Mapa de Palestina en tiempos de Jesús y su historia

El mapa de Palestina en tiempos de Jesús presentaba una organización en la que se reflejaba perfectamente la situación social, económica y política de esa controversial región. Veremos en este artículo sus particularidades y la transcendencia que tuvo para la humanidad.

Mapa de Palestina en tiempos de Jesús

 

Mapa de Palestina en tiempos de Jesús

Durante la época en que Jesús vivió en Palestina, se sucedieron cambios importantes que revolucionaron la situación de la región. Ello dio lugar a que se modificara el mapa de Israel en tiempos de Jesús.

Tales cambios tuvieron repercusiones sociales, culturales y, por supuesto, políticas. Como sabemos, en esa época ese territorio estaba dominado por los romanos, bajo cuyo poder se encontraban sometidos los judíos.

Así, que ellos debían acatar las órdenes y leyes de un procurador o gobernador romano, pagar los tributos tanto personales como territoriales al César y, además, ofrendar aportes en especie para mantenimiento de las tropas de ocupación.

En ese entorno fue que surgieron las primeras comunidades cristianas. Se trataba de un mundo pagano, de costumbres judío-romanas.

 Mapa de Palestina en tiempos de Jesús
Primeras comunidades cristianas
Dentro de este tipo de comunidad fue que se llevó a cabo la venida de Jesús, lo cual causó revuelo en esa sociedad, pues vino a trastocar ese orden establecido, tal como lo anunció Marcos el evangelista en 1,15 cuando Jesús señaló:

“«El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la Buena Nueva»”

Con tal anuncio, Jesús de Nazaret afectó la vida de los habitantes del lugar, así como la de sus instituciones, los estamentos sociales y religiosos y la de la política relacionada con la religión.

Todo ello quedó reflejado en los evangelios que se escribirían unos 35 o 60 años después de la muerte de Jesús, por lo que se puede muy bien deducir el ambiente de la región. En ellos es posible detectar el entorno sociocultural con su simbología propia y la forma de expresión de la época, que, por supuesto, difiere de la nuestra actual.

Desde un principio Jesús dejó en claro que no aprobaba, en modo alguno, el mundo inmoral que se vivía en la Palestina a comienzos de la era cristiana, en el que abundaba la codicia, el robo, los fraudes, los homicidios, adulterios, entre otros pecados, como lo señala Marcos en 7, 20-23.

Es destacar que en esos tiempos que los líderes religiosos-políticos condenaban al pueblo a los grandes esfuerzos para subsistir, sumiéndolos en la pobreza y la desesperanza, sin asistencia alguna.

Es por ello que Jesús los catalogaba de “bandidos asalariados” y no pastores de la iglesia, razón por la cual se abocó a la causa de los marginados de la sociedad, quienes clamaban su justicia y ayuda, aún a costa de su vida.

 Mapa de Palestina en tiempos de Jesús

Veamos en detalle cómo estaba conformado el territorio palestino en el siglo I d. C., así como también algunas de las particularidades de esa sociedad en cuanto a gobierno, sociedad, aspecto religioso, el monumento emblemático del Templo de Jerusalén y algunos personajes.

División del territorio

En aquellos tiempos de inicio del mundo después de Cristo se hablaba de que había un territorio del río Jordán y uno “del otro lado del Jordán”. Así se describió en el Nuevo Testamento por parte del evangelista Mateo.

Esta región del otro lado del Jordán era habitada por no israelitas, no judíos y constituye hoy en día a Jordania.

Jesús vivió su existencia en la tierra en la zona occidental del Jordán en lo que hoy conocemos como Palestina. Esta región desde el año 64 a. C. formaba parte del Imperio romano e históricamente ha recibido diferentes nombres; a saber: Judea, Canaán, Israel, Tierra Santa, etc., según las distintas circunstancias religiosas y políticas por las que ha tenido que atravesar este territorio.

Ha sido una región estratégica en virtud de que es paso de comunicaciones y comercio. Para la época de comienzos del cristianismo, Palestina estaba dividida en cuatro provincias:

  • Samaria.
  • Judea.
  • Galilea.
  • Perea.

Veamos en detalle cada una de ellas.

Palestina en tiempos de Jesús

Samaria

Con una población de habitantes judíos en sus inicios, está localizada entre Galilea al norte y Judea al sur. Estuvo invadida por emigrantes asirio en el año 721 a. C., que se mezclaron con otros israelitas conformando un pueblo multi-étnico. Debido a ello es que se consideraba al pueblo samaritano gente impura, pues su sangre estaba mezclada con los otros pueblos foráneos. Tal situación generó etnias y creencias diversas.

Samaria antigua

No obstante esta situación, los samaritanos se consideraban verdaderos descendientes de los hijos de Israel, aparte de que fueron ellos los que preservaron la escritura hebrea arcaica.

Así se encontró, alrededor del siglo III a.C., que el Rabí Hisda, quien pertenecía al Sanedrín, explicaba que la escritura hebrea arcaica fue entregada a los “pueblos ordinarios”, que son los samaritanos. ​ Eran fieles a la Ley, verdaderos israelitas. Es por ello que en el pasaje bíblico de la samaritana, se habla de “nuestro padre Jacob”.​

El pueblo de Samaria contaba con su propio templo sobre el monte Garizím, según Juan en 4,20.

Existía en ese entonces un conflicto entre judíos y samaritanos, porque en el año 107 a.C, el judío Juan Hircano tomó la capital de Samaria, Siquen y ordenó destruir el templo de Garizím.

Este fue restaurado en el año 30 a. C. por Herodes El Grande, cuando se casó con una samaritana.

Herodes el Grande

Luego en el año 6 d.C., los samaritanos profanaron en represalia el templo de Jerusalén arrojándole por la noche huesos humanos, precisamente en el día de Pascua. Nació desde este entonces un odio implacable.

Para los samaritanos no era importante religiosamente hablando Jerusalén y, en cambio, para los judíos, los samaritanos eran herejes, evitando todo trato con ellos. En sus visitas a Jerusalén no les era permitido a los samaritanos pasar del lugar destinado a los paganos, por mandato de los judíos.

No consideraban que adoraran a Dios debidamente, por lo que no les aceptaban sus sacrificios ni expiatorios ni penitenciales. Al respecto en los versículos o citas bíblicas podemos encontrar referencia de ello.

Esto se corrobora por lo que nos habla Juan en 4,9 en el que se puede leer que, por ejemplo, si un judío calificaba a otro de “samaritano”, ello era considerado una ofensa gravísima.

De allí viene que los líderes judíos insultaban a Jesús diciéndole que era samaritano y que estaba poseído por el demonio.

En el Evangelio de Lucas 10,37 se puede leer que el escriba evitaba pronunciar la palabra «samaritano» en sus alocuciones.

Judea

Esta es la región más meridional de la zona. Es alta y seca, conformada por montañas, como un macizo cerrado y accidentado. Hacia la parte sur y hacia el este del territorio se localizan grandes zonas desérticas.

Desierto de Judea

En Judea se producen gran cantidad de aceitunas, higos, uvas, legumbres y algo de trigo. Se produce también ganado, que es sacrificado en el Templo.

Los habitantes, en líneas generales, eran pobres, que se alimentaban con pescado ahumado y salado, pero con poca carne.

Su capital, Jerusalén, es la ciudad santa de los judíos, de poco tráfico comercial. Al este de ella se encuentra el Monte de los Olivos en el valle de Kidrón, el cual, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, era el sitio al que Jesús acudía a menudo a orar. De hecho, el día de su arresto fue llevado a cabo allí.

Como es de todos conocido, Jerusalén debe su importancia a razones sobre todo religiosas, ya que en ella se ubica el único templo judío, al que todos deben peregrinar y por ella se ha constituido en centro de formación religiosa.

De allí que toda la vida de esta región esté totalmente relacionada con Jerusalén y su templo.

Encontramos en Judea diversos pueblos que tuvieron relevancia gracias a la vida de Jesús. Entre ellos podemos mencionar:

  • Belén, que es la aldea en la que ocurrió el nacimiento de Jesús, según las profecías y los evangelios. Se ubica a unos 8 km de Jerusalén. También se le llama “Ciudad de David”, en virtud de que en ella recibió la unción el rey David.
  • Emaús, situada a unos 12 km de Jerusalén. Es la aldea en la que, según relata Lucas en 25,13-35, la tarde de su resurrección Jesús se apareció allí a dos de sus discípulos, que iban caminando de Jerusalén a Emaús. ​
  • Betania, pequeña aldea al pie del Monte de los Olivos, a 3 km de Jerusalén.
  • ​Jericó, localizada en un oasis muy fértil a 250 metros aproximadamente bajo el nivel del mar. Se comunica con Jerusalén, a través del desierto de Judá, que es una ruta accidentada y peligrosa, y que, por ello, se ha originado el bandidaje. ​
Jérico

Galilea

La región de Galilea se ubica hacia la parte norte de lo que sería Palestina. Es un territorio montañoso en el que se localizan las poblaciones de Naím, Caná y Nazaret, entre otras. Ésta última se encuentra a aproximadamente 140 km de Jerusalén.

Según el Evangelio de Juan, en Nazaret vivían María y José y, como sabemos, fue allí, donde se crió Jesús. Como dato histórico resaltante, la ciudad está al borde del precipicio por el que trataron de arrojar a Jesús sus propios paisanos.

En Galilea se encuentra el lago o mar de Tiberíades, al que también es llamado por los nombres de mar de Galilea o de Genesaret. Esta 210 m bajo el nivel del mar y tiene 21 km de largo y 12 de ancho.

Es un lago con abundancia de peces y tormentas que se originan bruscamente. Estos peces algunos eran comestibles, otros no, como por ejemplo los mariscos que no estaba permitido consumirlos, según la ley de Moisés o mosaica.

Esta está referida a la ley del nuevo pueblo de Israel en la Biblia. En hebreo es llamada la Torá.

En su peregrinar Jesús solía frecuentar las orillas del lago porque es allí donde se desarrollaba mayormente la vida comercial y social del área. Allí se concentraba la mayor cantidad de habitantes como en la población, por ejemplo, de Cafanaúm, de donde eran oriundos Pedro y Andrés.

En esa zona del lago, además, fue donde se inició la vida pública de Jesús. Era el camino que usaban las caravanas que provenían de Damasco hacia la Cesarea en el litoral. Por tal motivo, había en Carfanaúm una guarnición militar. Allí se dio lugar un conglomerado pluricultural y multi-étnico.

Lago Tiberíades

En Galilea, además, se ubica el Monte Tabor, el cual es mencionado en las Santas Escrituras como una montaña sagrada y se sitúa al suroeste del lago. El episodio de la transfiguración se ubica en esta zona.

Se practicaba el latifundio, en el que las tierras pertenecían o bien al rey, o a sus familiares o a los ricos comerciantes de la zona.

Por su parte, los habitantes vivían en casas pequeñas, por lo general de un solo espacio. La mayor parte de los galileos eran campesinos o pescadores. Es por eso que los relatos de Jesús se relacionan siempre con la vida pesquera y agrícola. Se les consideraba como personas incultas y toscas, pero leales y sinceros.​

Sus habitantes, aunque eran judíos, vivían como en una isla rodeada de pueblos paganos, debido a que era una ruta comercial con tránsito constante de caravanas provenientes de lugares muy disímiles y, por ende, una gran mezcla de etnias y culturas.

En virtud de ese contacto multicultural, se acostumbraron a ser gente abierta a otras tradiciones y modos de vida diversos. De allí, que, religiosamente hablando, eran de un espíritu religioso menos riguroso que los judíos de Judea.

Los judíos propiamente dichos eran muy estrictos y legalistas, por lo que consideraban a Galilea zona semi pagana y les llamaban “Galilea de los paganos”.

Probablemente por ello, fariseos y escribas, que eran personas letradas, despreciaban a Jesús y sus discípulos.

Perea

Esta región es la que se ubica al este del río Jordán entre el lago Tiberíades al norte y el mar Muerto al sur. Su nombre significa “el país de más allá”, por ser zona alejada del área central del reino de Herodes el Grande.

Toda la región de este reino de Palestina había sido dividida por el Imperio romano en cuatro sectores, por eso se le decía a Herodes tetrarca pues reinaba en todos estos sectores; a saber: Idumea, domino de origen de Herodes, Judea, Perea y Galilea.

Al morir el tetrarca en el año 4 a.C., Galilea y Perea se separaron políticamente de Judea y fueron gobernadas por Herodes Antipas hasta el 39 d.C.

Herodes Antipas

Entre las poblaciones más importantes de Perea de ese entonces estaban Amathus y Betharamphtha.

Esta fue zona dominada por los cananeos hasta el siglo XIV a.C., época en que pasó a Amón. Más tarde durante el siglo XIII a.C. el rey cananeo Sihon de Hesbon dominó el área, luego los israelitas se apoderaron de ella en el siglo siguiente y fue sector israelí hasta mediados del siglo IX a.C., tiempo en que fue ocupada por los amonitas nuevamente.

Con el transcurrir de los siglos los macabeos la recuperaron por el año 160 a.C. Luego en el 63 a.C. fue dominada por Roma.

En el año 4 a.C., el esclavo Simón, que era súbdito de Herodes el Grande, revolucionó toda la región señalando que el reclamaba el título real que era de su señor difunto. Rápidamente, los romanos dominaron esas revueltas y se entregó la región a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea hasta el 39 y más tarde pasó a Herodes Agripa de Batanea, uniendo a Batanea y Galilea hasta el 44. Al tiempo volvió a ser posesión directa romana.

Forma de gobierno

Para poder controlar los territorios pequeños esparcidos por toda la zona del Medio Oriente, conquistados por los ejércitos romanos, el emperador Augusto se valía en el año 29 a. C. de prefectos o gobernadores fieles a su causa y quienes los representaban.

Así entre los años 6 al 41 a. C. había un prefecto que fue designado como procurador de Judea, quien ejercía el poder militar total, controlado por el legado de Siria.

Se encargaba también de la parte financiera del emperador romano, de recolectar los impuestos que los judíos debían pagar al fisco imperial romano.

Tenía bajo sus órdenes los recaudadores de impuestos, respaldados por sus soldados.

En cuanto a la parte judicial, la justicia ordinaria era llevada a cabo por el llamado Sanedrín, que era como una especie de consejo de sabios conformado por veintitrés o setenta y un rabinos, según cada ciudad de la Tierra de Israel. Fungían como juez.

Cuando se hizo el Segundo Templo, este consejo comenzó a reunirse en el sitio llamado Salón de las Piedras, en Jerusalén.

Sin embargo, es de acotar que el procurador era quien tenía la ejecución final de la pena de muerte. ​

El Procurador residía en la localidad de Cesarea, pero en eventos especiales y fiestas acudía a Jerusalén, quedándose en la ciudadela militar llamada Torre Antonia, dentro de la parte nordeste del Templo.

Allí normalmente se encontraba la guarnición romana de Jerusalén. Era un sitio estratégico, pues desde allí se podía controlar a la multitud que iba al Templo.

Este Procurador, además, tenía la potestad de poder nombrar al Sumo Sacerdote como fue el caso entre los años 6 al 41.

Uno de los más nombrados procuradores romanos fue Poncio Pilato, que ejerciera esta posición desde el año 26 al 35.

Se decía, de Pilato que era arbitrario, cruel y despiadado, aparte de que se le acusaba de robos, amenazas, ultrajes y ejecuciones sin previo juicio.

Fue particularmente hostil con los judíos, no respetando sus costumbres religiosas. Ello fue provocando una resistencia no violenta que se intensificó cuando fraudulentamente en su ciudad santa de Jerusalén introdujo imágenes del emperador en estandartes.

Exigía a los judíos dinero del tesoro que pertenecía al Templo para construir un acueducto con el fin de resolver el problema del agua en Jerusalén.

Poncio Pilato

Pero los judíos se opusieron y se alzaron. Sin embargo, Pilato pudo infiltrar entre la multitud a soldados disfrazados, quienes lograron reprimir el motín, malogrando a muchos judíos y matando a otros.

En Lucas 13,1 relata al respecto refiriendo que Pilato había mezclado sangre de Galileos con las victimas que eran ofrecidas.

Para el año 35 d.C. mandó a matar a unos samaritanos que se encontraban en el monte de Garizím, por las quejas de judíos. En el año 36, fue enviado por el Legado de Siria, a Roma para que diera cuenta de sus abusos ante el emperador.

Se dice que se suicidó en el año 37.

El culto religioso

Se practicaba la religión judía en las distintas regiones, en las que se percibían características distintivas asociadas a la mujer específicamente, tales como:

  • Era una religión de varones.
  • En el templo y la sinagoga los hombres se ubicaban en sitios distintos al de las mujeres, pues debían estar separados.
  • Las mujeres ocupaban, por lo general, los lugares secundarios.
  • El culto en la sinagoga se celebraba si se lograba reunir al menos diez hombres en el recinto, ya que la presencia de las mujeres no contaba, aun cuando estuviesen muchas presentes.
  • Para los varones era obligatorio el peregrinar a Jerusalén, así como el de otras prácticas religiosas.
  • Las mujeres no tenían que peregrinar.
  • Tampoco eran tomadas en cuenta, en esa sociedad patriarcal, para el pronunciamiento de la acción de gracias en la mesa, ni servir en las comidas.
  • No obstante, sí debían cumplir con todas las prohibiciones de la Ley religiosa.
  • Por ello estaban sometidas al cumplimiento de la legislación civil y penal, incluida la pena de muerte, según lo narra Juan en 8,1-5.
¿Qué significaba ser mujer en tiempos de Jesús?

Se destaca la supremacía religiosa masculina, lo cual era muy normal en tiempos de Jesús y de las primeras comunidades cristianas. Ello se percibía, no sólo entre los judíos, sino también entre griegos y romanos.

Se habla, por ejemplo, que era costumbre del hombre griego el agradecer a los dioses el haber nacido humano y no animal, griego y no bárbaro, libre y no esclavo, hombre y no mujer.

Así también se escuchaba con frecuencia entre los judíos el decir:

“Bien aventurado aquel cuyos hijos son varones, y ¡ay! de aquel cuyos hijos son hembras”.

Esto se confirma también con la oración que los judíos del siglo I y II d.C. elevan en la sinagoga, agradeciendo a Dios tres veces seguidas por el hecho de no ser pagano, ni esclavo, ni mujer, destacando que era un privilegio divino su condición masculina.

Así lo expresó en el siglo II el Rabbí Yehudá dice, quien señalaba que todo varón debía decir tres plegarias todos los días:

  • Bendito sea Dios que no me ha hecho pagano, esto es porque todas las naciones son nada ante él.
  • Bendito sea Dios que no me ha hecho mujer, puesto que la mujer era obligada a cumplir los mandamientos.
  • Bendito sea Dios que no me ha hecho ignorante, porque no se avergüenza de pecar.

Por otra parte, se ha mostrado que en hebreo, que es la lengua en que fue escrito el Antiguo Testamento, no existe el género femenino para las palabras piadoso (“hasid”), justo (“saddiq”) y santo (“qados”).

Religión

Existía una clasificación de grupos religiosos, que son los que se describen a continuación.

Saduceos

Este grupo religioso:

  • Proviene del sumo sacerdote Sadoc, de tiempos del Salomón del siglo II a. C.
  • Estaba conformado por familias sacerdotales líderes, la de los grandes comerciantes de la ciudad y la de los hacendados ricos del campo.
  • Los jefes de estos grupos sacerdotales y laicos (los ancianos) integraban el Sanedrín.
  • Estaba constituido, entonces, por los ricos y los poderosos.
  • No era muy numeroso, por lo que se consideraba una élite con mucha organización.
  • Tenía influencia en la política y la administración de justicia, sobre todo entre la guerra judaica y el período asmoneo.
  • Algunos de sus miembros fungían como arrendatarios de impuestos, procuradores y recaudadores romanos, ya que los romanos les habían concedido el cobro de estos impuestos.

Religiosamente hablando, solo aceptaban la “Torá” o Ley de Moisés, conformada por los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco y por ellos se rigen. Esos son:

  • Génesis.
  • Éxodo.
  • Levítico.
  • Números.
  • Deuteronomio.
La Torá

En virtud de ellos se consideraban fundamentalistas y por eso, rechazan todo desarrollo posterior de esa doctrina.

Según ellos, los únicos que podían interpretar la Ley eran los sacerdotes, pues no concebían que fariseos laicos la interpretasen y, por otro lado, sospechaban de los profetas.

Eran de la opinión de guardar la observancia del sábado. Además, en vista de que la resurrección de los muertos, ni de otra vida, no se mencionaba en la Torá, no creen en ella, pues según su pensar era un concepto novedoso.

Para ellos todo termina con la muerte y que no había más salvación que la terrenal.

En cuanto al aspecto político, estaban a favor de que se estableciera un nacional-judaísmo, fueron defensores del Estado del Templo ​y procuraron mantener buenas relaciones con los romanos. ​

Referente a costumbres sociales, se les señala de, por un lado, tener una actitud religiosa conservadora, y por el otro, vivir de manera relajada en cuanto a:

  • Tener lujos y aficiones paganas, ya que seguían la forma de vivir de los romanos, que eran considerados los dueños del mundo.
  • El divorcio era frecuente entre ellos.
  • Utilizaban el matrimonio entre miembros de la misma familia para poder, así, mantener la riqueza y el poder
  • Practicaban la poligamia que, por lo general, sólo era accesible a los ricos por lo costoso que resultaba.

Tenemos como figura conocida de los saduceos a Caifás, el Sumo Sacerdote (18-37 d. C.), tal como lo refiere Juan en 11,49;18,13-14.

Sin embargo, es de acotar que los jefes de los sacerdotes eran, en general, saduceos. Así, en Hechos de los Apóstoles en 5,17, se habla de que los saduceos eran partidarios del Sumo Sacerdote y Mateo en 16,12 habla del pasaje en el que Jesús advierte a los que le escuchaban que se cuidaran del fermento de los fariseos y saduceos.

Eran hedonistas, pues les interesaba, sobre todo, reunir riquezas y disfrutarlas en la vida terrena, según lo relata Lucas en 12,15-21.

Sacerdotes

Para el tiempo en que Jesús estuvo en la tierra, Israel constituía una auténtica teocracia, en la que los sacerdotes formaban, en primer término, el grupo menos poderoso.

Este grupo fueron los que organizaron a los judíos después haber sido desterrados de Babilonia en 538 a.C. y les inculcaron creencias espirituales y materiales. Mantenían, en tiempos de Jesús, posesión del poder político y social.

Es de señalar que el sacerdocio no era por vocación de Dios, sino hereditario, de acuerdo con la Ley de entonces y solo podían ser sacerdotes los que descendieran de Aaron, el hermano de Moisés, según lo revelado en Éxodos 28,1; Números 17,16-26; Lucas 1,5; Hebreos 9,4. Conformaron un grupo cerrado y muy unido.

En la práctica sacerdotal, el hijo de un sacerdote, a la edad de 20 años debía presentarse en el templo para demostrar la legitimidad de su nacimiento, comprobando luego que no tenía defecto físico. Seguidamente, debía hacerse un baño de purificación, vestir con hábitos sagrados y celebrar unos sacrificios.

Este rito se tenía que cumplir en el transcurso de una semana, para quedar habilitado para ofrecer sacrificios, como en Hebreos 10,11, llevar a cabo rituales, según Mateo 8,4 y Lucas 17,14) y servir al templo, de acuerdo con Lucas 1,5.8.

Los sacerdotes no tenían nada que ver con lo relacionado con la enseñanza de la Ley, ya que, como lo relata Mateo en 7,29, ese era asunto de los escribas.

Esta clase de los sacerdotes estaba constituida por 24 grupos. Cada uno de ellos se encargaba de llevar a cabo el servicio del templo durante una semana, según lo narra Lucas en 1,5-9, que era por turnos al azar.

En vista de la gran cantidad de cultos que se realizaban en el templo, se recurría a 300 sacerdotes ayudados por 400 levitas, provenientes de la tribu de Leví, según lo expresado por Deuteronomio 33,8-11 y Lucas 10,32), conformando una especie de “bajo clero”, ofreciendo servicios auxiliares, así como de vigilantes del templo.

Los sacerdotes más relevantes eran: el Sumo Sacerdote, jefe de todos los judíos de Palestina y del extranjero, responsable principal del templo, administrador, presidente, por oficio, del Sanedrín o Gran Consejo.

El Sumo Sacerdote era el único mortal que podía entrar a la parte más sagrada e importante del Templo, que era el “Sancta Santorum” y lo podía hacer tres veces, un solo día al año, cuando se celebraba el “Día de la Expiación” o Yom Kippur, día de penitencia instituido por Dios.

Llegado el año 37 a. C., se les concedió el derecho a, primero, Herodes y luego a los procuradores o gobernantes romanos para designar o destituir a los Sumos Sacerdotes, por lo que, desde entonces, el cargo ya no era hereditario ni vitalicio.

Asimismo, consagraban al Sumo Sacerdote entregando ornamentos sacerdotales, constituidos por ocho piezas consideradas como sagradas. Podemos obtener información sobre la fe sacerdotal en San Ignacio de Loyola.

Entre el año 6 al 37 d. C., Herodes y los romanos guardaron estos ornamentos sagrados en la Torre Antonia, y se los facilitaban a los sacerdotes en los días de fiesta.

Considerando la intervención de Anás durante el proceso de Jesús, se observa como conservaban cierta influencia y prestigio después de haber culminado sus funciones como Sumo Sacerdote.

Existían otras posiciones sacerdotales principales, tales como:

  • El Comandante del Templo, quien debía velar por el orden.
  • Los tres Sacerdotes Tesoreros, responsables de las finanzas.
  • Los Sacerdotes Vigilantes, encargados de la custodia de las llaves del templo, así como de la vigilancia y orden, según mandato del Comandante del Templo.

Los ancianos

A menudo se les menciona en el Nuevo Testamento. A menudo se hacía referencia a ellos como los “Senadores del pueblo”.

Se habla sobre ellos con frecuencia en el Nuevo Testamento, siempre en conjunción con los Sumos Sacerdotes, tal como lo refleja Mateo en 21,23 y 26,3.47.

Es por ello, que, por lo general, se mencionaba estaban unidos bajo una única expresión “los sumos sacerdotes y los ancianos”. Así lo reseña Lucas en 22,52.

Importante acotar que el término anciano no estaba asociado a la edad de la persona o a los más viejos de Jerusalén.

Este grupo de los ancianos se refería a los que conformaban el Sanedrín que es distinto de los sacerdotes-jefes y de los escribas fariseos.

Está compuesto por los jefes de las familias más ricas e influyentes de Jerusalén y se les señalaba también como “los notables el pueblo”, de acuerdo con lo que nos refiere Lucas en 19,47.

Constituían la aristocracia seglar de poderosos por el dinero, pues eran propietarios de grandes haciendas y adinerados comerciantes. De allí su relación con la principal fuente de generación de riquezas de la región que era el Templo de Jerusalén, así como con los sacerdotes jefes, que dirigían el templo.

Por otro lado, mantenían contacto con los líderes del poder romano, a quienes les proporcionaban el arrendamiento del cobro de impuestos. Esta era una forma de los romanos controlar el Sanedrín.

Esa riqueza que poseían los ancianos era el medio mediante el cual el impuesto de los judíos llegaba a poder del Imperio romano.

Este sistema de recaudación de impuestos les aportaba a estos ancianos ingresos complementarios, porque aun cuando entregaba a los romanos los impuestos que exigían, ellos se lo cobraban con creces al pueblo a través de los llamados “publicanos”.

Procuraban tanto como podían que ese orden establecido no se quebrantara, pues era su forma de sustento y conservación de su posición y dinero.

No les interesaba que los romanos supieran que se oponían a su poder, pues ello significaría que perderían sus privilegios, podrían ser desterrados y sufrir la confiscación de sus bienes.

En el ámbito religioso, se mantenían como observadores, cumpliendo estrictamente lo indicado en la Escritura. Consideraban como jefes a los sacerdotes jefes de la nobleza sacerdotal.

No podían optar por el sacerdocio, ni siquiera comprándolo.

Para defender este orden, estos ancianos que tenían por ídolo el dinero, podían llegar hasta la sangre, de acuerdo con lo señalado por Mateo en 26,3-5.59 y 27,1-2 y por Marcos en 14,43.

Sin embargo, es propicio señalar que no todos los ancianos tenían la misma forma de pensar y actuar. Había algunos que eran más nobles y notables, tal como José de Arimatea, quien fue un rico hacendado, cuyo proceder le valió los mejores elogios entre los cristianos. Esto lo confirma lo señalado por Mateo en 27,57; por Marcos en 15,43; por Lucas en 23,50-51 y por Juan en 19,38-42.
José de Arimatea

Fariseos

Este grupo religioso era formado por laicos, aunque había sacerdotes entre sus miembros. Era muy riguroso en cuanto al cumplimiento de la Ley.

Se dice que los fariseos surgieron en el siglo II del movimiento asideo, que fue una especie de partido religioso judío, que se atribuía ser los mantenedores de la Legislación de Moisés contra la invasión de las costumbres griegas.

El grupo se dividió en dos ramas; a saber: los fariseos y los esenios. ​

El término fariseo viene del vocablo griego perusim que significa “los santos”, se llamaban los separados, ​pues se consideraban la verdadera comunidad de Israel.

Aun cuando, en esencia, eran gente religiosa y piadosa, en el Nuevo Testamento se les presenta como hipócritas. Al respecto, no hay veracidad sobre ello.

Siempre estaban los fariseos atentos a la observancia de todas las leyes y tradiciones religiosas, para cumplirlas cabalmente y hacerlas cumplir, pues para ellos lo más importante era su relación con Dios.

Se les contemplaba como el “pueblo de la Ley”.

Era de ocupación diversa, como artesanos, pequeños comerciantes, campesinos. Todos procedían directamente del pueblo, pero querían estar separados de él.

Consideraban que era ignorante el no cumplir la Ley y, sobre todo, impuro, o “maldito”, como lo señala Juan en 7,45-49.

Su mayor talante era ser legalistas, en virtud de muchas de las leyes y legislaciones las habían creado ellos mismos.

Mapa de Palestina en tiempos de Jesús

Se dice que formularon alrededor de unas 613 leyes complementarias, que resultaban​ difíciles de aprender y, sobre todo, de cumplir.

Se trataba de reglamentaciones minuciosas de la vida, como, por ejemplo:

  • La observancia del sábado.
  • La pureza necesaria para el culto.

Según se ha señalado eran de las llamadas de “tradición oral”, pues eran inventadas por ellos, pero que, para ellos, tenían tanto o más valor que la Ley escrita. Sobre este aspecto de leyes en la oración al justo juez es posible inspirarse para comprender mejor el tema.

Esperaban la venida del Mesías para librar al pueblo del yugo de los romanos, por ello se preparaban para ese “Día” orando, ayunando y, sobre todo, observando fielmente todas las leyes, en particular la referente a la del sábado.

Seguían ciertos rituales, procuraban ejecutar las acciones obligatorias para acercarse así a la pureza a Dios, a la oración, al templo, a los actos de culto.

En vista de la diversidad de normas y reglamentaciones la práctica de la piedad se convertía para ellos en una cuestión técnica o normativa.

Seguían minuciosamente el libro del Levítico para todo lo relacionado con la piedad. En específico procuraban observar los capítulos 11 al 16, referentes a las reglas de pureza, pues opinaban que impuro significaba contagioso, y ello les impedía acercarse a Dios.

Según su pensar, impuro era:

  • Todo implemento de uso culinario como ollas, copas, platos, cubertería, que debía ser lavado profusamente, según lo expresado en Lucas en 11,39.
  • Todo derrame sexual, como la menstruación.
  • La sangre y todo lo que ella toque porque, según ellos, es la vida.
  • Toda persona enferma de una dolencia repugnante, sobre todo de la piel, como la lepra. Eran declarados "intocables", pues si se les rozaba ello impedía acercarse a Dios, tal como lo dice Mateo en 8,2-4.
  • Algunos animales que la Ley prohibía comer, de acuerdo con lo reseñado por Mateo en 15,10.
  • Cualquier cadáver de persona o animal.
  • Entrar en casas de paganos, quienes no eran judíos, pues contaminaba, como se lee en Juan 18,28.
  • Asimismo, el que tocaba cualquier cadáver, aunque fuese por necesidad, así como el que pisaba una tumba, sepulcro, incluso sin saberlo, quedaba "impuro" ante Dios, según lo relatado por Lucas en 11,24.
  • Todo judío que realizara oficios u ocupaciones vistas como impuros. Entre ellos se contaba a: publicanos o recaudadores, pastores, médicos, prostitutas. El sentarse con ellos a la mesa o quedarse en sus casas "contagiaba". Así lo relata Mateo en 9,9-13; Lucas en 19,1-7.
  • Acostumbraban efectuar los llamados lavados rituales, en principio de las manos que se creían contaminadas por haber tocado algo impuro.

Se observaba con frecuencia como los piadosos fariseos se lavaban hasta siete veces por día con agua y orando para purificarse.

Se planteaba también qué tipo de agua usar para el lavado de cada uno de los utensilios, ya que cada uno requería un tipo. Igualmente sucedía con los baños de purificación que debían efectuar a menudo para los cuales se distinguían hasta seis tipos de agua.

En su creencia particular estaba estipulado que se habían ganado su recompensa, por haber cumplido la Ley y se habrían ganado los méritos necesarios para la salvación. Esperaban, entonces, el “pago” de Dios por esa fidelidad. Eso lo encontramos narrado por Lucas en 17,7-10.

Cumplían con ejecutar todo tipo de obras, además de lo que la Ley les indicaba y con ello esperaban obtener aun más méritos ante Dios. Por ello efectuaban con frecuencia: ayunos (Mt 9,14; Lc 18,12), oraciones (Mt 6,5), pago de diezmos (Mt 23,23).

Hacían el estricto cumplimiento de todas reglas relacionadas con la pureza ritual, las cuales eran obligatorias sólo para los sacerdotes, así como las leyes sobre alimentos. De esta manera, es narrado por Mateo en  15,1-20 y en 23,25.27, también por Marcos en 7,1-23 y Lucas en 11,39.

El Evangelista Mateo es el que mayor información nos aporta sobre los fariseos y nos dice por ejemplo que:

"Atan bultos pesados y los cargan en las espaldas de los demás,

mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo".

Mt 23, 4

Escribas

Este grupo religioso llamado los escribas, que en hebreo se dice sofrim, era el de los "especialistas de la Ley".

Ellos eran los que estudiaban, explicaban e interpretaban la Ley mosaica para los demás de la comunidad.

Fungían de teólogos, pero también de profesores y jueces. Además, enseñaban lo que se requería hacer para cumplir con la Ley.

Escriba de la antigua Palestina

Eran los encargados de despejar dudas e imprecisiones en lo que a la observancia de las normas se refiere. Podían ejercer también la justicia, según lo estipulaba la Ley.

Se cuenta que en el principio de las comunidades estos escribas constituían un grupo laico, pero en virtud de las nuevas interpretaciones, muchos de ellos eran también fariseos o saduceos.

Pero con el discurrir del tiempo, predominaron los escribas fariseos.

Se catalogaba a ​los escribas o "doctores de la Ley" como la aristocracia intelectual judía.

Así se tenía que el escriba o "rabí" no llegaba al poder por dinero como los ancianos o senadores, tampoco por la sangre o casta como los sacerdotes, sino por su saber, y ellos estaban conscientes de eso.

Con el tiempo los fariseos-escribas llegaron a formar parte del Sanedrín, con lo cual acumularon más poder, sobre todo después de la muerte de Herodes el Grande, acaecida el año 4 a. C.

Se formaban en escuelas apropiadas para ello, siendo las más importante y reconocida la de Jerusalén.

Debían cumplir un ciclo regular de estudios de varios años, que les aportaba un sólido conocimiento del Antiguo Testamento.

Tenían pleno de los aspectos fundamentales de la Ley, por ello podían decidir sobre cualquier cuestión legal y ritos religiosos.

Podían ser nombrados juez en procesos criminales y decidir también en los civiles.

Jesús ante el Sanedrín

Se le otorgaba el derecho a ser llamado "rabbí".

A la edad de 40 años, se le consideraba un escriba con plenas atribuciones de "Doctor graduado".

En vista de ese gran saber que adquirían y demostraban eran colocados en puestos importantes de la enseñanza, administración y justicia.

Con respecto  a aquellos escribas que además eran fariseos, obtenían mayor poder, en virtud de que creaban y transferían ésas "tradiciones" religiosas que eran de igualdad e incluso por encima de la propia Torá o Ley escrita.

Los escribas fariseos podían llegar a tener el poder de obligar y liberar de obligación para siempre, a los judíos de cualquier parte del mundo, según lo establecido por la Ley.

Como parte de su poder se encontraba todo lo relacionado con las posiciones claves del poder judicial, administrativo y de la enseñanza.

En general, se dice que eran escribas los jueces de todas las ciudades importantes del país.

Asimismo, en las sinagogas eran los jefes, que explicaban e interpretaban con autoridad la Escritura.

Se institucionalizaron como jueces y supervisores del discurrir de la vida cotidiana, aparte del poder que se les otorgó en lo judicial, en lo ejecutivo e incluso podían imponer castigos de azotes y llegar al destierro.

Se les dio potestad para dirigir y controlar la Escuela Superior de Jerusalén.

Jerusalén o Tierra Santa

En el Sanedrín, el partido fariseo se componía de estribas íntegramente. De acuerdo con el Nuevo Testamento, el grupo fariseo dentro del Sanedrín podía ser referido como "los fariseos", según Mateo en  21,45, como los "escribas", de acuerdo con Lucas en 20,19.

En dicho consejo se acrecentaba su poder, en vista de que, entre otras cosas, el Sanedrín era la única Corte de Justicia para todos los judíos. Así lo reseñó Mateo en 26,57-66 y Hechos en 5,34-40.

Los escribas-fariseos del Sanedrín tenían el conocimiento exclusivo del Antiguo Testamento, en cuanto a la exégesis de la Escritura, lo cual se consideraba decisivo para las sentencias judiciales y lo aplicaban puesto que:

  • El Antiguo Testamento estaba escrito en hebreo, la “lengua sagrada”, la cual solo se conocía por los escribas. La lengua del pueblo era el Arameo y aún el siglo I, los jefes de los escribas lograron que el Antiguo Testamento no fuera divulgado en Arameo.
  • Eran los únicos que sabían cómo hacer la “tradición oral” para solo trasmitir de palabra del maestro al discípulo.
  • Ellos eran los dueños de la tradición “esotérica”, que es la referida a secretos de doctrinas, leyes, fórmulas mágicas religiosas.

Obtuvieron gracias a ello gran prestigio y privilegios del pueblo.

Algunos grupos de la sociedad

En este capítulo revisaremos brevemente como estaba compuesta la sociedad palestina en tiempos de Jesús.

Veremos las principales clases sociales que la conformaban.

Publicanos

Este grupo de ciudadanos eran los agentes de aduana o recaudadores de impuestos.

Para esa época no pertenecían al Estado, sino que eran comerciantes quienes podían comprar al Estado, en arriendo, el derecho de recaudar los impuestos. Al hacerlo pagaban lo correspondiente al dinero público y se quedaban con la diferencia que le cobraban a la gente.

Había dos tipos de publicanos:

  • Los que eran jefes del sistema de recaudación de impuestos, quienes eran gente adinerada. Por lo general, eran jefes de las familias de la alta sociedad de Jerusalén. Podían ser miembros del Sanedrín, si eran ancianos o senadores del pueblo.
  • Los que tenían que pagar impuestos a los romanos eran los judíos. Podían ser impuestos directos o indirectos.

Los arrendatarios o publicanos recaudadores de las aduanas asumían la responsabilidad del pago de estos impuestos al imperio, quienes cobraban con creces a los pagadores de impuestos respaldados por los romanos.

Para llevar a cabo su tarea, arrendaban muchos puestos aduaneros y en cada uno asignaban un canon de arriendo que tenían que entregar. Se les aconsejaba encomendarse a la sangre de Cristo.

El ingreso por encima de ese canon se los quedaba el arrendatario como su ganancia personal, lo que dio lugar a mucha explotación y estafa.

Los que tenían la responsabilidad de realizar este trabajo eran personas de los estratos pobres o esclavos, quienes eran empleados por una agencia de recaudación de un arrendatario.

Debían cumplir cabalmente con lo que se les exigía, pues, de lo contrario, podían ser fácilmente despedidos.

El sistema de recaudación de impuestos palestino de esa época era de mucha opresión, pues se pagaban derechos de aduana y de peaje:

  • A la entrada de los pueblos.
  • En los puentes.
  • En los vados.
  • En los cruces de caminos.

Había, además, mucho hostigamiento de parte de los publicanos para con los que tenían que pagar impuestos, lo cual resultaba muy costoso, pues exigían una cantidad superior a la tarifa oficial, en virtud de la ganancia que querían los recaudadores obtener. ​Mateó Leví era uno de esos recaudadores o publicanos antes de que Jesús lo llamara para que lo siguiera.

Estaba, por otro lado, el desconocimiento por parte del pueblo de cómo funcionaba la ley romana de impuestos, y no se sentían con derecho a reclamar, pues los recaudadores tenían el respaldo de los romanos.

Era por ello que los publicanos eran considerados pecadores por parte de los sacerdotes y fariseos, pues consideraba que su oficio era "impuro". Del mismo modo los veían los escribas.

En cuanto a los judíos, para ellos el único impuesto que se debía legítimamente pagar era el que se pagaba al Templo. Por tal motivo, despreciaban a los publicanos que preferían trabajar y cobrar para los romanos, contribuyendo a su enriquecimiento.

Se dice que los publicanos pertenecían a una clase social tan desfavorecida y pobre por lo que aceptaban hacer este tipo de trabajo que resultaba "deshonroso" para poder sobrevivir.

De allí que no se les invitara nunca a comidas y reuniones, no los trataban y tampoco se les reconocían sus derechos civiles por lo que:

  • No podían ser jueces.
  • Ni ser testigos de un proceso.
  • Ni pertenecer a una comunidad de fariseos.

Se les trataba, pues, como pecadores, marginados, mal pagados y, a veces, maltratados.

Jesús y los publicanos

Se da cuenta en las Santas Escrituras de este grupo social de parte de los evangelistas y normalmente se asocia publicanos con pecadores.

Así, por ejemplo, Lucas en 3,13 nos refiere el episodio cuando Juan el Bautista habla de la advertencia que les hacía Jesús a los recaudadores de que debían cobrar el monto justo del impuesto al pueblo.

Para muchas personas la relación que tuvo Jesús y sus seguidores con ciertos grupos sociales resultaba inaceptable porque iba contra toda regla de comportamiento social y religioso.

Así pues, fueron varias las ocasiones en las que tuvieron que compartir con publicanos a fin de lograr su salvación. Destaca aquella en la que Jesús llamó al publicano Mateo Leví para que lo siguiera y fuera su discípulo y éste le invitó a su casa a comer con varios otros recaudadores.

Para muchos judíos piadosos era inconcebible que Jesús y sus discípulos comieran con esa gente, como lo relata Lucas en 5,29.

En virtud de esas diferencias, se tuvo que enfrentar también Jesús con los fariseos y mostrarles y explicarles lo que implicaba el tratar de salvar a un pecador, lo cual implicaba mayor fidelidad al Dios Santo, en lugar de  aislarse para alardear de su propia perfección.

Esto se generó pues los fariseos escribas le reclamaban:

"¿Se puede saber por qué comen y beben con recaudadores y pecadores?"

Jesús les replicó:

"No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

No he venido a invitar a justos, sino a pecadores, a que se arrepientan."

(Lc 5, 30-32).

Por este tipo de acción y actuación se comenzó a acusar a Jesús de que era, según lo relata Mateo 11,19:

"¡Vaya glotón y borracho, amigo de recaudadores y pecadores!"

Además, Jesús les sentenció de manera provocadora al decirle que se prefería a los publicanos que a los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo, pues:

"Los recaudadores y las prostitutas se dirigen, en lugar de ustedes, al reino de Dios".

(Mt 21, 23-32).

Los Zelotes

Esta clase social estaba compuesta por hombres apasionados por el cumplimiento de la Ley, especialmente en lo relacionado con el primer mandato que se les imponía que era el de: "sólo Dios reina en Israel", y, por ello se sacrificarían.

No se les conoce como estrato definido sino hasta el año 44 d.C. y en el Nuevo Testamento toda la referencia que se hace es posterior a ese año.

Se dice que se iniciaron con el establecimiento de las primeras comunidades cristianas, pero en el año 66 generaron una insurrección que hizo que se produjera una gran represión por parte de las fuerzas romanas, lo que llevó a la caída de Jerusalén.

Según algunos historiadores este grupo social era considerado galileos, puesto que en el año 6 d. C. se rebelaron guiados por Judas el Galileo cuando se efectuaba el censo de Quirino.​

Eran fariseos militantes, siendo los más radicales de esa clase.

Cumplían cabalmente la Ley escrita y la tradición oral, buscando afanosamente la instauración del reino de Dios en Israel.

Se proclamaban judíos nacionalistas del ala rebelde; es decir, ortodoxos e integristas, que unían política con religión, y promovían actos de terrorismo contra romanos y judíos que según su proceder ellos los consideraban poco religiosos o colaboracionistas.

Al apóstol Simón se le decía Zelota por manifestar ese tipo de actitud.​

Apóstol Simón, el Zelota

Por otra parte, ellos se sentían como «instrumento» de la venganza de Dios, con respecto a lo que era el culto y el sacerdocio.

Una de sus hazañas fue querer purificar el Templo de la corrupción y de las injusticias, así como el país, que veían impuro por la ocupación romana, y recurrían a la violencia.

Para ellos no había ningún poder terrenal a quien rendirle obediencia, solo se debía obedecer a Dios y a su Ley, como nos lo dice el sagrado corazón de Jesús.

Por principio jurídico, los romanos tenían como práctica común que luego de conquistar un territorio, todas las tierras pasaban al Estado romano y les concedían un usufructo a los de la región conquistada a cambio de pagar los impuestos.

Fue precisamente el cobro de este impuesto al César, lo que provocó la insurrección de Judas el Galileo. De este hecho, resultó desterrado Arquelao, hijo de Herodes el Grande, y convirtieron a Judea en provincia romana.​

Según la creencia de los zelotes, pagar ese tributo a los romanos significada caer en pecado de idolatría.

Ahora bien, ellos pensaban que la llegada al Reino dependía de la acción violenta. Por eso, robaban, especialmente a los ricos, secuestraban personajes importantes, e incluso podrían llegar a asesinar.

Su primera víctima fue el sumo sacerdote Jonatám, hijo de Hannas.

Con el transcurrir de los años, los zelotes no lograron conformar un grupo organizado, por lo que permanecían sólo como grupos clandestinos, con intereses sociales precisos e inspiración religiosa, afanados por liberar a Israel de los romanos.

Luchador zelota

Para los romanos, los zelotes eran "ladrones", simples bandidos, que se escondían en las montañas y aprovechaban las festividades para sus labores.

Clases sociales

En cuanto a los estratos sociales existentes en la sociedad palestina de ese entonces, se observan las siguientes clases opuestas en lo que al aspecto socio-económico se refiere; a saber:

  • Los ricos.
  • Los pobres.

Los ricos

Se trataba de una clase social poco numerosa, pero que ostentaban mucho poder. Eran conservadores en lo que respecta a religión y política.

Se dice que formaban parte del grupo social de los saduceos.

A esta clase pertenecían personajes como Herodes II Antipas, quien cuatro años antes de morir Herodes I el Grande, ya había recibido una parte del reino de éste. En dicho territorio obtenido se encontraba Galilea con su capital en Tiberiades​ y la Transjordania al Este de la región.

Herodes II Antipas era vasallo del emperador romano, aun cuando nunca le otorgó el título de rey. Fue destronado y desterrado en el año 39 d.C. por el emperador Tiberio.

Sus partidarios, que eran pocos, se hacían llamar herodianos y siempre fueron enemigos de Jesús. ​

En vista del cobro de impuestos que Herodes impuso, aumentó la venta de tierras y que la mayor parte de ellas quedaran en manos de los grandes latifundistas pertenecientes algunos a la familia real.

Otros eran colaboradores a quienes les entregaba las tierras como recompensa por favores recibidos. Otros que se apropiaron de las tierras eran gente adinerada como una inversión con las grandes haciendas.

Ello provocó el desempleo y la emigración de Galilea hacia Jerusalén de muchos pobladores para mendigar. Igualmente, eso generó la oposición del movimiento zelota que rechazaba el pago de los impuestos no religiosos.

La mayoría de los latifundistas no vivían en esas tierras adquiridas, pues las dejaban a personas encargadas de administrarlas y quienes contrataban jornaleros, gente sin empleo fijo, para que las trabajaran. ​

El padre de Herodes Antipas había dado inicio a los trabajos de construcción del Templo de Jerusalén, y éste la continuó en el año 19 a.C.

Los ingresos que entraban a la administración de Herodes anualmente alcanzaban los diez millones de denarios. En ese entonces el salario de un día era de 1 denario.

En vista de tal caudal de dinero, contaba entre sus posesiones muchas mansiones y llevaba a cabo la confiscación de propiedades que él quería sin importarle si tenía que asesinar para obtenerlas. Fue él quien ordenó decapitar a Juan el Bautista en la cárcel. ​

Por su parte, Jesús demostró todo el tiempo que no le temía, y nunca quiso relacionarse con él. Por ello alertó a sus discípulos sobre su maldad. ​

En esta clase de gente adinerada se encontraban los sacerdotes jefes de familia, que pertenecían a la aristocracia de Jerusalén. Se trataba de unas 17 familias, con grandes ingresos y poder que obtenían de la religiosidad y cultos pagados por los feligreses montados en el Templo.

Ellos eran los principales administradores del tesoro, lo que implicaba un usufructo que aprovechaban de todas sus rentas.

En cuanto a los grandes comerciantes y terratenientes, éstos eran normalmente saduceos, tal como los jefes sacerdotes, varios de ellos ancianos, miembros del Sanedrín.

Los pobres

En Palestina antigua la gran mayoría de la gente era pobre. Así lo pudo percibir Jesús en su peregrinar, tal como lo dice Mateo en 9,35-36:

"Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del reino y curando toda dolencia y enfermedad.

Viendo el gentío, le dio lástima de ellos porque andaban fatigados y decaídos como ovejas sin pastor".

En esta clase se encontraban:

  • Jornaleros, quienes ganaban un salario diario por el trabajo realizado de sol a sol por un denario más comida.
  • Escribas, éstos no tenían oficio y tampoco comercializaban. En virtud de que la enseñanza de la Ley debía ser gratuita, ellos por tener ese conocimiento vivían de las ayudas que recibían de sus partidarios y seguidores, así como de la hospitalidad que les ofrecían, ​ de las invitaciones a banquetes en otras casas. Igualmente se incluían en esta clase a fariseos pobres, pero con ansias de tener siempre dinero​, así como a escribas parásitos que se aprovechaban de la generosidad de la gente con holgura económica.
  • Esclavos, se encontraban por lo general en el palacio de Herodes, trabajando como criados domésticos, pero no eran libres. Según las costumbres, los judíos podían ser esclavos solo por seis años. Ahora bien, si el dueño no era judío, los familiares podían rescatar el esclavo. El ser esclavo no era considerado deshonroso. Incluso tenían la seguridad que no tenía el jornalero. En el Templo no había esclavos, y en los campos solo unos cuantos y algunos cuantos en la ciudad.
  • Mendigos, en esta clase se contemplaba la gente que no trabajaba y no podía hacerlo por impedimentos diversos.

Así lo señala Mateo en 15,29: “Se le acercó un gran gentío llevándole cojos, ciegos, lisiados, sordomudos y otros muchos enfermos”.

Como sabemos, ya en tiempos de Jesús, Jerusalén se había constituido en un sitio de mendigos, que concentraban en los alrededores del Templo, en las puertas exteriores de la explanada, en el atrio de los paganos.Vivían de la limosna de gente piadosa, para quienes el dar limosna era una de las tres prácticas primordiales de la piedad judía, tal como lo era la oración y el ayuno.

  • Pueblo de la tierra, o “Am ha’aretz” en hebreo. Esta clase la constituían los campesinos, quienes ignoraban la ley y por ello no la cumplían, según los sacerdotes, sobre todo la referente al sábado, la de la pureza ritual y la del pago de los impuestos.
  • Clase media, poco numerosa y, por lo general, asentada en Jerusalén. Estaba constituida por pequeños comerciantes, artesanos dueños de talleres y los dueños de las hospederías de Jerusalén.
Escasa clase media

Jesús y los ricos

Jesús era del parecer que las cosas materiales buenas eran necesarias y se debían disfrutar, no acumularse, pues eran un regalo de Dios. Por tal motivo, no estaba de acuerdo con los ricos que acaparaban riquezas, no las compartían y ni las disfrutaban con sus semejantes. Además, le parecía que poseían más de lo necesario para vivir. Por ello los reprochaba y condenaba. Los evangelistas dieron cuenta de muchas de estas observaciones de Jesús, como por ejemplo:

  • Cuando Mateo en 6,24, reseña que Jesús opinaba que no pueden servir a Dios y al dinero.
  • También Mateo en 6, 19-21 reporta que Él decía: “No amontonen riquezas en la tierra… Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.
  • Según Lucas en 12, 15-21 Jesús decía que se debía cuidad de toda codicia, pues aun cuando se tenga de sobra, la vida no depende de los bienes.
  • Lucas en 6, 24 igualmente reseña que Jesús se lamentaba de los ricos pues ya tenían su consuelo.
  • Asimismo, Timoteo en 6, 10 nos habla de que: la raíz de todos los males es el amor al dinero.
  • También nos señala Lucas en 12, 31-34 que Jesús opinaba que la persona que le gusta acumular riquezas, es considerado un insensato por Dios.
  • “¡Con que dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen dinero!”, esto lo expresó Marcos en 10, 17-27.
  • Según Lucas en 10, 17-27 Jesús pedía que le permitieran que Él reinara para que todos pudieran tener todo. Pedía, también, que vendieran sus pertenencias o las dieran como limosna, pues había un tesoro inagotable en el cielo para ellos. Allí no hay ladrones y nada se echa a perder por la polilla, ya que donde esté sus riqueza estará su corazón.
  • En Marcos 10, 21-22 Jesús le recomendaba al joven adinerado, que aun le faltaba vender todos sus bienes y dárselo a los pobres, pues Dios sería su riqueza y debería seguirlo. El joven frunció el ceño y se fue desolado, ya que era dueño de muchas propiedades.
  • En Marcos 7, 8-13, Jesús reprenden al pueblo pecador pues descuidaban el mandamiento de Dios por otros intereses.
  • Igualmente lo hacía con respecto a que se pagaba el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda verdura, pero no el de la justicia y el amor de Dios, tal como lo señala Lucas en 11,41-42.
  • Asimismo, pidió Jesús hacerse de amigos y apartando el dinero mal habido, ya que cuando todo acabe, podrían ser bien venidos en la morada eterna, según lo refiere Lucas en 16,9-11.
  • El pensar de Jesús con respecto a los ricos lo ilustra con la imagen de que es como si se limpiara  la copa y el plato por fuera, pero por dentro estaban completamente llenos de inmundicias. Eso lo relata Lucas en 11,39.

La mujer en tiempos de Jesús

Como ya hemos señalado la sociedad palestina era eminentemente patriarcal. Como atributo típico en dicha sociedad la familia hebrea era grande, pues la poligamia era lícita y aún lo es. En la casa familiar vivían la esposa principal y las secundarias, los hijos e hijas de todas, junto a criados y esclavos.

La mujer se calificaba como ser débil a que debía dedicarse a la oración como las de San Miguel un Rosario Milagroso.

Sociedad patriarcal

La institución familiar era referida como la "casa del padre", pues era él que gobernaba como señor absoluto, siendo responsable de los bienes de la familia.

Los hijos varones eran los considerados herederos, pues las hijas solo hacían que aumentara el patrimonio familiar con el precio que los pretendientes pagaban al padre cuando las compraban.

Así, pues el padre era el único con derecho a disponer, castigar, dar órdenes, pronunciar oraciones, especialmente en lo que a bendición de la mesa se refiere y a ofrecer los sacrificios.

Por otra parte, era el maestro de sus hijos.

La mujer era considerada, respetada y reconocida solo por los hijos que pudiera engendrar, pues ellos eran bendición divina y, si eran varones, con mayor razón.

Pero como mujer no se le consideraba a la altura de los hombres y tenían menos derechos que ellos.

Mujer distinta al varón

En tiempos de Jesús, la mujer judía era tomada como un ser inferior al hombre y por lo tanto no tenía las ventajas que él.

Ella se debía por completo a su dueño, tal como el esclavo no judío y como el niño menor de 13 años. Así, que estaba sometida al padre, si era soltera; al marido, si era casada; al cuñado, si era viuda sin hijo. Todo ello está referido en Deuteronomio 25,5-10.

Su trayectoria de vida quedaba definida por el control masculino. Así que:

  • Si era soltera estaba bajo la tutela de su padre.
  • Cuando cumplía los doce años y era considerada menor, solo el padre autorizaba su casamiento antes de llegar a la mayoría de edad.
  • Al casarse, el esposo pasaba a ser el dueño de la mujer. En dicha unión, ella no podía disponer ni de lo que ganaba en su trabajo, ni de lo que se pudiera haber encontrado.

Marcos en 12, 41-44 señala que la pobreza de la mujer quedaba reflejada en el relato de la viuda pobre que "ha echado todo lo que tenía para vivir" al tesoro del Templo. Y "todo lo que tenía para vivir" eran "unos centavos".

Ignorancia

No se le daba acceso a tener instrucción religiosa, pues se creía que era incapaz de entender esos conocimientos. De allí que las escuelas solo funcionaban para varones, de manera que no había discípulos femeninos para los maestros o escribas.

Tampoco podía atestiguar en tribunales, ni siquiera como testigo de cargo de acusación. Ello se fundamentaba en lo que narra Génesis 18,11-15 que dice que la mujer tiene gran inclinación hacia la mentira.

Normas de educación

La mujer, en ese entonces, debía permanecer en casa como solía ser costumbre en ciudades y familias muy acomodadas y sólo podía mostrarse en público con la cara cubierta con dos velos atados a la cabeza de manera tal que no se distinguieran los rasgos de su rostro.

En Eclesiástico 42, 9-12 señala que la condición era peor para las jóvenes solteras, según lo expresado allí en cuanto a que:

"Una hija es un tesoro engañoso para su padre, le quita el sueño por la preocupación...

Que su habitación no tenga ventana...

Que no muestre su belleza ante cualquier hombre".

Por ello en las reglas de educación se prohibía explícitamente:

  • Encontrarse solo en un sitio con una mujer, sobre todo si era casada.
  • Mirar una mujer casada e incluso saludarla.
  • Hablar con una mujer en la calle.

Por otro lado, una mujer no debía estar sola en el campo, y no era normal que un hombre conversara con una extraña, tal como lo refiere Juan  en 4, 27.

Entre los muchos deberes de esposa o de hija, tenían que lavar al padre la cara, las manos y los pies.

Pero el judío varón no lo podía pedir a otro varón, aun si era un esclavo judío; solamente de un esclavo no judío.

Jesús y la mujer en Palestina

La mujer, la tentación y el peligro

La mujer era vista como un ser impuro durante la menstruación, por lo que no se le podía ni tocar. Incluso, luego de dar a luz, se requería que fueran al templo a ofrecer sacrificio para ser "purificadas", como lo explica Lucas en 2, 22 y Levítico  12,11-8.

Esta purificación era distinta a la de purificarse por una impureza moral, como lo era el pecado, cometido por la madre.

Eclesiástico 9, 9 destaca que si la mujer casada hacía preguntas, se le debía responder brevemente, por lo que explícitamente nos refiere:

"Con una mujer casada no comas ni te sientes con ella a beber, porque te arrastrará el corazón y dará con tu vida en la fosa".

Si de festejos, banquetes o huéspedes en la casa se trataba, la mujer no podía participar, ni servir comida. Solo lo podían hacerlo los sábados y en el banquete de Pascua, pues se creía que podrían cometer indiscreciones.

La mujer y el divorcio

En lo referente al matrimonio, éste solo podía ser disuelto por el marido, exigiendo el divorcio, como un derecho arbitrario y caprichoso. Así, por ejemplo:

  • Cuando la mujer salía a la calle y no se cubría la cabeza y la cara, eso era considerado ofensa para el marido, quien tenía el derecho e incluso el deber religioso de echarla de la casa y divorciarse de ella, sin ninguna obligación de pagarle dinero alguno aun cuando el contrario matrimonial lo estipulara.
  • Si la mujer permanece mucho tiempo en la calle, conversando con la gente, o también si se sentaba a hilar en la puerta de su casa, podía ser repudiada por su marido por exhibirse, y no darle compensación económica alguna.
  • Incluso, si a la mujer se le quemara la comida, el marido tenía derecho a repudiarla y pedir el divorcio, según lo refería el rabí Hillel.
  • Si se le descubría alguna torpeza, el marido podía divorciarse de ella, en especial para buscar una más joven y comprarla.

Al hombre le estaba permitido tener varias mujeres, teniendo la esposa que tolerar la presencia de concubinas en su misma casa. Por supuesto, este privilegio solo era disfrutado por los ricos.

En los casos que se suscitarán en que la novia tuviera relaciones con otro hombre, inmediatamente era catalogada de adúltera, pudiendo ser castigada con la lapidación o muerte a pedradas. Pero si la adúltera era casada, se daba el castigo de la estrangulación.

Se puede decir que en esa sociedad la mujer era considerada por aspectos de superficialidad, sexo, peligro, por lo que los varones eran aconsejados cuidarse de ella.

Jesús y la mujer

Jesús, desde siempre, trataba con todas las personas por igual, sin excluir a nadie del llamado del Reino de Dios. Por eso trató de distintas maneras de que a la mujer se le diera el debido respeto y consideración.

De esta manera era común observar entre sus primeros seguidores judíos a hombres y mujeres de distintas ocupaciones y modos de vida, como pecadores, campesinos, prostitutas o publicanos, etc.

Es por ello que muchos afirman que lo dicho en cuanto quienes serán los primeros o los últimos aplica en cualquier caso.

Textualmente lo expresa Marcos en 10, 31:

Pero todos, aunque sean primeros, serán últimos, y esos últimos serán primeros”

Por lo que Jesús lo aplicaba también a las mujeres y a su condición de inferioridad en la que la tenían sometidas las estructuras patriarcales establecidas por los varones.

De hecho, el comportamiento de Jesús en la vida diaria contravenía el sistema socio-religioso que regía de manera opresiva para la mujer. Pero Él con sus manifestaciones concretas y directas, logró que se diera una posición digna en la vida social y religiosa.

Jesús la consideraba con la misma categoría y derechos que el varón. En virtud de ello, se opuso abiertamente a las leyes y costumbres que la discriminaban como ser humano, con lo cual puso en riesgo su prestigio y su vida.

Son varios los casos durante su permanencia en la tierra en los que Jesús se vio involucrado a defender a la mujer. Veamos

La samaritana

Este es el episodio que relata Juan en 4, 4-42 en el que Jesús conversaba con una mujer samaritana en el campo, a solas. Ella era extranjera, idólatra y maldita para todo judío fiel.

Es Jesús quien le habló sabiendo que era una mujer de la mala vida, quien le había pedido un favor. Hablan por mucho tiempo tratando de lograr su arrepentimiento.

Los discípulos, al llegar y observarlos se extrañaron de que Él hablase con una mujer, tal como lo reseña Juan en 4, 27.

Jesús y la mujer samaritana

Marta y María

Relatan los evangelistas Lucas en 10, 38-42 y Juan en 11, 5-33 y en 12-1-8 acerca de la amistad sincera y humana entre Jesús y estas judías.

María Magdalena

Se convirtió en una de sus más fieles discípulas y lo seguía a todas partes, después de había logrado echar a los siete demonios que la habían poseído y convertido su vida en un infierno. Él la había curado para siempre.

Juana, esposa de Cusa

Era esposa del administrador de Herodes, un hombre público importante, pero ella buscando la salvación y ansiosa por la llegada del Reino de Dios, lo siguió. Fue muy apasionada de los temas religioso, así como de orar como en la oración de la Corona de la Misericordia.

La mujer de Galilea

Lo comenzó a seguir desde su paso por Galilea, donde lo escuchó predicar y sintió el llamado del Señor.

La mujer y la niña poseída por el espíritu impuro

Los evangelios de Marcos y Mateo nos hablan del pasaje en que Jesús estaba en una casa en la que quería pasar desapercibido, pero una mujer pagana siria de Fenicia, que se constituyó en vocera de los paganos, lo reconoció y le rogó a sus pies expulsara el espíritu maligno del cuerpo de su niña. Él le dijo:

“Deja que coman primero los hijos.

                    No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.                  

A lo que ella le replicó ella:

“Cierto Señor, pero también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.

Entonces, Él le contestó:

“Anda, vete, que por eso que has dicho el demonio ha salido de tu hija”.

Efectivamente su hija se encontraba echada en la cama plácidamente, pues el demonio se había marchado, según lo refiere Marcos 7,24-30.

La adúltera

En ocasiones Jesús expuso su vida por los pecadores, como el caso narrando por Mateo en 8, 2-11 en que estando en el templo enseñando al pueblo, le trajeron los fariseos a una mujer capturada en adulterio señalando que por la ley de Moisés debía ser apedreada.

Es por ello que la llevaron al Templo para que se le juzgara y, además, con la intención oculta también de acusarlo a Jesús de actos impropios.

Jesús hizo como que no les prestaba atención y comenzó a hacer dibujos con el dedo en la tierra y por insistencia de aquellos se paró y les dijo:

“El que no tenga pecado, que tire la primera piedra”.

Luego, reconociendo que la mujer había pecado se dirigió a ella, diciendo que no la condena, pero si le advierte:

"Vete y en adelante no peques más".

La viuda pobre

Lucas nos habla en 21, 1-4 de que Jesús prefería la generosidad sincera de una viuda pobre en contraposición a la de los ricos.

Se hace allí referencia al episodio en que los ricos fueron a hacer donativos en la caja de templo depositando grandes sumas de dinero y Jesús los observaba. Pero también vio el pobre donativo que la viuda había dado, los cuales eran los únicos centavos que poseía y los colocó todos en la caja, a lo que Jesús señaló públicamente:

“Esta viuda, que es pobre, ha echado como donativo más que nadie,  lo aseguró, porque todos esos han echado como donativo de lo que les sobra, mientras ella ha echado lo que le hace falta, todo lo que tenía para vivir”.

La mujer con 18 años enferma

Este caso refiere a la historia de la mujer que Él sana contraviniendo la ley del sábado, pues legalmente es el día de descanso.

Jesús llevó a cabo la sanación de la mujer que tenía 18 años encorvada por una terrible enfermedad debido a un espíritu y Él la vio en día sábado en la sinagoga, la llamó y le dijo, aplicándole las manos:

“Mujer, quedas libre de tu enfermedad”.

Enseguida se enderezó y, en agradecimiento, comenzó a alabar a Dios. Este caso nos lo reseña Lucas en 13, 10-17.

La pecadora

Jesús arriesgó una vez más su vida cuando defendió a la mujer pecadora, quien arrepentida,  lo atendió, postrándose a sus pies, bañándolos con sus lágrimas, y secándolos con su cabello. Luego, los besaba y los ungía con perfumes. Esto sucedió en la casa del fariseo cobrador de impuesto que lo había invitado a comer.

Viendo esto, el fariseo se decía para sí mismo:

“Éste, si fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer la que lo está tocando: una pecadora”.

Habló, entonces Jesús y le dijo:

“Simón, tengo algo que decirte:

Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta, como no tenían con que pagar, se los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos le estará más agradecido?”

Simón le dijo creo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo que había acertado, tal como lo señala Lucas en 7, 36-48.

Públicamente Jesús perdonó a la pecadora arrepentida, dejándose besar, acariciar y ungir por ella, lo cual era inaceptable para cualquier fariseo.

Jesús y el matrimonio

Jesús con sus manifestaciones y decisiones que tomó con respecto a la unión matrimonial iba en contra de las estructuras patriarcales judías del casamiento, pues rechazaba el matrimonio patriarcal y así lo expone Marcos en  10, 6-9:

Estaba en desacuerdo con lo establecido de que solo era permitido al varón divorciarse y por ello les explicó a todos en sus múltiples enseñanzas por los pueblos que el divorcio permitido por Moisés se trataba de una consecuencia mental y de actitud patriarcal. Pedía por eso mucha oración como en la oración a la Virgen de Lourdes Alta Gracia.

Les indicaba que lo que Dios hacía era que entregaba a la mujer al poder del hombre para que construyeran su propia casa y su propia familia, por lo que el hombre debía abandonar a su padre y a su madre, cortando con esa familia patriarcal, para unirse a su mujer y ser un solo ser en unión igualitaria, porque Dios lo ha creado iguales y agregó:

“Luego lo que Dios ha unido, un hombre no lo separe".

En las distintas regiones del mapa de Israel en tiempos de Jesús, es posible identificar las regiones en las que se hicieron algunas construcciones que se volvieron emblemáticas de la zona, sobre todo en Jerusalén. Una de ellas, y tal vez la más importante, es el Templo de Jerusalén, el cual se convertiría en el centro religioso neurálgico desde su construcción y escenario de muchas controversias del mundo judío.

El Templo de Jerusalén

En las distintas regiones del mapa de Israel en tiempos de Jesús, se edificaron algunas construcciones que son iconos de la zona, sobre todo en Jerusalén. Nos referiremos en específico al Templo de Jerusalén, por ser el centro religioso más relevante de la región y del mundo entero.

Templo de Jerusalén

Es de todos sabido que Palestina estaba constituida como un Estado teocrático, en la que la religión ocupaba un sitial preponderante y sus máximos líderes tenían gran poder sobre las instituciones y la población, en general, sobre la que ejercían máxima autoridad.

Incluso el poder político del gobierno judío se subordinaba al poder religioso. El sacerdocio era el que dictaba las pautas a seguir sobre todo los designios del Sumo Sacerdote.

Éste, en virtud de su condición de mensajero divino, ejercía todo ese poder en nombre de Dios, aplicando las leyes de la Torá, así como las tradicionales de la religión israelita.

Queda entendido, entonces, que los poderes religioso y político de la antigua teocracia israelita se hallaban fusionados.

Para este estado el Templo de Jerusalén era considerado como signo de la presencia de Dios en la tierra entre los hombres, por ello funcionaba como centro espiritual del antiguo Israel.

El Templo de Jerusalén, era considerado el centro religioso de la población judía de las distintas provincias de palestina y del mundo.

Le correspondió al rey Herodes el Grande llevar a cabo la reconstrucción del Templo en el año 19 a.C., sobre las ruinas del que había sido construido inicialmente por David y Salomón.

Se comenzó a reconstruir desde sus cimientos, pero tratando de mantener el que se pudiera visualizar toda la ciudad desde el mismo.

Contaba con una torre de 50 mt de alto, ubicada sobre una explanada de 480 metros de longitud por 300 metros de anchura. La misma estaba rodeada por un muro de gran altura.

Al construirlo, Herodes ordenó que fuera recubierto con gruesas placas de oro y mármol de muy blanca apariencia, de manera que se reflejara con ellas la magnanimidad del poder divino. Las mismas debían brillar con el sol para así provocar la admiración en la gente. Así lo relata Marcos en 13,1:

«Maestro, ¡mira que piedras y que edificios!»

Se podían observar en el templo nueve grandes puertas de acceso. Ocho de ellas estaban completamente forradas por láminas de oro y plata, al igual que sus montajes y dinteles.

La novena puerta, en cambio, fue revestida en bronce de Corintio, con lo cual sobrepasaba en valor a las otras.

Asimismo, había muchos portones con recubrimientos de oro y plata, así como los candelabros, copas, cadenas y utensilios sagrados.

Era mucha la ostentación que reflejaba el Templo, por la riqueza de oro usada en el mismo. Esto, tras la caída de Jerusalén bajo el dominio romano en el año 70 d. C., generó tan enorme oferta de este metal precioso, que hizo que su valor se redujera a la mitad.

Los trabajos de ampliación, arreglo y decoración que se llevaron a cabo duraron unos 84 años. Se comenzaron en el 20 a.C. y finalizaron en el 63 d.C. Esto según lo evidenciado por el Evangelio de Juan, quien lo recoge de lo expresado por los dirigentes judíos hacia el año 27.

Durante su construcción siempre hubo actividad en el Templo y los oficios religiosos y el culto como tal nunca se interrumpió.

En vista de la preponderancia del lugar por ser el recinto de Dios, el Templo se había convertido en el foco de todo el poder religioso y era el único sitio que tenían los judíos en todo el mundo para dar culto a Dios.

Este culto se celebraba diariamente efectuando dos oficios; uno por la mañana y otro por la tarde, y en los momentos de grandes festividades religiosas anuales se hacía un culto extraordinario. Se destacan en especial tres de ellas; a saber: “Pésaj”, que era la Pascua judía, el “Shavuot”, en lo que se conocía como la Fiesta de las Primicias y el “Sucot” o Fiesta de los Tabernáculos.

A cada una de estas festividades estaba obligado a asistir todo israelita varón desde que cumplía los trece años, aun cuando se ha señalado que los que vivían muy retirados solo asistían al “Pésaj”. ​

Por otra parte, es propicio señalar que el Templo de Jerusalén también funcionaba como el principal centro educativo, pues en él se dictaba cátedra sobre ciencia religiosa, teológica y jurídica del judaísmo.

En tiempos de Jesús, Él mismo solía impartir sus enseñanzas en el Templo, así como también a diversas sinagogas de la región.

Debido a su presencia en dichos lugares dio pie a que se produjeran a veces polémicas con algunos de los dirigentes judíos, pues era allí en esos sitios en los que Jesús hizo sus grandes denuncias.

En la Palestina de esos tiempos, diversos personajes se destacaron, a veces por méritos, otras por sus malas acciones. Veamos algunos de ellos.

Herodes Arquelao

Se dice que nació en el año 23 a. C. y murió en el 18 d. C. Era uno de los hijos de Herodes I el Grande y la samaritana Malthace.

Herodes Arquelao

El emperador César Augusto le designó en el año 4 a. C., después de la muerte de su padre, para que administrara algunas de las regiones importantes de Israel. Se trataba de Judea, Samaría e Idumea.

Fue llamado por muchos con el título genérico de etnarca. Este era un título que se usaba en la Antigua Roma para referirse a aquellos gobernadores de los reinos orientales conquistados, que se tenían en calidad de vasallos, pues no llegaban al nivel de monarcas o reyes.

Como tal gobernó estas provincias hasta el año 6 d. C. Fue un etnarca muy cruel. Acabó con los fariseos que se sublevaban a su gobierno, matando cerca de tres mil de ellos.

Ya en el 6 d. C., fue depuesto de su mandato sobre Judea, en virtud de la violación que hacía de la Ley de Moisés. Además, muchos judíos, cansados de su maldad, se quejaron ante César Augusto de sus grandes desmanes, lo cual lo llevó a su destitución y destierro a Viena en las Galias.

Seguidamente, se fusionaron las tres provincias de Judea, Samaria e Idumea creándose la provincia romana de Judea, la cual quedó bajo el dominio de Roma directamente, gobernada por un procurador romano.

El Procurador romano de Judea

Este procurador tenía la obligación de ejecutar todos y cada uno de los mandatos que se transmitieran desde Roma.

Así tenemos que entre sus atribuciones estaban:

  • Ejercer el poder supremo militar, aun cuando debía seguir ciertos lineamientos provenientes del Legado romano de Siria.
  • Nombrar al Sumo Sacerdote.
  • Ejercer como agente de finanzas del emperador romano.
  • Recolectar todos los impuestos que los judíos tenían que pagar al fisco imperial romano.
  • Coordinar a los recaudadores de impuestos, bajo sus órdenes, respaldados por sus soldados.
  • Aun cuando la justicia ordinaria la ejercía el Sanedrín, el Procurador romano mantenía bajo su control la ejecución de la pena de muerte.
  • Vivía en Cesarea, pero debía estar presente en todas las festividades de Jerusalén, para lo cual debía quedarse en la ciudadela militar, que estaba ubicada en el lado nordeste del Templo apoyado por la guarnición romana. Esta era una especie de cohorte de Jerusalén. Esta ciudadela era un sitio estratégico desde se podía controlar la multitud que asistía al Templo.

Poncio Pilato

Poncio Pilato, a veces también señalado como Pilatos, fue el quinto procurador de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36 d.C.

Poncio Pilato

Desempeñó un rol preponderante en muchos de los acontecimientos que se sucedieron en esa provincia en esos años.

Entre dichos acontecimientos se destacan los eventos relacionados con el suplicio y condena a muerte de Jesús de Nazaret, que se relatan en los Evangelios.

Marco Julio Agripa Herodes I, quien vivió entre 10 a. C. y 44 d. C. y fue Rey de Judea, describió a Pilato como un ser implacable en sus órdenes, inflexible, arbitrario y muy despiadado.

Se le acusó de efectuar ultrajes, robos, amenazas, ejecuciones sin hacer el juicio debido. Su crueldad fue catalogada de salvaje e incesante.

Como procurador fue frío y hostil con los judíos y poco comprensivo con respecto a sus tradiciones religiosas.

Herodes Antipas

Nació en Judea el año 20 a. C. y murió en el 39 d. C. en Galos.  Sus padres fueron Herodes I el Grande y Malthace de Samaria.

Conocido también como Herodes el Tetrarca, ya que fue tetrarca de Perea y Galilea desde el 4 a. C. hasta su muerte.

Como se sabe, la tetrarquía era una forma de gobierno en la que se compartía el poder entre cuatro personas que se auto-denominan tetrarcas.

Se crió en Roma junto con su hermano Arquelao y su hermanastro Herodes Filipo.

Se casó con Herodías, que había sido esposa de Herodes Filipo, pero para poder hacerlo, tuvo antes que repudiar y separarse de su esposa legítima, quien era hija del rey árabe Aretas IV, que gobernaba sobre los nabateos en la capital de Petra.

Herodías, esposa de Herodes

En venganza por el repudio que le había hecho a su hija, Aretas envió sus tropas para atacar los territorios de Herodes Antipas. No obstante, el hecho no pasó a mayores desgracias en virtud de que el gobernador romano de Siria, Vitelio, intervino y evitó la derrota total.

Se hizo famoso y así se ha reseñado en el Nuevo Testamento por su participación en los eventos que llevaron a la muerte, por un lado, de Juan el Bautista, a quien mandó a degollar por instigación de su esposa Herodías, y, por la otra, de Jesús de Nazaret.

En cuanto a los terrenos sobre los que gobernaba, se ha reseñado que Herodes Antipas prosiguió con la labor constructora que había iniciado su padre. Entre las obras realizadas se cuenta que:

  • Llevó a cabo la fortificación de Séforis, haciendo de ella su capital.
  • Levantó la fortaleza de Bet-haram en Perea.
  • Realizó el bautizo de esta ciudad, a orillas del lago Genesaret, con el nombre de Tiberíades. Con ello quería honrar la memoria del emperador Tiberio, por lo cual trasladó allí su capital, la cual se convirtió y fue por mucho tiempo un gran centro cultural judío.
  • En cierta ocasión, Agripa I, rey de Judea, escribió al emperador Calígula, acusando a Herodes Antipas de conspiración por una alianza clandestina que había hecho con los partos contra Roma. Calígula entonces ordenó su deposición y destierro junto con su mujer en el año 39, hacia Lugdunum en Lyon, donde murió ese mismo año.
  • Era un gobernante que confiscaba todos los bienes para apoderarse de ellos, sin importar si debía matar para lograrlo.
  • Gobernó por cierto tiempo la conflictiva región Galilea, que fue foco de varios movimientos revolucionarios importantes contra Roma, hasta que se llevó a cabo la destrucción Jerusalén y de su emblemático Templo.
    • Esto aconteció alrededor del año 70 d. C. por parte de las tropas romanas, conducidas por el entonces futuro emperador Tito y por Tiberio Julio Alejandro.

¿Por qué torturaron a Jesús?

Las penas de muerte que imponía la justicia romana en tiempos de Jesús eran de inmenso dolor para el que debía sufrirla.

Una de las más usuales era la pena de la cruz. Esta era practicada en casi todos los territorios del entonces Imperio romano y su aplicación se extendió por casi mil años.

Como sabemos, se han encontrado multiplicidad de escritos de la época que hablan de esta práctica, no obstante, no habían evidencias físicas o pruebas palpables de la misma.

Recientemente se han presentado pruebas físicas que demuestran que efectivamente se realizaba este tipo de castigo mortal. Así lo señala la arqueóloga Ursula Thun Hohenstein, de la Universidad de Ferrara, quien es parte de un grupo de investigadores que se han dado a la tarea de investigar este tipo de tortura.
Ursula Thun Hohenstein, arqueóloga

Reporta este grupo de arqueólogos que han hecho recientemente en el año 2017 un importantísimo descubrimiento, siendo el segundo documentado en el mundo, pues ha resultado una labor ardua encontrar evidencia histórica al respecto, reportó la investigadora al  diario La Repubblica.

Se reseña que los arqueólogos han desenterrado un esqueleto en Italia en el que se observan heridas similares a las que se practicaban en una crucifixión romana y en la Palestina antigua, cuyo ejemplo más conocido es la ejecución de Jesús.

Ahora bien, ¿por qué se aplicó este tipo de tortura y muerte a Jesús?

Como es por todos conocido, ese era el método más aplicado de forma pública en el Imperio romano de manera de, no solo castigar a todo aquel insurrecto o líder espiritual, como lo fue Jesucristo, sino también para que el pueblo observara la forma de castigar y así amedrentar a todo aquel que osara oponerse al régimen establecido.

Con los hallazgos hechos por este grupo de investigadores se comprueba de alguna manera todo lo que las Santas Escrituras han señalado acerca de la pasión y muerte de Cristo mediante la crucifixión.

La evidencia de ello quedó al descubierta luego de que el grupo de arqueólogos italianos desenterraran un esqueleto que data de por lo menos dos mil años y que perteneció a un condenado a la cruz y que fue localizado en su tumba a 60 kilómetros de Venecia en el norte de Italia.

La fecha de la crucifixión de este condenado coincide con la época en que Jesús peregrinó, fue perseguido y crucificado, luego de haber sido vejado y torturado.

Además, este descubrimiento ha revelado a esta forma de pena de muerte como la más cruenta, luego de analizar las características en las que fue encontrado el esqueleto, de un hombre que se estima tenía entre 30 y 35 años y que presentaba severas lesiones en lo ancho del hueso del talón.

Allí se observaron profundos orificios que se presume fueron provocados por enormes clavos.

Asimismo encontraron que los huesos de los pies estaban totalmente destrozados. Presentaba, además, marcas en brazos y huesos de la espalda, lo que sugiere que fue azotado al grado de que las heridas llegaron hasta el hueso.

Evidencia arqueológica de la crucifixión romana

Sin embargo, la mala conservación de los huesos ocasionada por el transcurrir del tiempo impide que los científicos puedan tener mayor certeza al respecto.

En tiempos de Jesús en la región palestina también se efectuaron este tipo de crueldades. Las mismas eran llevadas a cabo por los soldados de las guarniciones romanas que estaban asentados en Palestina, pero no se trataba de romanos y tampoco judíos.

Estos torturadores eran sirios y griegos que se habían desplazado a Palestina y vivían allí desde cierto tiempo y aborrecían en gran medida a los judíos.

Este odio y modo de castigar surgieron en venganza porque los últimos tres reyes judíos, que fueron los reyes asmoneos, habían sometido y esclavizado a las ciudades sirias y griegas cercanas a sus fronteras y habían causado destrozos y pérdida de algunas vidas.

Asimismo, sucedió que el rey Alejandro Janeo, que fungía también como Sumo Sacerdote, durante su reinado en Judea entre los años 103 al 76 a. C., generó situaciones conflictivas con los fariseos por desavenencias en cuestiones religiosas que éstos últimos consideraban ofensas para con su culto.

El pueblo judío seguía las directrices de los fariseos y odiaba al rey. Luego, en vista de que los fariseos se aliaron con los sirios, que también eran adversarios del rey, el rey Alejandro se vengó de manera sangrienta de los sirios.

Al respecto, Flavio Josefo, que fue un historiador judío fariseo, que además era descendiente de una familia de sacerdotes, se dedicó a reportar este tipo de atropellos de parte del rey.

Flavio Josefo, historiador judío

Josefo era conocido por ser hombre de acción, que tenía dotes de estadista para organizar comunidades y también de diplomático para solucionar conflictos, fue uno de los líderes que encabezó la rebelión que pronto los judíos iniciaron contra los romanos.

No pudo finalizar su obra en virtud de que fue apresado y llevado a Roma, pero se dice que llegó a ser favorito de la familia imperial Flavia.

Josefo, con respecto a la venganza del rey contra los fariseos y sirios, realizó la siguiente crónica de lo que él consideró uno de los actos de excesos de crueldad y venganza:

"Celebrado un banquete en un lugar no visible junto con sus concubinas, ordenó crucificar a unos ochocientos de ellos, degolló a sus hijos y a sus mujeres ante sus ojos, mientras aún estaban con vida, imponiéndoles en venganza de los agravios recibidos ese castigo, superior a lo que puede resistir un hombre".

Los fariseos atacaron en consecuencia con la misma fuerza.

A partir de esa fecha, se inició un tiempo de oscuro en esas ciudades y sus habitantes se atemorizaban ante la aparición de un reino judío poderoso.

Sin embargo, al final de cuentas, los judíos siempre esperanzados alentaban a que pudiera volver a los buenos días de libertad, bienestar y esplendor, tal como los vividos en la época del rey David.

He allí el origen del odio feroz que los soldados sirios y griegos de Pilato tenían contra cualquiera que pretendiera ser rey o mesías.

Surgió allí la interrogante que Pilato hizo a Jesús:

 «¿Tú eres rey de los judíos?».

Los soldados allí presentes oyeron como el procurador inquirió a los que le pedían el indulto de costumbre, incitándolos al odio:

 «¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?».

Así como lo relata Marcos en 15,1-2.9.

Jesús y Poncio Pilato

De toda esta historia de odio, intrigas y crueldad, surgió entonces ese ensañamiento contra Jesús, a quien condenaron, azotaron y humillaron burlándose diciendo:

 «¡Salud, rey de los judíos!».

Seguidamente, lo llevaron hasta El Calvario para crucificarlo.

El historiador judío Flavio Josefo también reseñó como parte de su trabajo para sustentar las evidencias de las torturas a judíos en Palestina, señaló que los habitantes de Cesarea y de Sebaste, que se hicieron en soldados de las cohortes romanas, manifestaron abiertamente su odio a los reyes judíos celebrando la muerte de rey Agripa I.

En dicha manifestación sucedida en el año 44 celebraron públicamente en Cesarea que se hubiera muerto Agripa y llevaron y colocaron dentro de un burdel las imágenes de las hijas del rey. ​

Antecedentes

A raíz de este descubrimiento de Italia, se ha expuesto más la primera evidencia real de lo que había sido la crucifixión en tiempos del Imperio romano.

Esa primera evidencia se hizo y se documentó en el año 1968, la cual fue llevada a cabo por el arqueólogo griego Vassilios Tazferis.

Vassilios Tazferis

Este investigador hizo diversas investigaciones en ruinas de la antigua Palestina y encontró lo que son los vestigios de una cruz y de un esqueleto en Jerusalén.

Se trataba de los restos pertenecientes a un hombre adulto, quien tenía unos clavos de 18 centímetros en los pies y manos. Éstas estaban unidas a un trozo de madera similar a una cruz, tal como lo que se señalado en distintos pasajes de las Santas Escrituras en lo que al Nuevo Testamento se refiere.

Al respecto, la revista Archaeological and Anthropological Sciences publicó un artículo en el que describe que el hallazgo de la cruz en Italia, revela que la tortura y vejámenes que recibió Jesucristo en su condena, así como los narra la Santa Biblia, pueden haber sido reales por cómo se reseñan de parte de los antiguos escribas romanos y judíos.

Se acota en la referida revista que se requiere contar con mayor evidencia física de manera de soportar los hechos bíblicos narrados y para conocer cómo era realmente una crucifixión romana.

Mi último día: La Crucifixión de Jesús - Anime

El hallazgo del arqueólogo Tzaferis junto con lo descubierto por el grupo de investigadores italianos dan luces a otras investigaciones que se han seguido haciendo en lo que queda de las ruinas de la antigua Palestina, que son la muestra de como fue la vida en tiempos de Jesús.

En lo que respecta a la primera evidencia, se tiene que fue un trabajo que realizó por mucho tiempo Tzaferis y que culminó con el hallazgo indicado.

Tzaferis, fallecido en el 2015, era un monje ortodoxo griego, quien estudió y se especializó en arqueología, se enfocó en la tarea de documentar con muestras reales la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Como inspiración de este importante evento se sugiere leer Las 7 palabras de Jesús.

A manera de resultado por su tenaz labor, descubrió el material arqueológico: los restos de hombre crucificado jamás encontrado en la región.

Ahondando un poco más en lo que fue la vida de este dedicado investigador Tzaferis, debemos decir que nació el 1 de abril de 1936 en la isla de Samos, de Grecia. Perteneció a una familia campesina rural y su niñez coincidió con lo que fue la ocupación del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Luego, se suscitó lo que fue la guerra civil griega.

En 1950, entusiasmado por lo que le contaba su padre y el sacerdote del pueblo de la región palestina, a los catorce años Vassilios viajó a Jerusalén Este con el fin de estudiar teología en el Patriarcado griego ortodoxo de Jerusalén.

Seis años más tarde fue ordenado diácono en la Iglesia del Santo Sepulcro. Se le asignó para prestar sus servicios de diaconía en la comunidad ortodoxa griega de Nazaret. Esto era en el recién establecido estado de Israel.

Transcurrieron dos años y Tzaferis fue ordenado sacerdote. Sin embargo, no ejerció pues deseaba efectuar otros estudios en Atenas, por lo que solicitó permiso para volver a su Patria.

Como no le aprobaron el permiso, él decidió irse de todos modos. Sin embargo, en virtud de una propuesta que le hiciera el Patriarca Benedictus, lo convenció para que se quedara y le permitió iniciar la licenciatura en historia y arqueología en la Universidad Hebrea y así fue como empezó sus estudios en esa área lo que lo llevó al hallazgo antes señalado.

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