La novena a santa Filomena es rezada por millares de personas devotas de esta santa, pues les ha sido milagrosa en cada una de sus peticiones. Aprende aquí a rezar esta novena.
Indice De Contenido
- 1 Novena a santa Filomena
- 1.1 Primer día
- 1.2 Meditación del primer día
- 1.3 Segundo día
- 1.4 Meditación del segundo día
- 1.5 Tercer día
- 1.6 Meditación del tercer día
- 1.7 Cuarto día
- 1.8 Meditación del cuarto día
- 1.9 Quinto día
- 1.10 Meditación del quinto día
- 1.11 Sexto día
- 1.12 Meditación del sexto día
- 1.13 Séptimo día
- 1.14 Meditación del séptimo día
- 1.15 Octavo día
- 1.16 Meditación del octavo día
- 1.17 Noveno día
- 1.18 Meditación del noveno día
- 1.19 Letanías
- 1.20 Oración final
Novena a santa Filomena
Santa Filomena, hija única de unos príncipes griegos, joven muy devota de Dios y practicante del temprano cristianismo, vivió en tiempos de la terrible persecución a los devotos de Jesucristo.
Se le reconoce como mártir por todas las vicisitudes y padecimientos que sufrió a tan temprana edad solo por su fervoroso amor a Cristo. En virtud de la gran cantidad de milagros concedidos es por lo que sus fieles devotos le rezan la novena que a continuación te presentamos. Veamos cómo rezarla.
Como buenos católicos, debemos también aprender de lo que nos dejó santa Filomena y para ello podemos inspirarnos también en la Rosa Mística.
Primer día
Para iniciar la novena se reza la oración de inicio más adelante, la cual se debe repetir en cada uno de los días de la novena.
Oración inicial de la novena
¡Oh venerada y siempre amada santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
Por tu fortaleza demostrada contra el sanguinario Diocleciano, emperador Romano y sus secuaces para doblegarte y te alejaras de Nuestro Santo Padre, te admiro y espero poder contar con esa misma fuerza y pureza de cuerpo, alma y corazón.
También te admiro por abnegada paciencia ante el sufrimiento que te causaron, por lo que te piso me llenes de esa misma paciencia para aceptar todas las aflicciones que me puedan enaltecer ante los ojos de Dios.
Dame esa energía con la lograste escapar ilesa milagrosamente de las aguas del Tíber, en el que te arrojaron y pueda yo también pasar las aguas de tribulación que acongojan mi alma.
Además de estas peticiones que a tu santa imagen imploro, concédeme, ¡Oh esposa fiel de Jesús!, el gran favor que en este momento te pido.

(Se hace en este momento la petición).
¡Eres Virgen pura y santa Mártir!
Por ello me arrodillo ante ti esperando tu mirada de piedad desde el Cielo sobre mi persona y sobre mi hogar.
Consuélame, santa Filomena, en esta aflicción, protégeme contra todo peligro y ven en mi auxilio a la hora de mi muerte.
Te ruego protejas a nuestra santa Iglesia para que sea siempre exaltada por todos sus feligreses y para que sea extendida nuestra fe por el Soberano Pontífice y por el clero en general.
Te pido, asimismo, por la perseverancia del justo, la conversión de los pecadores, y la salvación de las almas del Purgatorio, en particular la de mis seres queridos.
¡Oh Niña bien amada!
Me regocijo y celebro tu triunfo y espero intercedas por mí, para que un día pueda contemplar la corona de gloria que te ha sido otorgada por el Padre Celestial.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Igualmente podemos acompañar estas oraciones con la plegaria Bendita sea tu pureza.
Reflexión sobre santa Filomena
En esta ocasión se dedica esta reflexión a esta joven santa, como una forma de darle el debido reconocimiento a su valentía, paciencia y abnegada dedicación a Dios y por toda la ayuda que siempre ha concedido a los que a ella le suplican favores.
Se comparten muchas cosas con esta joven santa como el haber sido creados por el mismo Dios, nacer de una madre, tener un padre y, como seres humanos, estar expuestos a los placeres mundanos.
Sin embargo, somos distintos en cuanto a que Filomena, aun siendo muy joven, casi niña, recibió el llamado de Dios y siempre estuvo apegada a los preceptos divinos, siguiendo las enseñanzas que el Dios Padre nos enseña.
En tanto que nosotros los demás mortales nos dejamos llevar, con mucha facilidad, por las corrientes del mundo, sus impurezas y sus costumbres pecadoras.
Quiero seguir la sagrada senda que dejó Filomena, por lo que hago el firme propósito de renunciar a todos los placeres del mundo para así poder ganar el perdón de mis culpas y la salvación de mi alma.
Propongo esforzarme aún más en mis oraciones y privarme de algún placer para emularla y encontrar la gracia ante ella.
Me regocija, ¡oh, santa Filomena! de todo corazón saber que estás junto al Padre Celestial y que tus ojos ven su Divino Rostro, así como el de su Hijo Amado Jesús y el de Nuestra María Santísima.
Ruega por mí, por los de mi casa y por la necesidad que te he pedido.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del primer día
Entre los fieles devotos de santa Filomena, que comparten esta novena, le dedicamos este rezo como laica que vivió y padeció en el mundo.
Yo particularmente me postro ante esta joven santa, consciente de la gran diferencia que existe entre su vida y la mía.
Ella dedicó enteramente su corta existencia a la adoración y alabanza de Dios. En cambio, yo caigo fácilmente en las tentaciones e impurezas del mundo y sus insanas costumbres. Busco siempre sentirme actualizada para estar en la onda moderna, de manera tal de no ser criticada.
Me arrepiento de ello, pues sé que esta actitud no me ayuda a seguir a Cristo. Me esforzaré para renunciar a todos los placeres que ponen en riesgo la salvación de mi alma. Oraré sin cesar y me privaré de algún placer lícito.
Breve oración final
¡Santa Filomena!
Recibe mi salutación y admiración, pues Dios te glorifica y te concede la gracia de ofrendar tantos milagros.
¡Oh santa joven!,
que fuiste designada por Jesucristo como protectora del Rosario Viviente y de los Hijos de María,
hoy acudo a ti para suplicar dirijas tu dulce mirada desde lo alto del Cielo a esta humilde pecadora y
que una voz santa como la tuya, mitigue mis penas.
Te pido me llenes de la esperanza de poder contar con tu auxilio
y me des la gracia de seguir fiel a Jesucristo, como tú, hasta la muerte.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Segundo día
Para comenzar se hace la oración inicial de la novena.
Oración inicial
¡Oh venerada y siempre amada santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
(Se hace la petición para este día).
Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. En las Frases del papa Francisco podemos encontrar inspiración para orar a santa Filomena.

Reflexión sobre santa Filomena
Todos debemos, como fieles devotos de nuestra santa Iglesia, buscar y aprovechar todos los medios que ella nos ofrece para poner en práctica las virtudes que nos han sido infundidas y lograr, así, santificarnos.
No obstante, a menudo sucede que somos infieles, sobre todo en las pequeñas cosas, pensando que no tienen importancia, pero que a los ojos de Dios, todo es meritorio y digno de atención.
Mientras que tú, ¡oh amadísima Filomena! siempre fuiste fiel, digna y consecuente con tu amor a Dios hasta la muerte.
En virtud de esa santidad que siempre demostraste es que te ruego intercedas para que Dios perdone esas faltas cometidas y no permitas que pierda las tantas gracias que me han sido concedido durante toda mi vida.
Ayúdame a no caer en la tentación de rebelarme contra su Voluntad y poner en duda su Providencia y su Amor verdadero hacia mí.
Te imploro por ello a ti, Señor, que por intercesión de santa Filomena, me ayudes a incrementar mi fe hacia ti, así como mi confianza en ti.
Dame todas la gracias que me hacen falta para no caer en las tentaciones que nos asechan por doquier y así evitar ofenderte con mis pecados.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del segundo día
Como fieles devotos de la fe católica nos urge incentivar nuestras oraciones pidiendo el arrepentimiento a tanto pecado que se comete y suplicando por la salvación de todas esas almas pecadoras.
Santa Filomena es realmente un ejemplo digno de conocer y seguir por la intensidad y constancia de su amor a Dios en tan corto tiempo de vida.
Nos ofrece su santidad un modelo por el cual hacer votos para llenarnos de bendiciones y méritos que nos lleven a acceder a las gracias divinas que el Cielo nos promete.
Su proceder intachable y consecuente con sus creencias hacen de santa Filomena un ser digno de reconocimiento por su valentía y amor firme y hacerla conocer entre todos nuestros semejantes, pues es muestra viviente de que Dios escucha nuestras plegarias y que aun cuando debamos pasar por situaciones difíciles y, tal vez, dolorosas, solo son un aprendizaje para ganarnos nuestro derecho al Cielo.
Breve oración final
¡Oh gloriosa santa Filomena!
Eres Virgen alabada por los tantos milagros que concedes a los que a ti elevan su voz y, por ello, te llaman hacedora de milagros.
En este momento dame la pureza de alma y cuerpo para merecer algún día llegar a tu lado y disfrutar de tu divina presencia.
Sé de los tantos sufrimientos que tuviste que padecer por el solo hecho de amar a Cristo y profesar tu fe, por lo que te suplico, venerada joven santa, obtengas para mí la finalización de todas las aflicciones que agobian mi ser y permita que Dios quiera enviarme su santa bendición.
Santa Filomena, ruega por nosotros.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío. Recemos también la Oración de la Virgen de Guadalupe.
Tercer día
Se hace la oración inicial de la novena.
Oración inicial
¡Oh venerada y siempre amada santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
(Se hace la petición para este día). Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre santa Filomena
De la santa Filomena conocemos cuán sacrificada vida tuvo que llevar y que ella supo sobrellevar, a pesar de no ser una persona adulta y de que apenas tenía pocas experiencias de vida, todas ellas dolorosas.
No obstante, ella se ofreció a Jesús en cuerpo y alma e hizo su voto de castidad y supo renunciar a cuanto placer y tentación se le presentó, tanto placeres de la carne como de honores halagadores, pero vacíos de humanidad y valor espiritual.
Rechazó ser reconocida como emperatriz, pues prefirió salvar su pureza. Ello le valió tormentos y padecimientos a nivel espiritual y corporal.
Ese fue el precio que le tocó pagar en cuerpo y alma, pero al final, su valor y confianza en que su amado Cristo la salvaría, tal como sucedió, le dio la corona de los Santos.
Santa Filomena fue generosa de alma y noble de Espíritu, por ello sus devotos le ruegan les ayude a alcanzar, comprender y mantener, el significado de la pureza del alma, para no dejar que los ataques del demonio logren vencerlos y dominarlos.
Sus seguidores piden su santa intercesión para ser fieles a la Iglesia y a los Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía que son medios con los cuales cuentan para conseguir la santificación.

Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del tercer día
Todos conocemos que santa Filomena se entregó a plenitud a Jesús, para lo cual desde muy temprana edad hizo voto de castidad.
Para ello tuvo que renunciar a cuantas tentaciones se le presentaron, así como también demostrar su evidente desprecio de los honores vanales que hubiera podido tener si aceptaba ser emperatriz.
Decidida, prefirió la corona de gloria que el Dios Padre le ofreció, la cual no se marchita jamás, pues para ella eso constituía la mayor de las riquezas.
Fue tal su sacrificio y nobleza de sentimiento que el Padre Celestial no tuvo más que bendecirla y santificarla.
En virtud de ello, sus creyentes le imploran a santa Filomena les conceda ese valioso tesoro de la pureza, para que los enemigos de la virtud no logren subyugarlos y controlarlos, ensuciando su alma.
Debemos pedir a Filomena nos ayude a construir un escudo para proteger nuestra pureza mediante la oración, la humildad y la caridad, acudiendo a los Sacramentos de la reconciliación o confesión y la eucaristía o comunión.
Asimismo, es importante estar atentos para proteger esta virtud cumpliendo los preceptos divinos legados en los escritos bíblicos.
Para contar siempre con una protección espiritual, ella nos aconseja que, al salir de casa, recemos tres Ave María, pidiendo a la Virgen que nos guarde puros de cuerpo, corazón y alma.

Breve oración final
¡Oh santa virgen joven y pura!
En esta ocasión te rogamos, mártir santa, tengas compasión por estos devotos tuyos impuros que te invocan para que derrames tus bendiciones y nos permitan ser tus devotos servidores.
Te pedimos, también, nos des tu consuelo en las aflicciones que nos aquejan y nos procures el debido alivio.
Ayúdanos a vencer todo peligro y dolor que se nos presente y fortalece nuestra fe para que sigamos fieles a Nuestro Señor Jesucristo, que te escuchó, te salvó y te llevó a su lado.
Conduélete de nuestras penas, las cuales, comparadas con los tormentos que tuviste que pasar, son ligeras, pero para nosotros son una gran carga que nos causa angustias y pesares constantes.
Por ser tan milagrosa sabemos que nos escucharás y nos darás el alivio que de ti esperamos.
Santa Filomena, ruega por nosotros.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Cuarto día
Se hace la oración inicial de la novena.
Oración inicial
¡Oh venerada y siempre amada santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
(Se hace la petición para este día). Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre santa Filomena
Nos asombra, ¡oh adorada Filomena! como una niña de apenas once años de edad supiera lo que significaba el valor de un voto. Así como también nos sorprende tu coraje para mantenerte incólume a fin de preservar y consagrar tu virginidad a Dios y poder así proclamarte esposa de tu Divino Jesús.
Digno es de contemplar e imitar tu comportamiento a los trece años, cuando tus padres te llevaron a Roma a solicitar clemencia al emperador Diocleciano.
En dicha ocasión tú despreciaste todos los bienes materiales que se te ofrecieron, inclusive el privilegio de ser emperatriz, si aceptabas convertirte en la esposa del emperador.
A pesar de todas las peticiones con las que te abordaron tus padres para que aceptaras la proposición de Diocleciano y así poder lograr lo que ellos deseaban para el tan ansiado bienestar del pueblo de Grecia, que era tu patria.
Tú, sin embargo, te mantuviste firme y fiel a tu promesa de consagrarte a Jesús y no consiguieron doblegarte.
Pero aún más admirable es que tuviste que soportar toda clase de vejámenes, torturas y padecimientos en tu joven y virginal cuerpo, resistiendo incluso el martirio de la flagelación y aún así fuiste fiel a tu amado Jesús.
Nos preguntamos también como una niña supo comprender a lo que se refirió Jesús cuando en su sermón de la montaña proclamó las conocidas Bienaventuranzas, que manejaste debidamente.
Para nosotros resulta difícil de entender tu coraje y valor, pues pareciera que es corta nuestra mente para asimilarlo, pequeña nuestra fe y poca nuestra confianza.
Por tal motivo, los devotos de Filomena le rogamos a ella que comprenda nuestra pequeñez y nos socorra para aumentar nuestra fe y confianza en Dios.
Al mismo tiempo le queremos pedir que nos ayudes a salvar nuestras almas para algún día gozar de la patria Celestial junto a ti, bienamada santa.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del cuarto día
Al rechazar Filomena todas las ventajas, comodidades y privilegios que se le ofrecieron, nos mostró su fidelidad a Dios y a las enseñanzas que nos dejara en sus Santas Escrituras.
Entre las tantas lecciones de vida que la Biblia nos ofrece, Filomena supo captar y poner en práctica lo que ellas nos señalan, como por ejemplo el de: ´Vanidad de vanidades´.
Al hacer ese sacrificio de no aceptar ningún privilegio y abandonarlo todo, Filomena obtuvo todo del Todopoderoso.
Nosotros debemos comprender y saber discernir que no hay que perseguir lo que es vanidad, pues ello nos priva de las cosas buenas espirituales que sí merecen ser estimadas.
La paz y la felicidad no se logran con riquezas y comodidades, que solo satisfacen nuestros sentidos.
Es momento de cambiar la forma de ver y pensar la vida. No debemos dejarnos influenciar por todo lo que el mundo ofrece, pues todo eso son placeres vacíos y momentáneos, que al final solo nos deja desconsuelo y desesperanza.
Pidamos perdón a Dios por nuestras locuras terrenas y roguemos a Filomena nos ayude a rectificar nuestros juicios y apreciaciones y encomendarnos a Dios, orando la Novena del Espíritu Santo.
Breve oración final
¡Oh Amada Filomena!
Fuiste mártir al no sucumbir a las tentaciones que siempre te asecharon.
Por el contrario, te mantuviste firme en tu fe e hiciste voto de castidad, el cual mantuviste hasta la muerte, ofreciendo tu vida a Jesús.
Te pedimos nos impregnes de tu perfecta pureza y nos ayudes en nuestra lucha para llegar también ser castos y puros.
En esta ocasión en la que más requerimos de ti, Amada Filomena, pues los medios de comunicación continuamente atacan nuestros sentidos con sus mensajes obscenos, inmorales y carentes totalmente de espiritualidad, lo que puede debilitar nuestra fe.
Inspíranos para no caer en malas hábitos y mantenernos de espíritu y cuerpo nobles como templos del Espíritu Santo.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Quinto día
Se hace la oración inicial de la novena.
Oración inicial
¡Oh venerada y siempre amada santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
(Se hace la petición para este día). Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre la santa Filomena
Por amor a Dios, fueron muchos los martirios y tormentos que sufrió Filomena.
Ella, muy bien, podía haberse salvado preservando su vida y no caer en la ira de Diocleciano, aceptando todo lo que él le ofrecía. Solo con ocultar o renegar de su religión y romper su voto de virginidad, que había hecho desde su niñez, su vida, la de sus padres y la de todo su país hubieran sido liberados.
Pero ella demostró que más valía tenía su amor filial a Dios, lo que la llevó a exaltar su heroísmo.
Esa es una lección que nos deja santa Filomena en la que nosotros debemos sopesar si seremos capaces de mantenernos fieles a nuestra religión católica aun a costa de perder la vida o nos dejaremos vencer por el maligno.
Le pedimos a santa Filomena que interceda por nosotros y nos llene de su coraje y defendamos nuestra fe con amor y que por dicha intercesión, todo se convierta en una oración agradable a Dios.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del quinto día
Los tormentos sufridos por santa Filomena por defender y mantener su amor filial a Dios.
Siendo una hermosa joven, delicada, de sangre real y sin ninguna carga de cualquier sufrimiento, podía pensarse que lo tenía todo para llevar una vida acomodada.
Podría decirse que también podía obtener más si hubiera accedido a las pretensiones de Diocleciano, quien la quería para desposarla en cobro por los favores que ofreció a sus padres para el bienestar de su Patria Grecia.
No obstante, Filomena se opuso todo el tiempo a dichas pretensiones, lo cual la condujo al martirio.
Ella hubiera podido preservar su vida y no caer en la ira de Dioclesiano.
Para ello con solo esconder su inclinación religiosa y romper el voto de castidad que hizo desde pequeña, hubiera bastado para estar bien.
Con esta condición su vida, la de sus padres y de su país, se habrían liberado.
Pero primero estuvo Dios en su corazón, en su mente y en su actuar con mucho heroísmo por el talante del enemigo al que se enfrentaba.
Siempre se mantuvo fiel a la promesa que hizo a Cristo, siendo obediente, orando sin cesar, aprendiendo de las Santas Escrituras y practicando las virtudes que el Santo Padre nos infundió.
Nosotros como creyentes se nos exige cumplir con nuestros deberes de cristianos católicos, sin importar si son desagradables, ser siempre generoso con el prójimo, fiel a Jesús, María y al Santo Padre.
haciendo abiertamente la señal de la cruz siempre.
Concédeme, ¡oh Dios mío!, la gracia que te imploro. Te lo suplico por los méritos de santa Filomena. La Santidad nos da fundamentos para profundizar en nuestra fe.

Breve oración final
¡Oh bien amada Filomena!
Bendecida y santificada por Dios, quien te concedió el don de glorificarnos con tantos milagros.
Tú que fuiste designada como protectora del rosario viviente, acudimos a ti, ¡santa mártir y misericordiosa!, para que desde el Cielo nos des la esperanza de contar con tu auxilio.
Danos la gracia siempre mantenernos fieles a Jesucristo, a ti y a Dios hasta la muerte.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Sexto día
Igualmente que los días anteriores, iniciamos este día de la novena con la oraación inicial.
Oración inicial de la novena
¡Oh santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
Rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Reflexión sobre Santa Filomena
La joven mártir Filomena siempre mantuvo su firme convicción de seguir a Jesucristo en cuerpo y alma, alabándolo y honrándolo en permanente oración.
Soportó las terribles torturas a las que fue sometida por Diocleciano y sus secuaces, siendo fiel a Cristo hasta el final.
Al igual que la Santísima Virgen, tomó para sí el Fiat de María, aceptando la voluntad de Dios. Quiso también hacer honor a la agonía que padeció Jesucristo en Getsemaní, por lo que hizo suyas las palabras que Él pronunciara en el Huerto de los Olivos.
Rezaba constantemente, pues así sentía un escape y alivio a las penurias por las que tuvo que atravesar, pero aceptando la Voluntad de Dios.
Esta enseñanza de sacrificio de Filomena nos dice que al abandonarnos en Dios y dejamos todo en sus santas manos, Nuestro Señor toma control para concedernos lo que necesitamos y que nos conviene para la salvación de nuestras almas.
Agradezcamos a santa Filomena su sacrificio y roguémosle por nosotros y toda la humanidad descarriada lejos de la Palabra Divina regrese al sendero que nos lleva al Señor y en el último instante de nuestras vidas nos dé la gracia del arrepentimiento de nuestros pecados.

Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del sexto día
La santa Filomena es un ejemplo digno de reconocer, honrar y seguir por todo cristiano, pues es la evidencia viva de cómo permanecer inalterable a lo que Dios espera de nosotros como sus hijos, sin importar las más feroces torturas que se nos pudiera ocasionar.
Ella mantuvo su fidelidad hasta el mismo el final. Nunca tuvo momentos de quejas, ni flaquezas, simplemente expresó: ´hágase en mí según la voluntad de Dios´, al igual que en su momento lo dijo la Santísima Virgen cuando el Ángel Gabriel le hizo la Anunciación y como también lo dijo Jesús en el Huerto de los Olivos.
Por demostrarle su fidelidad y pronunciar su Fiat, recibió del Señor la gracia de esa fortaleza y coraje con la cual pudo cumplir su vocación.
Nosotros también debemos permanecer fieles a Jesús y perseverar todos los días para no sucumbir en la lucha diaria contra los ataques malignos.
No debemos vivir dedicando solo una hora a Dios un día a la semana.
La perseverancia evitará terminar en derrota.
Imploremos, pues a santa Filomena nos llene de perseverancia y no seamos inconstantes en nuestro amor a Dios.
Breve oración final
¡Oh, santa virgen y mártir!
Qué sufriste tan horrible suplicio, a pesar de ser tan niña, fuiste paciente resistiendo todos esos sufrimientos.
Soportaste esas penurias porque ya el Señor te había mostrado las Glorias Divinas que te esperaban y que todas las de este mundo solo eran pura vanidad.
Eres gloriosa pues te mantuviste fiel a tu promesa de consagrarte a Dios, sin apego a nada ni a nadie terrenal.
Tu mente y corazón siempre estuvieron fijos en la eternidad. Por todo ello te pedimos nos ayudes a vivir esta virtud del desapego y así estaremos siempre dispuestos a hacer todo lo que Jesús nos pide. Concédenos la gracia de saber reconocer la felicidad celestial que nos espera para no dejarnos deslumbrar por los éxitos que nos presenta esta vida.
Te pedimos, querida santa, que nos ayudes a desarrollar y siempre fortalecer un corazón apegado sólo a Dios.
Amén.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Séptimo día
Comenzamos este séptimo día con la oración inicial.
Oración inicial de la novena
¡Oh santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
Rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre Santa Filomena
Por su abnegada devoción, santa Filomena recibió el auxilio de Dios cuando le tocó enfrentarse y batallar contra las fuerzas del mal, representadas por Diocleciano y acólitos.
Llevó una vida que debemos calificar de heroica, pues a su corta edad afrontó tantas crueldades, pero que supo resistir por su fe, confianza y abandono en la Voluntad de Dios.
Ello definitivamente nos dice que ella es un digno ejemplo a seguir.
Por ser tan gloriosa fue siempre amada del Padre, auxiliada por su Hijo y fortalecida por el Espíritu Santo en cada una de las etapas que le tocó vivir en su corta existencia terrenal.
Le pedimos, por ello, que nos alcance esa fe inquebrantable, esa esperanza intensa y esa caridad fervorosa y profunda mientras seamos parte de esta vida.
Le imploramos a esta joven santa que acompañe nuestro caminar por este mundo. Asimismo, que nos fortalezca en nuestras debilidades, nos guíe y oriente hacia la senda del bien y sea nuestra luz en los momentos de tinieblas.
En este momento recomendamos consolar a Filomena con la Oración a San Francisco de Asís.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«¡Oh Jesús Mío! perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del séptimo día
Para alcanzar las gracias de fortaleza, coraje y paciencia que enaltecieron a santa Filomena, debemos abandonarnos en el Señor, pues es Él el poderoso auxilio que requiere nuestra alma para alcanzar la Gloria que Filomena logró y que Dios nos prometió.
Nuestro Padre Celestial nos proporcionará las fuerzas requeridas para saber enfrentar y evadir las asechanzas del demonio y sus tentaciones que nos llevan hacia el mal.
Confiadamente y con nuestra fe y esperanza puesta en el Dios Padre, él nos hará llegar su ayuda del Cielo.
No debemos desfallecer aunque nos veamos rodeados de dificultades y situaciones peligrosas, no hay que perder la confianza filial.
El ejemplo de santa Filomena, quien soportó con valor intrépido todos los tormentos que padeció y la muerte temprana, nos debe inspirar para seguir adelante en el camino del Señor.
Somos hijos de Dios, por lo que Él hará por nosotros lo que hizo por Filomena y nos consolará como el Padre Amante hace con sus hijos.
No debemos dudar, ni temer ser abandonados por el Supremo. Hay que escuchar y hacer los que ha dicho Jesús: ´Pidan y recibirán´.
Pidamos, entonces, en momentos de tribulación por el auxilio divino. Llamemos a Dios con confianza inalterable.
Pidamos, asimismo, la protección de santa Filomena y fortalezca estos sentimientos de amor y devoción al Padre Celestial.
Pidamos a Dios todas las gracias que necesitamos para obtener la salvación eterna y estar en paz.
Breve oración final
¡Oh mi amantísima Filomena!
El Señor te proveyó de la ayuda filial y la gracia especial de la perseverancia en esos terribles momentos cuando fuiste torturada, vejada y condenada a muerte.
Esa gracia especial concedida fue el don otorgado por tu valentía y constancia en el amor a Dios.
Cuando declaraste valientemente que preferías morir por tu fe, antes que negarla, es una prueba fehaciente de que Dios no abandona a sus hijos.
No debemos, entonces, como hijos de Dios, dudar del lugar privilegiado en el que lo debemos tener en nuestras vidas, tanto en tiempos de dificultades, cuando solo nos quejamos fácilmente de su ausencia, como en los momentos de alegría y gozo para agradecerle sus favores.
Haznos, Filomena, entender que Dios siempre nos cuida, se anticipa a nuestras necesidades y nos protege de todo peligro.
Ayúdanos a consolidar nuestra confianza en Dios y a ponernos enteramente en sus manos.
Amén.
Santa Filomena, ruega por nosotros.
Se reza un Padrenuestro, la decena del Rosario, un Gloria y un Oh Señor mío.
Octavo día
Al igual que enlos días previos, iniciamos el octavo día de la novena con la oración inicial.
Oración inicial de la novena
¡Oh santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre la santa Filomena
Fuiste santa Filomena martirizada por el tirano Diocleciano, pero con tu heroísmo y tu fuerte devoción a Dios pudiste resistir a los suplicios a los que te condenaron.
La tortura con los dardos encendidos en vivo fuego con los que buscaban acabar con tu vida terrena no hicieron mella en tu voluntad y consolidaron tu decisión de consagrarte a Cristo Jesús.
Gracias al poder de Dios, tus atacantes, los flecheros, no pudieron hacerte daño con sus dardos ardientes y se vieron impotentes ante el poderío y grandeza del Padre del Cielo.
Te imploramos, por ello, Filomena santa, virgen y mártir, pidas al Altísimo nos concedas también esa gracia de poder obviar, despreciar y alejar todas esas malas incitaciones que nos lanzan nuestros enemigos, buscando dañar nuestra alma y hacernos presos de sus actos impuros.
Enséñanos, joven mártir, a saber huir de las malas intenciones del demonio, de lecturas pecaminosas, conversaciones peligrosas, las malas compañías y de toda ocasión que nos pueda arrastrar al vivo fuego del pecado.
Deseamos permanecer siempre fiel como tú, al Gran Señor de los Cielos, Nuestro Salvador, y podamos gozar de la Vida Eterna en compañía de los Ángeles y de los Santos en el cielo.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«Oh Jesús Mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del octavo día
Siempre fuiste fuerte y valerosa al enfrentar a tanto demonio, a pesar de tu corta edad.
Guerrera decidida a defender tus creencias en el Santo Padre, lo cual te hizo avanzar hacia la santidad.
Emprendiste una batalla contra los males terrenales, no tuviste temor, ni vergüenza de tus creencias y claras convicciones religiosas, por lo que pudiste soportar tanto sufrimiento.
Ahora está cubierta de gloria para toda la eternidad, sirviendo al Santo Padre.
Moriste terrenalmente, pero ahora vives triunfante en presencia del Señor.
Nunca lograron aplastarte, aun cuando fuiste llevada al cadalso pero hacerte sucumbir y no pudieron y ahora eres glorificada en el Cielo.
Tu cruz en esta vida nos habla de tu fuerza y nos muestra la promesa de felicidad eterna.
Haznos, virgen mártir, comprender con la sabiduría divina, que la vida es sólo una etapa de combate contra nuestros enemigos y nuestros propios miedos, temores y flaquezas.
Haznos saber resistir a las maniobras del diablo, para que triunfantes podamos recibir la corona de los vencedores en una eternidad de gloria. Oremos a Oración a la Virgen de la Caridad del Cobre por las gracias que nos concede santa Filomena.
Breve oración final
Santa Filomena acudimos a ti en este momento para que fortalezcas la esperanza de que podemos contar con tu auxilio.
Permítenos obtener la gracia de seguir siempre fieles a Jesucristo, tal como lo hiciste tú, hasta la muerte.
Glorificada por Dios, nos regocijamos de poder tenerte para consolarnos en ti y agradecer por los tantos milagros, que nos concede el Señor, gracias a tu intercesión.
Envíanos tu dulce mirada desde lo alto del Cielo, para saber que nos escuchas y te compadeces de nuestros pesares.
Amén.
Se reza el Padrenuestro, una decena del Rosario, un Gloria y un ¡Oh Jesús Mío!
Noveno día
Ya siendo el último día de la novena, recitaremos nuevamente la oración inicial como comienzo.
Oración inicial de la novena
¡Oh santa Filomena, Virgen y Mártir!
Eres milagrosa y misericordiosa, por lo que le doy gracias a Dios por los dones que te han sido otorgados.
Te venero y amo, Niña santa, y te suplico me des tus bendiciones para aliviar mis penas.
Rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Reflexión sobre santa Filomena
Es una virgen gloriosa, que con su fe inmensa logró salir triunfante de los combates que tuviste que afrontar y salir del martirio al que te conminaron.
El desesperado y despiadado emperador que te quiso dominar no pudo conseguir sus deseos y quebrar tu férrea voluntad.
Cobardemente ordenó a un verdugo que te decapitara, pero tu alma pura, luminosa y voluntariosa voló por sobre todas las bajezas humanas y te llevó a los cielos para tu coronación entre de las demás vírgenes.
Ahora compartes el seno del Esposo de las vírgenes, Nuestro Salvador, quién te recibió triunfante y te concedió un lugar privilegiado.
Por ello, en esta ocasión, te pedimos, ¡oh preciosa mártir!, te dígnes a lograr que esta novena sea escuchada por Dios, quien nada nos niega, y nos concedas los favores aquí pedidos, así como las gracias de amar con todo nuestro corazón a Jesucristo y a su Santísima Madre.
Consuélanos, Virgen santa, para que podamos superar las vicisitudes que nos ha tocado vivir.
Ampáranos con tu divina protección, camina a nuestro lado para poder sobrellevar estas penas que hoy nos acongojan en este valle de lágrimas.
Defiéndenos en la hora de nuestra muerte para que así podamos gozar de tu presencia por los siglos de los siglos.
Se reza la oración ¡Oh Jesús Mío!
«Oh Jesús Mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las Almas y socorre a las más necesitadas de Tu Divina Misericordia.
Amén».
Meditación del noveno día
Es luz nueva, que ha transcendido durante los siglos para iluminar y socorrer a los necesitaos.
Ella ejerce ahora un glorioso rol designado por el Altísimo y sus obras y milagros no perecen, pues son productos que permanecen a través de los tiempos.
¿Cómo adquirió Filomena esta gloria? Le fue concedida por el infinito amor que profesó a Nuestro Santo Padre, por el amor a la justicia y su desprecio a la maldad, la iniquidad y malas intenciones.
Tuvo siempre un corazón lleno de amor a Dios, que alimentaba noche y día.
Todo lo que emprendió en su corta vida fue coronado con el éxito.
Por ello todos piden a santa Filomena que ayude a fortalecer los corazones con actos de virtudes.
Se le suplica interceda para que todos puedan esforzarse y aumentar los tesoros que brindan la piedad, la paciencia, la caridad, la humildad, la obediencia y todas las demás virtudes cristianas.
No se debe, entonces, perder ningún momento, para enaltecernos con dichas virtudes ante los ojos de Dios.
Se pide a Filomena asista a todos sus fieles seguidores para guardar siempre la esperanza de poder llegar a la vida eterna.
Fuiste nombrada por papa Pío IX como Patrona de los Hijos de María, por lo que se le pide a esta santa consolidar la tierna devoción que ella profesó al Corazón Inmaculado de María, Reina del Santo Rosario. Acompañemos las glorias a santa Filomena con la Oración a Jesucristo.

Breve oración final
¡Oh, querida Filomena!
Tú conociste a cristianos quienes por las horribles torturas, flaquearon y fueron vencidos por el maligno.
No supieron, como tú, mantenerse firmes y renunciaron temporalmente a su fe. Por el dolor físico sucumbieron y entregaron escrituras sagradas a los soldados romanos.
No obstante, tú siempre misericordiosa los acogiste y comprendiste sus debilidades.
No los condenaste y estuviste siempre ahí para socorrerlos. Oraste por ellos.
Es por tal motivo que recurrimos a ti para también, querida santa, nos ayudes a formar y consolidar ese espíritu de comprensión para con nuestros hermanos y no los condenemos por sus faltas temporales.
Te pedimos nos inspires siempre a trabajar por el amor, paz y la unidad en nuestras comunidades.
Amén.
Santa Filomena, ruega por nosotros.
Se reza un Padrenuestro, una decena del Rosario, un Gloria y un ¡Oh Jesús mío!
Letanías
Fueron compuestas por Juan Bautista María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars, quien fue un presbítero francés proclamado patrono de los sacerdotes católicos, en particular de los que tienen cura de almas o párrocos.

Se inician con la alusión a Cristo Jesús, para luego pasar a referirnos a las distintas denominaciones por las cuales se venera a santa Filomena.
«Señor – Ten misericordia de nosotros.
Cristo – ten misericordia de nosotros.
Señor – Ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre Celestial – Ten Misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios – Ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de las Vírgenes – Ruega por nosotros.
Santa Filomena, llena de abundantes gracias desde la cuna – Ruega por nosotros (se repite en cada letanía).
Santa Filomena, fiel imitadora de María.
Santa Filomena, modelo de virginidad.
Santa Filomena, templo de la más perfecta humildad.
Santa Filomena, inflamada en ardor por la Gloria de Dios.
Santa Filomena, víctima del amor de Jesús.
Santa Filomena, ejemplo de fortaleza y de perseverancia.
Santa Filomena, campeona invencible de la castidad.
Santa Filomena, espejo de las más heroicas virtudes.
Santa Filomena, firme e intrépida ante los tormentos.
Santa Filomena, flagelada igual que tu Divino Esposo.
Santa Filomena, saeteada por una lluvia de flechas.
Santa Filomena, encadenada y consolada por la Madre de Dios.
Santa Filomena, milagrosamente sanada en la prisión.
Santa Filomena, confortada por los ángeles en tus tormentos.
Santa Filomena, que preferiste humillación y la muerte antes que recibir un trono.
Santa Filomena, que te convertiste en testigo de tu martirio.
Santa Filomena, que agotaste la furia de tus ejecutores.
Santa Filomena, protectora de los inocentes.
Santa Filomena, patrona de la juventud.
Santa Filomena, refugio de los desvalidos.
Santa Filomena, salud de los enfermos y debilitados.
Santa Filomena, nueva luz de la Iglesia militante.
Santa Filomena, que confundes la impiedad del mundo.
Santa Filomena, que estimulas la fe y el coraje de los creyentes.
Santa Filomena, cuyo nombre es glorioso en el Cielo y temido en el infierno.
Santa Filomena, hecha ilustre por los más espléndidos milagros.
Santa Filomena, poderosa junto a Dios.
Santa Filomena, que reinas en la gloria.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, santa Filomenal
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén».
Oración final
¡Querida santa y mártir Filomena!
Hoy invocamos tu divina presencia, por tu elevada pureza y porque eres manifestación de todas las virtudes,
e intercedas ante Dios Nuestro Señor, para que nos concedas el perdón de los pecados
y nos de la gracia que necesitamos
(se repite aquí la gracia que se desea obtener).
Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
Su vida
Todos los 11 de agosto se rememora el martirio que sufrió santa Filomena, quien fuera declarada patrona de diversas causas; a saber:
- De los bebés y niños pequeños
- De la esterilidad
- De las causas desesperadas, de las olvidadas, de las imposibles y de las perdidas
- De la infertilidad
- Del Rosario Viviente
- De los curas
- De los enfermos
- De los jóvenes.
La historia de esta santa es considerada una leyenda, en virtud de que solo se dispone de datos que señalan una tumba que contenía los restos de una joven adolescente, de unos doce o trece años, que se descubrió el 24 de mayo del año 1802, cuando se estaban efectuando unas excavaciones en Roma.
También se hace alusión a las revelaciones dadas por la misma santa Filomena a personas, que no se conocían entre sí, aunque vivían en la Italia del siglo XIX, pero cuyas narraciones coincidieron.
Estas narraciones sobre santa Filomena provienen de tres fuentes confiables, que fueron personas que vivieron entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX.
Ellas son:
- Un artesano de Nápoles, conocido como muy devoto de Dios y de limpia conciencia.
- Un sacerdote versado en oratorias eclesiásticas solemnes, que llegó a ser canónigo.
- Una piadosa religiosa de Nápoles, la venerable Madre María Luisa de Jesús, que también consagró su alma y virginidad a la obra de Dios. En respuesta a sus oraciones Filomena le dejó saber quién era ella y cómo llegó a su martirio.

Dichas revelaciones recibieron el Imprimátur o declaración oficial de la Santa Sede, reconociendo que se trataba de información certera sin error en materia de doctrina y moral católica, y que se autorizaba su difusión entre los fieles católicos.
Aun cuando se comienza a conocer de la existencia de Filomena a partir de ese hallazgo de sus restos mortales en mayo de 1802, su vida ha servido de ejemplo para muchos por las virtudes se dice que siempre demostró.
Con el descubrimiento de una cripta sellada en el interior de una de las oscuras catacumbas de Santa Priscila, en la Vía Salaria de Roma, cripta tenía tres losas de terracota y una tumba con símbolos alusivos al martirio y la virginidad de la persona allí enterrada.
Sus restos mortales habían estado allí reposando hace unos mil setecientos años y hallaron, además, unas reliquias que le pertenecieron, de acuerdo con los datos obtenidos de investigaciones de historiadores, así como de las revelaciones que ella misma dio.
Se encontró también en la catacumba el emblema de un lirio y una palma grabado en su sepulcro indicando que estaba sepultada una virgen que murió por martirio.
No obstante, haber permanecido ocultos por siglos su nombre y memoria junto a sus restos mortales, la magnanimidad de Dios fue tan inmensa que permitió que la humanidad la conociera a principios del siglo XIX.
Ahora realiza grandes prodigios, en nombre de ella, como queriendo demostrar de esta forma las virtudes de esta pequeña doncella mártir, y como si Él quisiera recompensar el largo tiempo que estuvo ella en la oscuridad.
También había en la tumba un ancla, un látigo y tres flechas, dos apuntando en dirección opuesta y una con la línea curvada en ella, lo cual significaba presencia de fuego, intentando simbolizar los diferentes tormentos que la mártir sufrió en testimonio de su fe y amor a Jesucristo.
En cuanto a las fuentes biográficas sobre santa Filomena, éstas provienen de los diversos documentos que se imprimieron luego del descubrimiento de 1802, los cuales hablan sobre los restos encontrados en la catatumba de Roma, así como de las revelaciones que ella hizo a las tres personas italianas anteriormente referidas.

Todas estas personas vivieron durante los inicios del siglo XIX.
De estas revelaciones las más importantes son las que hizo la monja de Nápoles, pues a ella fue a quien le reveló, en detalle, su vida y martirio.
En cuanto a las características y cualidades de Filomena, se pudo deducir de los documentos y revelaciones encontrados que era hija única y quien se dice que nació en el siglo IV, d.C.
Sus padres fueron unos príncipes griegos, que, en un principio, ofrecían ofrendas a falsos dioses, como el dios Júpiter, pero por haber recibido de don de poder concebir un hijo gracias al favor y a la fe que pusieron en Cristo Jesús, se convirtieron al cristianismo.
Es por ello que Filomena fue una ferviente practicante cristiana desde que tuvo uso de razón. Fue educada bajo las enseñanzas cristianas del médico romano Publio, quien era fiel devoto de Jesucristo y le transmitió su devoción.
Refirió santa Filomena que sus padres la amaban mucho por ser su única hija, gracias a su reciente fe en Dios, y se constituyó en la luz que iluminó su vida, pues sintieron el poder de conocer el verdadero sendero que conduce a la felicidad eterna y les quitó la ceguera espiritual que tenían.
Fue una joven entregada al amor de Dios, pero que tuvo la desgracia de vivir en los tiempos de las terribles persecuciones de que eran objeto los devotos de Jesucristo.
Estas persecuciones eran ordenadas por el emperador romano Cayo Aurelio Valerio Diocleciano Augusto, quien nació en el año 244 y murió en el 311.

Se le conocía simplemente como Diocleciano y fue un autócrata que asumió como emperador el año 284, en virtud de su victoria en la batalla del Margus, la cual le ganó al también emperador romano Carino, quien fue depuesto por el ejército imperial.
Diocleciano gobernó entre el año 284 al año 311, bajo la forma de gobierno de la tetrarquía, y se ha asumido que fue en esos tiempos en que se desarrollaron los sucesos que sufrió Filomena.
Se inició la tragedia de la santa a causa de una guerra inútil que se ensañó con el principado donde reinaban sus padres y amenazaba con destruirlo.
Ellos, a pesar de ser príncipes griegos, dependían de la ciudad imperial de Roma, considerada en ese momento la capital del mundo. Esta desdicha en el hogar de Filomena los motivó a viajar a Roma, para solicitar apoyo del cruel emperador Diocleciano.
De los padres de santa Filomena, de quienes se supo por las revelaciones que ella misma dio, solo se conoció que fueron príncipes, cuyos nombres no fueron revelados, pero sí los trágicos acontecimientos que siguieron a su primer encuentro con el déspota emperador.
Diocleciano consintió en ayudar a los padres de Filomena y a prestar la ayuda militar que requerían para vencer a su enemigo en el principado.
Además, el emperador le aseguró que viviría tranquilo y feliz. Pero les puso, como condición para poder darles el apoyo militar, el permitirle casarse con Filomena, ya que había quedado prendado de ella en ese encuentro.
Para ese entonces, Filomena tenía apenas trece años de edad, según nos los refiere la propia santa. Pero como su vocación era servir a Dios, se negó radicalmente a ser dada en matrimonio al emperador.
Como sabemos, ella había sido criada bajo el cristianismo en conocimiento del Dios único y verdadero, y por su propia voluntad a la edad de 11 años se consagró a Jesucristo, haciendo el voto personal de castidad, tal cual lo hiciere Santa Isabel de la Trinidad 1500 años después.

Su amor por el nuevo evangelio de Jesús la llevó a defender su fe, aún a costa de desobedecer los mandatos y costumbres de su época, en la cual las jóvenes vírgenes eran dadas en matrimonio sin su consentimiento.
El padre de Filomena, por el contrario, estuvo de acuerdo con lo solicitado por el emperador y consentía en dar a su única hija en matrimonio con el viudo Diocleciano.
Ello le aportaría, no solo la ayuda militar que requería para su región, sino que además lo daría también una posición social privilegiada, en virtud de que su hija se convertiría en emperatriz del imperio romano.
Así que los padres de Filomena, con tal de obtener el apoyo militar que necesitaban del imperio, dieron su total consentimiento al casamiento a su hija.
Lo lamentable es que los progenitores de santa Filomena no tenían conocimiento de que la anterior emperatriz fue asesinada, junto con su hija, por ser devotas cristianas.
Esa era lo que regularmente se hacía con los cristianos en esos siglos de expansión del cristianismo y que constituía una orden imperial, que los altos funcionarios romanos repudiasen a sus esposas o concubinas si estas eran practicantes del cristianismo.
Cabe preguntarse por qué los padres de santa Filomena, quienes recién convertidos a la fe en Jesucristo y por quien abandonaron sus creencias y rituales paganos, aceptaron a entregar a su única hija, que aún era una niña de apenas trece años, a un gobernador tirano que exterminaba cristianos y maniqueos, seguidores del Dios verdadero.
Él, además, había sido autor de la muerte de sus dos anteriores esposas, Prisca y Santa Serena, junto con sus dos hijas.
Es propicio acotar que se han encontrado algunos relatos, que muchos estudiosos bíblicos los han considerado como leyendas sin fundamentos de santos, que no deberían haberse incluido en los martirologios.
Es por ello que se ha promovido el desterrar a la martirizada emperatriz Serena como santa, pues aseveran que tal figura no existió y que su culto se hizo solo para buscar posicionar el cristianismo en la corte imperial de aquellos tiempos.
Asimismo, se ha planteado algo también confuso entre santa Serena y santa Alejandra, pues se cree se trata de la misma figura, que surgió de la muerte trágica de la esposa del emperador Diocleciano, llamada Prisca.

Ella tuvo que huir cuando fue descubierta ayudando a los predicadores de Jesús, lo que constituiría un culto doble, similar a lo acontecido con santa Eulalia de Barcelona, de España.
Solo por no tener conocimiento de la trágica muerte de las anteriores esposas de Diocleciano fue que los padres aprobaron las pretensiones de casamiento del emperador con Filomena.
Fueron muchos los intentos que hizo su padre para convencerla de aceptar al gobernante mediante ruegos constantes, muestras de amor e incluso regaños y amenazas de perder todo. Le insistían que lo hiciera por el amor que les debería tener a ellos, o por su Patria, sus súbditos y su libertad.
No obstante, se cansaron de rogarle, pero ella se mantuvo aferrada a su fe en Dios.
Según relata santa Filomena, se negó contundentemente a las pretensiones de contraer nupcias con el emperador, pues ya su compromiso estaba hecho con Dios, consagrada a Él y su virginidad pertenecía a su devoción cristiana.
Por lo tanto, estaba firmemente dispuesta a defender su pureza antes que a ellos, sus padres, su patria, ante todo. Solo aspiraba al reino de los cielos. Para lograr la perseverancia y devoción de Filomena podemos visitar Aprende a hacer una oración a Dios.
En vistas de sus reiteradas negativas, sus padres decidieron llevarla ante el emperador Diocleciano para que él mismo tratara de hacer que aceptara su petición matrimonial. Él primeramente buscó obtener su aceptación con halagos, en vano.
Luego pasó a las amenazas. Pero a todo Filomena interpuso su fidelidad a Jesucristo, lo cual enfureció a Diocleciano haciéndola encadenar y encarcelar, recibiendo solo pan y agua como alimento.
El estar prisionera se hizo para ella un calvario, pues sabía que vendrían situaciones peores en las que su virginidad se vería seriamente amenazada, pero por gracia divina no pudieron quebrantarla y hacerle daño a su integridad.
Santa Filomena se refugió consuelo en la oración y siempre invocaba a la Santísima Virgen para que la consolara y le diera el sosiego que tanto ansiaba.
Teniendo ya un tiempo encarcelada, específicamente cinco semanas, se le presentó la Santísima Virgen María para anunciarle que sus suplicios durarían aún otros cuarenta días.
Le dijo también que padecería peores momentos a los que ya había soportado, pero que sería una lucha que no la debía hacer desfallecer, que ella había sido elegida como su hija predilecta.
Qué se mantuviera en oración y que muy pronto se le presentaría Arcángel san Gabriel para acompañarla y estar a su lado en las dificultades. Él le daría su gran fuerza, porque él es el ángel de ambas.

Por otra parte, Filomena recordó que la Santísima Virgen le había dicho que su nombre significaba luz, como lo es su hijo, Jesucristo, y ella misma. Es como el sol y la luna llena, siempre resplandeciendo en las tinieblas.
Al irse la Santa Virgen dejó tras de sí un celestial olor en la celda donde estaba y ella, santa Filomena, volvió a sentir el valor para resistir aún más pues sabía que vendrían más momentos rudos.
Una vez que el emperador se cansó de buscar convencerla para que se casara con él, comenzó a corroborar lo que le dijera la Virgen María, quien le insistía que su lucha era resistir, con su fe, al suplicio al que sería sometida públicamente, por negarse a abandonar su fe, mantener pura para el Señor y no sucumbir ante los infames deseos del gobernante.
Diocleciano le advirtió que sufriría los mismos padecimientos y vejámenes a los que fue sometido Jesús. Así, ordenó azotarla, despojándola de sus ropas ante los cortesanos del palacio real. Fue atada a una columna y golpeada.
Luego, al estar ya curada de las heridas por los azotes recibidos, la llevaron al río Tíber. Allí la ataron a un ancla con el cual la lanzarían al rio para que se ahogara. Pero un milagro de los ángeles, quienes rompieron la soga del áncora, la salvó de una muerte segura.
Otro martirio que tuvo que padecer fue cuando la arrastraron por las calles de Roma mientras le lanzaban flechas ocasionándole múltiples heridas en el cuerpo.
Casi moribunda fue devuelta a la celda, donde por la Divina Providencia, y el Arcángel Gabriel, fue curada. La Oración para un milagro nos permite agradecer a Filomena por su sacrificio.
No obstante, Diocleciano era aún incapaz de ver los designios divinos que el Altísimo le estaba mostrando mediante los milagros de sanación que ocurrían en Filomena que los demás ciudadanos romanos sí veían.
A muchos de ellos comenzaron a sentir la presencia del Señor que se estaba manifestando en Filomena y se sintieron iluminados en su corazón, reconociendo al Dios verdadero.
Sucedió, entonces, un proceso de conversión de numerosas de personas, que veían con desagrado las barbaries que se estaban cometiendo, repudiándolos y se empezaron a sentir atraídos por la luz de Dios que les iluminó sus corazones.
Eran los mismoS que tiempo después impondrían al catolicismo como religión oficial del imperio que iniciaría su desplome. Se irían convirtiendo por un Dios vivo en quien confiarían por las grandes proezas que concederían a sus fieles.
Pero en su crueldad y ceguera espiritual, el tirano emperador no podía apreciar los milagros que Dios estaba concediendo en la persona de Santa Filomena, quien aún se mantenía incólume sin someterse a sus insanas intenciones.
Por el contrario, con cada suplicio se veía acrecentada su fe, fortalecida, consolidad y, además, en vista de cómo se curaba de cada una de las heridas que recibía, el emperador comenzó a creer que se trataba de una maga.
Se le ocurrió, entonces, que debía morir empleando unos dardos calientes, que le dispararían sus flecheros entrenados que apuntarían certeramente contra ella.
Pero, una vez más su intento de asesinato falló totalmente, porque las flechas calientes que se le lanzaron salieron en dirección contraria matando a unos seis flecheros.
Esto terminó por convencer a muchos de la multitud que observaban esta ejecución de atrocidades contra esta joven cristiana y comenzaron a aclamar públicamente al Dios, que esta joven mártir amaba y en quien había puesto su fe.
Asimismo, en los ángeles que la habían estado protegiendo, curando las heridas de su martirio y animándola a proseguir en su fe.
No obstante, Diocleciano, aun cegado ante la evidencia divina, poseído por Satanás, quien era el verdadero demonio a quien realmente estaba combatiendo santa Filomena, y para evitar que su pueblo se le alzara en rebelión, ordenó que fuera decapitada.
Se ordenó ejecutar la decapitación un día viernes, lo que coincidió, quizás por gracia divina, el mismo día y a la misma hora en que se ejecutó la orden dada para la crucifixión de Jesús.
El tenebroso tirano pidió que santa Filomena fuese ejecutada cortándole la cabeza, como una manera de insinuar que, como ella se había negado a sus pretensiones matrimoniales, acabaría, así, con su forma de pensar y con sus creencias.
Con ello el sanguinario emperador buscaba calmar los posibles desordenes públicos que se pudieran suscitar, por el apoyo que había estado recibiendo la joven cristiana, en virtud de los milagrosos prodigios efectuados en santa Filomena.
Por sus propias palabras reveladas a la religiosa de Nápoles, santa Filomena expresó que al llegar su alma al cielo eterno, se encontró con su Esposo celestial, Jesucristo, quien la ubicó a su lado como reconocimiento a su valor al enfrentarse al maligno y ganar aquel sangriento combate.
Esta lucha no solo fue hecha contra la joven santa, sino contra toda la humanidad por la impiedad humana y la influencia satánica.
Recibió Filomena la palma del martirio como su símbolo y ahora se encuentra feliz ante la Divina presencia de Dios.
Fue una de las escogidas por el Padre Celestial para vivir la eternidad. A pesar de su corta vida, se constituyó para los cristianos en vivo testimonio del gran poder de Dios ante las barbaridades que se cometen contra el ser humano, al dejarse llevar por las maldades del demonio siempre asechante y ante el cual nos recomienda el Santo Padre nunca bajar la guardia.
El Espíritu Santo se manifestó en toda su grandeza en santa Filomena, para mostrarnos a todos los cristianos las obras milagrosas y misericordiosas que puede hacer cuando amamos verdaderamente a Dios y ponemos nuestra fe en sus manos, sin importar todas las cosas y personas del mundo.
Asimismo, es válido decir que en Filomena está el ejemplo de cómo la Santísima Virgen se nos revela con su presencia viva para socorrernos en las más duras pruebas.
También nos muestra cómo Jesucristo y sus ángeles hacen sus grandes acciones milagrosas en cada uno de los hijos de Dios, mostrando el amor que nos provee la Divina Providencia.
Todo ello se transmitió a través de las vivencias que tuvo que padecer Filomena, las cuales suscitaron la devoción que se tiene por ella desde el siglo IV, d.C. Era la época del gran dominio del Imperio Romano que se extendía por gran parte de Europa.
Se trataba de un gobierno, que para someter a su pueblo a sus designios, por sus prácticas paganas, llevaba a cabo persecuciones y martirios a todo aquel que pregonara sus inclinaciones cristianas. Esto lo sufrieron los primeros cristianos.
Fue santa Filomena uno de esos cristianos que tuvo que sufrir el cruel martirio para defender su fe en Dios. Pero allí en tales acontecimientos, estuvo siempre presente la Divina Providencia, que la animó, la sanó y le afianzó su creencia con la luz de Jesucristo como guía y como testimonio del poder divino en quienes los presenciaron.
Los restos mortales de Filomena, luego de su vil asesinato, fueron llevados al cementerio romano, que actualmente es una antigüedad. En él se han descubierto evidencias de muchos otros de los primeros mártires del cristianismo.
Recemos la Efectiva oración para santificar a todas las almas cristianas que fueron perseguidas y asesinadas en los tiempos de los tiranos emperadores romanos.

Fue en 1802, como se dijo anteriormente; es decir, unos 1500 años después, que se encontró la cripta de Filomena con sus despojos, inscripciones de frases, signos, objetos y dibujos. Todas estas evidencias dieron cuenta de que se trataba la tumba de una muy joven mártir.
Sobre las revelaciones
La monja, madre superiora de aquella localidad italiana, quien también estuviera consagrada al servicio de Dios, dio revelaciones mediante muchas manifestaciones, que se estiman ocurrieron entre 1805 y 1825, años antes de que aparecieran las primeras impresiones sobre la vida de Filomena.
Para recibir estas revelaciones la religiosa entraba en una especie de trance místico mediante el cual recibía la información relacionada con Filomena, su corta vida, su proveniencia, sus relaciones con sus progenitores, así como también cómo y el por qué fue martirizada a tan temprana edad.
Filomena también reveló esta información a otras dos personas, como ya se había señalado. Estas fueron el artesano y el sacerdote jesuita. Estas revelaciones fueron comparadas con la de la Madre María Luisa de Jesús, y se halló que las tres coincidían en cada uno de los detalles señalados, por lo que se toma como cierta su existencia.
No obstante, Filomena proveyó información más detallada, descriptiva y más extensa a la madre superiora, en virtud de lo cual se acordó tomar ésta como la verdadera historia de la joven virgen mártir.
Basándonos, entonces, en los relatos y milagros concedidos de santa Filomena, según lo revelado a la monja superiora del siglo XIX, así como en los distintos elementos hallados en su tumba, nos hablan de que Filomena nació a finales del siglo III o principios del siglo IV, d. C., momento para el cual reinaba en el imperio romano Diocleciano, tal como lo revelan los grandes historiadores de la época y los actuales.
También se corroboró en las tres historias narradas por los testigos a quienes Filomena reveló su vida, sus padres fueron unos nobles, príncipes griegos, quienes, al no poder tener hijos, se convirtieron al cristianismo a instancias del médico principal de su palacio.
Muchos fueron los datos que aportaron estos testigos, producto de lo que Filomena les había informado, los cuales permitieron reconstruir su historia.

Así, se verificó también que el médico que los animó a convertirse en cristianos, les prometió que rezaría porque ellos para que el Santo Padre les concediera la dicha de ser padres.
Les habló de que cuando esa dicha se hizo realidad, su convencimiento fue total del gran poder de Dios sobre sus devotos. Por ello aceptaron ser bautizados como cristianos y abandonaron todos los ritos y cultos paganos que para ese entonces predominaba y que era práctica común entre los pobladores.
En vista de eso y buscando honrar su nueva fe, le colocaron a su hija el nombre de Filomena, que se refiere a que es hija de la luz, de la iluminación que disipó las sombras que provenían del paganismo sobre ellos.
Las revelaciones dan cuenta también del episodio triste por lo que de él se desprendió. Este se refiere a cuando Filomena con trece años de edad acompañó a sus padres a una audiencia que les fue concedida por el emperador Diocleciano, con la finalidad de obtener de él la ayuda del ejército imperial para defender su pequeño territorio, debido a que su principado, se hallaba para ese entonces bajo amenaza de guerra.
Sucedió, según lo que relató la santa Filomena, que, durante ese encuentro, el emperador posó su mirada en ella y no dejó de contemplarla ni un momento.
Le prometió al padre de ésta todo el apoyo militar que le hiciese falta, pero con la condición ineludible, de que le permitieran desposar a su hija.
En virtud de la urgencia que tenían los padres de Filomena de salvar su territorio, accedieron sin miramientos a la petición del rey.
Se apresuraron a tomar tal decisión, sin contar con el consentimiento de Filomena, quien, como ya sabemos, unos dos años antes ya había tomado la decisión de hacer votos de castidad por el creciente amor que se desarrollaba en su ser hacia Jesucristo, fundamentado en la educación cristiana que había recibido desde su nacimiento.
Además de que su verdadera y genuina vocación era practicar el cristianismo ayudando a los más necesitados. De allí que, como ya se sabe, se negó rotundamente a ser dada en casamiento.
Ya conocemos los intentos en vano de su padre para disuadirla, de diversas formas, según lo revelado por santa Filomena.
Esos intentos contemplaron las amenazas previamente señaladas, las arrengas de que debía hacerlo por su Patria, sus súbditos y, por supuesto, sus progenitores.
También reveló Filomena que su madre incluso buscó convencerle como mujer y madre, alegando que sus compatriotas femeninas esperaban esa ayuda de parte de ella.
Ya vimos que, de igual modo, estos intentos fueron vanos, pues como la misma Filomena narró, su castidad y alma serían solo para Jesucristo, por voluntad propia.
Además, habría recalcado que prefería el santo cielo antes que la gloria mundana.
Relató santa Filomena que en vista de su negativa a casarse con el monarca, su propio padre la llevó al palacio imperial, donde Diocleciano también trató de que aceptara sus proposiciones. La intentó seducir mediante regalos, halagos y prebendas.
Filomena dijo a sus testigos a quienes revelaba su verdad, que ella seguía negándose y esto enfureció a Diocleciano, pues según él, era considerado igual al dios Júpiter, por lo que era una deidad superior a quien no se podía despreciar. Su decisión ante la negativa de Filomena fue ordenar encarcelarla.
Pero era tan sanguinario Diocleciano que, antes de enviarla a prisión, mandó a someterla a fuertes latigazos, y no conforme con eso ordenó la desnudaran y ataran a una columna de la corte real, enfrente de los cortesanos, tal como fue flagelado Cristo.
Cuenta Filomena que después de tal vejamen, ya en su celda, solo se entregó a orar sin cesar.
En ese momento se le presentó la Santísima Virgen María, quien con amor curó sus heridas y fue entonces cuando le dijo que aún tendría 40 días más de cautiverio y después de ese tiempo vendría una más dura lucha para con ella.
No obstante, que ella tendría la ayuda, el consuelo y la sanación de ella, del Espíritu Santo y del Ángel Gabriel.
Así como le reveló la Virgen Santísima, y tal cual lo refirió la misma Filomena, Diocleciano, cruel perseguidor de cristianos, vista la firme negativa de ella de contraer matrimonio con él, ordenó un mayor suplicio para la joven santa, por ser fiel devota y seguidora de Cristo Jesús.
Es, por ello, arrastrada vilmente por las calles de Roma, mientras le disparaban flechas que le hirieron en distintas partes de su cuerpo.
Relató santa Filomena que luego de este martirio, ya casi moribunda, fue devuelta a su encierro y sucedió en ese instante que por la gracia del san Gabriel Arcángel y de otros ángeles que acudieron en su auxilio, le sanaron todas las heridas.
Enardecido por esa curación, según lo revelado por la joven santa, el emperador dispuso poner fin a su existencia para lo cual ordenó se le dispararan flechas con dardos calientes, las cuales milagrosamente no llegaron a su cuerpo, sino que se devolvieron hacia los flecheros, matando a seis de ellos.
Ideó, entonces, el tirano un nuevo suplicio, como se señaló antes, en el que fue llevada a las orillas del rio Tíber, se le ató a un ancla y debería ser lanzada a las aguas.
Por intercesión de los ángeles, liderados por san Gabriel, rompieron la soga que sostenía el ancla, liberando a santa Filomena de la tortura y muerte segura.
Cuenta Filomena, que Diocleciano, como no pudo quebrantar su férrea fe en Cristo, decidió de una vez por todas acabar con su vida, antes de que se le sublevara el pueblo, que ya había comenzado congraciarse con ella y compadecerse de sus castigos.
Ordenó, entonces, que fuera decapitada. Y, como lo reveló Filomena y como se mencionó anteriormente, así sucedió el viernes 10 de agosto a las tres de la tarde, igual que la crucifixión de Jesús.
No obstante, refirió santa Filomena que después de tantos sacrificios y suplicios, sobre todo para alguien de tan corta edad, ahora está en el cielo en lugar privilegiado al lado de Jesucristo, gozando de la Gloria que el Dios Padre le otorgó.
Santa Filomena fue formalmente reconocida como santa y exaltada a los altares por Su Santidad el Papa Gregorio XVI, para lo cual se presentó en una maravillosa declaración pública de la Santa Iglesia para que fuera reconocida y edificada por todos sus fieles y para Gloria de Dios.
Sobre sus milagros
De los milagros que se le reconocen a santa Filomena, el mismo papa fue testigo de uno de ellos. Podemos acompañar los milagros de Filomena con la Oración al Señor de la Misericordia.
Se trata de la sanación milagrosa de Pauline Jaricot, laica francesa, creadora de la Sociedad de la Propagación de la Fe y la Asociación del Rosario Viviente en el Santuario de santa Filomena en Mugnano, Italia, que procura ayudas para los misioneros.

Cuentan también entre sus milagros el su propio nacimiento, su tan temprana devoción hacia Jesucristo, los prodigios que le concedió la Virgen María, Jesucristo, el Espíritu Santo y el Arcángel San Gabriel, mientras estuvo encarcelada, así como los martirios que padeció.
Otro milagro fue que por su inquebrantable fe en Dios, aceptando los suplicios recibidos produjo el milagro de que muchas personas que presenciaron tan atroces actos atroces que le infligieron los soldados de Diocleciano, quisieron convertirse al cristianismo.
Mayormente sus milagros consisten en:
- Curar heridas
- Ayudar a las personas a superar situaciones difíciles
- Cuidar de niños y jóvenes
- Fortalecer la fe de los cristianos
- Motivar a los desesperados y angustiados
- Alejar enfermedades
- Procurar la concepción de bebés.
Cuando su cuerpo fue trasladado al pueblo de Mugnano, e Italia, su llegada fue motivo de mucha exaltación en la gente porque ese día se produjo fuerte lluvia, con la cual se acabó una prolongada sequía de casi un año, la cual estaba llevando a los habitantes de la zona a una hambruna por falta de cosechas.

Su fama de milagrosa y misericordiosa con los más necesitado se expandido desde principios del siglo XIX cuando fue conocida su existencia y sus manifestaciones milagrosas han trascendido los límites de Nápoles y se expandido por toda Europa, llegando, incluso a los continentes americano y asiático.
Ha sido referida en esos sitios como la santa taumaturga del siglo XIX, en virtud de los distintos milagros que les concede a los que rezan con fervor.
Por otra parte, el aceite de la lámpara que se encuentra en el lugar en el que fue colocada su imagen cuando se llevaron sus restos a la locación de Mugnano en el año 1805, es considerado milagroso, puesto que desde ese entonces ese aceite ha curado todo tipo de enfermedades que ha sido untado con él.
Incluso se llegó a decir, en sus primeros años cuando empezó a ser muy solicitado, que había testimonios que indicaban que era capaz de curar hasta la ceguera, y otros males catalogados de incurables.
Sobre las iglesias en su honor
A esta santa se le han edificado diversas iglesias y templos para honrarla y mantener su presencia vigente entre su feligresía. Veamos algunas de ellas.
Iglesia santa Filomena Patronato
Se trata de un patronato ofrecido en el Santuario de la Iglesia de Santa Filomena, perteneciente a la jurisdicción eclesiástica del pueblo de Mugnano, sobre el Rosario Viviente y sobre la fundación de los Protectores de los niños de María, sobre la Archicofradía de Santa Filomena, la Confraternidad de Santa Filomena.
Todas estas instituciones promueven la vida y obras milagrosas de Santa Filomena en su localidades y alrededor del mundo.
Desde 1805 se encuentran en este lugar los restos mortales de santa Filomena, siendo el centro milagroso que más ha honrado y difundido el culto a eta santa.
Se han construido otras iglesias patrocinadas por esta institución, tales como la Iglesia Santa Filomena, en Santiago de Chile, la Catedral de Santa Filomena en Mysore, India, así como también el Templo a San Pio X, en México, el cual cuenta con una capilla especialmente dedicada a santa Filomena.
Iglesia de Santa Filomena en Monterrey
Se trata de una sencilla y hermosa construcción esta Iglesia de Santa Filomena de la ciudad de Monterrey, México.
Ha sido consagrada a esta santa y es representativa de la de devoción que se tiene el pueblo mexicano por santa Filomena.

Aun cuando sus actividades son de carácter local; a saber: misas, oraciones y fiestas patronales en homenaje a santa Filomena, posee además la particularidad de que cuenta, sin indicar fecha, modo o lugar como fueron adquiridas, partes muy pequeñas de las reliquias de Santa Filomena.
También se encuentran allí restos que consisten en un mechón de pelo, así como un trozo de tela de la ropa de la santa.
Esto, por supuesto, ha ayudado a afianzar la devoción de los fieles devotos por la santa milagrosa.
Se encuentran expuestos en un recipiente especial, visible, a todos los visitantes, a quienes les ha concedidos muchos milagros.
Templo de Santa Filomena en Guadalajara
Se refiere al Templo del Papa Pío X, el cual está ubicado en la ciudad de Guadalajara, Morelos, México.
Es un templo de estilo bizantino, localizado cerca de la estación Nº 11 del tren ligero de Guadalajara. Es la llamada Estación de Santa Filomena.
En este Templo de San Pío X, se encuentra una capilla consagrada a Santa Filomena. En ¿Qué es la eucaristía? podemos conocer sobre el tipo de ceremonia que se celebran en las iglesias dedicadas a santa Filomena.
Oración diaria a santa Filomena
¡Oh!, santa amada Filomena!
Eres grandiosa y excelsa, siempre abnegada y fiel a tu Señor.
Supiste defender tu fe y nunca quebrantar tu juramento y voto de castidad.
A ti acudo, con respeto, amor y lleno de humildad, para rogarte, como todo mi corazón, que me alejes hoy, y todos estos días del malignos y sus malas intenciones.
También te imploro me protejas de esas situaciones inmorales e insanas en las que injustamente pudiese caer.
Ayúdame pues sé lo milagrosa que eres y con el poder y las gracias que el Santo Padre ha derramado sobre ti, me puedes librar de todo mal, de mis enemistades, ¡oh excelentísima santa.
Aparta de mi toda penuria, desesperanza y malos deseos de los enemigos que cada día me circundann.
Haz, por el contrario, que encuentre en mi senda personas con las que pueda compartir mi fe y devoción por ti y por Nuestro Señor Jesucristo, así como por la Virgen Santísima.
Estaré eternamente agradecida por tu intercesión ante el Padre Celestial para que me proteja a mi y a toda mi familia de todas las malas vibraciones e intenciones de la gente envidiosa.
Santa Filomena, joven mártir, que con tu fe inquebrantable lograste vencer al mal y alcanzaste un sitial privilegiado en los cielos, dame fuerzas que necesito para lograr, por tu gran poder de perseverancia, coraje y valentía las metas que emprendo todos los días.
Ven en mi auxilio cuando implore tu ayuda, santa Filomena, te lo suplico e intercede por mi ante la gran bondad de nuestro Redentor Jesucristo.
Bendíceme cada día de mi vida y cada paso que doy a diario, haz que Nuestro Señor Dios perdone mis pecados de los que estoy profundamente arrepentida.
Anhelo que por divina intercesión, Dios, Señor único y verdadero del universo, me conceda los ruegos que hoy humildemente te hago y que se materialice en mí tu poder milagroso, de manera que todos mis males sean curados, y en especial esta enfermedad, de la cual no he encontrado remedio.
Santa Filomena bendita y milagrosa, permite que mis súplicas lleguen hasta el Santo Padre.
Tú con tu gran valor y coraje, Amada santa Filomena, lléname de fuerzas para seguir adelante y no desfallecer.
Porque eres santa de mi devoción, y a la que siempre imploro en búsqueda de protección y sanación, hago esta plegaria.
¡Oh Santa Filomena!
Ante ti me postro y ante tu sagrada, piadosa y milagrosa presencia te ruego que me ayudes a resolver esta difícil situación en la que me encuentro y que pidas también al Hijo Amado de Dios me conceda las peticiones que en su nombre y a través de ti, joven mártir piadosa, y me dé la fortaleza para solventar éste y todos los problemas que se me pudieran presentar el día de hoy.
Sé que con tu ayuda harás que se alejen todas las asechanzas del demonio y que con tu santa bendición alcanzaré que mis ruegos sean escuchados por nuestro Dios y que también Él me perdone mis graves faltas de pecador.
Prometo seguir la senda de luz que nos marcaste para seguir a Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.














