referentes a las excavaciones que se han estado llevando a cabo en la región de Galilea. Estos han resultado ser un aporte interesante por las vestigios que se han encontrado de procedencia helénica en la Palestina del siglo I.
No hay que dejar de mencionar que ahora se cuenta con nuevos métodos y aproximaciones de interpretación literaria, canónica, etc., que han permitido superar limitaciones investigativas del método histórico empleado anteriormente.
Por eso es totalmente valido afirmar que se cuenta con un conocimiento histórico de Nuestro Señor Jesús cada vez más sólido.
Hay que rescatar lo que los evangelios dicen y considerarlos dignos de toda credibilidad. Es, por lo tanto, comprobable ante cualquier historiador imparcial, todas las cualidades que se han dicho de Jesús en cuanto a gestos, palabras, acciones que lo caracterizaron y certifican la singularidad de su persona y de su misión.
¿Se puede negar que Jesús vivió?
Hoy día, con lo avanzado de las investigaciones, con la mejora de los métodos históricos de análisis, se puede afirmar sin duda alguna que Jesucristo existió.
Muchos alegarán que los que afirman tal verdad son personas devotas que así lo declaran animadas por la fe, o que son fuentes históricas cristianas.
Sin embargo, tal afirmación está respaldada por los análisis históricos más rigurosos que se han llevado a cabo recientemente.
Se señala que Jesús de Nazaret vivió en la primera mitad del siglo I, era judío, habitó gran parte de su vida en Galilea. Cuando inició su vida pública, formó un grupo de discípulos que lo siguieron.

Con su predicar inspirador suscitó sólidas adhesiones y despertó esperanzas por lo que decía, aparte de la admiración que generaba por los hechos que realizaba.
Los historiadores dan cuenta de que, al menos una vez, pasó por Judea y estuvo en Jerusalén, en una fiesta de la Pascua.
Por la popularidad que fue adquiriendo, comenzaron a verlo con suspicacia por algunos miembros del Sanedrín, a cuyos oídos llegó la noticia de sus andanzas.
Así también cayó en sospecha ante la autoridad romana, lo que al final lo llevó a la condena de muerte por la pena capital que sentenció el procurador romano de Judea del momento, Poncio Pilato.
Murió, finalmente, clavado en una cruz y, una vez muerto, su cuerpo fue depositado en un sepulcro, pero para sorpresa y asombro de todos, al cabo de unos días el cadáver ya no estaba allí.
La investigación histórica ha llegado a establecer como ciertos y probados dichos hechos, con base en el desarrollo actual del proceso investigativo, lo que resulta trascendental para alguien de hace veinte siglos atrás.
Sin embargo, al referirnos a Jesús se torna distinto, no sólo por la trascendencia que ha dejado, sino porque las informaciones y datos recabados obtenidos de fuentes históricas describen su personalidad, señalando hechos más lejos de lo imaginable.
Los datos recogidos llevan a pensar que ciertamente él era el Mesías que se esperaba vendría a regir a su pueblo como un nuevo David o más: como el Hijo de Dios hecho hombre.
Para realmente aceptar los hechos señalados de Jesús, se requiere contar con un auxilio divino, una luz que ilumine la inteligencia, capacitándola para percibir en toda su profundidad esa realidad en la que vive. Esa es la luz de la fe.
¿Por qué la sentencia de muerte?
La peregrinación y predicación que inició Nuestro Señor Jesús, una vez iniciada su vida pública, se fue haciendo más peligrosa para el estado de poder establecido por los romanos y las autoridades religiosas de entonces.

Se generó inquietud entre los que ostentaban el poder, cuando se supo que Jesús había llegado a celebrar la Pascua en Galilea, lo cual había exaltado al pueblo, que ya habían oído acerca de su Palabra, pero sobre todos de sus milagros.
También se generó zozobra entre las clases imperiales, ya que anteriormente habían tenido que lidiar en reiterada ocasiones con brotes de alzamientos periódicos contra la ocupación romana.
Estos alzamientos fueron promovidos por líderes locales que buscaban hacer valer su condición de judíos propios de la región.
Debían, entonces, enfrentarse con la perturbación que estaba suscitando este maestro que predicaba la llegada del Reino de Dios, por lo que había que para dicha venida.
Así tanto romanos, como autoridades religiosas y élites imperiales estaban, pues, prevenidos contra él, pero por distintas razones.
Se inició la persecución y arresto de Jesús y llevado ante el Sanedrín para su sentencia.
En ningún momento se realizó un juicio formal, con los requisitos que más tarde se registrarían en la Misná (Sanhedrin IV, 1).
Ésta establecía que el proceso de juicio se debía efectuar y no interrogatorios particulares para comparar acusaciones o sospechas que se tenían acerca de su enseñanza.
En pocas palabras, se puede decir que de manera no apropiada se le señalaba como culpable de:
- Su actitud crítica hacia el templo.
- Sus pretensiones mesiánicas que provocaban con sus palabras y actitudes cambios en las personas y, sobre todo, que se le atribuía una dignidad divina.
- El revuelo que las autoridades religiosas temían podría provocar contra los patrones establecidos.
- La agitación popular que traería el cambio, lo cual los romanos no tolerarían.
- La profundización del deterioro de la situación política.
En vista de la situación planteado, se legó a Pilato la decisión sobre la causa para que fuera él el que sentenciara.

Ante Pilato se expusieron los delitos que supuestamente había cometido que aquel que hablaba de un «reino», lo cual podría representar un peligro para Roma.
A Pilato se le planteaban, entonces, dos opciones para enfrentar esta situación:
- Una de ellas, era la coercitio, que consistía en el «castigo, medida forzosa». De esta manera podía aplicar las medidas oportunas para no perturbar el orden público.
Con esta medida, podría infringirle un castigo ejemplar o también condenarlo a muerte como escarmiento.
- La otra opción, era que podía establecer una medida cognitio, que significa conocimiento.
Se trata de un proceso formal en el que se formulaba una acusación, se hacía un interrogatorio y se dictaba sentencia de acuerdo con la ley. Para mostrar nuestra compasión por la condena a Jesús recemos Credo corto.
Reseñan las Escrituras, que al parecer Pilato tuvo momentos acerca de cual medida aplicar.
Al final, se decidió por el proceso más habitual en las provincias romanas: la llamada cognitio extra ordinem; en el que el propio pretor establecía el procedimiento y él mismo dictaba sentencia.
Esto es lo que se recoge de distintos detalles de los relatos encontrados, que señalan que Pilato recibió las acusaciones, hizo el interrogatorio y en tribunal se dictó sentencia. Esto se desprende de lo narrado por Juan 19,13 y Mateo 27,19.
Finalmente, lo condenó a muerte en la cruz por un delito formal: condenado por declararse rey de los judíos» según se hizo constar en el titulus crucis.
En resumen, es importante acotar que obviamente los judíos no fueron responsables de manera colectiva de la muerte de Cristo. Tal como lo recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 598:
«Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos».
¿Qué decían las fuentes romanas y judías sobre Jesús?
Se ha encontrado evidencias de alusiones a Jesús en diversos documentos literarios, distintos a los de los cristianos.
También se han encontrado escritos de algunos historiadores helenistas y romanos que se refirieron a Jesús y sus prédicas.
Son autores de la segunda mitad del siglo I o de comienzos del siglo II, lo que nos indica que eran bastante cercanos a los acontecimientos ocurridos en cuanto a la muerte de Jesús, pero también en cuanto a pormenores de su vida.
De las investigaciones se ha desprendido que el texto más antiguo donde se hizo mención a Jesús fue escrito del filósofo Mara bar Sarapion, originario de Samosata en Siria. Esto aconteció por el año 73 y en el texto se refirió a Jesús como «sabio rey» de los judíos. Señaló también que Jesús promulgó «nuevas leyes», lo que se podría especular se está refiriendo a las antítesis del Sermón de la Montaña, de las cuales nos habla Mateo en 5,21-48). Agregó también que consideraba que de nada valió a los judíos darle muerte.
Encontramos igualmente otra mención de Jesús más antigua, que es la del célebre historiador Flavio Josefo a finales del siglo I. Está referenciada en Antiquitates iudaicae XVIII, 63-64. También se le conoce como el Testimonium Flavianum.
En ese escrito se puede inferir una insinuación de Josefo de que Jesús podría ser el Mesías. Dicho texto ha sido conservado en todos los manuscritos griegos de la obra de Josefo.

En vista de esta insinuación, muchos autores son de la opinión de que su texto fue intercalado por los copistas medievales.
No obstante, los investigadores consideran que lo que originalmente escribió Josefo es muy similar a los que se encuentra en una versión en árabe de ese texto que citó Agapio, quien fuera obispo de la población de Hierápolis, en el siglo X, tiempo en el cual no se sucedían tales intercalados en los textos.
Las palabras textuales de esa versión dice así:
«Por este tiempo, un hombre sabio llamado Jesús tuvo una buena conducta y era conocido por ser virtuoso. Tuvo como discípulos a muchas personas de los judíos y de otros pueblos. Pilato lo condenó a ser crucificado y morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos no abandonaron su discipulado y contaron que se les apareció a los tres días de la crucifixión y estaba vivo, y que por eso podía ser el Mesías del que los profetas habían dicho cosas maravillosas».
Asimismo, podemos hallar entre escritores romanos del siglo II algunas alusiones a la figura de Jesús y las actividades de sus seguidores. Entre esos escritores tenemos a Plinio el Joven, con su obra Epistolarum ad Traianum Imperatorem cum eiusdem Responsis liber X, a Tácito y su texto Anales XV; a Suetonio y la Vida de Claudio.
Por su parte, las fuentes judías, particularmente en el Talmud, incluye varias alusiones a Jesús y a ciertas opiniones que se tenían de él. Todas estas alusiones permiten corroborar detalles históricos de fuentes creíbles.
El investigador judío, Joseph Klausner, ha sintetizado algunas de las conclusiones que se pueden extraer de lo expresado en el Talmud en referencia a Nuestro Señor Jesús.
El autor resaltó algunos planteamientos creíbles en cuanto a que su nombre era Yeshua (Yeshu) de Nazaret, igualmente se refiere a que se ha dicho que “practicó la hechicería”, pero acotó que se debería decir, que más bien realizó milagros que era algo más común en ese tiempo.
También indicó que Israel era llevada por mal camino; que se burló de lo que decían los sabios y se refirió a la Escritura al igual que los hicieron los fariseos.
Habló de tenía cinco discípulos; que su objetivo no era abrogar ninguna Ley, que tampoco la modificaría.
Señaló que fue crucificado en un madero, sentenciado por ser falso maestro y seductor. Dijo que su muerte fue en víspera de Pascua, que cayó en un día sábado y que sus discípulos podían curar enfermedades en su nombre.
Todo esto está señalado por J. Klausner, en el documento Jesús de Nazaret.
Haciendo un breve análisis comparativo de estos datos y los anteriormente referidos de los autores romanos, se puede asegurar con certeza histórica que Jesús vivió y se puede también conocer algunos pormenores a partir de los datos más importantes de su vida.










